Definitivamente el humor es mucho más que risas. Ya no nos reímos de lo que se consideraba gracioso décadas atrás, lo que se debe a que muchos tópicos escondían prejuicios y discriminación. Chistes homofóbicos, machistas, racistas, entre otros, eran parte de rutinas de humoristas que por televisión hacían reír a muchos. Pero hay un área en que las bromas persisten, lo que es prueba también de que socialmente aún no se asume que es una discriminación: son los chistes a la vejez.
Esta situación se apreció en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. La edad del candidato Joe Biden (77 años) fue motivo de burlas. Se lo mostró de “avanzada edad”, cuando solo tiene tres años más que su competidor, Donald Trump. Esa dinámica se veía en videos en que Biden, por ejemplo, olvida parte de la Declaración de Independencia de ese país.

El Edadismo (Viejismo): Un Prejuicio Persistente
¿Por qué olvidaría Biden algo? ¿Es porque es mayor? Esa lógica esconde un prejuicio. Un prejuicio que hace décadas tiene un nombre: es el edadismo o viejismo. Este no es solo un asunto de bromas inocentes. Especialistas advierten que se da constante y cotidianamente como un maltrato multidimensional al envejecer.
Definición y Manifestaciones del Viejismo
En la década del 60, el gerontólogo estadounidense Robert Butler criticó esa discriminación social al envejecimiento. Escondida muchas veces en chistes y bromas, eran expresiones de “edadismo” o “viejismo”, detalló. Estos términos engloban las actitudes basadas en prejuicios hacia las personas mayores.
En la literatura existe además el “viejismo implícito”, dice Agnieszka Bozanic, fundadora y presidenta de Fundación GeroActivismo. Son las actitudes negativas inconscientes hacia el envejecimiento. Esos estereotipos refuerzan la visión negativa de sí mismos en las personas mayores. Las razones de eso es probable se encuentren en varios factores que inciden en el imaginario social. Está, por ejemplo, el temor a envejecer o las dificultades para asumir ese proceso. También está el temor a la muerte o "la valoración excesiva de la productividad laboral, entre otros”, apunta Bozanic.
Considerar como “desvalidas” a las personas mayores, dice Paula Cornejo de la Escuela de Psicología UAI, parte de la premisa de que envejecer implica declive, menoscabo, fragilidad y conduce a mirar a las personas mayores como “niños”. La infantilización es diaria, explica la psicóloga UAI. Se asume que no deben enterarse de cosas negativas y se les oculta la realidad, o se les considera incapaces de decidir por sí mismos. Ejemplos hay muchos. Todos llevan a adoptar actitudes asistencialistas, probablemente con la mejor de las intenciones, Cornejo dice, “pero que no resuelven ni crean las condiciones para generar soluciones a nivel estructural que contemplen las distintas realidades de las personas mayores”.

La Realidad Heterogénea de las Personas Mayores
Una vejez desvalida no representa la realidad de personas que, en su mayoría (más del 90%), son completamente autovalentes, añade Gerardo Fasce, presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, “lo que se contradice completamente con el prejuicio socialmente instalado”.
Por falta de educación, de la cual somos todos responsables, admite Fasce, se ha creado una imagen negativa de la vejez. Con ella se deja de lado sus valores. La experiencia, la capacidad de resiliencia y adaptación, y su mejor manejo de los tiempos, que Fasce resalta hoy aplicar, “son muy necesarios por cómo está funcionando nuestra sociedad”.
Con esas actitudes “edadistas” se les atribuye características que no les pertenecen. Jenny Lowick-Russell, trabajadora social y directora de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, destaca que la mayoría son autovalentes y parte de una población activa. Participan en organizaciones, tienen otra visión respecto a la vida, y el síndrome del “nido vacío”, subraya, hace mucho dejó de ser un problema.

