El turismo es una actividad intrínsecamente expuesta a los efectos del cambio climático. Algunas de sus modalidades, como el turismo de sol y playa, de nieve o el de grandes ciudades, presentan una alta vulnerabilidad ante el calentamiento global y los procesos asociados a él. Históricamente, el aumento de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones han sido los efectos del cambio climático más difundidos, especialmente en latitudes medias y en la región mediterránea.
Sin embargo, otras consecuencias menos conocidas, como el incremento de los extremos atmosféricos y la pérdida del confort climático, también pueden afectar significativamente la actividad turística en estas modalidades. Es crucial que el sector turístico aborde el problema del cambio climático con la responsabilidad de comunicar la complejidad del fenómeno y evitar posturas extremas, como la sugerencia de cambios drásticos de destinos o la desaparición de modelos establecidos, que podrían fomentar el descreimiento o actitudes negacionistas.

La implementación proactiva de medidas de reducción y adaptación al cambio climático es esencial para preservar la competitividad de los destinos turísticos a largo plazo.
El Fenómeno del Cambio Climático: Causas y Manifestaciones Globales
Uno de los mayores desafíos del siglo XXI ha sido el fenómeno del cambio climático, que genera impactos en actividades humanas como el turismo a nivel mundial. Esta preocupación ha impulsado a los destinos turísticos a analizar y revisar cómo adaptarse a los posibles cambios en sus características físicas, geográficas y climáticas.
El mundo entero se encuentra en una condición climática sin precedentes, que ha puesto en peligro la supervivencia de las especies. Desde la Revolución Industrial en el siglo XVIII, la concentración de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera ha incrementado exponencialmente los efectos climáticos en el planeta. Estas condiciones son resultado del crecimiento de la población humana y del uso masivo de combustibles fósiles en la búsqueda de progreso y crecimiento.
Definición y Acuerdos Internacionales
Como resultado de esta nueva conciencia global, en 1988 se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), fundado por las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, con el fin de evaluar y medir las variaciones climáticas. Sus datos son cruciales para que los entes competentes tomen decisiones informadas para mejorar la calidad del medio ambiente.
El cambio climático se define como "un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables" (ONU, 1992). La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático estipuló compromisos para los países miembros. El Protocolo de Kioto, firmado en 1997, buscó acuerdos específicos para disminuir las emisiones de GEI, aunque su implementación eficaz se vio limitada por voluntades políticas.
Más de veinte años después, la preocupación persiste. Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado casi un 50 % desde 1990. Para compensar el daño, se establecieron más recomendaciones y compromisos en el Acuerdo de París (ONU, 2015).
Impactos Percibidos del Cambio Climático
Según el IPCC, entre los efectos percibidos del cambio climático se incluyen el aumento de las precipitaciones en ciertas regiones, sequías más intensas y prolongadas en amplias zonas de los trópicos y subtrópicos, y un incremento en la frecuencia de precipitaciones fuertes en varios países. Además, se observa un inevitable aumento de la temperatura mundial y del nivel del mar, deshielos en los polos y glaciares, así como temperaturas más extremas y cambios rápidos e intensos en los patrones climáticos, resultando en inviernos más fríos y veranos más calientes.

La Relación Bidireccional entre Turismo y Cambio Climático
El clima se considera un atractivo turístico en sí mismo, influyendo en la elección de destinos y en la satisfacción de los turistas. Por lo tanto, el cambio climático es un factor de gran influencia para el sector turístico debido a las variaciones en el medio ambiente y los recursos naturales, y a la alta dependencia de la experiencia del turista a este factor. Puede impactar directamente el comportamiento de los turistas al cambiar la percepción de la imagen del destino y las actividades a desarrollar.
Sin embargo, el turismo también contribuye a los efectos de este fenómeno, siendo uno de los sectores productivos que más alteran los ritmos naturales tanto en zonas rurales como urbanas. Uno de los elementos nocivos es la emisión de gases de efecto invernadero. Se estima que en 2005, las emisiones de GEI asociadas al turismo representaron alrededor del 5 % de las emisiones globales, de las cuales el transporte generó el 75 %, debido a la huella de carbono de los desplazamientos y los establecimientos hoteleros, así como por la mala disposición de los desechos.
Esta influencia mutua entre turismo y cambio climático exige una acción en doble dirección:
- Mitigar la influencia de la actividad turística sobre el cambio climático para disminuir su intensidad.
- Adaptar el sector turístico a los nuevos escenarios de cambio global para garantizar su sostenibilidad futura.
Adaptación y Mitigación: Estrategias y Políticas
El papel del sector público es fundamental, ya que a él pertenecen los actores encargados de la toma de decisiones y la implementación de políticas de adaptación y mitigación, cuya capacidad depende de las características y el nivel de vulnerabilidad de cada territorio.
