En este trabajo se analiza el problema de la validez de la investigación cualitativa actual, ya que los criterios de validez científica están siendo cuestionados por criterios de validez sensibles a problemas como la interpretación, la representación, la reflexividad y el control de la investigación. El enfoque se inspira en el estudio de C. Moral Santaella (2006), "Criterios de validez en la investigación cualitativa actual", publicado en la Revista De Investigación Educativa.

I. Introducción: ¿Estamos ante una Crisis Moral? Aclaraciones Conceptuales Iniciales
Antes que nada, debemos precisar que ética y moral no son lo mismo. Esta distinción facilita la comprensión de lo que se entenderá por crisis moral. Sin ser las únicas, se mencionan dos diferenciaciones posibles:
- La primera señala que la ética es el estudio de la moral, y esta última serían las valoraciones de lo bueno/malo, justo/injusto, que predominan en un sistema sociocultural y en las organizaciones que lo conforman.
- La segunda indica que la ética es aquella concepción personal, construida desde la propia experiencia, autónoma y que determina qué es correcto/incorrecto; en cambio, la moral sería la concepción grupal, social o cultural, heterónoma y sobre lo que es bueno/malo, justo/injusto.
La Relevancia Decreciente del Sistema Moral frente al Jurídico
El sistema normativo-moral (en adelante, sistema moral o, simplemente, moral) es, cada vez, menos relevante para la reproducción social si se compara con la importancia que tuvo en el pasado y con la actividad creciente del sistema normativo jurídico en el presente. Con el paso del tiempo, la moral acoplada al sistema social va perdiendo capacidad por sí sola de motivar o inhibir conductas, lo que produce un vacío que está siendo llenado por el sistema normativo-jurídico (en adelante, sistema jurídico o, simplemente, derecho positivo).
Esto supone que conductas que antes eran reguladas por la moral acoplada ahora pasan por la regulación jurídica, un fenómeno que Habermas denominó como la "juridificación del mundo de la vida". En este escenario, parecería que el principal sistema regulatorio habilitado para las personas y para los fenómenos del mundo de la vida en las sociedades complejas actuales es el Estado, en un sentido amplio, o la comunidad internacional, con sus respectivos derechos positivos (Habermas, 1999).
Sin embargo, no hay motivos para creer, al menos no a corto plazo, que ese desplazamiento paulatino del sistema moral conllevará a su eliminación. La moral, como sistema normativo, sigue desempeñando roles sociales importantes como la cohesión, y el derecho positivo ha sido construido de cara a la moral acoplada según los tiempos, de forma tal que la norma jurídica no se puede entender como un producto puro (neutro) o amoral.

II. El Malestar Moral y la Percepción de Crisis
Con base en lo anterior, si toda sociedad tiene acoplado un sistema normativo que le es funcional, parecería que no se estaría nunca ante una crisis moral. Sin embargo, una característica del sistema moral es que es un sistema imposible de satisfacer plenamente, justo porque se formula en términos prescriptivos, de "deber-ser", y no en términos descriptivos, de "ser". Por tanto, una sociedad no se sentirá satisfecha, moralmente, consigo misma. Tal vez sentirá una ligera satisfacción momentánea ante un logro moral concreto alcanzado, pero no más allá de eso. En consecuencia, siempre una sociedad se sentirá, en cierta medida, en crisis moral, si por tal entendemos la imposibilidad de sentirse satisfecha consigo misma, debido al deseo (el cual es imposible de llenar) que es propio de este sistema basado en el deber-ser. Por demás, esa sensación de insatisfacción que nace de todo sistema moral tiene grandes ventajas evolutivas para el sistema sociocultural en general, pues evita que el sistema se detenga en una zona de confort.
Discordancia entre el Sistema Real y el Deseado
Todo sistema sociocultural está acoplado con uno o algunos sistemas morales determinados que le son funcionales, pero, aun así, siempre habrá malestar moral. Habrá sistemas o agentes que considerarán, con motivos defendibles o sin ellos, que un malestar moral es peor o mejor que otro; esto es, la importancia de la comparación para determinar lo grave o no del malestar. A esto habrá que añadir que la percepción de malestar, que suele llamarse crisis, se aumenta si vemos que hay discordancia o desacople entre la realidad y lo que se quiere que sea el sistema sociocultural con todos sus subsistemas (moral, jurídico, económico, político, etcétera). Es decir, un desacople entre el sistema real y el sistema deseado (tanto en lo moral como en lo jurídico, lo económico, lo político y, en últimas, lo social).
