El estudio de la calidad de vida en los adultos mayores reviste una gran importancia con vistas a mejorar los niveles de salud de este segmento de la población. Uno de los factores invocados como determinantes de la calidad de vida es la práctica de actividades físicas.

Relevancia de la Actividad Física en la Tercera Edad
La actividad física posee un papel preponderante como determinante de la calidad de vida en los adultos mayores. Los artículos revisados coinciden en considerar la actividad física como un importante determinante de la calidad de vida en la ancianidad, debido a sus repercusiones físicas y psicológicas, tales como mejores indicadores de salud física, alta autoestima, vitalidad e interacción social positiva.
La actividad física aparece vinculada a diversas categorías que contribuyen al bienestar del adulto mayor, entre ellas:
- Capacidad funcional
- Capacidad cognitiva
- Actividades productivas
- Autonomía funcional
- Autoestima
- Salud física y mental
- Optimismo
- Participación e inclusión social
- Vitalidad
- Envejecimiento activo y saludable
- Concentración mental
Este crecimiento poblacional en el grupo de adultos mayores impone desafíos a las políticas y a las Ciencias Sociales, impulsando a los diferentes actores sociales a trabajar en aras de mejorar el disfrute de los últimos años de vida, los cuales se han extendido en los últimos tiempos. Dentro de las Ciencias Sociales, destacan los estudios relacionados con la calidad de vida de los llamados “adultos mayores”.
Calidad de Vida y el Proceso de Envejecimiento
La calidad de vida es el resultado de la compleja interacción entre factores objetivos y subjetivos. Los primeros constituyen las condiciones externas -económicas, sociopolíticas, culturales, personales y ambientales- que facilitan o entorpecen el pleno desarrollo del individuo. Los factores objetivos que forman parte de la calidad de vida están determinados por la forma de organización de una sociedad.
Por otro lado, la calidad de vida es la percepción que un individuo tiene acerca de su propia vida, elaborada dentro del contexto de la cultura y el sistema de valores y normas en los que vive, y está íntimamente vinculada con sus objetivos y expectativas.
El proceso de envejecimiento suele acompañarse de limitaciones en las habilidades físicas y también en la vida social. La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2001, a través de la Clasificación Internacional del Funcionamiento (CIF), propuso una nueva comprensión del funcionamiento, la discapacidad y la salud, muy aplicable al estudio de la calidad de vida en la tercera edad. Al analizar los componentes de la CIF, se observa una correspondencia con los componentes de la calidad de vida:
- Funciones y estructuras corporales
- Actividad (grado de cumplimiento en la ejecución de tareas y actividades)
- Participación (grado de desenvolvimiento dentro de las situaciones de índole social)

El entorno en el que vive el anciano reviste una gran importancia como determinante de su calidad de vida. En el informe mundial sobre envejecimiento publicado por la OMS en 2015, el modelo CIF se explica en su orientación hacia la tercera edad y la pérdida de las capacidades funcionales. La capacidad funcional se refiere a los atributos vinculados a la salud que facilitan o entorpecen que el individuo lleve a cabo las actividades que son significativas para él. Según este modelo, existe una capacidad intrínseca, unas determinadas características del entorno y una interacción entre ambos elementos. También se alude a una herencia genética que luego es potenciada o no por el medio social.
La representación social del anciano a menudo contiene la idea de aislamiento social, deterioro cognitivo, falta de actividad física e incapacidad para aportar económicamente a la sociedad y la familia. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud destaca el importante papel de la actividad física para alcanzar un envejecimiento saludable y con calidad de vida. En su informe mundial sobre el envejecimiento y la salud de 2015, se afirma que la actividad física a lo largo de la vida tiene como principal beneficio aumentar la longevidad.
Beneficios de la Actividad Física en la Vejez
Son muchos los beneficios de la actividad física sobre la calidad de vida en la vejez. Se preserva la fuerza muscular y la función cognitiva, se reduce los niveles de ansiedad y depresión, y mejora notablemente los sentimientos de autoestima. Desde el punto de vista físico, reduce los riesgos de enfermedades crónicas, principalmente las vasculares. En cuanto a lo social, promueve una mayor participación en la comunidad y permite el mantenimiento de redes sociales y vínculos entre las generaciones.