Y eso no es todo. Se especializan, educan, siguen viajando, apoyando a otros y hacen voluntariado. Hablar de ‘desvalido’, Lowick-Russell aclara, es una condición de cualquier ser humano sin protección o que requiere ayuda. Sin embargo, todos hemos ido colaborando en considerar desvalidas y vulnerables a un gran número de personas mayores a la hora de entregarles servicios. Todos y todas compartimos el mismo destino: envejeceremos. Y esa discriminación es nociva, advierte Bozanic. Tal cómo Cornejo explica, si se cree que las personas mayores se aíslan, no tienen motivación, que sus opiniones son irrelevantes, que son rígidos, que no saben administrar sus bienes, y una larga lista de etc., lo más probable es que en la vejez prevalezcan esas actitudes, “creencias que impactan en la valoración de mi identidad, en mi autonomía y en las relaciones con otros”.
Chile, como un país envejecido, uno de los con mayor expectativa de vida de toda América, no puede permitirse esa mirada, subraya Fasce. “En todas las universidades se debería enseñar gerontología, y para todas las carreras”, dice, para educar a los profesionales e ir generando una mejor conciencia del tema. Con el edadismo se olvida que la vejez se está transformando en una de las etapas más largas de la vida. Chile es el segundo país de América con la mayor esperanza de vida, llegando a 80 años en la mujer. Envejecer debe ser un privilegio, un derecho humano de cualquier individuo.
Cada 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas Mayores, donde se reivindican los derechos vulnerados de este grupo etario. Aún se observa una falta de especialistas que logren evaluar de manera integral a nuestros adultos mayores y los acojan de una manera asertiva. En el área de salud mental, las demencias están poco abordadas. Aunque es una condición no exclusiva de la persona mayor, el trastorno neuropsiquiátrico en Chile es responsable de un 23% de la carga de enfermedad, primera causa de años perdidos para la salud.
Psicología Social de la Vejez - Psicología del Envejecimiento
Este año se lanzó “Adulto Mejor”, iniciativa multisectorial, propositiva y positiva, que apoya promover este cambio cultural que favorecerá la integración social en todos los ámbitos de la vida. A partir del Programa Paciente Empoderado que IPSUSS está llevando a cabo, se ha podido notar la importancia que tiene para los participantes el contar con un espacio de encuentro con otras personas. Los talleres no solo han entregado conocimientos para el autocuidado en salud, sino que también han aportado compañía y amistad. El sentirse acompañado es algo que importa a lo largo de todo el curso de vida.
Desafíos: Soledad, Aislamiento y Maltrato
No obstante, durante la vejez, la compañía tiene una relevancia particular debido a que durante esta etapa de la vida ocurren pérdidas que modifican la red social y la biografía, como el fallecimiento del cónyuge y amigos. Es importante diferenciar el "sentirse" solo del "estar solo". El sentirse solo responde a la valoración que la propia persona hace de su red social y compañía. Esta valoración personal y subjetiva no tiene necesaria relación con el número de personas que formen nuestra red social o la frecuencia de esta compañía. Por su parte, el estar solo hace mención a una medida objetiva de la red social de una persona o el acceso a participación y apoyo social. Usualmente se denomina aislamiento social.
Según la encuesta CASEN, el porcentaje de personas de 60 años o más que viven solos es cercano al 15%, y por su parte, quienes viven acompañados lo hacen principalmente de sus cónyuges, hijos o nietos. Siguen aumentando los hogares unipersonales y de personas mayores que no han tenido hijos.
Barreras para la Participación Social
La soledad y el aislamiento se producen debido a barreras estructurales para la participación. Es fundamental no generalizar: no todas las personas mayores que viven solas están aisladas o se sienten solas. No se debe estigmatizar a quien no tiene la red social ideal, ya que la satisfacción con la compañía es una percepción individual. Es crucial eliminar las barreras estructurales de discriminación a personas mayores, por ejemplo, relacionadas con ingresos económicos por pensión, transporte público y barreras para el uso del entorno urbano. Asimismo, es importante desarrollar oportunidades de participación que permitan a las personas mayores autónomamente incluirse según sus intereses y focalizar en momentos críticos más que en la red social objetiva.
Chile es un país envejecido y el número de personas mayores continuará aumentando. “La vejez es la única cosa que llega sin tener que esforzarnos para conseguirla”, dijo Cicerón. El envejecimiento es una etapa más de la vida de cada individuo. Sin embargo, en nuestra sociedad, los ancianos pierden esa individualidad y son vistos como un “homogéneo”, englobado en lo que se llama “las personas mayores”. Así, sin más, se dispersa y se reduce el valor de la historia individual de cada uno. Parece como si, para nuestra sociedad, el paso del tiempo y una larga vida pusiera en duda la sabiduría de la experiencia, el valor añadido de tener una larga historia cargada de experiencias y de pérdidas.
