En un mundo que constantemente exige rendimiento, velocidad y productividad, dedicar tiempo a cuidarse se convierte en un acto esencial de equilibrio y resistencia. Practicar el autocuidado no significa egoísmo, sino reconocer nuestras propias necesidades físicas, emocionales y mentales como legítimas y dignas de atención. Solo cuando estamos bien con nosotros mismos podemos realmente estar presentes y disponibles para los demás y para la vida que queremos construir.
El autocuidado es mucho más que una serie de hábitos saludables; es una actitud consciente de respeto y compromiso hacia uno mismo. La psicóloga Pilar Sordo, especialista en relaciones interpersonales, vive el éxito y el prestigio en su profesión.
La Experiencia Personal de Pilar Sordo: Del "Síndrome de la Niña Buena" al Amor Propio
En una sincera charla con la periodista Javiera Quiroga en su podcast, Pilar Sordo reconoce que pasó gran parte de su vida “sin amor propio” y haciendo ejercicios para quererse. “Estructuré mi vida desde la complacencia. El otro siempre era mucho más importante que yo”, afirma.
La psicóloga señala que no le gusta dar un nombre a cómo se sentía, pero si tuviese que hacerlo, se hubiese calificado como alguien con el “síndrome de la niña buena”. Sordo era alguien “que no quiere molestar, que complacía constantemente, que tiene mucha dificultad para poner límites o para decir que no. Muchas de las decisiones de mi vida fueron tomadas desde ahí”.
A día de hoy, Sordo poco tiene que ver con aquella persona. Años de autoconocimiento y recuperar el amor propio le han hecho decir ‘sí’ a la vida. La especialista afirma precisamente que ese amor propio es el punto de partida para la sanación emocional y el desarrollo personal. “Con la única persona que vas a estar toda la vida es contigo. Si uno no aprende a relacionarse con uno y aprende a negociar para que uno vaya teniendo su espacio… Esto es autoconocimiento, autoaceptación, autocuidado y autoprotección”, señala la terapeuta.
Pilar Sordo enfatiza: “El ‘no’ es protector, pero no te permite avanzar. Hay que enseñar a decir que 'sí' a la vida. El decir que sí es lo que te hace seguir adelante”. La psicóloga aplica ahora su propio modelo para ayudar a sus pacientes a recuperar el amor propio, igual que hizo ella misma, ayudándoles a entender que tener amor propio no significa de ningún modo ser egoístas. “El amor propio profundo no necesita hablarse, porque se ve y se vive”, asegura. “Es profundamente humilde, porque si yo conozco mis sombras, ¿Con qué cara hablo de las tuyas? No voy a ponerme a hablar de otro si tengo tanto que trabajar para transformar mis sombras en luces”.
La terapeuta también insiste en la importancia de aprender a decir que “no”, a poner límites… En definitiva, a cuidarse profundamente y de verdad. “Hoy día, en el contexto en el que estamos, donde está de moda no sentir, donde está de moda no hablar, hacerse el interesante para que te busquen. Estamos entrenados a decir “no”. Tenemos que cambiar”, afirma. “Hay que cuidar, y lo que te logra parar y anclar es decir: ‘Yo valgo, yo me quiero, yo me cuido y también me protejo’”.

El Silencio Interior y la Conexión Cuerpo-Mente
Según Pilar Sordo, solo con un verdadero cuidado se podrá dar lugar a la auténtica felicidad. “No es un lugar al que hay que llegar. No existe. Está dentro. Tu paz es un trabajo y eso se logra con todas las microdecisiones que tomas durante el día”, explica. “Por eso no es para todo el mundo, porque no todos tienen la capacidad de tomar esas decisiones. Se necesita mucho silencio, que no ausencia de ruido. Mucha gente le tiene terror al silencio”.
Sordo relata que su séptimo libro, Oídos sordos, fue escrito después de que fuera diagnosticada con un severo surmenage, una condición que la obligó a replantearse hábitos, comidas, horas de sueño y el ejercicio físico que no practicaba. En definitiva, la atención que le prestaba (o no) a su propio cuerpo. “El libro apunta a preguntarse qué me pasa. Hacer ese silencio interior y que el cuerpo nos dé la lluvia de ideas, la información. No es tan difícil. Pero cuesta hacerse la pregunta.”
