A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta modificaciones fisiológicas y morfológicas que afectan las funciones de los órganos y sistemas de defensa. Sin embargo, en los últimos años, la soledad ha emergido como un factor que agrava diversas problemáticas de salud en los adultos mayores, incluida la desnutrición.

La soledad y el aislamiento social en la población mayor
Diferenciación entre soledad y aislamiento social
Es crucial distinguir entre la sensación de soledad, que es una percepción subjetiva de falta de compañía, y el aislamiento social, que implica una pérdida o ineficacia de las redes de apoyo. Ambos fenómenos han sido identificados como factores de riesgo de morbilidad y mortalidad, lo que subraya la importancia de abordarlos desde una perspectiva de salud pública.
La soledad es una experiencia desagradable que ocurre cuando la red de relaciones sociales de la persona es deficiente en algún aspecto importante, cuantitativa o cualitativamente. Las personas sufren la soledad al percibir déficits en determinadas relaciones; por ejemplo, cuando su número es más escaso de lo que consideran deseable o cuando no aportan la intimidad que necesitan. A diferencia de "estar a solas", que refleja un estado de aislamiento social voluntario, la soledad es involuntaria y se asocia estrechamente con déficits en la calidad percibida de las interacciones sociales.
Prevalencia en Chile y España
- En Chile, según el reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, la soledad no deseada afecta al 49,2% de los adultos mayores, y el 55,5% presenta un alto riesgo de aislamiento social. Un 30,7% experimenta ambos problemas simultáneamente.
- La Encuesta de Bienestar Social 2023 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia indica que un 9,3% de la población mayor de 18 años se siente sola "siempre o casi siempre", y un 25,4% lo experimenta "a veces".
- El aislamiento tiende a aumentar con la edad, alcanzando su punto más alto en el grupo de 80 años o más, con una prevalencia 14 puntos porcentuales mayor que en el grupo de 60 a 69 años.
- En países europeos como Dinamarca (10%), Italia (33,4%), Francia (30,2%), Bélgica (25,0%) y Suecia (22,1%), la prevalencia de soledad entre los mayores también varía según los estudios.
Factores influyentes en la soledad y el aislamiento
Tanto la experiencia de la soledad como el aislamiento social en personas mayores están influenciadas por diversos factores:
- Sexo: Las mujeres reportan una mayor prevalencia de soledad, aunque esto depende de si viven acompañadas, tienen pareja o cómo evalúan su salud.
- Estado civil: Un 65,5% de los hombres sin pareja se siente solo, frente al 33% con pareja. En mujeres, la tendencia es similar, aunque con una brecha menor.
- Cohabitación: Un 65,1% de los hombres que viven solos experimenta soledad, frente a un 38,4% de quienes viven acompañados. Entre las mujeres, la tendencia es similar (60,7% vs. 50,4%).
- Nivel educativo y recursos económicos: Estudios sugieren que un bajo nivel educativo y bajos ingresos económicos son factores asociados.
- Percepción de salud: En hombres, solo un 34,5% de quienes evalúan su salud como buena se siente solo, frente a más del 59% entre quienes la consideran regular o mala. Para las mujeres, estas cifras ascienden al 43,5% y 62,3%, respectivamente. El riesgo de aislamiento entre mujeres con buena salud es considerablemente menor que entre aquellas con mala salud, con una diferencia de 14,8 puntos porcentuales.
- Edad: El envejecimiento de la población trae consigo condiciones bajo las cuales las personas se sienten más solas, siendo más vulnerables a eventos que transforman sus relaciones sociales.
- Situación laboral: La jubilación es un punto de inflexión que puede llevar a la pérdida de rutina y al aumento de la soledad.
- Discapacidades físicas y enfermedades mentales: Son desencadenantes del sentimiento de soledad, especialmente si se vive solo.
- Pérdida de seres queridos: La pérdida del cónyuge o de amigos es una situación frecuente que provoca el sentimiento de soledad.
Macarena Rojas, directora de gestión del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, enfatiza que estos reportes proporcionan información relevante sobre un tema fundamental y de creciente preocupación a nivel mundial, especialmente por su vínculo con el bienestar subjetivo y la calidad de vida de los adultos mayores.
Soledad en las personas mayores
Impacto de la soledad en la salud física y mental
La soledad es un estado de aislamiento que, si se vuelve crónico, promueve la aparición de síntomas que afectan la salud y dificultan salir de esa situación. Los especialistas señalan que esto puede deberse a la incapacidad para conectar con los demás, la ausencia de amigos, dudas sobre la autoestima y sentimientos negativos sobre la interacción.
Consecuencias fisiológicas y mentales
La soledad crónica puede afectar la salud de múltiples maneras. La Clínica Cleveland explica que esta situación puede aumentar los niveles de cortisol en el cuerpo, una hormona del estrés que, con el tiempo, favorece problemas de atención, mayor riesgo de sobrepeso u obesidad, inflamación o resistencia a la insulina.
Otros problemas vinculados con la soledad incluyen:
- Abuso de sustancias.
- Diabetes tipo 2.
- Depresión, ansiedad y trastornos del sueño.
- Enfermedades cardiovasculares (infartos de miocardio, ictus). De hecho, muchos médicos consideran la soledad no deseada como un factor de riesgo vascular modificable, similar al tabaco o el sedentarismo.
- Hipertensión.
- Mayor riesgo de suicidio (incremento del 8,8% en los últimos 5 años en España en mayores de 65 años).
- Trastornos del sueño.
- Deterioro cognitivo: La soledad crónica puede limitar las capacidades cognitivas como concentración, memoria, toma de decisiones o resolución de problemas. Se ha vinculado con un mayor riesgo de desarrollar demencia, específicamente Alzheimer.
