Inclusión educativa y accesibilidad: fundamentos, diferencias y prácticas para una educación para todos

Cuando hablamos de inclusión, lo primero que pensamos es ¿qué significa inclusión? Podemos afirmar que es un derecho fundamental y esencial del ser humano basado en un sistema de valores y creencias que se centra más en apoyar y estimular las cualidades, competencias y necesidades individuales de la persona para que, posteriormente, ésta se sienta integrada en la comunidad. Pero ¿qué significado adquiere el término inclusión en la escuela? ¿qué hechos conlleva?

Imagen 1. Desde un punto de vista educativo, la inclusión se entiende como la participación y sentimiento de pertenencia que un alumno tiene frente a su comunidad educativa. Autores como Satainback y Stainback (2007), relacionan de forma inmediata el término inclusión con la idea de acogimiento y pertenencia a un grupo concreto. Dentro de este marco educativo, el alumnado con discapacidad, para poder seguir el currículo general requiere de adaptaciones y estrategias pedagógicas que guíen, orienten y potencien los procesos de enseñanza-aprendizaje y no conviertan al currículo como una barrera insalvable que conlleve al abandono o desmotivación de los estudios. Desarrollar prácticas inclusivas en nuestras aulas supone un trabajo constante y progresivo en el tiempo, no se puede considerar que nuestras prácticas son inclusivas por incorporar determinados recursos adaptados a los alumnos porque al siguiente curso serán otros alumnos y otras necesidades.

Respondiendo a la cuestión sobre ¿qué hechos conlleva la inclusión? y ¿cómo podría aplicarse en las aulas?

La legislación reconoce este derecho, así como el de inclusión social, e indica que la persona con discapacidad ha de participar de forma autónoma, independiente y plena en todos los ámbitos en igualdad de condiciones que las personas que no tiene discapacidad. Enlace web: Junta de Andalucía (s.f.). Así, podemos definir el concepto de accesibilidad, haciendo alusión a la Real Academia Española, como “de fácil acceso o trato o de fácil comprensión". Desde un prisma educativo, para que los procesos de enseñanza-aprendizaje se realicen con garantías y aseguren la igualdad, equidad y accesibilidad, las instituciones educativas deberían contar con programas de apoyo, orientación y asesoramiento favoreciendo el proceso de inclusión del alumnado. Imagen 2. Enlace web: ONCE (s.f.).

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La accesibilidad e inclusión de los estudiantes en un contexto educativo se refiere a la eliminación de barreras y la creación de entornos inclusivos que permitan a todos los estudiantes, independientemente de sus características individuales, acceder plenamente a la educación y participar en igualdad de condiciones. De esta manera, la accesibilidad educativa se define como el conjunto de medidas, políticas y prácticas destinadas a eliminar las barreras físicas, comunicativas y pedagógicas que pueden limitar la participación y el aprendizaje de los estudiantes. Se centra en garantizar que los recursos y tecnologías utilizados en el aula sean accesibles para todos los estudiantes, incluyendo aquellos con discapacidades visuales, auditivas o cognitivas. Consiste en adaptar el currículo y las actividades de aprendizaje para satisfacer las necesidades de los estudiantes con diversidad funcional. Por otra parte, la inclusión se refiere a la creación de entornos educativos que promueven la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes, independientemente de sus características o necesidades. Los entornos educativos deben ser acogedores, respetuosos y libres de discriminación. Se deben ofrecer diferentes enfoques y estrategias de enseñanza para atender las necesidades de todos los estudiantes. La colaboración entre estudiantes, docentes y personal de apoyo es fundamental para crear un ambiente inclusivo. Es importante destacar que la accesibilidad y la inclusión son procesos continuos y multidimensionales.

2. El Método DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje) es un enfoque educativo y de diseño curricular que busca proporcionar igualdad de oportunidades de aprendizaje a todos los estudiantes, teniendo en cuenta su diversidad y necesidades individuales. El concepto de Diseño Universal para el Aprendizaje se originó en el campo de la arquitectura y el diseño, donde se aplica para crear entornos físicos accesibles para todas las personas, independientemente de sus habilidades o discapacidades. Proporcionar múltiples formas de presentación de la información: presentar la información de manera flexible y en múltiples formatos fomenta que que todos los estudiantes puedan acceder a ella. Esto implica proporcionar diferentes modalidades de representación, como texto, imágenes, gráficos, videos, audio, etc. Proveer de diferentes posibilidades de acción y expresión: se centra en ofrecer diversas formas de acción y expresión del aprendizaje puesto que los estudiantes deben tener opciones y alternativas para demostrar su comprensión y habilidades de diferentes maneras, ya sea a través de la escritura, el habla, el arte, el uso de tecnología o utilizando tecnología asistiva u otras formas de comunicación. Generar diversos tipos de compromiso: Busca fomentar la participación activa y significativa de todos los estudiantes. Los entornos de aprendizaje deben ser inclusivos, motivadores y desafiantes, así como asumibles, permitiendo que cada estudiante se sienta involucrado y valorado. Se deben proporcionar apoyos y adaptaciones según sea necesario para que todos los estudiantes puedan participar plenamente en las actividades de aprendizaje.

