La contención del adulto mayor abarca diversas dimensiones, desde el apoyo emocional fundamental hasta la compleja aplicación de contenciones mecánicas en el ámbito del cuidado. Ambas facetas buscan salvaguardar el bienestar y la seguridad de las personas mayores, aunque con enfoques y consideraciones éticas distintas.
Contención Emocional para Adultos Mayores
La contención emocional es un apoyo necesario que ayuda a los adultos mayores a enfrentar los sentimientos que pueden surgir en esta etapa de la vida, como el miedo a la soledad, la tristeza por la partida de seres queridos o la frustración por la pérdida de su independencia. No es solo el acto de escuchar, sino de brindar un espacio seguro en el que la persona mayor pueda expresar sus emociones, sentirse comprendida y apoyada.

Contexto de Emergencia y la Necesidad de Apoyo
Iniciativas específicas tienen por objetivo apoyar en la contención de la población mayor que debe permanecer en sus casas, como ocurrió durante la emergencia por Covid-19. En este sentido, es crucial asegurar que los adultos mayores no sean dejados solos. Necesitan apoyo y compañía, especialmente por ser uno de los grupos de mayor riesgo, y aunque la recomendación sea que se queden en sus casas, no por eso tienen que estar solos y abandonados.
Estrategias y Programas de Apoyo
Para abordar estas necesidades, se han implementado diversas estrategias:
- Protocolos de salud en Centros y Establecimientos de Larga Estadía: Desde el 16 de marzo, por orden del Ministerio de Salud, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia prohibió las visitas a los Establecimientos de Larga Estadía de Adultos Mayores y suspendió el funcionamiento de los centros diurnos del país para proteger a esta población vulnerable.
- Voluntarios especializados: En acuerdo con instituciones académicas, como la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Talca en el caso del Maule, se ha implementado un modelo de voluntarios especializados. Este grupo, compuesto por estudiantes de enfermería o áreas de salud, puede realizar trámites necesarios y urgentes para adultos mayores de 80 años que se encuentran en aislamiento.
- Contacto a través de la tecnología: El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) ha hecho un llamado a mantener el contacto con las personas mayores utilizando las nuevas tecnologías, ya sea mediante llamadas telefónicas, videoconferencias u otros medios.
La Importancia de la Detección y el Tratamiento
En Chile, las cifras muestran una realidad alarmante: la mayor tasa de depresión se encuentra en las personas mayores. A menudo, esta depresión no se detecta ni se trata a tiempo, lo que agrava el estado emocional de quienes la padecen. Además, los cuidadores, ya sean familiares o profesionales, también necesitan contención emocional para poder continuar con su labor sin agotarse emocionalmente.

Cómo Brindar Contención Emocional
La contención emocional es un proceso continuo que se puede integrar en la vida diaria. Algunas formas de brindarla incluyen:
- Escucha activa: A veces, las personas mayores solo quieren sentirse escuchadas, lo que puede liberar energías negativas. Es importante hacer preguntas abiertas que fomenten la conversación y demuestren un interés genuino.
- Validación de sentimientos: Validar los sentimientos implica reconocerlos y aceptarlos, sin intentar minimizarlos. Se debe evitar decir frases como “No te preocupes” o “No es tan grave”.
- Actividades de ocupación: Ofrecer actividades que mantengan el cuerpo y la mente ocupados puede ser una gran forma de brindar apoyo emocional. Se recomienda organizar actividades que les gusten, como juegos de memoria, rompecabezas, manualidades o paseos al aire libre.
Programas del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA)
El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) cuenta con la Unidad Derechos Humanos y Buen Trato, donde se ejecuta el Programa Buen Trato Adulto Mayor desde el año 2012. Este programa se enfoca en la prevención del maltrato que afecta a las personas mayores, la promoción del buen trato y la asesoría y coordinación con las redes regionales y locales.
Sus objetivos principales son ejecutar actividades de prevención del maltrato a las personas mayores desde una mirada intersectorial, regional y local, y desarrollar acciones que permitan promover el buen trato. El programa atiende a cualquier persona natural o a quien se presente a SENAMA en las 16 regiones del país, ya sea de manera directa o derivada por los distintos canales de atención del servicio.
La atención presencial se realiza a través de las Oficinas de Información, Reclamos y Sugerencias (OIRS), encargadas de recibir y tramitar solicitudes, consultas y reclamos. Estas oficinas ofrecen un espacio de atención, información, contención emocional y comunicación directa y cercana, lo que permite tanto a las propias personas mayores como a las redes locales e intersectoriales, la comunidad y la ciudadanía en general entrar en contacto directo con el Servicio.