Investigaciones como las de Zhong et al. y Donovan et al. identifican la soledad como un factor predictor de deterioro cognitivo e incluso un síntoma neuropsiquiátrico relevante en la preclínica de la enfermedad de Alzheimer.
La soledad como factor de riesgo de mortalidad
Un estudio de la Universidad Brigham Young de Utah, Estados Unidos, señaló que la soledad no deseada supera a la obesidad como origen de muerte prematura en personas mayores. La profesora Julianne Holt-Lunstad, coautora del estudio, afirma que la soledad y el aislamiento social pueden aumentar hasta en un 50% el riesgo de muerte prematura.
Soledad y desnutrición en adultos mayores
Un aspecto ampliamente objetivado en las personas mayores que viven solas son las deficiencias nutricionales. El aislamiento lleva a estas personas a comer menos y peor, priorizando comidas fáciles y precocinadas, ricas en hidratos de carbono y grasas, y reduciendo las proteínas. Esto provoca un aumento de los desequilibrios nutricionales, que pueden manifestarse como pérdidas de peso con riesgo de desnutrición o desnutrición establecida, así como sobrepeso y obesidad.

Desnutrición y obesidad sarcopénica
La obesidad sarcopénica es especialmente preocupante, donde el sujeto aumenta su peso y el índice de masa corporal a expensas de un incremento del tejido graso, con una disminución de la masa muscular. Esto desencadena una mayor pérdida de fuerza y un deterioro funcional.
Estudios sobre la relación soledad-desnutrición
- Un sumario de evidencia de UpToDate sugiere que el aislamiento durante las comidas puede disminuir el disfrute de la comida y la ingesta de calorías.
- Una revisión sistemática (RS) encontró relación entre la desnutrición (y el riesgo de desnutrición, RD) y factores como el bajo nivel educativo, el bajo nivel económico, vivir solo y ser soltero, viudo o divorciado. Los autores concluyen que la desnutrición y el RD podrían reducirse aumentando el nivel económico, apoyando a las personas que viven solas y mejorando el aprendizaje.
- Un estudio de correlación (GeMS) en Finlandia con personas de 75 años o más encontró que los sentimientos frecuentes de soledad (OR: 1,63) se asociaron con el RD/desnutrición.
- Sin embargo, el estudio SOLGER, realizado en España con 167 personas mayores de 79 años, concluyó que no hay relación estadísticamente significativa entre vivir solo y padecer malnutrición o riesgo de padecerla. Los resultados del MNA (Mini Evaluación Nutricional) no mostraron diferencias entre los grupos según la unidad familiar. Este estudio sugiere que los pacientes mayores de 79 años que viven solos suelen ser más independientes, gozan de mejor salud física y mental, tienen menos procesos crónicos y consumen menos fármacos, lo que podría explicar un mejor estado nutricional en esta subpoblación. La edad, sin embargo, sí parece ser un factor determinante, ya que los ancianos entre 80 y 84 años tienen un mejor estado nutricional que los de 85 años o más.
Es importante señalar que la malnutrición es un proceso inherente al envejecimiento, pero está asociada a diferentes factores. Estudios confirman que esta condición puede ser inducida por cambios fisiológicos en la población anciana que conllevan una menor sensación de apetito y, secundariamente, una menor ingesta de alimentos.
Estrategias para combatir la soledad y sus efectos
La soledad no es solo una sensación, si no se controla, puede causar graves problemas físicos y emocionales. Por ello, es crucial implementar estrategias para mitigarla:
Intervenciones para mejorar la conexión social
- Trabajar por una mayor conexión social: Participar en voluntariados, clubes de pasatiempos o grupos de entrenamiento no solo fomenta la interacción, sino que también mejora la salud física y cognitiva.
- Asistir a un centro de día: Estos centros proporcionan compañía, ejercicio, terapias y actividades para asegurar un envejecimiento activo.
- Compañía familiar: Incluir al adulto mayor en reuniones y planes familiares aumenta su autoestima.
- Cuidador a domicilio: La atención personal, el cuidado, el control de la medicación y la conversación con un cuidador profesional pueden ser beneficiosos para la salud emocional.
- Contacto diario para conservar las relaciones sociales: Realizar visitas, llamadas o salir a comprar con ellos es importante.
- Hacer pequeños favores o actos de bondad al azar.
Fomento de un envejecimiento activo y saludable
- Mayor actividad física: Mantener a los mayores alejados de una vida sedentaria, promoviendo paseos diarios o prácticas deportivas adaptadas, contribuye a la salud mental y física.
- Estimulación cognitiva: Ejercitar la memoria y otras funciones cognitivas reduce el riesgo de enfermedades mentales.
- Hábitos de sueño y dieta saludable: Promover rutinas en las acciones del día a día previene la fatiga y la apatía.
- Conexión con la naturaleza: Fomentar salidas al aire libre es valioso para un adecuado estado emocional.
- Aprender algo nuevo y proponerse nuevas metas.
Recomendaciones adicionales
- Tomarse un descanso de las redes sociales: Es beneficioso alejarse de las pantallas y dedicar más tiempo a la interacción directa.
- Ser más consciente sobre los propios sentimientos: Esto ayuda a comprender el impacto de la soledad en la salud.
- Buscar ayuda profesional: Si el aislamiento y la sensación de desazón son muy grandes, es fundamental consultar a un profesional.
El equipo de atención primaria debería promover la autonomía de estos pacientes impulsando intervenciones para reestructurar pensamientos sociales desadaptativos y fomentar su participación en actividades comunitarias que favorezcan la socialización, además de brindar apoyo emocional.