Imagen: ejemplos de accesibilidad y diseño inclusivo en aulas

La accesibilidad educativa en las aulas inclusivas. Académica Titular de la Facultad de Educación Especial y Elemental, Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo-Argentina). Especialista internacional de Retos Múltiples. Experta en Universidad y Discapacidad. Miembro del Comité Académico y Profesora de la Maestría en Integración Educativa y Social de la Facultad de Educación de la UNCuyo. Universidad de Adscripción: Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo-Argentina). RESUMEN La educación inclusiva posibilita el derecho a la diversidad de los alumnos. Este trabajo se focaliza en tres conceptos clave que, como un espiral, constituyen parte del entramado de la formación docente inicial: la accesibilidad educativa, las dimensiones del proceso didáctico y las propuestas mínimas para atender a la diversidad en el aula.

La diversidad posee una base axiológica, es decir, que se sustenta en un valor. Por lo tanto, la diversidad educativa, en su dimensión valórica -otorgada por la esencia del ser humano que hace que cada persona sea considerada como única e irrepetible- nos incorpora en un punto de intersección entre deberes y derechos. Un deber para el docente la aceptación y promoción del desarrollo individual, porque objetivo de la educación es posibilitar a cada persona su proceso de desarrollo personal, único y distinto y es un derecho del alumno a ser respetado y promovido desde su individualidad. En este contexto, el rol de las instituciones formadoras es protagónico y central.

Entre las funciones de la institución formadora, Vaillant y Marcelo (2001) mencionan que: “es agente de cambio del sistema educativo, pero, simultáneamente, contribuye a la socialización y reproducción de la cultura dominante” (p. 37). En la actualidad, para ser agente de cambio, modelizando las prácticas que concretan la inclusión educativa y no reproduciendo la cultura dominante que, mayoritariamente, es homogeneizadora, debemos atender a la accesibilidad educativa. Consideramos a la accesibilidad educativa como el despliegue de las acciones institucionales que eliminan los obstáculos y las barreras para posibilitar condiciones que reconocen el derecho a la individualidad de cada alumno. Este derecho es lo que garantiza el aula de la diversidad. Gran responsable de la educación homogeneizadora somos los formadores de formadores, ya que predicamos que en las aulas hay que respetar la individualidad, que los alumnos poseen características distintas en sus aprendizajes, pero enseñamos de manera uniforme.

Muchas veces nos manifestamos explícitamente en relación con determinadas teorías del aprendizaje, a nuestro concepto sobre la enseñanza, al rol protagónico de los alumnos en el proceso del aprendizaje, pero el patrimonio existente en el nivel subyacente, respecto de la concepción y las actitudes frente al conocimiento, el que finalmente orienta nuestro accionar y nuestro estilo de enseñanza homogeneizador. Olvidamos que somos un modelo, no solo sobre el contenido de lo que enseñamos, sino también en cómo lo enseñamos. La formación de los docentes para el aula inclusiva es un proceso multifacético y que debe iniciarse en las instituciones formadoras, que implica asumir una nueva manera de pensar el proceso educativo. La didáctica como disciplina reflexiva y explicativa, con sustento teórico y contextualizada en la práctica, ocupa un rol central en la formación de formadores, tanto en lo que se refiere al dominio que deben tener los profesores, como en las herramientas que deben ofrecer a los alumnos, futuros docentes.

La didáctica nos interroga y nos ofrece orientaciones sobre cómo enseñar atendiendo a la complejidad del proceso didáctico, además, nos exige superar un modelo simplista que considera que a la enseñanza le corresponde, de manera casi certera y unidireccional, un aprendizaje; a lo que se une el pensamiento mágico que muchas veces domina y refiere a que todos los alumnos aprenden lo mismo y con las mismas estrategias. En realidad, muy por el contrario, en cada acto de enseñar debemos replantearnos las dimensiones del proceso didáctico: ¿a quién se enseña? ¿para qué se enseña? ¿qué se enseña? ¿cómo se enseña? ¿con qué se enseña? ¿cuándo se enseña? ¿dónde se enseña?

