Relato de sexos y edades: encuentros prohibidos y límites desbordados

En los relatos que leía decía que los hombres maduros habían más en los pueblos, así que busque las lleves de la casa que tiene mis papas en un pueblo ya que solo vamos para fin de año. Ya el viernes me duché me vestí con un sujetador negro, una tanguita del mismo tono, un short azul una blusa negra, y mis tenis era más cómodo, solo de imaginar quienes me iban a follar me mojaba, subí las maletas a mi camioneta y me despedí de mis padres, Salí como eso de las 7 am llegué a las 10 am.

Ella tenía alrededor de unos cuarenta años, era casada según sabia pero no lo aparentaba. Su esposo era el dueño de ese café internet y ella lo atendía todo el día. Era alta, de pelo castaño, labios carnosos muy seductores. Su cuerpo era perfecto, no tenía nada de kilos de más, tenía unas bellas curvas y unas bien torneadas piernas dignas de una mujer como ella. Imelda como ya dije era muy alegre y siempre hacia notar su buen humor, sin embargo había algo turbio en su vida, cuando creía que nadie la veía se ponía a pensar poniendo sus manos en su cara, yo la veía desde mi ordenador y me preguntaba que le pasaba pero cuando notaba que alguien la estaba viendo rápidamente volvía a sonreír.

Pero caramba aquella tarde sí que Imelda me dio una sorpresa por decir lo menos maravillosamente deliciosa. Al llegar salude a Imelda y le pedí una maquina como siempre. Pero esa tarde sin doubt se veía bien bonito, tenía un lindo vestido negro de falda corta, medias y zapatillas altas. Estaba como para ir a cenar o algo así pero tenía varios clientes y no había ningún aviso de cerrar temprano. Yo sólo me limite a navegar aunque debo admitir que me deslumbro su belleza de mujer, al paso de alrededor de una hora el sol había caído, por estar distraído no me había dado cuenta que casi no había clientes ya, sólo estaba ella ahí en su escritorio frente a un ordenador también, al paso de unos momentos descubrí que estaba llorando en silencio, quise acercármele pero dude un poco.

Sin embargo la curiosidad fue mayor y con una excusa me acerque a ella, me miro y pude ver lagrimas en sus ojos, sin pensarlo le pregunte si estaba bien, ella rápidamente seco sus lagrimas y me dijo un tanto molesta que la dejara en paz. Pude fácilmente verle su entrepierna y su ropa interior blanca, me quede viéndola por unos instantes sin decir nada, ella acariciaba sus muslos y casi luego me dijo con una dulce voz que nunca olvidaré Dime, ¿Te gustan mis piernas? Por instinto pude sentir como mi miembro se endureció y mi paquete se hizo notar, ella miraba mi paquete sobre mi pantalón. Imelda sin decirme nada se me acerco, agarro mi paquete y lo empezó a masturbar sobre la ropa, ella misma bajo mi cierre y libero mi pija ya bien dura. Era la primera vez que una mujer me masturbaba y no sabía qué hacer, estaba bien frígido y sin moverme.

Momentos después Imelda se puso de pie, ella misma subió la falda de su vestido y muy lentamente dejo caer sus pantis hasta los pies, esto era verdaderamente placentero para mi ver por primera vez a una mujer desnudarse ante mí, creo estaba algo sonrojado y ella lo noto. Imelda estaba por venir conmigo pero grite asustado ¡Mierda, no tengo condones! Ella se pego a risa y me dijo ¡No los necesitas niño, no te contagiare de nada, sólo relájate niño! No cabe duda que me sentía como un niño estúpido ante ella. Imelda se sentó en mi miembro, centímetro a centímetro se fue metiendo en su vagina, sentía como sus labios me la apretaban un poco, ella inicio a subir y bajar suavemente de mí. Eran nuevas sensaciones infinitamente más rico que sólo masturbarse, el estar dentro de una mujer es algo verdaderamente maravilloso, ella se estaba entregando a mí con toda lujuria y pasión. Ella misma se dio cuente cuando estaba por venirme y se detuvo, me quede dentro de ella mientras nos besamos todo el cuerpo, como loco besaba sus pezones, le metía dedos en su culo, estaba vuelto loco. Imelda nuevamente empezó a moverse, mi pija entraba y salía de su vagina bien suave y lubricada. Imelda tan luego sintió la corrida se aparto de mi, fue a su escritorio y prendió un cigarrillo. Quise tocarla nuevamente pero muy agresiva me ordeno que me saliera de ahí y cerrara la puerta. A prisa me vestí, tome mis cosas y me fui de ese lugar. Días después quería volver a ella pero un extraño temor me lo impedía, ya nunca regrese pero sin duda no importa el tiempo que pase nunca la olvidaré. Relato publicado originalmente en SexoSinTabues.com por Anonimo.

