El sistema de protección de menores en Chile, gestionado por el Servicio Nacional de Menores (Sename), enfrenta una crisis que afecta directamente a la niñez más vulnerable del país. Las Unidades de Adopción, tanto a nivel regional como nacional, se ven desafiadas por la falta de recursos, personal calificado y, fundamentalmente, por la dificultad de encontrar familias interesadas en adoptar a niños mayores de ocho años. Esta situación condena a una gran parte de estos menores a una institucionalización prolongada, a menudo conviviendo con infractores de la ley, en un sistema con graves deficiencias estructurales.
La Realidad de los Niños Bajo Protección del Sename
Según cifras del Sename, el 68% de los niños bajo su protección tiene más de ocho años de edad. Debido a esta realidad, el Estado a menudo no inicia el trámite para declarar que estos niños pueden ser adoptados. La falta de padres interesados y la preocupación por la reputación del sistema son las causas principales invocadas por el organismo, lo que lleva a que la mayoría de estos menores queden institucionalizados de por vida.

En Chile, existen 12.442 niños sin cuidado parental y con alta vulnerabilidad, lo que significa que viven carencias económicas y afectivas. Datos obtenidos por Ley de Transparencia hasta abril de 2016 revelan que 159 niños habían sido declarados en condiciones de ser adoptados, pero aún no habían sido vinculados con una familia.
Testimonios de la Institucionalización
Historias como la de Violeta Lara (24) ilustran la dura realidad. Desde los ocho años, Violeta vivió en el hogar Rodolfo Rencoret en Puerto Montt, administrado por el Sename. Cumplía con las condiciones para ser adoptada: sus padres la habían abandonado, sus abuelos habían fallecido, y su tía la maltrataba y nunca la visitó. A los 17 años, decidió escaparse del hogar debido a los castigos y la falta de perspectivas. “Yo veía cómo las más chicas del hogar se iban. A mí igual eso me daba pena, porque no tenía a nadie”, relata Lara.
Violeta recuerda que, siendo niña, a los ocho años, no iba al colegio como sus amigos; en cambio, cortaba leña y preparaba pan para sus seis primos. Por las tardes, limpiaba parabrisas en Futrono, y el dinero ganado le era arrebatado por su tía, quien también la golpeaba si no cumplía con sus tareas. Las marcas de estos maltratos motivaron la denuncia de una vecina, lo que la llevó al sistema de protección.
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Matías Orellana (48) llegó a la residencia N°1 de Fundación Mi Casa a los tres años. Vivió 15 años en el hogar, sin mayores recuerdos de su familia biológica ni visitas. A los ocho años intentó huir, cansado de los golpes del "tío" para evitar malas conductas. Vagó pidiendo dinero, hasta que una adolescente en situación de calle lo convenció de regresar. Su experiencia lo impulsó a crear la Fundación de Egresados de Casas de Menores (ECAM), para apoyar a jóvenes institucionalizados.
El Proceso de Adopción y sus Barreras
Carlos Soto, psicólogo y jefe de la Unidad de Adopción del Sename en la Región Metropolitana, explica que "a mayor edad de los niños, menor es la posibilidad de encontrar padres interesados en su adopción. Aunque la ley establece que se pueden iniciar causas hasta los 18 años, en la práctica nosotros vemos que esto no es posible".
Requisitos Legales y Desafíos Prácticos
Según la Ley de Adopción 19.620, un Tribunal de Familia debe realizar una investigación para declarar a un menor como candidato a la adopción, determinando abandono, cesión al Sename, o inhabilidad parental. Posteriormente, se debe citar a familiares hasta el tercer grado de parentesco para corroborar que ninguno es apto para el cuidado del niño.
Yanett Maldonado, asistente social y evaluadora externa del Sename, señala que "el Sename ha ido promoviendo la adopción de niños mayores, pero para la institución la adopción de niños mayores son cinco o seis años. A los niños de ocho prácticamente ni siquiera se les hace trámite de susceptibilidad de adopción, porque no hay familias postulantes para niños grandes".
Los expertos coinciden en que la "inhabilidad parental" es lo más difícil de probar, extendiendo el proceso de declaración de adopción a un promedio de 16 meses. Cecilia Erazo, abogada y consejera técnica del Sename en el 4° Juzgado de Familia de Santiago, indica que en 2017, hasta el 13 de junio, solo seis menores fueron declarados adoptables por ese tribunal, y ninguno superaba los ocho años de edad. "El sistema te obliga a que la edad se vuelva un criterio para iniciar la causa de adopción", afirma.
María Fernanda Galleguillos, jefa del Departamento Nacional de Adopción del Sename, reconoce que "no todas las familias están dispuestas a hacerse cargo de niños mayores o con alguna dificultad". El Anuario Estadístico del Sename de 2015 mostró que de 510 adopciones concretadas, solo 62 correspondían a niños de ocho años o más (12% del total), incluyendo adopciones nacionales e internacionales.