La psicóloga describe cómo, en ocasiones, "ponemos excusas para todo. El libro habla de eso. De las emociones que no queremos escuchar. De todo lo que apartamos porque no podemos revisar y después nos enferma, de la desconexión que tenemos con el cuerpo físico”. Ella enfatiza que la gente busca soluciones rápidas, como una pastilla, en lugar de generar un cambio de hábitos. “La verdadera curación ocurre cuando ponemos nuestra parte”.
Sordo compartió cómo el dolor la decidió a escribir: "Empecé con síntomas de cansancio a los que nunca les di bolilla. Sin embargo, el cuerpo me gritaba cada vez más fuerte. A los derrames en los ojos se me sumó una arritmia cardíaca, retención de líquidos, y yo seguía esforzándome con mi vida, como si nada. Esperaba que todo pasara. Hasta que empecé con sangrados menstruales... Recién entonces sentí que debía hacer algo. Iba a los médicos pero cada uno miraba su parte. Todo tenía que ver con la sangre. El color rojo. Fue un claro signo de stop. Mi cuerpo entero me decía “pará”."
Su relación con el cuerpo fue "mala" durante muchos años, marcada por ansiedad, malestar económico y emocional, y una relación tóxica, lo que llevó a acumular hasta 13 kilos de más. También experimentó un desgaste emocional profundo entre los 30 y 40 años, una década que considera la más exigente para las mujeres. "Pobre mi colon/ mi espalda/ mi cabeza, lo que yo les hago todos los días al tensarlas porque no sé expresar mis emociones. Pobre mi espalda que la cargo más de la cuenta”, reflexiona, mostrando cómo cada uno tiene una relación particular con algún órgano al que carga. En su caso, la panza: "Yo hablo con mi panza. De hecho, hace unos días tenía un dolor de panza heavy. Me senté en la cama y le pregunté a mi barriga qué le pasaba. Me apretaba. Estaba asustada. Y la panza me contesta: 'Tengo miedo'.”
Pilar Sordo - Incluir las EMOCIONES
Comprendiendo el Síndrome del Cuidador
Cuidar a otros puede ser una experiencia gratificante, pero también emocionalmente desafiante. El síndrome del cuidador describe el conjunto de síntomas físicos, emocionales y psicológicos que aparecen cuando una persona asume de manera prolongada el cuidado de otra con dependencia.
Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 40 % y el 70 % de los cuidadores presentan síntomas de ansiedad y estrés, o incluso depresión, lo que refleja el profundo impacto que este rol puede tener en la salud mental y el bienestar general de quienes lo ejercen. Cuidar a una persona con dependencia o enfermedad crónica es un acto de compromiso, pero también una experiencia emocionalmente exigente. La rutina, la responsabilidad constante y la falta de tiempo personal pueden generar desgaste psicológico, sobre todo cuando este trabajo se realiza sin redes de apoyo adecuadas o acompañamiento profesional.
El síndrome del cuidador se entiende como una respuesta física y emocional al estrés prolongado que experimentan quienes dedican gran parte de su tiempo y energía al cuidado de otra persona. Este fenómeno se desarrolla de manera gradual y puede afectar el bienestar psicológico, la salud física y la vida social del cuidador. Suele presentarse con mayor intensidad en quienes asumen el rol de cuidador primario, es decir, la persona responsable principal del bienestar de quien recibe los cuidados. En estos casos, puede hablarse del síndrome del cuidador primario, caracterizado por niveles más altos de estrés, ansiedad y desgaste emocional debido a la sobrecarga continua y la falta de descanso o apoyo.
En muchos casos, el cuidador siente que debe estar disponible las 24 horas, lo que aumenta la sensación de sobrecarga y reduce el tiempo destinado al descanso o la recreación. Esta situación afecta tanto su rendimiento como su salud mental, dificultando mantener la energía necesaria para continuar con el rol de manera equilibrada.

