La migración internacional es un fenómeno global, complejo y heterogéneo que ha experimentado un aumento significativo en los últimos años. Este movimiento de personas fuera de su país de origen, con intención de asentamiento, no siempre considera la creciente presencia de niños, niñas y adolescentes en estos flujos migratorios. Según datos de UNICEF, en 2015 había 244 millones de migrantes en el mundo, de los cuales 31 millones eran menores de 18 años. Para 2024, se estima que 6.3 millones de estos niños y adolescentes migrantes se encuentran solo en el continente americano.
La migración afecta a los niños y adolescentes de diversas maneras a lo largo de su ciclo de vida, ya sea porque acompañan a sus padres, migran solos o son dejados atrás por uno o ambos progenitores. Este fenómeno, a menudo involuntario y secundario a un proyecto migratorio de los padres, expone a los niños y niñas a situaciones de precariedad socioeconómica, barreras culturales y de lenguaje, y escenarios de discriminación y vulneración de derechos, dependiendo del estatus migratorio de sus padres.
La migración es un reconocido determinante social de la salud, cuyas condiciones impactan directamente en los resultados de salud de quienes migran. Los primeros años de desarrollo juegan un papel fundamental en la generación y mantenimiento de inequidades sociales y de salud, que se reproducen y perpetúan en la vida adulta.
Definición de Niños y Migrantes
Para comprender la vulnerabilidad de este grupo, es crucial establecer las definiciones. Entendemos a los niños y niñas como aquellas personas menores de 18 años, siguiendo la definición de la Convención sobre los Derechos del Niño (UNICEF, 1989). Por su parte, se considera personas migrantes a quienes se desplazan de su lugar de residencia, temporal o permanentemente, a través de una frontera internacional (International Organization for Migration, 2019).
Impacto de la Crisis Sanitaria Global en Niños Migrantes
La aparición de la COVID-19 a finales de 2019 generó una crisis sanitaria sin precedentes, con consecuencias que trascendieron la salud pública. Las medidas adoptadas por los gobiernos para controlar el virus y su impacto en la salud física de la población fueron improvisadas, tardías o erráticas, afectando la cotidianidad de las personas en contextos educativo, laboral y familiar. Durante este periodo, grupos como mujeres, niños y niñas, y personas migrantes sufrieron las consecuencias de manera más profunda, enfrentando mayores vulnerabilidades.
En el caso específico de las personas migrantes, la pandemia provocó un aumento de la pobreza, la exclusión, la desprotección en vivienda, salud, alimentación e higiene, y una carencia de prestaciones sociales ligadas a la falta de regularización migratoria.
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Vulnerabilidad de la Niñez Migrante ante la Pandemia
La pandemia profundizó las desigualdades en las formas en que niñas y niños habitan su niñez, resultando en una vulneración de sus derechos. Por ejemplo, el cierre de escuelas y la transición a la educación remota de emergencia evidenciaron las desigualdades digitales y pedagógicas, afectando el derecho a la educación. Algunos estudios señalan que en familias migrantes, la educación de los niños no fue una prioridad, sino la generación de ingresos, reforzando la tendencia a la desescolarización. El derecho al ocio también se vio afectado, con el confinamiento interrumpiendo las rutinas diarias y las actividades recreativas.
La salud mental de los niños en contextos vulnerables durante la pandemia implicó desafíos significativos, así como su acceso a cuidados de atención primaria. Se han reportado temores al contagio y percepciones negativas del virus en niños, con la necesidad de protegerse mediante medidas preventivas. La familia migrante, debido a sus condiciones de vida precarias, expuso a las niñas y niños a mayores niveles de vulnerabilidad durante los meses de confinamiento. Destaca la doble vulnerabilidad de los niños migrantes, basada en su condición de ser niño y migrante, frente a las dificultades de sus propias familias durante la pandemia.

La Situación Migratoria en Chile
Chile es un país de interés en este contexto, ya que el número de personas migrantes ha aumentado drásticamente en los últimos años. De menos de 200,000 personas migrantes en 2010, la cifra ascendió a 465,319 en 2015. En marzo de 2020, el Gobierno de Chile cerró las fronteras para evitar la propagación de la COVID-19. Sin embargo, esta medida intensificó la vulnerabilidad derivada de la forma de migrar y aumentó el ingreso de personas al país a través de pasos no habilitados. En 2021, esta situación se vio acompañada de manifestaciones xenofóbicas, especialmente en comunas del norte, agravando la vulnerabilidad de la población migrante.
