La hipertensión arterial (HTA) es una condición médica que aqueja de manera generalizada a la población mundial y representa una de las principales causas de mortalidad en los países desarrollados. Los adultos mayores constituyen el grupo etario con la tasa más elevada de esta afección, siendo una preocupación central para especialistas e investigadores debido a su impacto en la salud pública.

Panorama de la hipertensión en la población mayor
Se estima que en 2024 existían en todo el mundo 1400 millones de adultos de 30 a 79 años con hipertensión, lo que representa el 33% de la población en esta franja etaria. Esta masificación se relaciona principalmente con hábitos de sedentarismo y una alimentación inadecuada. En el caso de los ancianos, la prevalencia es superior al 50%, exacerbada por cambios fisiológicos asociados al envejecimiento y una mayor vulnerabilidad a factores ambientales.
Cambios fisiológicos y envejecimiento vascular
El aumento en la presión arterial no es una característica propia de la edad; por el contrario, esta debiese mantenerse normal durante el transcurso de la vida. Sin embargo, el envejecimiento conlleva modificaciones estructurales que favorecen la hipertensión:
- Rigidez arterial: Pérdida de la elasticidad y distensibilidad de las grandes y medianas arterias, lo que eleva la resistencia vascular periférica.
- Disfunción endotelial: Deterioro del sistema del óxido nítrico, que favorece la vasoconstricción.
- Cambios morfológicos: Hipertrofia del ventrículo izquierdo y fibrosis cardíaca, que pueden derivar en fibrilación auricular o insuficiencia cardíaca.
- Alteraciones renales: Esclerosis y disminución del número de glomérulos, reduciendo la superficie efectiva de filtración.

Factores de riesgo y diagnóstico
La hipertensión se define cuando la presión arterial es de 140/90 mmHg o más. El diagnóstico requiere mediciones en dos días distintos. Los factores de riesgo se dividen en:
- Modificables: Dietas malsanas (exceso de sal, grasas saturadas), inactividad física, consumo de tabaco y alcohol, y obesidad.
- No modificables: Antecedentes familiares, edad superior a 65 años y presencia de otras enfermedades como diabetes o nefropatías.
Es fundamental destacar que la mayoría de las personas con hipertensión no presentan síntomas. La única forma de detectarla es mediante la medición periódica de la presión arterial.
Tratamiento y manejo clínico en el adulto mayor
El objetivo terapéutico es normalizar los índices de presión arterial, buscando niveles inferiores a 140/90 mmHg. El tratamiento en el anciano es complejo debido a la farmacocinética alterada, la comorbilidad y la polifarmacia frecuente. Se recomienda un enfoque personalizado, a menudo utilizando el modelo de las "4 M" (lo que más importa, medicamentos, movilidad y mente), para evitar efectos adversos y mejorar la calidad de vida.
Opciones farmacológicas
Los medicamentos más prescritos incluyen:
| Tipo de fármaco | Ejemplos | Función |
|---|---|---|
| Inhibidores de la ECA | Enalapril, lisinopril | Relajan vasos sanguíneos y protegen los riñones |
| Bloqueantes (ARA) | Losartán, telmisartán | Relajan vasos sanguíneos y protegen los riñones |
| Antagonistas del calcio | Amlodipino, felodipino | Relajan los vasos sanguíneos |
| Diuréticos | Hidroclorotiazida, clortalidona | Eliminan exceso de agua y reducen la tensión |
ALIMENTOS que debes EVITAR si sufres HIPERTENSIÓN o PRESIÓN ALTA
Prevención y complicaciones
La hipertensión no controlada puede causar complicaciones graves como infarto de miocardio, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal y deterioro cognitivo. La prevención mediante cambios de estilo de vida -como reducir el consumo de sal, practicar actividad física aeróbica y gestionar el estrés- es vital. La Organización Mundial de la Salud, a través de la Iniciativa Mundial HEARTS, promueve protocolos basados en evidencia para mejorar la atención cardiovascular a nivel global y reducir la prevalencia de esta enfermedad.