La diversidad en el envejecimiento: Perspectivas culturales y étnicas

La comprensión del envejecimiento en América Latina y el Caribe revela una rica diversidad, abordada a través de una revisión bibliográfica que explora el estado del arte en gerontología entre 2010 y 2021. Este análisis se centró en las experiencias de envejecimiento de personas mayores con diferentes características, como la discapacidad, la pertenencia a la comunidad LGTB, la condición de migrantes y la adscripción a pueblos originarios.

La revisión, guiada por el método SALSA (Search, AppraisaL, Synthesis and Analysis), identificó temas centrales para cada grupo. Para las personas mayores con discapacidad, se destacaron las limitaciones en la vejez como generadoras de deterioro y declive, que a menudo imposibilitan la participación social. En el caso del grupo LGTB, el análisis reveló el peso de las normas sociales que restringen la expresión de identidades sexuales y de género disidentes. Respecto a las migraciones, se observó un cruce significativo con el tema de los cuidados y las ambivalencias ligadas a un curso de vida binacional. Finalmente, para el grupo de pueblos originarios, la investigación evidenció las tensiones entre la cosmovisión de las personas y los cambios culturales, impactando directamente su rol social.

Esquema conceptual de los factores que influyen en las experiencias de envejecimiento en diversas poblaciones

El significado de la vejez en contextos culturales latinoamericanos

La vejez posee distintos significados en los diversos contextos culturales latinoamericanos, donde los pueblos originarios a menudo se diferencian de las concepciones hegemónicas occidentales. En estos contextos, se puede observar una mejor inclusión de las personas mayores debido a una mayor valoración de sus roles y conocimientos ancestrales, como lo demuestran estudios como el de García, García y Curcio (2020).

Un estudio realizado con personas mayores del norte de Chile (Gallardo-Peralta, Sánchez-Moreno, De Roda & Astray, 2015) reveló mejores condiciones de vida en la población Aymara, atribuidas a factores culturales y su modo de vida. De manera similar, las personas mayores Mapuche manifiestan una presencia activa y reconocida por las organizaciones y actores sociales (Universidad de la Frontera - Instituto de Estudios Indígenas - SENAMA, 2015).

Sin embargo, a pesar de estos aspectos positivos, en ambos casos se presentan también desventajas en cuanto al capital social y las condiciones de vida, con importantes dificultades para satisfacer sus necesidades básicas (Universidad de la Frontera - Instituto de Estudios Indígenas - SENAMA, 2015). En un contexto chileno de deuda histórica hacia los pueblos originarios del país (Naciones Unidas, 2013), las trayectorias de las personas que pertenecen a este grupo se han visto marcadas por experiencias de marginalización, discriminación y racismo. A esto se suman las transformaciones socioculturales actuales, que han impactado los modelos tradicionales de organización familiar y comunitaria de estas poblaciones, con consecuencias en la provisión de cuidado a las personas mayores y en su reconocimiento social.

Evolución histórica y cultural del concepto de vejez

El significado del envejecimiento cambia y se complica de acuerdo con diversas variables: culturales, sociales, económicas, políticas, biológicas y psicológicas. Estos factores influyen en el concepto y la reflexión de lo que representa ser una persona mayor. A lo largo de la historia, la vejez ha vivido una dualidad entre lo positivo y lo negativo, y su consideración ha variado significativamente en cada época, marcando un antes y un después en la forma de asumirla.

En la sociedad occidental, la percepción sobre el envejecimiento ha variado con el tiempo, y es necesario analizarlo desde la prehistoria hasta el Mundo Moderno y Contemporáneo. Además, a lo largo de la historia, no ha sido lo mismo envejecer para hombres que para mujeres, aunque existen pocas referencias acerca de la mujer anciana en las distintas civilizaciones.

La vejez en la Prehistoria: Sabiduría y prestigio

Durante la prehistoria, el principal objetivo del ser humano era la supervivencia, que se expresaba de manera más segura en una convivencia gregaria en la tribu. En estas sociedades antiguas, el sistema productivo se basaba en una economía de subsistencia dirigida a la recolección y la caza. Las condiciones de vida eran precarias, con enfermedades y luchas tribales, lo que resultaba en una esperanza de vida muy corta. Quienes llegaban a los 30 años eran relacionados con algún evento divino y sobrenatural, considerados personas de gran sabiduría y transmisoras de conocimiento esencial para la supervivencia del grupo.

A los ‘afortunados’ que habían sobrevivido la dureza de la prehistoria se les asignaban funciones concretas, como chamanes y brujos, ocupando los lugares más altos en la jerarquía social y siendo referentes para los más jóvenes. En esta época, el ser viejo gozaba de una consideración de prestigio y gran poder e influencia. El papel de la mujer también fue fundamental para la supervivencia y continuidad de la especie, por lo que las mujeres de mayor edad gozaban de una gran influencia social por ser transmisoras de su sabiduría y experiencia.

