La temperatura corporal es un indicador fundamental del estado de salud, ya que refleja la capacidad del organismo para producir calor y mantener un equilibrio interno estable. En el caso de los adultos mayores, este proceso fisiológico experimenta cambios significativos que requieren especial atención.
La temperatura normal en la tercera edad
A medida que envejecemos, la temperatura corporal promedio tiende a disminuir. Mientras que en un adulto joven la media se sitúa alrededor de los 37 °C, en las personas mayores el rango normal suele oscilar entre los 36 °C y 36,5 °C. Esta diferencia se explica por diversos factores:
- Disminución del metabolismo basal: El cuerpo genera menos calor de forma natural.
- Reducción de la masa muscular: Los músculos son fundamentales para la termogénesis.
- Cambios en la circulación: La circulación periférica se vuelve menos eficiente.
- Modificación del "termostato" cerebral: El hipotálamo, encargado de regular la temperatura, puede sufrir alteraciones con el paso del tiempo.

¿Qué es la hipotermia?
Se considera hipotermia cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 35 °C. En esta situación, el cuerpo pierde calor más rápido de lo que puede producirlo, lo que compromete el funcionamiento del corazón, el sistema nervioso y otros órganos vitales.
Debido a que los mecanismos termorreguladores en personas mayores son menos eficaces, pueden sufrir hipotermia incluso sin estar expuestos a condiciones climáticas extremas. Los síntomas suelen progresar de forma gradual e incluyen:
- Escalofríos (inicialmente, aunque pueden desaparecer en fases graves).
- Dificultad para realizar movimientos precisos.
- Confusión mental y dificultad para razonar.
- Piel pálida y fría.

Riesgos y complicaciones de los cambios térmicos
Es fundamental comprender que, en los adultos mayores, una temperatura de 36 °C no siempre indica salud, y una fiebre leve puede pasar desapercibida. A menudo, las infecciones graves (como neumonía o infecciones urinarias) no se manifiestan con fiebre alta, sino con signos atípicos:
- Postración o debilidad extrema.
- Confusión mental repentina.
- Caídas frecuentes o pérdida de equilibrio.
Por el contrario, la hipertermia (subida excesiva de la temperatura por encima de los 38 °C debido a factores externos) también representa un peligro grave, pudiendo provocar golpes de calor incluso en días no extremadamente calurosos.
Prevención y cuidados
Para proteger a las personas mayores, es vital implementar medidas preventivas:
- Hidratación constante: Incluso si no manifiestan sed, es necesario asegurar un consumo adecuado de líquidos.
- Control de temperatura: Conocer la temperatura habitual de la persona permite identificar pequeñas variaciones que actúan como señales de alarma.
- Vestimenta adecuada: En invierno, el uso de capas y ropa térmica ayuda a conservar el calor corporal. En verano, se deben evitar las horas centrales del día y mantener estancias ventiladas.
- Atención a los medicamentos: Algunos fármacos pueden alterar la capacidad del cuerpo para regular la temperatura.
¿CÓMO TOMAR LA TEMPERATURA CORPORAL?
Cuándo acudir al médico
Cualquier cambio brusco en la temperatura corporal, ya sea hacia abajo (hipotermia) o hacia arriba (hipertermia), debe ser monitoreado. Se debe buscar atención médica urgente si la temperatura es inferior a 35 °C o superior a 38 °C, especialmente si se acompaña de:
- Confusión mental.
- Dificultad para respirar.
- Dolor intenso.
- Cambios drásticos en el comportamiento o equilibrio.