Entrar a una habitación y no recordar qué cosa se fue a buscar o a hacer es un olvido que todos han experimentado alguna vez y que suele ser bastante común, sobre todo en los agitados tiempos actuales. Sin embargo, cuando estos fallos comienzan a interferir con la vida cotidiana, es necesario prestar atención. La demencia es un término genérico que describe un conjunto de síntomas -un síndrome- que implican el deterioro de la memoria, el intelecto, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

¿Qué es realmente la demencia?
La demencia no es una enfermedad específica, sino un síndrome que puede ser causado por diversas patologías. Aún está muy extendida la creencia de que la demencia es uno de los aspectos inevitables del envejecimiento, pero no es así. Si bien la edad avanzada es un factor de riesgo, la demencia no es exclusiva de edades avanzadas ni es inevitable. De hecho, la denominada “demencia senil” no existe como diagnóstico médico aceptado en la actualidad.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 47,5 millones de personas padecen demencia en el mundo, registrándose cada año 7,7 millones de nuevos afectados. La enfermedad de Alzheimer es la causa más común, representando entre un 60% y un 70% de los casos.
Tipos de demencia y sus causas
El origen de la demencia reside en el daño o la pérdida de las células nerviosas y sus conexiones en el cerebro. Los tipos suelen agruparse según la proteína depositada, la parte del cerebro afectada o si la condición es progresiva.
- Enfermedad de Alzheimer: La forma más frecuente. Se caracteriza por la acumulación de placas de proteína beta amiloide y ovillos de proteína tau en el cerebro.
- Demencia vascular: Causada por el daño a los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro.
- Demencia con cuerpos de Lewy: Presencia de acumulaciones de proteína en forma de globo, asociadas a alucinaciones visuales y problemas de atención.
- Demencia frontotemporal: Ruptura de células nerviosas en los lóbulos frontal y temporal, afectando la personalidad, la conducta y el lenguaje.
- Demencia mixta: Combinación de múltiples causas, como Alzheimer y demencia vascular.
- Otras causas: Enfermedad de Huntington, lesiones cerebrales por traumatismo, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y enfermedad de Parkinson.

Afecciones reversibles o tratables
Es fundamental no asumir que todo deterioro cognitivo es incurable. Existen estados que pueden simular una demencia y ser revertidos con tratamiento, tales como:
- Infecciones y trastornos inmunitarios.
- Afecciones metabólicas o endocrinas (problemas de tiroides o niveles bajos de glucosa).
- Deficiencias vitamínicas (especialmente vitamina B1, B6, B12, cobre o vitamina E).
- Efectos secundarios de medicamentos, tumores cerebrales o hidrocefalia normotensiva.
Síntomas y señales de alerta
Aunque la mala memoria es el síntoma más conocido, no es el único. La doctora María Isabel Behrens, neuróloga, explica que si una persona presenta dificultades pero puede continuar realizando sus actividades habituales, se habla de un deterioro cognitivo leve.
Los signos precoces incluyen:
- Olvidar hechos o repetir la misma idea (memoria a corto plazo).
- Perderse en lugares familiares o perder la noción del tiempo.
- Dificultades para resolver problemas, tomar decisiones o seguir conversaciones.
- Cambios en el estado de ánimo, personalidad o conducta.
Prevención y estilo de vida
Aunque no hay una manera segura de prevenir la demencia, los estudios demuestran que se puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo hasta en un 40% mediante hábitos saludables:
- Actividad física y mental: Mantener la mente activa y realizar ejercicio regular.
- Alimentación: Seguir una dieta tipo mediterránea (frutas, verduras, cereales, aceite de oliva y pescado).
- Control cardiovascular: Gestionar la presión arterial, el colesterol y la diabetes.
- Hábitos: Dejar de fumar, evitar el consumo excesivo de alcohol y tratar la pérdida auditiva o visual.
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Recomendaciones para familiares y cuidadores
El consejo principal para los familiares es cuidarse a sí mismos además de atender al enfermo. Se recomienda no contradecir ni corregir a quienes tienen este trastorno, ya que ellos no son conscientes de su problema y la rectificación puede causarles frustración e irritabilidad. Es vital buscar apoyo en grupos especializados, servicios de protección y asesoría legal para la gestión de decisiones futuras.