La Vulnerabilidad Social y su Vinculación con la Disciplina del Trabajo Social

La vulnerabilidad social ha sido abordada desde diferentes posturas y definida a partir de múltiples elementos, lo cual matiza la complejidad de su objeto, sobre todo por las áreas del conocimiento y posturas epistemológicas que confluyen en su análisis. El objetivo de este artículo es analizar la problemática de la vulnerabilidad social y su impacto desde el patrón de desarrollo contemporáneo.

La metodología utilizada se basa en el análisis crítico de una extensa y diversa revisión bibliográfica sobre el objeto del estudio. Las principales categorías abordadas fueron: vulnerabilidad social, riesgo, resiliencia y bienestar, entre otras. Aunque existe un gradual interés en proponer investigaciones sobre vulnerabilidad social, no se percibe un consenso general sobre el tema y por ende son frecuentes los cuestionamientos a determinadas posturas. A partir de ello, se contribuye con algunas reflexiones desde el campo teórico y metodológico, tomando en consideración los principales elementos identificados sobre la vulnerabilidad social y sus implicaciones. Es así que se propone considerar a la vulnerabilidad social como resultado de los impactos provocados por el patrón de desarrollo vigente, pero a su vez como la incapacidad de enfrentarlos por parte de los grupos más débiles de la sociedad.

Evolución Conceptual y Causas de la Vulnerabilidad Social

La vulnerabilidad en América Latina representa un tema que adquiere cada vez mayor trascendencia y en función de ello se han dedicado algunos estudios que así lo demuestran. Su conceptualización irrumpió en la década del 70 del pasado siglo para remarcar aquellas situaciones en las que tenían un gran peso los embates de la naturaleza. En la década de los 80, adquiere un enfoque social en el que se reconoce a los eventos naturales como grandes causantes de desastres, pero se concentra más en el análisis de las “estructuras y procesos socioeconómicos de desigualdad y pobreza como causantes de la vulnerabilidad” (Pérez, 2000, p.2).

La introducción de esta concepción permite no solo estudiar el efecto de los desastres naturales en la población, sino también comprender cómo las estructuras sociales han ubicado a determinados sectores de la población en situaciones de vulnerabilidad. El modelo de desarrollo en los países de América Latina ha provocado en las personas de clase baja y media que su exposición a situaciones de riesgo sea cada vez más elevada e inestable. Con el logro de la independencia en la región y la consolidación del capitalismo subdesarrollado, algunos males sociales se agudizaron mucho más y la distribución desigual de los ingresos trajo consigo mayores disparidades. En ese contexto, se añade la vulnerabilidad social, característica del sistema capitalista en el que las leyes económicas de libre mercado han remarcado las situaciones de riesgo e incertidumbre en las personas y grupos en situaciones de desventaja social.

Esquema sobre la evolución histórica del concepto de vulnerabilidad social, destacando los enfoques de los años 70 y 80

Definiciones Clave de la Vulnerabilidad

La definición aportada por el Council for International Organizations of Medical Sciences (2002) ha sido ampliamente aceptada. En ella se considera a las personas vulnerables como “aquellas que son relativamente (o absolutamente) incapaces de proteger sus propios intereses, posiblemente porque tengan insuficiente poder, inteligencia, educación, recursos, fuerza u otros atributos necesarios para proteger los intereses propios” (p. 48). Por su parte, Schroeder & Gefenas (2009) afirman que “ser vulnerable significa enfrentar una probabilidad significativa de sufrir un mal identificable, a la vez que carecer sustancialmente de la habilidad y/o los medios para protegerse a sí mismo”.

Según Belén Liedo (2021), “la vulnerabilidad se produce en una encrucijada determinada entre la persona y el entorno. Las condiciones de la vulnerabilidad no son, entonces, algo «natural», sino que siempre aparecen en un determinado contexto del que no deben ser aisladas a la hora de analizarlas y abordarlas. Las desigualdades estructurales dan lugar a situaciones en las que las personas son más propensas a sufrir determinados daños”. Aunque la vulnerabilidad social se asocia usualmente como consecuencia de los modelos de desarrollo imperantes, también evidencia las limitaciones de las personas más débiles para poder superar ese estado de susceptibilidad ante cualquier situación crítica. No siempre la vulnerabilidad es atribuible a elementos propios de la pobreza; es también consecuencia de características personales asociadas, en gran medida, a la falta de seguridad.