El horario de atención es de lunes a jueves de 09:00 a 18:00 hrs. y los viernes de 09:00 a 17:00 hrs.
Contención Mecánica en el Ámbito Geriátrico
En contraste con la contención emocional, la literatura gerontológica estatal también aborda la contención mecánica, revelando cierta confusión en la terminología, escasez de diálogo ante los conflictos éticos y una notable generalización de afirmaciones en contra de su uso, a pesar de su elevada prevalencia en algunos contextos.
Dilemas éticos en el ejercicio de la clínica-Dra. Irene Durante Montiel-03Julio2012
Definiciones y Terminología
El diccionario de la Real Academia Española define «contener» como el hecho de «sujetar el movimiento de un cuerpo», mientras que el Diccionari de la Llengua Catalana lo describe como impedir que una persona o cosa salga de sus límites o los traspase, refiriéndose no solo a lo físico, sino también a lo emocional. Por tanto, «sujetar» y «contener» no son lo mismo, aunque a menudo se usen como sinónimos.
En el ámbito de la geriatría, la definición más aceptada de contención mecánica se refiere a la utilización de un dispositivo físico y/o mecánico para restringir los movimientos de una parte del cuerpo o su totalidad con el fin de prevenir aquellas actividades físicas que puedan poner en situación de riesgo o en peligro de lesión a la persona o a otras personas de su entorno. Las definiciones en la literatura suelen señalar la proximidad al cuerpo de los dispositivos y la dificultad para retirarlos.
El uso de los términos «sujeción» y «restricción» es mayoritario entre la comunidad científica para referirse a dispositivos como muñequeras, cinturones de sujeción abdominal o pélvica, chalecos de sujeción torácica o integral y cinturones de cama. Existe debate sobre si otros dispositivos, como las barandillas de la cama, pueden considerarse contenciones. Los términos «física» o «mecánica» son a menudo usados como sinónimos entre profesionales de la geriatría, a diferencia de otros ámbitos de intervención social (infancia, adolescencia, discapacidad intelectual), donde la «contención física» se refiere a la realizada cuerpo a cuerpo, sin mediación de dispositivos.
Debate Ético y Prevalencia
Un elemento de conflicto radica en el argumento de que la prevalencia del uso de sujeciones en algunos países es de las más elevadas del mundo. Sin embargo, en la actualidad no hay suficiente evidencia ni estudios que clarifiquen la situación estadística real, salvo algunos trabajos de campo recientes. Otro argumento crítico es que las restricciones atentan contra las bases del cuidado y se consideran una «forma clara de maltrato» o «un acto de violencia en sí mismo», lo que puede confundir el dispositivo con el uso que se le da. A pesar de la elevada prevalencia, la revisión destaca la escasez de referencias éticas sobre el uso de las contenciones y la ausencia de referencias positivas de uso, así como una notable generalización de las afirmaciones en contra.
Si bien el uso de dispositivos es una de las principales indicaciones para la prevención de caídas, tanto a nivel institucional como familiar, simultáneamente están contraindicados por los efectos adversos para la salud, tanto físicos como psíquicos, o incluso la muerte, por su uso indebido. Ante esta escasez de referencias éticas, la ausencia de supuestos y circunstancias específicos de uso, y los conflictos y ambigüedades, se plantean propuestas técnicas y recomendaciones para facilitar un uso adecuado de estas medidas.

Propuestas Técnicas para el Uso de Contenciones Mecánicas
Anteponer el diálogo ético a los argumentos basados en la prevalencia
En el ámbito social, todas las intervenciones profesionales deben estar al servicio de las personas mayores, los principios éticos fundamentales y las virtudes del cuidar. La dignidad, entendida como aquello propiamente humano y merecedor de respeto, puede ponerse en entredicho ante algunas situaciones de riesgo. Por ejemplo, impedir la bipedestación en ancianos con riesgo grave de caer usando un sillón bajo puede tener el mismo efecto restrictivo que un cinturón de seguridad, aunque estéticamente sea más aceptado. La pregunta clave es si igualmente se están vulnerando los principios fundamentales.