Entre otros interrogantes, atendiendo a que existen variables en el aprendizaje de los alumnos, que se deben considerar del mismo modo que a las variables del proceso de enseñanza. Nuestra experiencia docente, a la par que la formación conceptual, lleva a plantear la necesidad de interrogar y responsabilizar a la formación inicial, y en particular, a los formadores de formadores, por la falta de coherencia epistemológica. ¿Por qué afirmamos esto? Porque la coherencia epistemológica, en palabras de Aguilar Mejía y Viniegra Velásquez (2003) es: la concordancia, la relación y la congruencia entre el concepto de conocimiento -como un efecto de la elaboración del alumno- que tiene el profesor, lo que hace para que el alumno lo genere y el uso que de él se hace (el sentido de ese conocimiento). (p. 61)

Diagrama de coherencia entre discurso y práctica en formación docente

Como tal lo refieren Vaillant y Marcelo (op. cit.): El mediador del aprendizaje debe mostrar coherencia entre discurso y práctica, debe asumir personalmente los valores que pretende transmitir; debe vivir el compromiso con la profesión de la misma forma que espera que los formandos lo asuman cuando se conviertan, a su vez, en formadores. (p. 31)

En la actualidad ningún formador de formadores hablaría en contra del respeto por la diversidad y de la necesaria educación inclusiva, pero estas son tradicionales prédicas y buenas intenciones que mayoritariamente no se evidencian en las prácticas que la modelizan. Los aportes de las neurociencias y la psicología educacional sobre la diversidad humana proporcionan orientaciones que complementan a la didáctica y que deberían constituir el tronco básico de la formación docente, ya que la falta de insumos teóricos y aplicados constituyen las barreras invisibles para atender la diversidad.

A modo de ejemplo, presentamos algunos tópicos que podrían ser enseñados y modelizados en las clases del nivel superior, para que luego, los propios alumnos, futuros docentes, los repliquen y contextualicen en sus prácticas, ya que compartimos lo que Vaillant y Marcelo (op. cit.) señalan: En el nivel de formación inicial del profesorado, los formadores de formadores, son los profesionales encargados de diseñar y/o desarrollar el currículum que incluya los componentes necesarios para propiciar un legítimo aprender a enseñar en los futuros docentes. (p. 37)

¿Quién enseña en el aula inclusiva? El rol de la Educación Especial fuertemente técnica y arraigada en un sistema paralelo al de la educación común constituye un fuerte elemento desintegrador. Resulta necesario plantear el rol colaborativo y complementario entre educadores comunes y especiales, para generar prácticas inclusivas y superar los modelos segregacionistas y de metodología única en el desarrollo de las clases. De ello se deriva que el rol de los docentes provenientes de la Educación Especial se debe ofrecer en el marco de la escuela común y con su correspondiente dependencia administrativa y pedagógica, para proporcionar apoyos a muchos alumnos y no solo a un grupo caracterizado desde la discapacidad o las dificultades de aprendizaje (Thomas y Loxley, 2007).

El modelo colaborativo de docentes ofrece una respuesta valiosa para la enseñanza y desnaturaliza la medicación educativa centrado exclusivamente en alumnos especiales.

¿Cómo se enseña en el aula inclusiva? El obstáculo epistemológico Debemos atender a los tipos de conocimientos que provienen de las ciencias, para realizar la adecuada transposición didáctica y atender a las cualidades epistémicas (Boggino, 2005, Grzona 2011 y 2013): • El conocimiento físico a través de la experimentación, porque debemos acercarnos al conocimiento de las propiedades. • El conocimiento matemático a partir del tránsito por las etapas de lo concreto, lo representativo y lo abstracto pensado. • El conocimiento social que requiere de la comprensión de las problemáticas de los actores sociales y sus relaciones en un marco histórico situado.

El rol activo y constructivo que debe tener el alumno Como punto de partida se toman las palabras de Molina Saorin e Illán Romeu (2008, p. 185) respecto a "La diferencia que existe entre compartir el conocimiento y construir un conocimiento compartido", porque constituye el sustento de una enseñanza basada en la significatividad y el rol activo del alumno. Para que un alumno sea activo, su docente debe proponer los caminos o puertas de entrada al conocimiento a través de distintas vías, ya que esto permite facilitar el desarrollo y la utilización de las estructuras cognitivas. La psicología educacional explica que cada alumno, si bien puede manifestar aspecto “compartido con otros estudiantes, tiene un estilo propio de aprendizaje, un ritmo, unas dificultades, unos intereses y motivaciones diferentes que le confieren formas distintas de interpretar el mundo” y las investigaciones de la neurociencia han probado la relación que unen las emociones con el conocimiento. Por ello, el rol activo y constructivo se verá retroalimentado por las puertas de entrada elegidas por el docente y la valorización e identificación sobre cómo aprende mejor y en qué se destaca cada alumno, porque fortalece la autoestima y el desarrollo de potencialidades (Grzona, 2011).