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Metodología de Revisión y Selección de Artículos
Para esta revisión, se consultaron artículos a texto completo, a los cuales se accedió mediante las bases de datos Google Scholar y Dialnet, siendo el criterio de selección que son bases de datos de libre acceso. Se identificaron y analizaron las publicaciones correspondientes a los últimos 5 años, cuyos autores fueran profesionales del campo de las ciencias de la salud.
La selección de los artículos se realizó considerando que versaran sobre la actividad física como determinante de la calidad de vida y el bienestar en el adulto mayor. Fueron contemplados estudios de intervención dirigidos a analizar la influencia de la actividad física sobre la calidad de vida en ancianos, así como estudios en los que se evaluara el nivel de actividad física habitual de los sujetos y su relación con indicadores de calidad de vida.
El procedimiento desarrollado partió de la identificación del título del trabajo observando su afinidad con los criterios antes señalados. Luego se revisó el resumen y si se comprobaba que era acorde al objetivo, se procedía a estudiar el artículo completo. En el caso de Google Scholar, fueron utilizados los 3 primeros descriptores. De esta manera, la revisión permitió identificar 8 trabajos que versan sobre la actividad física como determinante de la calidad de vida en la tercera edad.
Impacto de la Actividad Física en Componentes de la Calidad de Vida
La calidad de vida en los ancianos posee diferentes aristas y factores que la condicionan. En la presente revisión se consideraron trabajos recientes de la temática actividad física y su relación con diferentes componentes de la calidad de vida en personas de la tercera edad. En la literatura acerca del tema de los indicadores de salud y calidad de vida en los ancianos aparecen términos asociados tales como: estado físico, actividades de la vida diaria, bienestar e independencia.
Independencia Funcional y Ejercicio Físico
Rodríguez Díaz comprobó que la independencia funcional, un componente fundamental de la calidad de vida en la vejez, está condicionada por el grado de conservación de las funciones cognitivas y la calidad de la función física y social. Mediante un programa de ejercicios físicos consistente en dos sesiones a la semana de 30 minutos de entrenamiento, se logra mejorar esa función física en los participantes.
Esta autora destaca la necesidad de mejorar la independencia funcional mediante un reforzamiento de la autoestima y la autoeficacia en los adultos mayores, insistiendo en el ejercicio físico, de tal manera que se optimicen las habilidades, adaptadas a las capacidades funcionales. Así, se diseñó y aplicó a un grupo de ancianos entre 75 y 99 años un programa llamado “Convivir con la dependencia y el bienestar”, de carácter multidisciplinario, que tiene entre sus principales objetivos el desarrollo de las funciones físicas del anciano. Esta intervención incluye ejercicios aeróbicos adaptados a la edad de los participantes y las capacidades funcionales conservadas, realizados en dos sesiones semanales de 30 minutos. Cada sesión incluye un entrenamiento completo: calentamiento, ejercicios de flexibilidad, coordinación, fuerza muscular, resistencia, enfriamiento y relajación. Esta intervención ha demostrado ser efectiva en la mejora del bienestar físico en cuanto a mejor ejecución de los gestos funcionales y más adecuada realización de actividades de la vida diaria.
Estudios sobre Programas de Ejercicio y su Efectividad
La optimización de las capacidades del anciano debe ser una prioridad de todos los que participan en su atención, ya sea la familia o el grupo social de pertenencia.
Vicentini realizó un estudio experimental distribuyendo a 120 adultos mayores, entre 60 y 70 años de edad, en 3 grupos. Un grupo fue sometido a ejercicios aeróbicos acuáticos; otro, a entrenamiento convencional para pérdida de peso (musculación); y el tercero, a las actividades físicas comúnmente practicadas en las academias de la tercera edad en Brasil. El período estudiado comprendió 3 meses y la frecuencia de la práctica de ejercicios fue de dos veces a la semana. Es conocido que con los años se va perdiendo gradualmente la masa muscular y, por tanto, la fuerza que permite desarrollar las actividades físicas de cualquier tipo. Los ejercicios orientados a la musculación permitirán el máximo rendimiento de los ancianos acorde con las condiciones y capacidades de cada cual.