Todo sistema sociocultural conlleva, entre otras cosas, una forma de desenvolverse en lo moral, en lo jurídico, en lo económico, en lo político, etcétera. Pero si se apunta a un modelo social ideal, surge la pregunta sobre cómo deberían ser los subsistemas moral, jurídico, económico, político, etcétera, que produzcan -y sean producidos- por ese sistema social ideal.
III. Pluralismo de Moralidades y el Desafío del Desarrollo Moral
Si a toda sociedad u organización social le corresponde un sistema normativo (moral, jurídico, etcétera) que le es funcional, sumado a que la moral es un sistema normativo fundamental en la reproducción de lo psicosocial, entonces el sistema normativo-moral está integrado por diferentes formas de valorar y sentir la moral. Esto es lo que Kelsen (2001) alude como relativismo moral, una suerte de sistema integrado por muchos subsistemas. Particularmente, la moral goza (para algunos) o padece (para otros), como sistema normativo, de un pluralismo fuerte, que se incrementa cada vez más en las "sociedades complejas contemporáneas". Este pluralismo crece por más que nuestros gustos nos inviten, una y otra vez, a llamar como la única, la verdadera y la universal a aquella moral que es de nuestra predilección.
La Clasificación de las Moralidades: Críticas al Modelo de Kohlberg
Ante esta pluralidad, surge la cuestión de cómo clasificar las moralidades reconociendo que no hay modelos puros y que es necesaria una modelación para facilitar los análisis. Se acude a una adaptación de una clasificación tomada de la psicología del desarrollo moral, pues hay diferentes formas de ver y sentir el sistema moral que pueden ser comparadas para concluir que algunas implican un mayor desarrollo que otras, desde parámetros cognitivo-afectivos deseables. Sin embargo, no es posible optar por un modelo exento de críticas; de hecho, una ausencia de cuestionamientos pondría en duda su veracidad.
El modelo de Kohlberg, perfeccionamiento del planteado por Piaget, es criticado por obedecer a la corriente racionalista que ha sobrevalorado el papel de la razón (mente) en la formación de los juicios morales. Muchos trabajos de neurociencia contemporáneos han llamado la atención de que la razón y la voluntad no son la fuente principal de los juicios morales de los individuos, sino más bien las emociones y los afectos, así como los instintos y las respuestas automáticas a las que el sujeto no tiene un acceso introspectivo ni racionalizado sino tiempo después. Gazzaniga (2010) afirma que "los juicios morales no son completamente racionales" (p. 138), y que "cuando somos conscientes de que hemos tomado una decisión, el cerebro ya ha inducido ese proceso... el cerebro hace cosas antes de que lo sepamos" (Gazzaniga, 2006, pp. 99-112).
Teoría del Desarrollo Moral de Lawrence Kohlberg (Resumen animado)
El Modelo Social Intuicionista de Haidt
El modelo social intuicionista de Haidt (2003) sugiere que el juicio moral implica "sentimientos viscerales rápidos" o intuiciones cargadas afectivamente, que luego desencadenan el razonamiento moral como un producto social ex post facto. Este modelo invierte el orden platónico de la psique, colocando las emociones firmemente en control de la moralidad, mientras que la razón es degradada al estatus de "sirviente no tan humilde".
Igualmente, se acusa a Kohlberg de partir del prejuicio kantiano de la agencia moral y la responsabilidad (jurídica y moral), especialmente al plantear que los estadios superiores del desarrollo moral se derivan de la deliberación racional y sosegada de un individuo. Deliberación y responsabilidad que no podrían explicarse desde la materia causal, como el cerebro, sino desde constructos públicos y sociales que pueden cambiar en cualquier momento. Estas críticas, al menos en este aspecto, parecen dar parcialmente la razón a las teorías del sentimentalismo moral del siglo XVIII (Hutcheson, Hume, Smith, etcétera), que postulan que las pasiones y las emociones, y no la razón y la voluntad, son la fuente de la moralidad, pero unas pasiones y emociones que no niegan la responsabilidad. Como señaló Hume (1984), "la razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas" (libro II, p. 462).