De la vejez se habla, la mayoría de las veces, desde estereotipos y prejuicios. Muchas veces se ve a los ancianos solo como personas en una etapa final de su vida que merma sus facultades, y eso los infantiliza sin valorar el recorrido vital cargado de experiencia que conlleva envejecer. Estas limitadas visiones generan que las personas mayores vivan en un entorno lleno de trabas e inconvenientes que les impiden envejecer con dignidad. En este punto, nos encontramos con ciudadanos que llegan a la vejez sin una red de apoyo familiar y social, y son tratados como un grupo homogéneo concebido desde un cúmulo de prejuicios. Ante esta realidad, muchos de ellos se dan por vencidos y claudican de gestionar su propia vida.
El Maltrato y la Autonegligencia
En España, el INE tiene registrado que 829.600 personas mayores de 80 años viven solas. Según la OMS, el 10% de los ancianos ha sufrido malos tratos en el último mes, aunque la realidad es más terrible aún, pues la OMS calcula que solo se notifica 1 de cada 24 casos. El maltrato a las personas mayores solo ha sido reconocido como problema mundial recientemente. El trabajo desarrollado por la INPEA (Red Internacional de Prevención del Abuso y Maltrato en la Vejez) y la OMS para la prevención de este grave problema ha contribuido a elevar la toma de conciencia internacional sobre el asunto.
El trato inadecuado ha sido abordado desde distintas perspectivas, basadas en tres ejes fundamentales que erosionan su dignidad y su calidad de vida, ya sea por la actuación de otras personas intencionadamente, ya sea por la omisión en su atención o cuidados:
- La violación de sus derechos legales.
- La privación de la toma de decisiones y de un estatus propio de una identidad, ya sea en el ámbito social o familiar.
Pero ¿qué sucede cuando es la propia persona, en esta etapa de su vida, quien decide vivir fuera de lo que la sociedad considera digno? La autonegligencia es la situación en la que uno -por decisión propia o por ausencia de ella- vive bajo situaciones de riesgo bio-psico-social. No satisfacen sus necesidades básicas, tales como salud, higiene y alimentación, por carecer de recursos de cualquier tipo, ya sea por falta de ingresos, por desconocimiento de los recursos sociales disponibles, etc. Padecen problemas de salud mental que les impiden cubrir sus necesidades cotidianas con calidad de vida, ya sea porque no estén diagnosticadas o porque no sigan el tratamiento médico de manera adecuada. Para responder a esta pregunta, hay que plantearse qué signos de nuestra vida presente pueden influir en cómo viviremos la vejez. Conocer la historia de vida es clave en el planteamiento de cualquier tipo de acción, desde los sistemas de protección social hasta la concienciación ciudadana.
El Valor Incalculable de las Personas Mayores
Son muchos los estereotipos que existen relacionados con la tercera edad y que conllevan una discriminación hacia las personas mayores, conocida como edadismo. Sin embargo, los adultos de edad avanzada tienen un papel fundamental para la familia y para la sociedad que no podemos pasar por alto. Como hemos mencionado, existen una serie de estereotipos sobre las personas mayores como que son menos productivas, se adaptan peor a los cambios o que el envejecimiento es sinónimo de enfermedad y dependencia, entre otras. Aunque es natural experimentar ciertos cambios y dificultades en las últimas etapas de la vida, estos no se presentan por igual en todas las personas mayores. Concretamente, el envejecimiento activo ayuda en gran medida a conservar la independencia y disfrutar plenamente de la vejez. Como consecuencia de los estereotipos del envejecimiento, las personas mayores pueden sufrir situaciones de maltrato, exclusión o discriminación, llegar a sentirse una carga y olvidarse de por qué son importantes para el conjunto de la sociedad.