Pero finalmente encontré la casa de una señora, que rentaba habitaciones. Desde que llegué doña Elsa la dueña de la casa, me atendía a las mil maravillas, todos los días me preparaba el desayuno, y al llegar en la noche tenía de seguro algo para cenar, además me permitió tener una habitación con baño. Pero su manera de mirarme siempre me ponía algo nervioso, además Doña Elsa era una mujer como del doble de mi edad, por lo menos debía tener unos cincuenta años, alta, con llamativas curvas, muy vivas, casi el vivo retrato de mi madre. Lo que me turbaba en ciertas ocasiones, era su particular manera de vestir, una amplia bata casera, bajo la cual en la mayor parte de las veces, me daba cuenta de que ella no llevaba más nada puesto abajo. Una noche en que apenas regresaba de la universidad, me encontré a Doña Elsa lamentandose de un fuerte dolor de espalda, como ella me trataba tan y tan bien, no pude menos que ofrecerme a ir a la farmacia a buscarle algún remedio, pero ella me cortésmente me dijo que no hacía falta que saliera, que en el baño de su habitación tenía un medicamento que la ayudaba a estar mejor, por lo que la ayudé a llegar a su dormitorio, ya dentro ella se recostó sobre su cama y me pidió que buscase un frasco de color rosado oscuro, al tenerlo en mis manos, se lo llevé y ella me pidió que buscase a una de las residentes de la casa para que se lo pusiera, salí de la habitación pero casualmente esa noche no había ninguna de las otras señoras. Cuando regresé y le dije que no había más nadie en la casa, se acordó que todas habían ido a participar del bingo que organizaban en la parroquia, que lo más seguro era que llegasen bastante tarde. Al yo ver su rostro de dolor, me ofrecí a hacer lo que ella me indicase, para que no sufriera más. Así que de la manera más pudorosa que pudo se dio vuelta quedando boca abajo, y después me dijo. Bueno, me tienes que ayudar a quitar la bata ya que esos masajes deben ser desde los muslos hasta la parte baja de la espalda para que sean efectivos, pero si lo prefieres yo puedo esperar a que llegue algunas de las chicas, pero al decir eso en su rostro se reflejó el fuerte dolor que ella sentía, por lo que sin pensarlo más, le dije. No se preocúpe Doña Elsa yo le daré el masaje tal y como usted lo necesita. De primera impresión ver el bien formado cuerpo de Doña Elsa, capturó toda mi atención, en particular sus bien formadas nalgas, y entre ellas podía notar parte de su coño. Tratando de concentrarme, me dediqué a comenzar a pasar ese líquido rosado sobre su área lumbar, lentamente a medida que lo hacía, ella me iba indicando como debía continuar haciéndolo. Eso era una especie de aceite, con un agradable olor como a rosas, lentamente siguiendo sus instrucciones, fui bajando las palmas de mis manos, sobre sus caderas, de cuando en cuando Doña Elsa me indicaba hacía que áreas de su cuerpo debía seguir pasando mis manos. Lentamente comencé a masajear sus nalgas, aunque algo cortado, ya que sentí que mi verga dentro del pantalón, comenzaba a molestarme de lo dura que estaba puesta, para completar sentía un calor tremendo en las palmas de mis manos. Pero aun y así continué procurando controlarme, en cierto momento ella me indicó que bajase hasta la parte superior de sus muslos, pero justo en ese instante separó ligeramente sus piernas, y su tremendo coño, casi quedó por completo frente a mis ojos. Yo comenzaba a sentirme acalorado, por no decir que bastante excitado. Pero continuaba suavemente pasando las palmas de mis manos sobre su cuerpo, en una de esas cuando masajeaba lentamente la parte interna de sus bien formados muslos, mis dedos accidentalmente rozaron ligeramente parte de los pelos de su coño, y Doña Elsa dejó escapar un profundo y largo suspiro. Fue cuando decidí que se lo metería, pero como tenía mis dudas por lo del dolor, le comenté que sería mucho más práctico si yo me colocaba tras ella, para así de manera pareja, poder seguir dándole el masaje. Como su estado de ánimo había cambiado tanto, ya no se quejaba, su voz se escuchaba bastante vivas, temí que me dijera que ya no hacía falta que siguiera con eso del masaje, por lo que tendría que irme directamente a mi habitación, para hacerme una soberana paja en su nombre. Pero no fue así, al escuchar mi propuesta me dijo, está bien, pero o te quitas los pantalones, o me pones una toalla encima, digo es para que no te