Síndrome del Cuidador Quemado (Burnout)
Cuando el síndrome del cuidador no se trata a tiempo, puede evolucionar hacia el llamado síndrome del cuidador quemado, también conocido como síndrome del cuidador cansado o burnout del cuidador. Este estado se caracteriza por un agotamiento emocional extremo, pérdida de empatía y sensación de no poder continuar con las tareas de cuidado.
Según la Universidad de O’Higgins, el burnout del cuidador se asocia a un estrés crónico mantenido en el tiempo, acompañado de sentimientos de culpa, irritabilidad y fatiga persistente. Este nivel de sobrecarga puede afectar la relación con la persona cuidada y agravar los síntomas de ansiedad y depresión. El reconocimiento temprano de este síndrome es fundamental. Los expertos recomiendan implementar medidas de autocuidado, descanso y apoyo psicológico para prevenir un deterioro mayor de la salud mental del cuidador.
Prevención y Abordaje del Síndrome del Cuidador
Para prevenir y manejar el síndrome del cuidador, se recomienda:
- Priorizar el autocuidado: Dedicar tiempo al descanso y la recreación no es un lujo, sino una necesidad preventiva. Dormir bien, alimentarse correctamente y mantener rutinas placenteras son pilares básicos para la estabilidad emocional.
- Buscar apoyo profesional: La terapia psicológica o los grupos de apoyo permiten compartir experiencias y reducir la sensación de soledad. El acompañamiento profesional ayuda a fortalecer la resiliencia y a gestionar mejor la ansiedad derivada del cuidado prolongado.
- Compartir responsabilidades: Pedir ayuda a otros familiares o recurrir a programas comunitarios de cuidado puede aliviar significativamente la sobrecarga laboral y emocional del cuidador principal.
Cuidar sin descuidarse: Cuidar de otra persona es un acto de empatía y compromiso, pero también exige reconocer los propios límites. Identificar los riesgos del síndrome del cuidador es el primer paso para prevenir la sobrecarga y proteger la salud mental de quienes cumplen este rol fundamental. El cuidado saludable se sostiene en el equilibrio: dar, sostener y también permitirse descansar.
El Síndrome del Cuidador en el Contexto Chileno: "Chile Cuida"
El envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades que generan dependencia han instalado el cuidado como uno de los grandes desafíos sociales y sanitarios del país. Históricamente, esta responsabilidad ha recaído en las familias -y particularmente en las mujeres-. En este escenario, el 9 de febrero de 2026 se promulgó la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”, iniciativa que reconoce el cuidado como un cuarto pilar de la protección social -sumándose a la salud, educación y seguridad social- que busca fortalecer los apoyos a personas cuidadoras y a quienes viven en situación de dependencia. Sin embargo, el reconocimiento institucional del cuidado abre nuevos cuestionamientos sobre su alcance y oportunidad.
Según las últimas cifras del Gobierno de Chile, compartidas en marzo de 2025, más de un millón de personas en el país realizan diariamente labores de cuidado no remunerado de familiares que viven con enfermedades que generan dependencia, particularmente demencias. Aunque este cuidado suele surgir del afecto y el compromiso familiar, también puede convertirse en una experiencia de alta exigencia emocional, física y económica. El síndrome del cuidador -denominado en la literatura científica como “carga del cuidador” (caregiver burden)- se refiere al conjunto de consecuencias físicas, emocionales, sociales y económicas que experimentan las personas que cuidan de manera prolongada a alguien con dependencia o enfermedad crónica.

Aportes de la Dra. Andrea Slachevsky
La doctora Andrea Slachevsky, neuróloga y académica del Departamento de Ciencias Neurológicas Oriente, del Departamento de Neurociencia y del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (FMUCH), ha investigado este fenómeno durante años, especialmente en el contexto del cuidado de personas con demencia. “Las personas que cuidan a familiares en situación de dependencia, especialmente a quienes viven con demencia, suelen enfrentar una alta carga física, emocional y social”, comenzó explicando la doctora. “En nuestra sociedad -continuó-, asumir el cuidado de un ser querido generalmente se vive como una decisión personal y, en muchos casos, las propias personas cuidadoras describen también aspectos positivos, como la valorización emocional del vínculo o el sentido de responsabilidad familiar”, agregó.