Bravo Ponce puso a prueba un programa de actividad física sobre las condiciones físicas y el funcionamiento cognitivo en 44 voluntarios mayores de 60 años. Este programa de ejercicios funcionales se aplicó en 5 sesiones semanales de 50 minutos durante 8 semanas consecutivas. La evaluación de la condición física incluyó la valoración de la fuerza (piernas y brazos), la flexibilidad de la cadena muscular posterior y los hombros, la agilidad y equilibrio dinámico, y la resistencia aeróbica (Senior Fitness Test). La intensidad y dificultad del programa se incrementaba según la condición física de cada participante.
Este trabajo demostró que la mejora de los procesos cognitivos fue mayor en un grupo de estudio al cual se aplicó un programa de ejercicios funcionales de 8 semanas de duración, comparada con la mejora obtenida en el grupo control que recibió un programa de actividad física lúdico-recreativo tradicional. En cada sesión de dicho grupo de estudio se practicó un calentamiento inicial con actividad aeróbica y movilidad articular, seguido de estiramientos. La actividad principal era la aeróbica que se practicaba a los pocos minutos de comenzar la sesión. Se incorporaban actividades de equilibrio dinámico y estático, así como de velocidad de reacción y ejercicios funcionales para todo el cuerpo. Es evidente que la mejora en los procesos cognitivos tiene una influencia directa sobre la calidad de vida de estos adultos mayores. Debe tenerse en cuenta que el principal estigma asociado a la vejez es, justamente, el deterioro cognitivo.
Actividad Física, Salud Percibida y Bienestar Subjetivo
Según un estudio realizado por Stein, con vistas a determinar la relación entre actividad física, salud percibida y bienestar subjetivo, se encontró que a mayores niveles de actividad física, mejor es la percepción de la calidad de vida y el bienestar, y menor la sintomatología depresiva en ancianos. La autora evalúa el nivel de actividad física habitual mediante el cuestionario de actividad física de Yale. En la referida investigación, los resultados de este cuestionario de actividad física correlacionaron negativamente con el nivel de depresión según la escala de depresión geriátrica de Yesavage, es decir, que a mayor nivel de actividad física, menor nivel de depresión.
También se encontró una correlación positiva de la actividad física con la salud autopercibida, evaluada a través del Cuestionario de Calidad de Vida relacionada con la Salud (SF-36). La actividad física también se asoció positivamente con el Bienestar Psicológico, estimada mediante la escala de Sánchez-Cánovas, y demostró así que la actividad física elevada favorece ambas variables.
Estudios Prospectivos y Evaluación de la Actividad Física
Almeida y colaboradores desarrollaron un estudio prospectivo con 12,201 adultos mayores en Australia, en quienes evaluaron la actividad física. Aquellos que reportaban practicar ejercicios físicos durante al menos 150 minutos semanales fueron considerados como físicamente activos. Transcurridos 10 años, los sobrevivientes fueron evaluados en cuanto a estado de ánimo (optimismo), actividad cognitiva y actividades de la vida diaria.
Mezadri, et al., estudiaron el nivel de actividad física en personas de la tercera edad y su relación con la calidad de vida. Para medir el nivel de actividad física fue utilizado el cuestionario International Physical Activity Questionnaire (IPAQ), propuesto por la OMS, que consta de 5 preguntas respecto a la frecuencia, duración e intensidad de la actividad física realizada en los últimos 7 días. Los sujetos son clasificados como muy activos, activos, insuficientemente activos y sedentarios.
Estudio sobre Vulnerabilidad Funcional y Ejercicio Adaptado
El aumento significativo de la población anciana ya es una realidad en varios países. Con el aumento de la población de adultos mayores, existe la necesidad de instituciones de larga duración para personas mayores (LTCI's), que son instituciones de vivienda colectiva. El crecimiento rápido y progresivo de la población de adultos mayores es un factor que afecta a varias áreas, especialmente la salud, cuyo deterioro funcional y actividades de la vida diaria pueden predisponer al anciano a la institucionalización.