Sobre la vulnerabilidad social se considera que en algunas personas influyen en mayor medida determinadas situaciones de vulnerabilidad que en otras, pero en todos los casos se asocia a desigualdades estructurales. Siendo así, Young (2010) afirma que la vulnerabilidad social puede entenderse como una exacerbación de la común vulnerabilidad ontológica de todos los seres humanos, agravada por circunstancias determinadas. Esta idea de vulnerabilidad social permite poner el foco en el origen contingente de ciertas vulnerabilidades, de manera que es más útil para revisar y modificar estructuras sociales.

El carácter sistémico de la definición de “vulnerabilidad” posee una complejidad no despreciable. El gran número de acepciones y su aplicación en diferentes contextos le confieren al término una relevancia fundamental en las investigaciones sociales. Esta diversidad de interpretaciones incide en dos perspectivas esenciales: por un lado, la que se asocia a rasgos humanos abordados desde los estudios antropológicos y por otro, aquella que se refiere al daño en la relación protección-cuidado y en menor medida a hacer valer los derechos individuales. Además, la vulnerabilidad se vincula no solo con las condiciones de las personas, sino también con los ámbitos socioeconómicos, culturales y ambientales en el entorno de su vida, lo cual brinda una mejor comprensión del término. En este sentido, al hacerse alusión a las poblaciones vulnerables se refiere a grupos de personas en condiciones de mayor susceptibilidad provocada por las condiciones del medio y las posibilidades en que viven.

En este trabajo se entiende que las variables sociodemográficas están incluidas en el concepto de vulnerabilidad social, ya que los grupos vulnerables son definidos en gran parte por sus características en este nivel. Esto se pone de manifiesto en una definición más precisa de vulnerabilidad social, aportada por Barrenechea et al. (2002), la cual es considerada como las condiciones (dimensiones sociales, económicas, culturales, políticas) del grupo social, previas a la ocurrencia del evento catastrófico, en tanto la capacidad diferenciada de hacerle frente y recuperarse. Este conjunto es heterogéneo, formando parte de él grupos que no cuentan con las mismas condiciones.

Factores Estructurales y el Riesgo Social

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (1999) se propuso una mejor comprensión del contexto latinoamericano hasta esa fecha y para ello tomó en consideración la experiencia europea y lo referido a la exclusión. No obstante, esta experiencia propició una serie de criterios contrarios debido a que la región latinoamericana muestra elevados índices de precariedad laboral. Unido a la dimensión del trabajo se suman otras que repercuten en el constante riesgo que rodea a los grupos vulnerables. El modelo neoliberal ha extendido prácticas culturales globales hegemonizantes las cuales se han impuesto en la región sin distinción entre las personas. Lo que constituye un proceso de inclusión ha generado mayor desigualdad y con ella una tendencia a exacerbarse la vulnerabilidad social.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2002) ha propuesto lo que se conoce como “ecuación de vulnerabilidad”, siendo una forma más concreta de exponer los elementos que se tienen en cuenta para medir la vulnerabilidad social. En este caso, para Moser (1998), la vulnerabilidad sería la sumatoria de los riesgos, los mecanismos y recursos para enfrentarlos y la capacidad para adaptarse a ellos de forma activa, lo cual implicaría importantes reestructuraciones internas.

Algunos autores como Esping-Andersen (2002) y Beck (2008) han abordado el tema del riesgo a partir de determinadas características de la contemporaneidad vinculadas con los problemas de la protección y la inseguridad, los cuales han trascendido desde el ámbito personal hasta la sociedad en general y sustentados por cuestiones sociales, económicas, ambientales, políticas, religiosas, éticas, de irrespeto a los derechos humanos y la igualdad entre las personas. Por su parte, existe coincidencia en plantear que el riesgo social se define por abarcar todo cuanto incide en la vulnerabilidad social y, por lo general, se vincula con cuestiones históricas, políticas, económicas, culturales y religiosas.