La Complejidad Cerebro-Entorno en el Acto Moral
Un sector importante de la neurociencia plantea que la división entre cerebro emocional y cerebro racional no es tan tajante como se ha creído, sino que existen variadas y abundantes conexiones entre ambas, lo que imposibilita un juicio tajante racionalista o emotivista frente al origen del acto moral. Además, reducir todo a una parte o a una función del cerebro supone negar los acontecimientos, el contexto y muchas otras variables que confluyen para propiciar o no una decisión moral. Como ratifica la neurociencia, "nuestro entorno, nuestra familia y nuestra cultura nos circunscriben y guían hacia un sistema moral particular, del mismo modo que hacia un lenguaje particular" (Gazzaniga, 2010, p. 140).
El acto moral/inmoral es un punto de confluencia compleja y sistemática de una parte causalista-individual (el funcionamiento del cerebro como órgano corporal) y una parte causalista-externa (las fuerzas del entorno) que se entremezclan, potenciándose o anulándose. Esto genera un espacio de suma y resta de vectores causales que bien puede ser considerado como indeterminable por la alta complejidad de fuerzas que interactúan, o incluso caótico-casual-azaroso. En estos espacios es donde podemos ubicar algunos grados de libertad del individuo que no pueden ser reducidos a unas pocas reglas causales predictivas cerebrales. De allí que, si bien toda persona está constituida por sus emociones y decisiones en cuanto a sus funciones cerebrales, una persona no se reduce a estas últimas.

Responsabilidad y Desarrollo Moral como Construcciones Sociales
Conceptos como responsabilidad y desarrollo morales, a pesar de no provenir de la causalidad cerebral, cobran sentido, como afirma Gazzaniga (2006, pp. 99-112), por ser construcciones sociales útiles para la convivencia. "El cerebro está determinado, pero la persona es libre... Nuestra libertad se manifiesta en la interacción del mundo social" (Gazzaniga, 2006, pp. 109 y 110). El mismo cerebro "es un sistema evolucionado, un mecanismo de toma de decisiones que interactúa con su entorno de un modo que le permite aprender normas que regulen su respuesta" (Gazzaniga, 2006, p. 111), y en esa interacción se cifra la posibilidad del desarrollo moral. Negar la responsabilidad y el desarrollo moral desde ciertas teorías neurocognitivas es un capítulo más en la lucha entre indeterministas-deterministas, que en el fondo es la lucha por asumir o no las consecuencias de nuestra conducta.
Además, el modelo de Kohlberg tiene la virtud de haber sido fruto de un importante trabajo empírico, lo que lo hace más creíble que otros modelos que parten solo de lo que el autor considera plausible. No en vano ha sido la base de construcciones sociológicas, como las de Habermas (1992; 1994). El hecho de que pueda y deba reducirse el componente racionalista presente en los ítems clasificadores de los diferentes estadios morales propuestos por Kohlberg no significa que el modelo sea inservible. Es posible proponer estadios o niveles de desarrollo moral aceptando que la actividad cerebral, los instintos y las emociones son tan o más importantes que la razón (mente) y los convenios en lo que concierne a la agencia moral.
IV. Niveles y Estadios del Desarrollo Moral según Kohlberg
Según Kohlberg (1992, pp. 185 y 186), la secuencia de un estadio moral a otro es paralela -de manera formal- con el desarrollo de la personalidad, que a su vez se encuentra relacionado con los estadios de razonamiento lógico trabajados por Piaget (1987; 1999).
Así, para Kohlberg (1992, p. 187), hay tres niveles y seis estadios del desarrollo moral:
- Nivel Preconvencional: En el desarrollo personal hace referencia a los niños menores de nueve años, a algunos adolescentes y a muchos adolescentes y adultos delincuentes.
- Estadio 1: Moralidad Heterónoma u Orientación al Castigo y a la Obediencia (Kohlberg, 1989, p. 138).
- Estadio 2: Individualismo, Finalidad Instrumental e Intercambio o Orientación Instrumental Relativista (Kohlberg, 1989, p. 138).
- Nivel Convencional: Se refiere a la mayoría de los adolescentes y a los adultos de nuestra sociedad, llena de costumbres y convenciones aceptadas como válidas explícita o implícitamente por los agentes.
- Nivel Postconvencional: Alcanza a algunos adultos mayores de veinte años (Kohlberg, 1992, p. 187).