manches el pantalón con el líquido ese. No lo pensé mucho y de inmediato me quite los pantalones e incluso hasta los interiores y la camisa, sin que ella se diera cuenta de ello. Una vez que me situé tras ella y coloqué mis manos sobre sus caderas, sus piernas se abrieron más y sus nalgas las subió ligeramente, mi verga estaba completamente erecta, apuntando directamente a su coño, por lo que comencé a subir mis manos en dirección a sus brazos, al tiempo que mi parada verga comenzó hacer contacto con su coño. Al ella sentirlo, se hizo la sorprendida, diciéndome, por Dios que estás haciendo hijo. A lo que yo volviéndola a tomar fuertemente por sus caderas, empujé toda mi verga dentro de su coño. Elsa de inmediato dio un respingo, quedándose como paralizada, pero de inmediato dejó escapar un profundo gemido de placer, al tiempo que con una gracia tremenda comenzó a mover sus nalgas. El aceite ese que yo tenía entre mis manos y en gran parte de su cuerpo, cuando pegué mi cuerpo al de ella, se fue poniendo más y más caliente, Elsa restregaba divinamente su coño contra mi verga, mientras que yo disfrutaba y me deleitaba viendo sus firmes nalgas moverse ante mis ojos. Por un largo rato los dos estuvimos disfrutando mutuamente el uno del otro, hasta que la sentí gritar al momento de alcanzar el orgasmo. Momentos justo en que yo me venía por completo dentro de ella. Después de eso, ambos nos quedamos por largo rato en su cama, hasta que Elsa, se levantó para asearse, pero me pidió que no me levantase de la cama, al regresar del baño, en su mano traía una pequeña toalla húmeda, con la que se dedicó a limpiar mi adormilada verga. A la mañana siguiente al despertarme, como de costumbre Elsa me tenía preparado el desayuno, en su rostro se notaba que había pasado una muy buena noche. Durante el resto del tiempo que viví en su pensión, Elsa procuraba por todos los medio de complacerme. Nuestra relación era extremadamente discreta, ella no deseaba que ninguna de las inquilinas se diera cuenta de nuestra relación, por lo que ocasionalmente de noche, después de que todas se acostaban, Elsa se levantaba de madrugada y con las luces a oscuras, se metía en mi cama, para hacer las mayores delicias de mi vida. Todo iba de maravilla, hasta que una noche, al sentir que ella entraba en mi cuarto sin decir palabra como era su costumbre, la noté algo tensa, y decidí mamar su coño de la misma manera en que ella me había mamado la verga tantas veces. Separé sus piernas y apenas mi lengua entró en contacto con su vulva, sentí que como si se hubiera meado en mi cara, lo que lejos de hacerme sentir mal, lo disfruté tremendamente, ya que con más ímpetu me dediqué a mamársela, hasta hacer que disfrutase de un gran orgasmos, cuando sus manos sobre mi cabeza restregaban con fuerza su coño contra mi cara. Después de ello, sin perder tiempo se lo enterré dentro de su coño, el cual sentí tan y tan caliente, que debí hacer tremendo esfuerzo por no venirme de manera rápida. Pero apenas terminamos los dos bien agotados, Elsa sin decir palabra se retiró. Al día siguiente en la mañana mientras estaba tomando el desayuno, le pregunté que le había sucedido que se retiró tan rápido. Fue cuando abriendo los ojos me dijo, yo anoche no estuve contigo, me quedé dormida esperando que las chicas se fueran a dormir. La verdad es que me quedé sorprendido, sino fue a Elsa la que le mamé el coño a quien fue. Una a una de las inquilinas fue llegando a la cocina, y con la misma después de tomar algo de café se marchaban, hasta que llegó Doña Irma. Una dama de unos setenta años, tan delgada como Elsa pero con un porte de gran dama, pero al verme a mí y a Elsa se le escapó una corta risita. De inmediato Elsa le dijo algo molesta, como que pasaste muy buena noche verdad Irma. A lo que la anciana le respondió, con una gran sonrisa en su rostro magnifica. Tras lo cual tomó su taza de café y se marchó tarareando una alegre melodía. Elsa y yo nos quedamos viendo, y lo único que se nos ocurrió hacer fue ponernos a reír. Ocasionalmente una que otra de las inquilinas, fue entrando durante algunas de las noches a mi habitación, no hubo cosas que ellas no me enseñasen, hasta el simple hecho de darme el llamado beso negro o introducir ligeramente sus dedos dentro de mis nalgas al momento de estar teniendo relaciones, me produjeron unas agradables sensaciones, que jamás podré olvidar.