Sin embargo, la realidad es que las personas mayores contribuyen en gran medida al desarrollo social, incluso tras la jubilación. De hecho, los adultos en la tercera edad pueden seguir aprendiendo, retomar o continuar con sus aficiones y realizar actividades de voluntariado. Con el paso de los años, las personas no solo adquieren conocimientos, también aprenden a afrontar los cambios, actuar ante los desafíos y ser eficientes en cada cosa que hacen. A través de la convivencia entre distintas generaciones, los mayores pueden compartir todas estas experiencias con los más jóvenes. Es necesario señalar que deben ser las personas mayores las que elijan por sí mismas en qué desean invertir su tiempo y cómo desean formar parte de la sociedad.
Contribuciones Clave en la Familia y Sociedad
No solo por su papel en la sociedad, otro motivo de por qué son importantes los ancianos es por ser un pilar esencial para la familia:
- Cuidadores: Existe la falsa idea de que son las personas mayores las que reciben los cuidados de sus familiares, pero la realidad es que los ancianos son los que, en mayor medida, se ocupan de atender y cuidar, sobre todo, a sus nietos y a familiares dependientes.
- Educadores: Después de vivir tantos años, la sabiduría que los mayores pueden compartir con los más jóvenes tiene un valor incalculable, ya que son los muchos conocimientos y lecciones de vida que nos enseñan, entre muchas otras cosas que podemos aprender de ellos.
- Confidentes: Además de para ampliar sus conocimientos, los más jóvenes también recurren a la experiencia de los mayores de la familia para recibir consejos sobre situaciones por las que ellos mismos ya han pasado.
En resumen, los mayores son un gran apoyo para su familia, tanto en el aspecto económico, como psicológico y emocional. Como hemos mencionado, el envejecimiento activo puede ayudar en gran medida a las personas mayores a conservar su autonomía el mayor tiempo posible y retrasar el deterioro de ciertas capacidades motrices y cognitivas. Asimismo, más del 80% de los ancianos desea permanecer el mayor tiempo posible en su casa, sobre todo, porque son muchos los beneficios de envejecer en el hogar.
Hacia un Enfoque de Derechos para la Vejez
Respecto al bienestar de las personas mayores, hoy existe un tránsito desde un enfoque asistencialista hacia uno de derechos. El Estado tiene la responsabilidad de brindar a las personas mayores la protección necesaria para mantener su integridad física, psíquica y social. Esto incluye una serie de derechos fundamentales:
- Derecho a la igualdad y no discriminación por razón de edad.
- Derecho a la vida y dignidad en la vejez.
- Derecho a la independencia y autonomía.
- Derecho a la participación e integración comunitaria.
- Derecho a la seguridad y a una vida sin violencia.
- Derecho a no ser sometido a tortura, ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
- Derecho a brindar consentimiento libre e informado en el ámbito de la salud.
- Derecho de las personas mayores que reciben servicios de largo plazo.
- Derecho a la libertad personal.
- Derecho a la expresión, opinión y acceso a la información.
- Derecho a la nacionalidad y libertad de circulación.
- Derecho a la privacidad e intimidad.
- Derecho a la seguridad social.
- Derecho al trabajo.
- Derecho a la salud.
- Derecho a la educación.
- Derecho a la cultura.
- Derecho a la recreación, esparcimiento y al deporte.
- Derecho a la propiedad.
- Derecho a la vivienda.
- Derecho a un medio ambiente sano.
- Derecho a la accesibilidad y movilidad personal.
- Derechos políticos.
- Derecho a la protección ante situaciones de riesgo y emergencias humanitarias.
- Derecho a igual reconocimiento como persona ante la ley.
- Acceso a la Justicia.
A la vista de lo anterior, hemos de concluir que la calidad de vida en la vejez requiere que nuestra sociedad trate a las personas mayores como lo que son: ciudadanos adultos con capacidad de decisión. Esto incluye su derecho a tomar decisiones que conlleven riesgos, así como a rechazar la ayuda y la atención que precisan. Todo ello provoca que los trabajadores sociales encuentren dificultades para intervenir en los malos hábitos o las negligencias que sufren las personas mayores, ya sea por la actuación de su entorno o por sí mismos. A base de repetirse en el tiempo, estas situaciones se hacen crónicas en sus vidas, y es mayor el esfuerzo que le supone al anciano cambiarlas que el beneficio o la mejora que cree obtener a cambio.