Según la neuróloga, el desgaste asociado al cuidado no aparece de forma abrupta, sino que se desarrolla progresivamente: “Existe un continuo en el grado de sobrecarga y en las repercusiones negativas del cuidado. Cuando ese desgaste alcanza niveles críticos, se habla propiamente del síndrome del cuidador. El síndrome corresponde al extremo de ese proceso. Desde el punto de vista de la salud, el desgaste asociado al cuidado prolongado puede manifestarse de diversas maneras: “Es como un elástico que está permanentemente sometido a tensión”, comparó la doctora Slachevsky. A diferencia de otras etapas del ciclo vital -como la crianza de los hijos-, el rol de cuidador de una persona mayor dependiente no es una experiencia socialmente anticipada ni normada. “Ser cuidador no es una etapa de la vida socialmente esperada, como lo es, por ejemplo, cuidar a los hijos. En el caso de las demencias, esta adaptación puede resultar particularmente exigente.
Entre las manifestaciones más frecuentes, una persona con síndrome del cuidador puede presentar “cuadros severos de depresión, trastornos de ansiedad, problemas de sueño, fatiga crónica y una persistente sensación de sobrecarga”, explicó la neuróloga. De acuerdo con las últimas cifras recopiladas por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, en Chile, el cuidado informal de personas dependientes sigue recayendo mayoritariamente en las familias y, dentro de ellas, particularmente en las mujeres: de las 216 mil personas registradas en Chile Cuida, el 86% son mujeres. “En su mayoría, mujeres jóvenes sin formación profesional en cuidados”, señaló la doctora Andrea Slachevsky. Este fenómeno refleja también una construcción social profundamente arraigada: “El cuidado continúa siendo una tarea culturalmente asociada a las mujeres. La consecuencia es que muchas de estas mujeres deben abandonar o limitar su participación en el mercado laboral para asumir estas tareas. “La falta de estructuras de cuidado se transforma en una barrera para la empleabilidad”, advirtió la especialista. Además, las alternativas formales de cuidado siguen siendo limitadas. “Las familias que pueden contratar cuidadores lo hacen, pero son una minoría”, aseveró. A ello se suma que “las plazas en residencias son escasas y muchas corresponden a establecimientos privados de alto costo.
Frente a estas señales de alerta, la doctora Slachevsky plantea la necesidad de poner mayor atención en la figura del cuidador, sin perder de vista las causas que generan la dependencia de la persona cuidada. “Uno de los problemas importantes es el subdiagnóstico de enfermedades como la demencia. La educación y el acompañamiento temprano son claves. En este sentido, instituciones como la Unidad de Memoria del Hospital del Salvador -parte del Campus Oriente de la FMUCH- han desarrollado enfoques integrales que consideran a ambos actores: “El trabajo clínico que realizamos se orienta tanto a la persona con demencia como a su cuidador. Allí se desarrolla un enfoque preventivo que incluye trabajo con la familia y un componente psicoeducativo sobre la enfermedad, así como sobre las estrategias de autocuidado necesarias para sostener el proceso de cuidado en el tiempo.
Una vez que el síndrome del cuidador ya se ha instalado, es fundamental que la persona reciba tratamiento específico: “Entre las estrategias más relevantes se encuentra la división del cuidado: delegar tareas, pedir ayuda y construir redes de apoyo. En la práctica clínica, la doctora Slachevsky ha observado que “contar con cuidadores capacitados -ya sean profesionales o familiares formados- puede ayudar significativamente a prevenir crisis y mejorar la calidad del cuidado. Además del impacto de la capacidad económica en el acceso a servicios de cuidado (Hojman et al., 2017), hasta ahora Chile no contaba con una estructura robusta de apoyos para quienes cuidan a personas en situación de dependencia. “El Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados está en una etapa bastante inicial. En ese contexto, la especialista subrayó la necesidad de avanzar hacia una política pública más integral: “Chile necesita desarrollar un sistema nacional de cuidados efectivo, que apoye tanto a la persona dependiente como a quien la cuida. Experiencias internacionales muestran que existen alternativas posibles.