Esquema de etapas del aprendizaje inclusivo

Las estrategias didácticas Los diferentes niveles educativos plantean una responsabilidad para seleccionar estrategias didácticas acordes con las necesidades de los alumnos. Ha cambiado el concepto de educación tradicional, en el cual, la clase magistral, como modelo clásico, debe transformarse en un espacio de aprendizaje activo y significativo, por lo que se requiere de una nueva cultura de la enseñanza para los docentes, en general, y para la formación docente en particular. Esta nueva cultura de la enseñanza debe responder tanto a los resultados de las investigaciones, respecto d...

Con el aumento de movimientos sociales que luchan por los derechos de diferentes comunidades, se han generado un sinnúmero de nuevos términos que hablan de las distintas dimensiones en las que debemos trabajar para crear una sociedad más justa. Si bien la definición de estos términos varía en diferentes contextos y disciplinas, en el mundo de la educación hay dos que tienden a usarse como sinónimos, pero no lo son: accesibilidad e inclusión. Este artículo explica la diferencia entre ambos y analiza las implicaciones que tiene el usar estos términos en el ámbito de la educación.

Empecemos por “accesibilidad”. Este término se refiere al diseño de espacios y programas que permiten que las y los estudiantes aprendan; es esencial para garantizar el aprendizaje. Si un estudiante no puede ver el pizarrón, no va a aprender. Si una estudiante no entiende el contenido de una clase, no va a aprender. Si un grupo de estudiantes no puede llegar a la escuela porque el trayecto desde su casa es extremadamente largo, no va a aprender. El acceso es el primer paso para generar oportunidades a través de la educación. Sin acceso no hay posibilidad de aprendizaje.

Diseñar programas accesibles implica que las y los estudiantes puedan acceder al contenido educativo. La accesibilidad por sí misma tiene muchas dimensiones. Por ejemplo, puede ser física o pedagógica. Accesibilidad física es la posibilidad de que una persona esté presente en un salón de clases. El que las mujeres cursen una licenciatura, que una persona con silla de ruedas pueda desplazarse libremente por las instalaciones o que un estudiante sordo pueda comunicarse con sus profesores y compañeros son tres ejemplos de accesibilidad física. Por otro lado, algunas veces las barreras no están en el acceso al espacio físico, sino en el acceso al contenido educativo. En estos casos, se requiere de accesibilidad pedagógica. La accesibilidad pedagógica implica que el estudiantado pueda interpretar y entender el contenido de las clases. El acceso pedagógico es mucho más que estar presente en el salón de clases, requiere de la participación y las oportunidades para aprender. Implica que los profesores resuelvan dudas, ofrezcan apoyo y acompañen el desarrollo de cada estudiante. Implica diseñar programas que puedan ajustarse a las necesidades de cada estudiante y, por supuesto, requiere también capacitar al cuerpo docente para implementar dichos programas.

Infografía: diferencias entre accesibilidad e inclusión

Muchos programas de inclusión educativa se enfocan en la accesibilidad, ya que buscan crear en la escuela espacios y oportunidades para las y los estudiantes, sin los cuales no aprenderían lo necesario. Estos programas se enfocan principalmente en estudiantes con problemas de aprendizaje o con alguna discapacidad, ya que la mayoría de los programas educativos no están diseñados para esta población. A pesar de que el acceso es esencial y que aún hay mucho por hacer para que toda la niñez y juventud tenga acceso a la educación, hay otra dimensión que también es importante: la inclusión.

“Inclusión” es un término que se utiliza con más frecuencia que accesibilidad, pero al que generalmente se le presta menos atención. La inclusión se enfoca en eliminar jerarquías entre pares y en que todas las personas que forman una comunidad sean bienvenidas en ella. Cuando hablamos de “incluir”, el acceso es un primer paso. Una persona que no puede acceder a un espacio no puede ser parte de él. Sin embargo, el hecho de que una persona acceda a un espacio no necesariamente asegura que sea parte de la comunidad o que se vea como un igual ante sus pares.