El Concepto de Vulnerabilidad
El concepto de vulnerabilidad es un objeto de investigación reciente y creciente en psicología. Surgió en los años noventa del siglo XX, concibiéndose como una categoría que da cuenta de la conformación de un grupo de hogares con alta fluctuación en sus niveles de bienestar. Se analiza en el marco de las transformaciones socioeconómicas de las décadas de 1980 y 1990, que en el siglo XXI generaron percepción de incertidumbre, indefensión e inseguridad en gran parte de la población latinoamericana. Así, se entiende como condiciones de desventaja y rezago social, económico, político y cultural que surgen del orden social capitalista, afectando a ciertos grupos.
La literatura aborda la vulnerabilidad desde dos puntos de vista: uno relacionado con personas, comunidades y hogares vinculados a procesos estructurales que generan precariedad e incertidumbre; y otro relacionado con el efecto de factores de riesgo que impactan a distintas unidades sociales. En este contexto, se subraya la relación edad-género, ubicando la vulnerabilidad preferentemente en niños y mujeres. Desde el punto de vista situacional, se destacan las condiciones de migrante y pobreza.
Enfoques Teóricos en el Estudio de la Salud Migrante
Los enfoques en el estudio de la salud en la población migrante se han centrado en diferentes momentos del proceso migratorio:
- Sociedad de origen: Contempla patrones epidemiológicos, factores ambientales, sociales y culturales.
- Proceso migratorio: Las condiciones y duración del desplazamiento son factores críticos.
- Sociedad de destino: Las condiciones de vida y el tiempo de residencia son elementos centrales para comprender las desigualdades en salud.
Además, se identifican tres perspectivas teóricas significativas:
1. Perspectiva de los Determinantes Sociales de la Salud
Este enfoque, conceptualizado por la OMS, considera las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Estas circunstancias son resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local. Contempla múltiples factores productores de enfermedad y protectores como lugar de residencia, nivel educativo, sexo/género, ocupación, apoyo social, raza/etnia, etc. En el caso de muchas personas migrantes, esto implica características negativas determinantes como el hacinamiento, desconocimiento del uso de servicios de salud, problemas de salud ambiental, alimentación desequilibrada o empleo inestable y precario.
2. Perspectiva del Transnacionalismo
A diferencia de análisis previos unidireccionales, esta aproximación plantea las interacciones a través de las fronteras, incluyendo la transformación de los lugares de origen y de llegada. Su aplicación a la investigación en salud implica considerar las prácticas de salud de las personas migrantes y el capital cultural transnacional, cuya incidencia en la salud es evidente. Los saberes culturales propios de las personas migrantes incluyen el abordaje de la salud, cuestionando a veces la supremacía del saber biomédico.
3. Vulnerabilidad Estructural
Este enfoque enfatiza la importancia de abordar los problemas de salud desde la estructura económica y política. La migración, por lo general, ocupa un lugar en la economía del territorio de acogida que la sitúa en una situación diferencial de mayor riesgo. La segregación del trabajo, la naturalización de la posición social o la explotación laboral, y la culpabilización de la víctima, son ejemplos de violencia simbólica ligados a la estructura social.
Estas tres perspectivas ofrecen miradas complejas y complementarias, enriqueciendo el enfoque biomédico con aportaciones de la diversidad cultural, la sociología comparada y la crítica política.
Desigualdades en Salud y Acceso a Servicios
Jansà y García (2004) describen dos etapas para evaluar las desigualdades en salud y el acceso a los servicios en la población migrante:
Primera Etapa: Factores Directos en la Llegada
- Factores del territorio de origen: Hábitos dietéticos, características fisiológicas o tradiciones en salud maternoinfantil.
- Desigualdades sociales y económicas entre países: Formación deficitaria en temas de salud, acceso a servicios o riesgo ambiental.
- Trastornos vinculados al proceso migratorio: Agotamiento físico y emocional, hacinamiento o condiciones precarias de trabajo.
En el caso de jóvenes migrantes sin una persona adulta de referencia, esta etapa implica desconocimiento en temas básicos de salud, historial médico escaso o nulo y malestar emocional habitual.
