A lo largo de su vida, las personas pasan por una serie de fases que son muy diferentes unas de las otras. Conocer la clasificación de las etapas de la vida por edad ayuda a tomar decisiones saludables y a afrontar mejor las sucesivas etapas. La adultez es una de las etapas de la vida que la mayoría de las personas experimenta, y se trata de un periodo de cambios, situaciones y oportunidades que traen consigo experiencias buenas y no tan buenas. Cada persona vive su ciclo vital de acuerdo con su contexto familiar, social y cultural, por lo que las vivencias son distintas y diversas.
En general, la adultez se suele dividir en tres etapas principales: la juventud o adultez temprana (aproximadamente de 18-21 a los 40 años), la madurez o adultez media (de 40 a 60-65 años), y la adultez tardía, mejor conocida como vejez (de 65 años en adelante). Estas fases marcan la construcción de un ser independiente y completo, gracias al desarrollo de una madurez marcada por los valores y creencias de cada persona, alcanzando una plena madurez intelectual y física, así como una plenitud de deberes sociales y derechos, siendo la etapa en la que las personas suelen desempeñar los objetivos más importantes de su vida.
El Adulto Joven (Adultez Temprana)
Rango de Edad y Características Generales
La adultez temprana es la primera etapa de la adultez y comienza tras finalizar la adolescencia. Abarca un rango de edad que va aproximadamente desde los 18 años, coincidiendo con el comienzo de la mayoría de edad, hasta los 40 años, aunque muchos expertos consideran que evolutivamente comienza a los 21 años. La transición de la adolescencia a la edad adulta ha cambiado en los últimos años debido a una combinación de factores económicos, sociales y psicológicos, lo que ha llevado a identificar la etapa de los "adultos jóvenes", comprendida entre los 19 y los 30 años.
Los primeros años del adulto joven corresponden a un periodo de intensa exploración personal y configuración de la identidad. En esta etapa, la persona ya no pertenece a la fase adolescente, pero en muchos aspectos aún no ha alcanzado plenamente la edad adulta desde el punto de vista psicosocial. Esta transición está estrechamente ligada a ciertos aspectos sociales y políticos, que tienen repercusiones psicológicas en el desarrollo de la identidad y la autonomía.
El paso de la adolescencia a la adultez temprana se caracteriza por la toma de decisiones de manera independiente, con compromiso y responsabilidad. Esto implica aprender a vivir con la incertidumbre, los conflictos, confusiones y contradicciones de su experiencia en el mundo. Durante este proceso, se comienza a respetar las opiniones diversas, desarrollando una perspectiva más relativista sobre cómo vivir o pensar. Los individuos tienen la capacidad de analizar y reflexionar sobre pensamientos contrarios e integrarlos a su forma de comprender el mundo (pensamiento dialéctico).
Aunque no existen cambios físicos que determinen la entrada a esta etapa adulta, sí existen hitos o eventos sociales bien definidos. Entre algunos de los eventos sociales importantes se encuentran la elección de profesión o trabajo, la decisión sobre el matrimonio y la procreación. Estos eventos, que suelen marcar la adultez temprana, dependen mucho del contexto sociocultural del individuo, y las exigencias y la toma de decisiones respecto a ellos también cambian según el contexto.
Generalmente, entre los 20 y los 40 años, es cuando las personas suelen tener mayor actividad sexual sin importar su estado civil. Sin embargo, al tener mayor autonomía, los individuos en esta etapa tienden a rechazar prácticas sexuales con las que no estén de acuerdo. A la vez, se tiene mayor conciencia de los riesgos de un embarazo o una enfermedad de transmisión sexual. En el mundo íntimo de los individuos en esta etapa es posible tener una identidad-sexo-disidente, que suele ser compartida con la gente cercana pero pocas veces expresada socialmente dadas las normas que validan o aceptan solo ciertos actos y costumbres. Afortunadamente, la manera en que se aceptan estas costumbres ha ido cambiando con el tiempo, abriendo paso a una mayor apertura sobre las distintas opciones y elecciones individuales respecto a las identidades sexuales y las prácticas asociadas.
La Transición a la Adultez Joven: Retos Sociales y Psicológicos
Esta fase de la vida presenta retos particulares para el bienestar psicológico. La transición del adolescente a la adultez está marcada no solo por la consolidación de la identidad, sino también por la toma de decisiones. Los aspectos recurrentes van más allá de la elección de la carrera universitaria u oficio; alcanzan también ámbitos como el sentimental, el estilo de vida y el afrontamiento de las expectativas sociales.