La accesibilidad se enfoca en aprender, la inclusión se enfoca en pertenecer. ¿Es suficiente con que las mujeres acudamos a la escuela si la educación que recibimos no nos da las mismas oportunidades que a un hombre? ¿Es suficiente con que un estudiante con discapacidad asista a una escuela si su aprendizaje no le abre las puertas a una vida social y laboral digna? ¿Es suficiente con que las y los estudiantes que viven en comunidades rurales vayan a la escuela si el contenido de los programas académicos no es aplicable a su vida cotidiana?

La inclusión busca crear un estatus de igualdad entre todos los miembros de la comunidad y esto va más allá de generar acceso a los espacios educativos. Así como el acceso es necesario para lograr la inclusión, la inclusión es esencial para generar acceso. Para que los y las estudiantes tengan acceso a la educación es esencial que la comunidad educativa esté consciente de que todas y todos tienen derecho a pertenecer a ese espacio educativo; que les consideren un par y no un grupo que recibe caridad o favores. La comunidad educativa, en especial el profesorado, debe convencerse de que todo el estudiantado tiene el derecho de aprender y que para hacer valer este derecho diferentes personas van a requerir de distintos tipos de apoyo. No se puede pertenecer a un espacio al que no se puede acceder y no tiene sentido acceder a un espacio al que no se puede pertenecer.

Diagrama: frontera entre acceso y pertenencia en educación

¿Por qué es importante resaltar la diferencia entre inclusión y accesibilidad? Porque necesitamos asegurarnos de no priorizar una de estas dimensiones sobre la otra. Los programas que se enfocan en accesibilidad sin generar un ambiente inclusivo deben estar conscientes del camino que les queda por recorrer y enfocarse en diseñar intervenciones en la comunidad educativa a la que pertenecen. Al mismo tiempo, hablar de inclusión educativa sin ofrecer opciones de acceso lo deja en un nivel de discurso, sin lograr realmente equidad entre integrantes de la comunidad. Ambas son esenciales y necesitan nuestra atención. Hablar de accesibilidad e inclusión es hablar del derecho a la educación. Todas y todos tenemos derecho a recibir una educación que traspase fronteras, que nos ayude a cuestionar nuestras prácticas cotidianas y a diseñar una vida que sea nuestra y que sea coherente con nuestros propios valores, principios y deseos.

Muchas instituciones educativas ya cuentan con iniciativas de inclusión y accesibilidad. La inclusión y accesibilidad en la educación superior han adquirido una relevancia crucial en la actualidad, especialmente en un contexto en el que las universidades y centros educativos están obligados a adaptarse a las necesidades de una población estudiantil diversa. La inclusión en la educación superior se refiere a la creación de un entorno en el que todas las personas puedan participar plenamente y tener las mismas oportunidades de aprender y desarrollarse. Participación: No basta con que los estudiantes estén presentes en el campus. La accesibilidad en la educación superior se refiere a la eliminación de barreras físicas, tecnológicas, sociales y pedagógicas que impiden que los estudiantes accedan a una educación de calidad en igualdad de condiciones con sus compañeros. Tecnología adaptativa: Para muchos estudiantes con discapacidades, la tecnología puede ser una herramienta vital para acceder al aprendizaje.

Gráfico: beneficios de la educación superior inclusiva

La inclusión y la accesibilidad son fundamentales para crear un entorno de educación superior que sea verdaderamente equitativo. Uno de los principales beneficios de la inclusión y la accesibilidad es que promueven la equidad y la justicia social. Los estudios han probado que los estudiantes que se sienten incluidos muestran mejor rendimiento y retención. La inclusión de estudiantes de diversos orígenes enriquece el entorno académico y prepara para un mundo laboral que valora la diversidad. La inclusión en la educación superior es también una responsabilidad legal en muchos países. A pesar de los beneficios, la implementación enfrenta desafíos como la falta de recursos, la capacitación del personal y resistencias culturales. Soluciones: financiamiento externo, formación continua, diseño universal, evaluación y cultura institucional de inclusión.

DUA: Diseño Universal para el Aprendizaje – Educación inclusiva y modelo pedagógico

Existen diversas estrategias y mejores prácticas que las universidades pueden implementar para garantizar políticas de inclusión y accesibilidad efectivas: diseño universal, centros de apoyo, evaluaciones continuas, cambio cultural, colaboración con ONGs y empresas, y experiencias de instituciones que ya avanzan en estas prácticas (UNAM, Harvard, UTS, ONCE).

La ONCE destaca el papel de la educación inclusiva para construir sociedades más justas: seguimiento de estudiantes con discapacidad visual, apoyo educativo, braille, tiflotecnología y programas como Congreso Internacional Universidad y Discapacidad y UniDiversidad para ampliar oportunidades universitarias.

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