Ante el riesgo de caídas, es común que familiares y profesionales experimenten miedo, lo que puede favorecer la contención. En estos casos, es crucial plantearse si la aplicación de la contención es menos maleficente, en términos éticos, que su no aplicación. Otro planteamiento en la literatura es sobre la libertad y la autonomía. Cuando las personas se caen repetidamente y deciden aceptar las consecuencias, no suelen haber conflictos, y en esos casos, no deberían usarse dispositivos de contención mecánica si preservan su libertad y autonomía. Sin embargo, esto cambia cuando la persona no goza de estos principios, como en el caso de ancianos dependientes y con demencias muy avanzadas. En estos escenarios, un cinturón abdominal o pélvico puede considerarse más una medida de seguridad para facilitar la sedestación y la vida social que una medida de restricción.
Es importante entender que es más la intención de uso que el material del dispositivo lo que determina el conflicto ético. Si la ética y el diálogo son la base de la asistencia, es difícil justificar la «tolerancia cero» o las campañas de retirada basadas únicamente en la prevalencia, especialmente cuando no se dispone de suficientes datos contextualizados. Una propuesta es correlacionar la prevalencia con el perfil de los usuarios, los datos de riesgo (especialmente caídas) y los programas de prevención, introduciendo el diálogo ético en los equipos asistenciales, supervisados por especialistas o entidades autónomas.
Definir las contenciones mecánicas en función de su intencionalidad
El término genérico «contención» hace referencia a una acción de poner un límite a la persona, no desde la dominación o el poder, sino como algo bien intencionado, más beneficioso que perjudicial, con la intención de impedir que traspase un límite físico y/o emocional. Definir las contenciones mecánicas en función de los dispositivos crea ambigüedades técnicas y éticas. Por ejemplo, una barandilla de cama puede considerarse una contención si existe la «intencionalidad» de impedir que la persona se levante. Es crucial centrarse en la intencionalidad más que en los dispositivos.
Si la atención se centra solo en erradicar dispositivos como chalecos o cinturones, pueden surgir otros procedimientos (como el sillón confortable o una mesa incorporada a la silla de ruedas) que ejercen el mismo efecto restrictivo, vulnerando igualmente los principios fundamentales. Se propone ampliar el concepto de las contenciones mecánicas a cualquier procedimiento, dispositivo técnico, mobiliario o textil en contacto o muy cercano a la persona, cuya intención sea la de restringir, limitar o dificultar la movilidad de una o varias partes de su cuerpo.
Consensuar una clasificación de contenciones en el ámbito social
Las contenciones son procedimientos habituales en diversos colectivos de intervención social: personas mayores, infancia y adolescencia, personas con enfermedades mentales y personas con discapacidad intelectual. Los tipos más conocidos y utilizados incluyen el time out o separación, la contención espacial, la contención verbal, la contención física (cuerpo a cuerpo sin dispositivos), la contención farmacológica (química) y la contención mecánica. Aunque muchos de estos procedimientos se utilizan en geriatría, no suelen ser contemplados en la literatura consultada, excepto la contención farmacológica.
Se propone aprovechar la riqueza de todos los ámbitos sociales y consensuar una clasificación donde, además de las contenciones mecánicas, se tengan en cuenta todas las demás. Centrándose en las contenciones mecánicas y basándose en la definición propuesta, se pueden considerar como tales a los dispositivos de sujeción (homologados o no) como cinturones abdominales (de cama o silla), cinturones pélvicos, chalecos de sujeción torácica o integral, muñequeras, tobilleras o cualquier dispositivo parecido que restrinja la movilidad. También se pueden incluir las barandillas de cama, las mesas incorporadas a la silla, o diferentes dispositivos textiles como vestidos adaptados o sábanas ajustables con cremallera si su intención es limitar o restringir la movilidad. Algunos procedimientos, como butacas o sillones bajos, sillas adaptadas, butacas reclinables, sillas de ruedas frenadas delante de una mesa o la disposición concreta del mobiliario, también pueden considerarse métodos de contención mecánica si su intención coincide con la restricción de movilidad.
Identificar los riesgos e intervenir en función de los mismos
Existe acuerdo en la literatura consultada para identificar las principales indicaciones de uso de las contenciones mecánicas en geriatría: reducir o prevenir el riesgo de caídas y lesiones, controlar las conductas de riesgo para la seguridad propia o de terceros, proteger la manipulación de equipos médicos y mantener la posición anatómica. Algunos autores también enumeran otros argumentos para su utilización, como prevenir estados de confusión y agitación, eliminar conductas de vagabundeo, impedir movimientos repetitivos, vencer resistencias a tratamientos o alimentación, controlar el riesgo ante alteraciones del sueño o por deseo de los familiares.
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