Factores Sociales
Cada vez es más frecuente que los adultos jóvenes aún no hayan alcanzado algunas facetas propias de la adultez. Por ejemplo, a menudo en esta etapa de sus vidas siguen viviendo con los padres, no tienen un trabajo estable ni una vida en pareja. Esto hace que se ralentice la transición a la edad adulta y la autorrealización de la independencia laboral y emocional, un concepto que se encuentra en el nivel más alto de la pirámide de Maslow. Sin duda, hay causas sociales y políticas que contribuyen a este fenómeno, como una etapa larga de formación académica, la incertidumbre laboral y los obstáculos económicos para lograr la independencia. Estos factores contribuyen a que se retrase el momento en el que los jóvenes adultos abandonan la unidad familiar.
Factores Psicológicos y la Familia Afectiva
También hay aspectos psicológicos que alargan la transición de la adolescencia a la edad adulta. Uno de los enfoques explicativos es la transición teorizada por el psiquiatra y psicoterapeuta Gustavo Pietropolli Charmet, que habla de la familia tradicional normalizada y la "familia afectiva". La familia tradicional se centraba principalmente en la transmisión de valores y se orientaba hacia la enseñanza de normas, con una finalidad educativa primordial. Esto solía hacerse de un modo más o menos autoritario y podía crear un clima conflictivo, de ahí que el joven adulto tratara de emanciparse, generando su identidad e independencia psicológica a través de la rebelión y el conflicto.
Hoy, por el contrario, lo que prevalece es un tipo de familia definida como "afectiva", en la que la tarea primordial ya no es transmitir e imponer un sistema de valores, sino promover el afecto y criar hijos felices y emocionalmente protegidos. En este marco, la aspiración de los padres es que sus hijos les obedezcan por amor, no por miedo a las sanciones que podrían romper el vínculo afectivo. Esto conduce a un menor nivel de conflictos familiares y a una menor oposición hacia los adultos de referencia.
Sin embargo, la oposición y el conflicto entre hijos y padres son funcionales para apoyar los procesos separativos que permiten al adolescente constituir su propia identidad de forma separada y autónoma. Muchas veces, esta búsqueda de independencia explica por qué un hijo adulto rechaza a su madre y opone resistencia a la hora de llevar a cabo determinados comportamientos. Hoy en día, los niños suelen criarse siendo el centro de atención de los padres, en un clima de baja conflictividad. Por lo tanto, esos jóvenes pueden tener más dificultades para realizar las tareas de separación-individuación, y en algunos casos se desarrolla un vínculo que puede generar cierto miedo a dejar la casa de los padres. Como consecuencia, la identidad personal se desarrolla con dificultad y surge la inseguridad, lo que conduce a prolongar la adolescencia y a la incapacidad de asumir responsabilidades de adulto, como ocurre en el síndrome de Peter Pan.

Además, el modelo educativo actual se centra a menudo en la promoción de ideales excesivamente elevados, lo que lleva a los adolescentes a crearse identidades inauténticas a costa de intentar complacer las expectativas de los demás. Esta delicada fase de transición corre el riesgo de convertirse en un reto implacable para los jóvenes, en una eterna competición por aspiraciones percibidas como inalcanzables.
Consecuencias Psicológicas de la Transición Prolongada
Esta fase del ciclo de la vida conlleva algunos retos particulares para el bienestar psicológico. En particular, son cada vez más frecuentes los trastornos de ansiedad, causados por la confusión y la inestabilidad relativas al desarrollo de la identidad personal, y por un sentimiento de inseguridad sobre las propias capacidades y recursos. Recientes investigaciones muestran que el 42% de los adultos jóvenes presentaron niveles clínicamente elevados de depresión y que el 77% reportaron alteraciones del sueño, lo que evidencia la magnitud del impacto emocional en esta etapa.
La dificultad para formar la identidad y lograr la independencia de la familia también suele provocar trastornos del estado de ánimo y dolencias psicosomáticas. Los jóvenes adultos experimentan a menudo una situación de profundo malestar y bloqueo evolutivo, que repercute en su vida cotidiana y puede llegar a causar diversas dificultades, como la imposibilidad de emprender una carrera universitaria, la dificultad de identificar el propio objetivo profesional, y problemas en el ámbito de las relaciones y las parejas.
Modelos Psicológicos sobre la Adultez Joven
El estudio de la etapa de adulto joven ha sido explorado por diferentes modelos psicológicos, que ofrecen herramientas para comprender los retos y particularidades de este momento vital.