Enfoques Metodológicos para el Abordaje de la Vulnerabilidad

En la literatura se resalta el papel de los activos, tanto tangibles como intangibles, los cuales posibilitan una estabilidad y/o mejoría de la calidad de vida de las personas para enfrentar circunstancias de vulnerabilidad (Kaztman, 2000). Este autor señala que los activos se ubican en tres niveles: en las personas, de manera física o espiritual; en las leyes, normas, disposiciones y tradiciones; y en las redes sociales que delimitan los grupos e instituciones a las que se pertenece. Al respecto, Egea et al. (2008) destacan que “el fortalecimiento del tejido social y comunitario puede cumplir un papel de gran trascendencia para enfrentar situaciones de riesgo”.

Aunque teóricamente existe comprensión de este enfoque, no sucede de igual manera con la metodología para implementarlo dada la complejidad del reto que impone la vulnerabilidad social. En ese sentido, se advierten las primeras alertas desde el año 2001 en las conclusiones del Seminario Internacional sobre las Diferentes Expresiones de la Vulnerabilidad Social en América Latina y el Caribe, donde se aludió a la necesidad de apoyarse en técnicas cuantitativas y cualitativas, proponer indicadores con el objetivo de diagnosticar y monitorear la situación, y lograr algún vínculo que permita identificar cómo son usados los activos y las oportunidades/dificultades que estos propician.

Infografía mostrando la

Identificación y Medición de la Vulnerabilidad

La definición de vulnerabilidad brindada por Wisner et al. (2004) refiere que son las “características de una persona o grupo y su situación, que influencian su capacidad de anticipar, lidiar, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza”. Esta definición es clave para el desarrollo de la comprensión de la vulnerabilidad, ya que establece una diferencia entre la amenaza y la vulnerabilidad, ubicándose esta última en el ámbito social. Al respecto, Pelling (2003) afirma que la relación entre la amenaza y la vulnerabilidad permite prever situaciones críticas, sobre todo su perdurabilidad en el tiempo.

Los enfoques teórico-metodológicos esbozados hasta la fecha se concentran en proponer la identificación y la medición de la vulnerabilidad para aquellas personas en esa situación. Para ello, según Cutter (1996), se establecen como elementos prioritarios “la intensidad del peligro al cual determinados grupos están expuestos y su relación con las condiciones materiales objetivas de los individuos/hogares”. Wisner et al. (2004) afirman que para poder determinar los marcos teóricos y metodológicos de forma más adecuada y precisa se debe realizar una identificación de las personas en situaciones de vulnerabilidad y la intensidad de esta, y con ese objetivo resulta fundamental determinar los peligros que sostienen dicho estado.

Autores como Alwang et al. (2001) realizan una distinción entre “vulnerabilidad a...” y “vulnerabilidad ante...”. En el primer caso se refiere a “situaciones sociales que resultan de procesos de pérdida” y en el segundo a “amenazas y situaciones de estrés que cambian las condiciones de la unidad de análisis en un tiempo específico”. Dentro de las propuestas metodológicas más relevantes en este tema destaca la hecha por Amartya Sen (1981), a través de lo que se conoce como teoría de los derechos de acceso para determinar la vulnerabilidad social y con ello intentar explicar cómo los grupos sociales acceden de manera diferenciada a los recursos. Este marco conceptual ha aportado el empleo de algunos métodos que facilitan la comprensión y medición de la capacidad que poseen algunas personas para enfrentar situaciones difíciles.

Resiliencia y Subsistemas Sociales

En la actualidad, se aborda en mayor medida la búsqueda de las causas de la vulnerabilidad y el impacto que provoca. Por su parte, la investigación aplicada propicia que los análisis sobre el bienestar se asocien con las vulnerabilidades ante posibles eventos ambientales. En ese caso se han extrapolado las causas derivadas de cuestiones ecológicas y climáticas, entre otros factores, para ofrecer una explicación desde la relación ambiente-sociedad. A partir de este análisis, el concepto de resiliencia se introduce, al decir de Folke (2006), por referirse a una “forma positiva de adaptación, en la cual es la capacidad de un sistema de absorber perturbaciones y reorganizarse, al tiempo que retiene esencialmente la misma función, estructura, identidad y retroalimentaciones”.