Segunda Etapa: Adaptación y Consecuencias de Deficiencias
El papel adaptativo se manifiesta como consecuencia de las deficiencias sociales y económicas, llevando a la evolución de infecciones latentes, problemas de cumplimiento farmacológico o trastornos psicoafectivos.
Otra aportación de interés es la "paradoja del inmigrante sano", que sugiere mejores condiciones de salud en la población migrante en comparación con la local. Una explicación es que la población migrante es una selección de individuos más capaces y ambiciosos. Otra es el "sesgo del salmón", donde la población menos sana retorna a sus lugares de origen. La combinación de estos factores explicaría los resultados de salud favorables en la población migrante.
Investigación en Salud y Niños Migrantes
La investigación en migración y salud ha priorizado históricamente enfermedades infecciosas, vacunación, salud reproductiva y uso de servicios. Sin embargo, la bibliografía específica centrada en niños migrantes sin referentes adultos es casi inexistente.
Existen datos comparativos en países europeos que demuestran diferencias significativas en el acceso a la salud pública. Por ejemplo, Italia, Bélgica y Alemania presentan limitaciones, mientras que en España no hay dificultades específicas en el acceso a servicios públicos de salud, aunque la atención en salud mental es asumida por entidades o centros de acogida.
El creciente flujo migratorio de menores no acompañados y la limitada investigación existente han evidenciado la necesidad de generar conocimiento específico y desarrollar estrategias de intervención adecuadas. Proyectos como "Migration Impacts On Health (MIOH)" buscan obtener evidencia sólida sobre el impacto de factores de riesgo y protección en la salud de estos jóvenes, así como desarrollar herramientas de intervención para su bienestar físico, mental y adaptación sociocultural.
Vulnerabilidad Específica de Menores Migrantes
La vulnerabilidad de los menores migrantes se agrava por las circunstancias que propiciaron su partida, su nivel de resiliencia individual, la exposición a la violencia durante su travesía, su género e identidad, y si su proceso migratorio es irregular o si ha habido situaciones de explotación o abuso, como la trata.
En el continente americano, 6.3 millones de los 31 millones de migrantes menores de 18 años experimentan esta realidad. La niñez y adolescencia son grupos clave para comprender las inequidades en salud, ya que los primeros años de desarrollo son fundamentales en su generación y perpetuación.
Acceso y Uso de Servicios de Salud en América Latina y El Caribe
Una revisión narrativa de literatura sobre el acceso y uso de servicios de salud por niños, niñas y adolescentes migrantes en América Latina y El Caribe (2012-2024) reveló importantes inequidades.
Datos de Hospitalización por Urgencias
En Chile, investigaciones muestran que entre migrantes de 7 a 14 años son más frecuentes los egresos hospitalarios por traumatismos y otras causas externas. También se confirma que los niños migrantes están más expuestos a enfermedades infectocontagiosas y accidentes (quemaduras, fracturas), eventos vinculados a determinantes sociales como condiciones de vivienda, acceso a agua potable, hacinamiento, condiciones ambientales y bajas temperaturas. Se evidencian brechas en la afiliación a servicios de salud, lo que indica dificultades de acceso a atención primaria.
Datos de Canadá y Estados Unidos también muestran la sobrerrepresentación de niños migrantes sin seguros de salud en los triages de urgencia y barreras de acceso a servicios ambulatorios.
Exposición a Enfermedades Infecciosas
Niños, niñas y adolescentes migrantes y refugiados están expuestos a enfermedades como tuberculosis, hepatitis B y C, dengue, malaria, VIH y enfermedad de Chagas. Las condiciones críticas de deportación y detención de niños latinos en la frontera de Estados Unidos se han asociado a decesos por septicemia. La tuberculosis, prevalente en países de baja renta, se agrava por factores como desnutrición, estrés y hacinamiento presentes en muchas infancias migrantes.
En el caso del VIH, un análisis en Chile demuestra el crecimiento del porcentaje de personas viviendo con VIH en población extranjera, con especial preocupación por mujeres de origen latinoamericano, quienes pueden haber estado expuestas a abusos y violencias sexuales en origen, tránsito o llegada.
Vulnerabilidad Social y Salud Mental
La crisis sanitaria por COVID-19 aumentó las condiciones de inseguridad de niños y adolescentes migrantes, destacando no solo las condiciones críticas de desplazamiento por fronteras irregulares, sino también la reproducción de inequidades. Entre las vulnerabilidades sociales destacan inseguridad alimentaria, caries tempranas, problemas nutricionales (déficit o exceso) y exposición a plaguicidas, acentuándose en niñas y mujeres embarazadas.