- Erik Erikson, psicólogo del desarrollo, definió la "juventud adulta" como la etapa de la intimidad frente al aislamiento. Según Erikson, en estos años muchas personas buscan establecer vínculos profundos y significativos, y avanzar en este proceso puede favorecer el bienestar emocional.
- Jeffrey Arnett, psicólogo estadounidense, propuso el concepto de "adultez emergente" para describir el periodo comprendido entre los 18 y los 29 años. Arnett señala que esta etapa suele estar marcada por la exploración de la identidad, cierta inestabilidad, el foco en uno mismo, la sensación de encontrarse en una fase intermedia y la percepción de muchas posibilidades para el futuro.
- El psicólogo James Coté también ha analizado cómo los cambios sociales y económicos han influido en la extensión de la transición hacia la adultez, poniendo en valor la importancia de la autonomía y la construcción de una identidad personal sólida.
Estos modelos coinciden en que la adultez joven puede ser un periodo de búsqueda, exploración y desarrollo de la identidad, en el que las decisiones tomadas pueden influir de manera significativa en etapas posteriores de la vida.
Herramientas y Habilidades para Afrontar la Transición
La literatura científica señala varias herramientas y habilidades que pueden facilitar el paso de la juventud a la adultez plena. Desarrollar estas competencias puede ayudar a las personas jóvenes adultas a afrontar los retos de esta etapa con más confianza y resiliencia:
- Gestión emocional: Aprender a identificar, expresar y regular las emociones resulta clave para el bienestar psicológico y para afrontar situaciones de estrés o incertidumbre.
- Toma de decisiones autónoma: Fomentar la capacidad de tomar decisiones informadas y responsables contribuye a construir una identidad sólida y a fortalecer la independencia personal.
- Habilidades de comunicación: Mejorar la comunicación asertiva y la empatía facilita las relaciones interpersonales y puede ayudar en la resolución de conflictos.
- Planificación y establecimiento de metas: Definir objetivos realistas y diseñar un plan de acción ayuda a mantener la motivación y a dar sentido al proceso de transición.
- Búsqueda de apoyo: Reconocer cuándo es necesario pedir ayuda, ya sea a través de la familia, amistades o profesionales, resulta fundamental para superar obstáculos y prevenir el aislamiento.
Desarrollar estas habilidades puede favorecer la adaptación a los cambios propios de la adultez joven y contribuir a sentar las bases para una vida adulta más plena y satisfactoria. La incertidumbre y un contexto socioeconómico en constante cambio pueden influir en la percepción de la independencia, en la construcción de la identidad y en la capacidad para planificar el futuro. Muchas personas adultas jóvenes sienten que necesitan adaptarse constantemente a un mundo en transformación, lo que a veces puede generar ansiedad y una sensación de inestabilidad.

El Adulto Medio (Adultez Media)
Características Generales y Cuestionamientos Vitales
La adultez media, que se extiende aproximadamente de los 40 a los 60-65 años, se caracteriza por una mayor estabilidad en comparación con la etapa anterior. A menudo, las personas en esta fase se sienten seguras, estables y confiadas. A pesar de que las capacidades físicas suelen verse un poco deterioradas, la experiencia adquirida y el conocimiento personal sobre su propia identidad les permite controlar y guiar su vida mejor que en cualquier otra etapa. Las personas en esta etapa también se caracterizan por conservar relaciones íntimas con su familia y amigos.
Para algunos adultos, esta etapa implica un periodo de transiciones graduales tanto positivas como negativas relacionadas con el envejecimiento. Las personas se cuestionan la vida que han llevado; por ejemplo, se preguntan si lograron cumplir todas sus metas, si estas han valido la pena, o si desean cambiar algo o cumplir una nueva meta. Los adultos pueden llegar a sentirse eficientes, competentes y en la cima de sus facultades o, por el contrario, experimentar dolor al examinar su vida. En este sentido, se puede sentir cierto temor a estancarse o perder oportunidades, pero al mismo tiempo este temor puede impulsar a establecer nuevos objetivos. La adultez media se configura como una de las etapas de la vida en la que hay mayor estabilidad, donde la identidad se encuentra formada y se han superado las crisis en torno a las decisiones vitales. La madurez alcanzada lleva a la reflexión y evaluación de la vida, permitiendo a los individuos alcanzar un nivel más profundo de conciencia sobre sus gustos, expectativas y necesidades, lo que les impulsa a tomar acciones para alcanzar una mayor satisfacción personal.