En este sentido, existe una limitación conceptual significativa, ya que los autores que proclaman esa corriente usualmente se apoyan desde la empiria y en modelos teóricos. En este punto se introducen los subsistemas sociales a los cuales se tiende a definir tomando como referente la corriente de pensamiento de la Escuela de Chicago sobre ecología humana, en la cual las interacciones sociales se enmarcan a partir de la competencia, territorialidad y dominación (Berkes & Folke, 1998), a partir de las concepciones de derechos de acceso de Adger & Kelly (1999), o las de medios de vida y capital social aportadas por Adger (2003).

El Rol del Trabajo Social y la Intervención ante la Vulnerabilidad Social

Los procesos de formación de futuros profesionales de trabajo social no están ajenos a los desafíos de la vulnerabilidad y requieren que la Universidad, y en particular la carrera de Trabajo Social, estén en sintonía con las necesidades del país. La “Práctica de Intervención Social I” constituye el primer vínculo con el medio institucional-territorial de los y las estudiantes, instancia donde se realiza el descubrimiento y fundación del espacio de intervención social. Para la intervención, se visualizan técnicas de evaluación e interpretación cartográfica, la organización de los distintos grupos de la comunidad, el trabajo permanente por lograr un sentido de pertenencia e historia poblacional, además de asesorías psico-educacionales a niños, familias y profesionales.

Experiencias de Intervención y Formación en la Práctica Profesional

El plan de acción desarrollado en el marco de la Práctica Profesional I y II, cuenta con una evaluación en el entorno sobre el ciclo de las políticas implementadas en los beneficiarios hasta ese momento. Además, incluye actividades con el entorno que son de gran relevancia, como la capacitación a dirigentes sociales, la realización de un conversatorio y ferias itinerantes, y reuniones comunitarias para el fortalecimiento de la identidad y organización barrial, así como mesas de diálogos que apuntan al mismo objetivo.

En la Práctica de Intervención Social I participaron 79 estudiantes en 11 instituciones u organizaciones, con seis docentes a cargo. En sus cuatro años de existencia, el proyecto de Trabajo Social ha permitido que los estudiantes de la UNAB internalicen de mejor forma los aprendizajes adquiridos, fortaleciendo, por ejemplo, las habilidades para co-construir estrategias de aproximación al espacio de intervención o investigación, para identificar problemáticas en el territorio y elaborar un plan de acción enfocado en lograr un impacto positivo para la comunidad. En tanto, la iniciativa ha logrado promover la cooperación y colaboración entre los actores sociales, de manera tal de hacer frente a las dinámicas de precarización e informalidad urbana de diferentes campamentos, fomentando, además, la creación del sentido de identidad de la población.

A través de la modalidad de teletrabajo, fue posible responder a diversas contingencias en beneficio de población vulnerable, migrantes y sujetos de la política social (infancia, mujeres, personas en situación de discapacidad, adultez mayor, jóvenes, familia, entre otros), así como articular la institucionalidad y los diferentes beneficios de asistencia social relacionados a ellos. Lo anterior se realizó a través de cápsulas de video informativas, acompañamiento y gestión de campañas solidarias, entre otras acciones.

Investigación e Intervención Social: El Centro CINSU

Adicionalmente, se crea el Centro de Investigación e Intervención Social Universitario (CINSU), un espacio transdisciplinario de diálogo participativo para co-construir intervenciones e investigaciones que beneficien a las diversas organizaciones públicas y privadas. Este centro busca promover investigaciones e intervenciones sociales situadas en las realidades regionales donde se encuentra la Universidad Andrés Bello, propiciando la labor articulada de estudiantes, académicos/as, egresados/as y diversos actores locales.

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