Estudios en Estados Unidos revelan la presencia de factores estresores relacionados con la historia migratoria de las familias latinas y sus condiciones de vida en el país de destino. Se reportan necesidades socioemocionales vinculadas al desconocimiento del territorio local, experiencias de discriminación, barreras idiomáticas y efectos emotivos por estar lejos de sus seres queridos. También se destacan dificultades relacionadas con no compartir o desconocer el proyecto migratorio elegido por los adultos, además del estrés al que están sometidas las relaciones parentales en contexto migratorio. La falta de pertinencia cultural de los programas de salud mental infantojuveniles y las dificultades de padres y cuidadores en sus labores de crianza acentúan estos problemas.
Salud Sexual y Reproductiva
Las necesidades de salud de la población adolescente migrante a menudo son invisibilizadas. Se pesquisa una mayor proporción de madres inmigrantes con riesgo biopsicosocial, con menor cantidad de tamizaje y controles de embarazo. Los estudios con adolescentes migrantes resaltan la necesidad de acceso a preservativos e información sobre el funcionamiento del sistema de salud en el país de llegada. El embarazo adolescente, prevalente en países de origen de las migraciones sur-sur, podría estar afectando particularmente a adolescentes migrantes. También se destaca la anticipada asunción de responsabilidades laborales y de cuidado.
Prevención y Vacunación
Aspectos esenciales en la prevención muestran que niños, niñas y adolescentes migrantes presentan desventajas. Estudios en Estados Unidos estiman que los niños de origen latino presentan la mayor prevalencia de caries, vinculada a dieta, falta de priorización y acceso a atención dental, y uso de alimentos cariogénicos en procesos de tránsito y asentamiento. En cuanto a vacunación, la mayoría de los niños refugiados no habían recibido las vacunas de los esquemas primarios para enfermedades prevenibles.
Conclusiones y Recomendaciones
La niñez y adolescencia migrante representa una población creciente en la región. Garantizar su derecho a la salud implica un compromiso fundamental de los Estados, no solo por el deber moral asociado al bienestar integral de la infancia, sino también por el efecto poblacional a largo plazo de la acumulación de desventajas sociosanitarias durante esta etapa vital.

Es crucial fortalecer los mecanismos regionales que garanticen cobertura sanitaria y acceso a servicios de prevención y promoción de salud de niños, niñas y adolescentes migrantes, independientemente de su condición migratoria o la de sus padres. Esto reducirá el uso de urgencias y hospitalizaciones evitables, y aumentará la cobertura de programas preventivos. Las acciones intersectoriales coordinadas con el sector educación son clave para disminuir las brechas de afiliación. Sin embargo, el acceso a servicios sanitarios no es suficiente si no se acompaña de políticas relacionadas con determinantes sociales como condiciones de vivienda, acceso a agua potable, educación y sistemas de cuidado.
Respecto a enfermedades infecciosas, se requieren estrategias regionales que superen las fronteras nacionales para coordinar acciones clínicas, socioeconómicas y de salud pública, con participación de comunidades, organizaciones de la sociedad civil y proveedores de salud, buscando una cobertura universal en salud. En materia de VIH, se necesitan acciones específicas de salud sexual y reproductiva focalizadas en población en movilidad, reconociendo el acceso limitado a esta atención y los riesgos para la salud y derechos reproductivos, especialmente en niñas y adolescentes.
En salud mental, los hallazgos son concluyentes sobre el impacto de las condiciones de desplazamiento e inserción en el país de llegada en el bienestar socioemocional de la niñez y adolescencia migrante. La exposición a diversos tipos de violencia, inseguridad alimentaria, riesgos asociados al crimen organizado, trabajo infantil y periodos de vida en la calle, laceran sus posibilidades de desarrollo emocional y cognitivo. La falta de pertinencia cultural de los programas de salud mental infantojuveniles y las dificultades de padres y cuidadores acentúan estos problemas.
Finalmente, en salud sexual y reproductiva, se necesitan acciones intersectoriales que acerquen los servicios de promoción y prevención a grupos que enfrentan inequidades. La falta de conocimiento de los programas, la necesidad de priorizar trabajo y estudios sobre el autocuidado, y el temor a la discriminación en la atención, son barreras reportadas por adolescentes.