La adaptación al cambio climático puede definirse como "los ajustes en sistemas humanos o naturales como respuesta a estímulos climáticos proyectados o reales, o sus efectos, que pueden moderar el daño o aprovechar sus aspectos beneficiosos" (IPCC, 2007). Esta adaptación puede ser autónoma, planificada, reactiva o preventiva.
El turismo ha crecido sostenidamente, ofreciendo grandes oportunidades de desarrollo. En 2019, la Organización Mundial del Turismo (OMT) registró 1.500 millones de llegadas de turistas internacionales, con una proyección de 1.800 millones para 2030. Este crecimiento plantea el desafío ineludible de compatibilizar la actividad turística con el respeto y cuidado del medio ambiente.
La Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo
El sector turístico es altamente vulnerable al cambio climático y, al mismo tiempo, contribuye a la emisión de GEI. Acelerar la acción climática en el turismo es, por lo tanto, sumamente importante para garantizar la resiliencia del sector. La Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo busca catalizar una mayor urgencia para acelerar la acción climática, comprometiendo a sus signatarios a actuar para reducir las emisiones al menos a la mitad en la próxima década y alcanzar cero emisiones netas lo antes posible antes de 2050.
Los signatarios de la Declaración de Glasgow desarrollan planes climáticos alineados con cinco vías de acción: medir, descarbonizar, regenerar, colaborar y financiar, reportando su progreso anualmente. El Informe de Implementación de la Declaración de Glasgow 2023, elaborado por ONU Turismo, presenta los resultados de la revisión sistemática de más de 400 actualizaciones de progreso recibidas, que en muchos casos incluyen la presentación de un plan de acción climática.
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Respuestas Nacionales: Ejemplos de Colombia y Chile
A nivel global, numerosos países están abordando esta problemática con políticas y estrategias específicas. El compromiso permanente con la protección del patrimonio natural es una constante, buscando generar acciones concretas para la lucha contra el cambio climático.
Colombia
En Colombia, la responsabilidad de los gobiernos regionales se refleja en acuerdos nacionales y planes de desarrollo departamentales que plantean políticas y estrategias para mitigar los efectos del cambio climático. El país implementó en 2011 los primeros documentos de política pública sobre cambio climático y en 2012 se creó la Dirección de Cambio Climático (DCC) dentro del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS). En 2014, se formuló la Política Nacional de Cambio Climático, con el objetivo principal de "incorporar la gestión del cambio climático en las decisiones públicas y privadas para avanzar en una senda de desarrollo resiliente al clima y baja en carbono, que reduzca los riesgos del cambio climático".
Esta política se estructuró con líneas estratégicas para responder a la vulnerabilidad de los ecosistemas del país y facilitar la participación de los habitantes, articulándose con las necesidades sociales de cada comunidad.
En cuanto a las contribuciones a los efectos del cambio climático, el sector transporte en Colombia, según el Inventario nacional y departamental de gases efecto invernadero, es el cuarto sector que más aporta a nivel nacional en emisiones, registrando 28.2 millones de toneladas de CO2 en 2012. La principal fuente de emisión del transporte es la quema de combustibles fósiles, tanto terrestre como aérea, cuyo incremento se debe al mejoramiento del comercio y la economía.
Chile
Chile es un país altamente vulnerable al cambio climático, con efectos ya visibles como el alza en la temperatura, la disminución de las precipitaciones y un aumento en la frecuencia de eventos extremos como sequías e inundaciones. El gobierno chileno trabaja para generar acciones concretas que contribuyan a la lucha contra el cambio climático. Un plan desarrollado participativamente con el Ministerio del Medio Ambiente y Sernatur busca, en una primera fase, instalar capacidades y generar condiciones habilitantes en el sector turístico, para luego implementar acciones de adaptación y disminución de los impactos negativos del cambio climático en el país.
Competitividad Turística y Gestión Ambiental
La literatura sobre competitividad turística destaca el modelo de Ritchie y Crouch (2003), que introduce la teoría de las ventajas comparativas y competitivas. La ventaja competitiva en el turismo se refiere a la habilidad de un destino para emplear de manera efectiva sus recursos a largo plazo. Por tanto, la competitividad de un destino se construye a partir de la planificación y gestión estratégica de sus ventajas, potenciando el desarrollo socioeconómico y conservando los recursos culturales y sociales.
Al analizar los destinos, se identifica una heterogeneidad en las condiciones físicas, geográficas, el nivel de desarrollo económico y la madurez de los destinos. Por esta razón, se considera la segmentación de destinos utilizando variables como el PIB departamental, lo que permite una mejor comprensión de sus capacidades de adaptación y desarrollo sostenible.