Nuestra historia continuó entre secretos y encuentros, y cada capítulo parecía abrir una puerta hacia lo desconocido. Años más tarde, la narrativa se mezcló con recuerdos de una infancia marcada por recursos limitados, dinastías de poder y relaciones desbordadas. El relato se convirtió en un espejo de las complejidades humanas: deseo, culpa, supervivencia, y la búsqueda de afecto en medio de circunstancias extremas. En medio de todo, quedó la idea de que el cuerpo puede ser una fuente de placer y dolor, a veces a un mismo tiempo, y que las decisiones tomadas en momentos de vulnerabilidad pueden definir el curso de una vida entera.

Hablando de la infancia y juventud de la narradora, aparece otra línea temporal: una historia de La Costa, de una niña que crece entre sombras de familia y secretos que se esconden tras la rutina diaria. En ese pasaje se revela un origen doloroso, con un abuelo dominante y una madre que transmite un legado de complicidad y violencia sexual. La protagonista observa, aprende y se transforma en un personaje que busca comprensión en medio del caos, y que, al final, se enfrenta a la pregunta de quién es, qué merece y qué costo tiene la verdad para su propia identidad.

Infografía: líneas temporales de encuentros y conflictos familiares

El relato que se desdobla entre episodios de explotación y memoria personal ofrece una mirada cruda a la sexualidad femenina como respuesta ante la adversidad. Entre los pasajes que giran en torno a Doña Elsa, Imelda y otros personajes, se entrelazan temas de poder, consentimiento, deseo y límites morales. El texto muestra cómo la sexualidad puede convertirse en un refugio, una forma de subsistencia o una forma de canalizar heridas profundas, dependiendo del contexto y de quién ostenta la voz narrativa.

En el conjunto, el material presentado combina narrativas de vida, dolor, superación y desafíos éticos. A través de las voces de diversas protagonistas, se dibuja un mosaico de experiencias que cuestionan normas sociales y exploran límites personales, en un marco donde la sexualidad, la maternidad y la vejez se cruzan de maneras a veces dolorosas y otras liberadoras. El relato invita a reflexionar sobre la influencia del contexto en las decisiones íntimas y sobre cómo la memoria guarda las huellas de las decisiones tomadas en la juventud y la adultez.

Personaje Rol Elemento clave
Imelda Encantadora y enigmática empleada Juego de miradas, deseo y poder
Doña Elsa Propietaria de pensión y figura de autoridad Relación clandestina, masaje, consentimiento ambiguo
La narradora Protagonista que transita por sexualidad y trauma Búsqueda de identidad y límites

La historia también aborda temas de explotación y vulnerabilidad, mostrando cómo la pobreza, la soledad y la falta de apoyo pueden empujar a decisiones extremas. A su vez, revela que la memoria conserva escenas vívidas: conversaciones, gestos y experiencias que moldean la comprensión de uno mismo y de los demás. En este marco, se plantea la tensión entre deseo y responsabilidad, entre gratificación y las consecuencias emocionales que pueden acompañar a estas elecciones.

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