Las actividades de la vida diaria (AVD) se conocen como actividades de autocuidado o cuidado personal y están relacionadas con la capacidad del anciano para cuidarse a sí mismo, como comer, bañarse y vestirse. La incapacidad proviene del proceso fisiológico del envejecimiento en sí, que promueve cambios funcionales en el cuerpo del anciano. Con respecto a los cambios osteomioarticulares, la fragilidad puede deberse a factores como: pérdida de peso involuntaria, disminución de la fuerza de presión de la palma, disminución de la velocidad de la marcha, agotamiento/fatiga y bajo nivel de actividad física.
En cuanto al sistema nervioso central, se ve íntimamente afectado por la senescencia, ya que promueve gradualmente el deterioro cognitivo, con la consecuente reducción de las habilidades sensoriales y funcionales. La fragilidad del anciano puede provocar un estado de incapacidad debido a sus componentes centrales en relación con sus funciones fisiológicas.
Análisis del Efecto del Ejercicio Físico Adaptado
La práctica regular de ejercicio físico influye en el mantenimiento de las actividades de la vida diaria y el autocuidado del anciano, por lo que la actividad física se ha indicado como un predictor para mejorar la autonomía y la calidad de vida en los mayores. Se debe analizar la relación entre el ejercicio físico y la vulnerabilidad de los adultos mayores, considerando frecuencia, intensidad y volumen.
Un estudio se realizó con ancianos de una Institución de Larga Estancia (LTCI) con el objetivo de analizar el estado clínico y funcional de esta población y verificar los beneficios del ejercicio físico adaptado sobre el índice de vulnerabilidad. Para la práctica de ejercicios físicos adaptados se utilizó una sala de actividades físicas equipada con equipos de musculación adaptados.
El índice de vulnerabilidad clínico-funcional (IVCF-20) es un cuestionario compuesto por 20 preguntas que permite identificar a los ancianos frágiles y el riesgo de fragilidad. La prueba VTC (Ponte y quítate la camiseta) demostró ser una herramienta capaz de evaluar la autonomía funcional de los miembros superiores de las personas mayores en las actividades de la vida diaria. El test de levantarse y sentarse de la silla evalúa la resistencia de las extremidades inferiores.
Resultados del Estudio sobre Vulnerabilidad Funcional
Hubo una mejora significativa en las pruebas IVCF-20, con un resultado que pasó de una clasificación de alto riesgo de vulnerabilidad a un riesgo moderado (p>0.05). Se verificó una reducción significativa en el tiempo de la prueba VTC (p<0.05). En la prueba de levantarse y sentarse de la silla, se observó una mejora significativa en el número de repeticiones en 30 segundos (p>0.05).
En cuanto a la valoración de la autonomía funcional, los datos mostraron que los individuos, antes del entrenamiento en ejercicios físicos adaptados, tenían un IVCF-20 promedio de 20.8, lo que se clasifica en el puntaje de alto riesgo de vulnerabilidad. Después del entrenamiento, este puntaje se redujo a 9.8, considerando personas mayores con riesgo moderado de vulnerabilidad (p>0.05).
La prueba VTC mostró una reducción significativa, pasando de una media pre-prueba de 43.2 segundos a 31.0 segundos en la post-prueba (p<0.05). En el lanzamiento de balón medicinal, a pesar de un ligero incremento en el resultado de 1.1 m a 1.27 m, no hubo una mejora estadísticamente significativa.
La prueba de levantarse y sentarse de la silla representa en el pre-test una media de 6 repeticiones en 30 segundos y en el post fue de 8 repeticiones en 30 segundos, lo que representa una mejora significativa (p>0.05).
Se observó que los ancianos institucionalizados son individuos más frágiles y vulnerables, tanto en relación al índice de vulnerabilidad funcional clínica, como en relación a sarcopenia e indicadores de autonomía. Sin embargo, el programa de ejercicio físico adaptado demostró ser efectivo en la mejora de la capacidad funcional y la autonomía de las personas mayores.