Para la neuróloga, la visibilización del problema es un paso fundamental: “Las demencias constituyen una de las principales causas de dependencia en las personas mayores y se caracterizan por ser enfermedades de larga duración, lo que significa que la labor de cuidado puede extenderse por años, incluso décadas. No estamos frente a enfermedades que afectan solo al paciente, sino a todo su entorno. En el ámbito de las políticas públicas, agrega, aún persisten importantes desafíos. “En el sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES) para demencia, por ejemplo, el cuidador no es considerado directamente como beneficiario, lo que muchas veces limita su acceso a apoyo y atención”.
Desde la FMUCH, la investigación también cumple un papel clave para avanzar en la comprensión de las demencias y del fenómeno del cuidado. “Actualmente estamos desarrollando estudios multicéntricos a nivel latinoamericano orientados a mejorar el diagnóstico de las demencias”, señaló la doctora Andrea Slachevsky. Este registro permitirá fortalecer el diagnóstico y seguimiento de las personas que viven con demencia, además de impulsar nuevas investigaciones y contribuir al diseño de políticas públicas basadas en evidencia. Para la doctora Andrea Slachevsky, uno de los cambios más importantes que debe producirse es cultural. “Hay que dejar de ver el cuidado como un problema y comenzar a entenderlo como una inversión social para el futuro”, señaló. En un contexto de envejecimiento acelerado de la población, el desafío de cuidar a quienes lo necesitan se convierte así en una tarea colectiva que involucra al sistema de salud, las políticas públicas y a toda la sociedad.
Referencias
- Hojman, D. A., Duarte, F., Ruiz-Tagle, J., Budnich, M., Delgado, C., & Slachevsky, A. (2017). The cost of dementia in an unequal country: The case of Chile. PLOS ONE, 12(3), e0172204.
- Slachevsky, A., Budinich, M., Miranda-Castillo, C., Núñez-Huasaf, J., Silva, J. R., Muñoz-Neira, C., Gloger, S., Jimenez, O., Martorell, B., & Delgado, C. (2013). The CUIDEME Study: Determinants of burden in Chilean primary caregivers of patients with dementia. Journal of Alzheimer's Disease, 35(2), 297-306.
- Zarit, S. H., Todd, P. A., & Zarit, J. M. (1986). Subjective burden of husbands and wives as caregivers: A longitudinal study. The Gerontologist, 26(3), 260-266.
Pilar Sordo: Trayectoria y Aportes
Pilar Sordo es psicóloga con una destacada y reconocida experiencia en el área de la psicología clínica. Desarrolla su actividad prestando asesorías y realizando charlas en colegios, empresas, universidades, fundaciones, centros culturales y comunitarios, municipalidades, intendencias, tanto en Chile como en el extranjero.
En paralelo a su actividad clínica, es creadora y presidenta de la Fundación Cáncer Vida, que ayuda a enfermos y familiares que transitan por el camino de esa enfermedad. Gracias a la profundidad de sus conocimientos, su personalidad carismática y el éxito de sus charlas y libros en distintos países latinoamericanos, participa en diversos programas de radio y televisión, y es columnista en diferentes medios escritos y portales de internet.
Entre sus muchas distinciones, fue elegida como una de las cien mujeres líderes de Chile en los años 2006, 2007, 2010 y 2013. Forma parte del cuadro de honor de las veintiuna personas más influyentes en Chile y el 5 de mayo de 2015 recibió las llaves de la ciudad de Miami. En agosto de 2017 fue elegida por la Fundación Internacional Jóvenes Líderes como referente latinoamericana.
A través de sus libros, Pilar Sordo ha compartido aprendizajes sobre el autocuidado y la autoconciencia personal. Por ejemplo, en Lecciones de seducción entendió “el cuidado desde dentro”, y en No quiero envejecer, comprendió “el proceso de los 50, a tener un autocuidado, a depilarme así tengas o no sexo. Tiene que ver con una autoconciencia personal”. Además, la experiencia con el cáncer de su padre, José, fue una "bonita invitación para unirnos mucho y decirnos más seguido que nos queremos", una situación que resalta el impacto familiar de la enfermedad y la necesidad de apoyo mutuo.