María Elena González, directora ejecutiva de FADOP, comenta que su fundación no trabaja con niños mayores de seis años, dada la complejidad de encontrar padres interesados para ese grupo de edad.
La Institucionalización Prolongada y sus Consecuencias
La mayoría de los niños que superan los ocho años de edad y no son revinculados con su familia de origen están destinados a vivir institucionalizados. La Ley N° 16.618, de 2004, que crea los Tribunales de Familia, establece que la permanencia de un niño en una residencia no debe superar el año y debe ser revisada cada seis meses.
"Actualmente no contamos con el personal necesario, ni el trabajo intersectorial para que esto se cumpla. Todos los tiempos se dilatan, porque los distintos organismos involucrados en eso, como el Registro Civil o el Servicio Médico Legal, a veces tardan seis meses en enviarnos un solo papel", explica la jueza del 4° Juzgado de Familia de Santiago, Luz María Barceló, quien también señala el retraso en los informes de los hogares del Sename, que tardan hasta seis meses, el doble de lo legal.
Convivencia con Infractores de la Ley
Una de las consecuencias más graves de la prolongada institucionalización es la convivencia de niños vulnerados con menores que han cometido delitos. Rommy Lindemann, asistente social evaluadora externa del Sename, y otros evaluadores, confirman que "los menores vulnerados en sus derechos que no son adoptados, que han delinquido y tienen menos de 14 años se van a los CREAD".
Lo más preocupante es que "hay niños de más de 14 que han cometido delitos y han estado en centros de reclusión y al cumplir su sentencia son derivados por los jueces a protección y llegan a los CREAD con conductas de cárcel", afirma Lindemann.
Rodrigo Godoy (50), egresado de Fundación Mi Casa, donde vivió 12 años, relata una experiencia de convivencia con infractores: "Una vez, estábamos en la pieza donde veíamos tele en el hogar y unos compañeros que habían estado castigados por robo comenzaron a incendiar objetos. Al final la pieza se quemó entera. Estos niños siguieron viviendo en el hogar, hasta que se escaparon un día". Violeta Lara también narra cómo, durante su tiempo en el hogar, tuvo que convivir con compañeras que robaban o abusaban de otras niñas.

En 2013, tras la muerte de un joven de 17 años en un centro de reclusión juvenil, Ciper publicó un artículo que mostraba el nivel de violencia dentro de los centros del Sename, con fotografías de menores portando armas. La convivencia de menores de protección con infractores se debe en parte a la falta de claridad en las rutas que siguen los niños dentro del sistema.
Deficiencias en la Fiscalización y Gestión
Entre 2014 y 2015, el Sename fiscalizó sus hogares, revelando "reparos por la carencia de mapas de procesos donde se definan las responsabilidades y plazos, que esclarezcan los flujos donde transita el niño/a". También se reconoció la "falta de registro sistemático de los niños/as en ADOPSEN" (base de datos de la Unidad de Adopción del Sename) y la falta de orden en las carpetas con el historial de los menores.
Esta falta de distinción entre menores de 14 años que han delinquido y los que no, resulta en su mezcla con quienes no han sido adoptados. El informe destacó esta falencia como crítica en la Región Metropolitana. Actualmente, en esta región, hay 7.749 menores viviendo en centros de reclusión.
Víctor Martínez, educador de trato directo en el Centro Cerrado de Reclusión Tiempo Joven en San Bernardo, y presidente del Sindicato de Funcionarios del Sename Provincial del Maipo, ha constatado en más de veinte años de trabajo que "muchos jóvenes pasan por todas las instancias del Sename. Ingresan a protección cuando son muy pequeños, pasan a Galvarino, Pudahuel y llegan a reclusión".
El Impacto de la Institucionalización en los Niños
La psicóloga Lorena Bustamante, evaluadora externa con diez años de experiencia, explica que "a los niños que son más grandes les afecta en mayor medida pasar más tiempo institucionalizados, porque están tan dañados y no generan vínculos de familia". Érika Villalobos, asistente social del Departamento de Adopción del Sename, aclara que el daño generado por permanecer tantos años en residencias es directamente proporcional al tiempo que los menores permanecen en el sistema de protección.
Programa de Preparación para la Vida Independiente
El Programa de Preparación para la Vida Independiente comienza después de que el adolescente cumple 15 años y una vez que el Sename ha comprobado la imposibilidad de vincularlo con familiares. Sin embargo, Matías Orellana critica este programa, ya que, según él, los planes de preparación inician días antes de egresar y consisten solo en charlas sobre la vida fuera del hogar.
"Vimos desaparecer de nuestras vidas, de un momento para otro, a nuestros compañeros mayores, quienes al alcanzar los temidos 18 años eran egresados del sistema. Cuando no estaban preparados educacionalmente, ni emocionalmente y, lo peor, sin una familia que los contuviera. Para quienes les seguíamos en edad, ese momento era como si un hermano mayor desapareciera", rememora Orellana.