Antiguo Egipto: Respeto a pesar del declive

En el tiempo de los egipcios, se encuentran los primeros textos que hacen referencia a la vejez, describiéndola como un período de debilidad, disminución de la capacidad visual y auditiva, y deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y físicas. Pese a esto, el papel de la persona de avanzada edad seguía gozando de un gran prestigio social, representando la sabiduría y el ejemplo para los más jóvenes. La consideración del anciano era positiva. La mujer cumplía un rol diferenciado en la sociedad egipcia, sin el mismo estatus que el hombre, pero era considerada un complemento.

Antigua Grecia: El inicio del deterioro del concepto

En la Grecia antigua, donde se sentaron las bases de la sociedad occidental, el concepto de vejez comenzó a deteriorarse, aunque con distintas valoraciones. Los griegos, impulsores de la perfección y el culto al cuerpo y la belleza, veían la vejez y la muerte como un castigo. Esto hacía difícil ser anciano, ya que el poder de decisión era cosa de la juventud. No obstante, las leyes de Atenas enfatizaban el respeto a los padres. Durante el período del Rey Solón, se creó una institución aristocrática de ancianos con poder de decisión, aunque con la llegada de los demócratas, perdieron sus facultades políticas y judiciales. Aun así, persistía un concepto positivo del anciano como transmisor de sabiduría. Esparta tuvo un Senado compuesto por 28 miembros de más de 60 años, respetados y admirados por su sabiduría. Durante el período Helenístico, los ancianos tuvieron más oportunidades en una sociedad más abierta. El papel de la mujer se centró en el cuidado doméstico, excluyéndola de la vida pública.

Representación de la sabiduría en la antigüedad clásica

Sociedad Hebrea: Del liderazgo a la sabiduría

Los hebreos, a través del Nuevo Testamento, legaron una visión en la que los ancianos asumieron un papel fundamental, dirigiendo al pueblo y constituyendo un Consejo de ancianos con gran poder de decisión en cuestiones religiosas y jurídicas. Tras la institucionalización política, el Consejo de ancianos pasó a un segundo plano, convirtiéndose en consejeros y portadores de sabiduría y experiencia, pero sin poder de decisión. Durante esta etapa, la figura del anciano sufrió distintos posicionamientos, con períodos de connotación positiva y luego negativa al perder poder y autoridad.

Antigua Roma: Autoridad y declive

En Roma, se encontró una visión ambivalente del anciano. Por un lado, la sociedad romana les otorgó gran autoridad, especialmente en su papel dentro de la familia y como responsables de los esclavos. Sin embargo, por otro lado, se produjeron sucesos que llevaron al desprestigio del anciano. Debido a su poder en la toma de decisiones, fueron vistos como una autoridad amenazante, e incluso odiada y temida. Durante la República, se delegó el poder político a los hombres de avanzada edad, pero en el siglo I a.C., los valores predominantes cambiaron, y los ancianos sufrieron un declive y fueron menospreciados.

Cristianismo Primitivo y Edad Media: Cuidado y vulnerabilidad

Durante los primeros años del cristianismo, los ancianos continuaron gozando de cierto poder y respeto. Sin embargo, en el siglo V, otro cambio afectó la visión de la vejez, y los ancianos entraron en declive, empezando a verse de manera negativa como una etapa de la vida que la sociedad rechazaba. Aunque el cristianismo no siempre otorgaba un buen papel al anciano, sí transmitía una gran preocupación por su cuidado.

En la Edad Media, el papel del anciano no mejoró, ya que era una sociedad que valoraba la fuerza física, lo que impedía que el anciano ocupara una buena posición o prestigio. El anciano era considerado débil, y la Iglesia lo posicionó entre los enfermos y desvalidos. Las personas de avanzada edad tenían la opción de formar parte del colectivo eclesiástico y retirarse en un monasterio, ajenos a la brutalidad de la época. Este período también se caracterizó por la protección familiar a sus ancianos, asegurando su supervivencia.

La aparición de la peste bubónica, aunque inverosímil, favoreció al anciano, ya que, aunque afectó a todos, fue especialmente terrible para niños y adultos jóvenes. Esto contribuyó al aumento del envejecimiento de la población, y los ancianos se convirtieron de nuevo en cabezas de familia, tras la pérdida de sus hijos, lo que les permitió recuperar estatus social, político y económico. Sin embargo, existía una gran diferencia entre el hombre y la mujer anciana, como lo muestra la obra de Le Roy Ladurie, donde el trato a los padres ancianos podía ser tiránico por parte de los hijos, y la vejez de las mujeres no era igual a la de los hombres.

Renacimiento: Rechazo de la vejez

El Renacimiento puede considerarse la peor etapa para la vejez. Europa Occidental se sintió atraída por el legado de la Grecia Antigua, y esta influencia se reflejó en el arte y las letras, donde imperaban los valores de la juventud, la belleza y la perfección, y por contra, el rechazo a la fealdad, la imperfección y, naturalmente, a la vejez. La recuperación demográfica tras la peste hizo que la juventud relegara nuevamente al anciano a un segundo plano. Con la aparición de la imprenta, la memoria oral, que pertenecía a los mayores, dejó de ser imprescindible.