Cambios cerebrales en la adultez media - Udla en Línea - 2017 -1
Cambios Físicos y Salud
Durante la adultez media se observan cambios que actúan como recordatorios del envejecimiento, incluyendo un deterioro en las capacidades físicas o cambios hormonales importantes. Dentro de estos cambios puede notarse una disminución de la capacidad visual y también en la auditiva principalmente. A la vez, los tiempos de reacción también se deterioran, junto con las habilidades motoras. Sin embargo, se ha reportado que la experiencia y la práctica pueden hacer que estas habilidades se mantengan estables en los adultos de esta etapa.
En las mujeres, uno de los principales cambios es la menopausia, donde se experimentan fuertes cambios hormonales que frenan la ovulación y la menstruación. La menopausia suele ir acompañada de ciertos síntomas y cambios físicos, tales como bochornos y osteoporosis. De la misma forma, se pueden presentar cambios psicológicos, como la depresión. Es importante señalar que la mayoría de mujeres no reporta sentirse mal ante la menopausia y que solo experimentan pequeños cambios emocionales pero tolerables.
Respecto a la actividad sexual, en esta etapa tiende a disminuir. Sin embargo, no por esto se deja de tener una vida sexual satisfactoria; más bien, se redefine la sexualidad y se le suele dar mayor peso a otras expresiones físicas de amor y cariño, tales como los abrazos y las caricias. Conforme el cuerpo empieza a envejecer, se vuelve más vulnerable a la enfermedad.
A pesar de esto, algunas estadísticas indican buenas noticias sobre el envejecimiento y la salud. Las pérdidas funcionales asociadas a esta etapa se pueden disminuir dependiendo del estilo de vida durante la adultez temprana y media. Algunas de las principales enfermedades en esta etapa son las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, las enfermedades respiratorias y el VIH. Una parte fundamental para mantener una buena salud son los buenos hábitos, como una dieta nutritiva, ejercicio y cuidado general de la salud. Por otro lado, los efectos acumulativos de los malos hábitos, como la falta de ejercicio, el tabaquismo, alcoholismo y el consumo de otras sustancias nocivas, conducen a una diversidad de problemas.
El estrés es un factor importante en muchas de las enfermedades de la adultez media. El estrés suele surgir por sentimientos relacionados a cómo se perciben e interpretan en su vida personal y laboral. En este sentido, por una parte enfrentan estrés en los acontecimientos de la vida cotidiana y por otra, en el estrés producido por el hecho de llegar, redefinirse y ajustarse a la adultez tardía (vejez).

Aspectos Cognoscitivos
Si bien es cierto que la adultez se acompaña de envejecimiento y de un deterioro de la actividad cognoscitiva, se ha demostrado que algunas de ellas continúan perfeccionándose en la edad madura. Dos buenos ejemplos son la inteligencia fluida y la inteligencia cristalizada. La inteligencia fluida involucra las capacidades de los procesos básicos que aplicamos al nuevo aprendizaje. En cambio, la inteligencia cristalizada se logra con la educación formal y las experiencias de vida en general.
A lo largo de la adultez, algunos aspectos del funcionamiento cognoscitivo se deterioran de forma gradual. Sin embargo, la experiencia y la pericia son habilidades que compensan el deterioro cognoscitivo que se da durante la madurez. Dichas compensaciones están condicionadas a las oportunidades que ofrece el ambiente y el contexto, como el trabajo, el cual puede condicionar el nivel de exigencia, retos y nuevas oportunidades de aprendizaje para que las compensaciones tengan un efecto positivo.
El Adulto Mayor (Adultez Tardía)
Características y Desafíos
La ancianidad, también llamada tercera edad, es la última etapa del desarrollo humano y se caracteriza por el deterioro progresivo de las capacidades físicas y cognitivas. En la vejez, la crisis vital se centra en el afrontamiento del declive tanto físico como cognitivo, además de tomar en cuenta un aspecto crucial: el legado individual, sobre todo, en la familia. Sumado a esto, durante esta etapa de la vida, se reflexiona sobre el bienestar y la mortalidad.
Esta etapa comienza con la preparación para la jubilación, una experiencia de transición que no es bien recibida por todos, ya que muchas personas no encuentran la forma de ocupar el tiempo libre tras concluir su etapa laboral. Una buena manera de comenzar con optimismo la entrada de la adultez tardía y con un estado de ánimo elevado es disfrutando de momentos en compañía de personas allegadas, manteniéndose activos a nivel físico y mental, y practicando actividades que mantengan a las personas ocupadas y con ilusión.
Es importante reconocer que, si bien el joven siempre será más vigoroso, necesitará de la aprobación del adulto medio y de la experiencia del adulto mayor, a quienes se les debe dar paso, así como la atención o cuidado que se les brinde.