Mundo Moderno y Contemporáneo: Transformación y Desafíos

El Mundo Moderno trajo la transformación del poder político, delegándolo al pueblo. Surgieron el funcionariado y la jubilación, y el trabajo se convirtió en la característica más valorada. El Estado asumió la responsabilidad de compensar los servicios prestados a la sociedad. En el Mundo Contemporáneo, el mayor valor es el conocimiento moderno, y la experiencia y sabiduría de tiempos pasados sufren una gran transformación. El anciano ya no se adapta, es incapaz de aprender y progresar, y el concepto de vejez adquiere una connotación negativa, sumado al gran valor otorgado a la apariencia física y estética.

El desarrollo de las ciencias, incluyendo la medicina, ha alargado la esperanza de vida, aumentando el número de personas mayores. Esto conlleva una mayor necesidad de asistencia médica, lo que a su vez puede conducir a un empobrecimiento del Estado de bienestar. Este fenómeno se agrava progresivamente por la disminución de la natalidad, la liberación femenina, su incorporación masiva al mercado laboral y el control de la sexualidad a través de la píldora anticonceptiva. La sexualidad deja de verse exclusivamente como un fin procreador. La familia sufre grandes transformaciones en su estructura, desapareciendo la familia extendida para convertirse en la nuclear, y el anciano se transforma en un ser desprotegido.

La población está envejeciendo rápidamente, un fenómeno que solo es frenado por la natalidad y la inmigración. La familia nuclear enfrenta grandes dificultades para cuidar a sus mayores, y con la incorporación de la mujer al trabajo, no puede responder a esta situación. Se hace necesaria la creación de un sistema complejo de Servicios Sociales y Residencias, que actúan para sustituir lo que tradicionalmente era responsabilidad exclusiva de la familia, y en particular de las mujeres.

Perspectivas globales sobre el envejecimiento

El aumento de la población anciana es una preocupación en la mayoría de las sociedades. Mientras que en algunas culturas el envejecimiento se asocia con sabiduría y respeto, en otras se percibe como un período de declive y dependencia. En España, por ejemplo, existe uno de los índices más elevados de esperanza de vida, pero los ancianos son a menudo tratados como niños, utilizando calificativos como “chochear” para referirse a la disminución de sus facultades, planteando que este deterioro puede ser más un resultado de la falta de uso que de una asignación social de incapacidad. La edad no debe limitar; la única limitación real es la enfermedad.

  • Asia: Respeto y tradición. En China, India, Japón, Corea, Irán, Irak y casi todos los países del continente asiático, existe un enorme respeto hacia los ancianos. En India, un gran porcentaje de personas mayores en zonas rurales realizan actividades agrícolas y reciben admiración y respeto de sus familiares. En Suiza, un estudio mostró que los ancianos en zonas rurales viven en contacto con sus familias, mientras que en zonas urbanas aparecen más alejados y preocupados.
  • Japón: Larga esperanza de vida y rol activo. Japón es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, en parte debido a su enfoque cultural hacia el envejecimiento. Las personas mayores son altamente respetadas y tienen un papel activo en la comunidad. Celebraciones como el "Día del Respeto a los Ancianos" refuerzan su valor social.
  • Países Mediterráneos: Salud y socialización. Países como Italia, Grecia y España tienen una tradición de envejecimiento saludable, gracias a la dieta mediterránea, rica en grasas saludables, verduras y pescado, y un estilo de vida que promueve la actividad física moderada y la socialización.
  • América Latina: El rol central de la familia. En muchos países latinoamericanos, la familia es el eje del envejecimiento. Los adultos mayores suelen vivir con sus hijos o nietos, lo que les permite mantenerse integrados en la vida familiar y social, contribuyendo a un mayor bienestar emocional y previniendo la soledad.
  • Países Nórdicos: Autonomía y dignidad. En Suecia, Noruega y Dinamarca, el envejecimiento se aborda desde una perspectiva de autonomía y dignidad. Los gobiernos han desarrollado políticas que permiten a las personas mayores vivir de manera independiente el mayor tiempo posible, gracias a viviendas adaptadas, tecnología de asistencia y sistemas de salud eficientes.
  • Comunidades Africanas: Liderazgo y experiencia. En muchas comunidades africanas, la vejez es sinónimo de liderazgo y experiencia. Los ancianos son vistos como guardianes del conocimiento y tienen un papel central en la toma de decisiones comunitarias. Su estatus elevado les otorga un sentido de relevancia y respeto que fortalece su bienestar emocional y social.

LA CULTURA DEL ENVEJECIMIENTO (AGING CULTURE)

En definitiva, el envejecimiento es un proceso universal, pero la manera en que se experimenta y se percibe varía enormemente según la cultura. El envejecimiento no debe verse como una etapa de declive, sino como una oportunidad para seguir aprendiendo, contribuyendo y disfrutando de la vida.

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