La vejez es una etapa de la vida que se experimenta de manera heterogénea, influenciada por factores culturales, socioeconómicos y, de manera significativa, por el género. En este contexto, la decisión o necesidad de ingresar a un hogar de ancianos, o establecimiento de larga estadía, revela patrones interesantes que a menudo desafían percepciones comunes.
Percepción del Adulto Mayor y su Autonomía en Chile

En Chile, la mayoría de los adultos mayores no solo se considera plenamente autovalente, sino que también rechaza con fuerza la idea de vivir en un hogar de ancianos. La encuesta muestra que 8 de cada 10 personas mayores de 65 años rechazan la idea de vivir en un asilo, se consideran autovalentes y capaces de seguir llevando una vida activa y autónoma. Esta postura contrasta con la percepción de los menores de 65 años, entre quienes solo el 53 % comparte esa visión.
Además, el informe revela que un 85 % de los adultos mayores asegura no tener dificultades para realizar tareas cotidianas, desde su higiene personal hasta el uso de herramientas digitales. Eduardo de la Fuente, socio director en Consultoría Social y de Mercado de Datavoz, señala que “los datos nos hablan de una población mayor más autónoma de lo que solemos imaginar.”
El estudio también aborda la dimensión económica. Un 58 % de los encuestados mayores de 65 años declara que sus ingresos les permiten cubrir sus gastos. Sin embargo, hay diferencias por género, ya que el 63 % de los hombres lo logra, versus un 53 % de las mujeres.
Arreglos Residenciales de Personas Mayores a Nivel Global
Los arreglos residenciales de las personas mayores pueden tener consecuencias importantes sobre su salud, situación económica y bienestar. Si bien algunas personas mayores viven solas, otras viven con sus cónyuges o parejas, o con sus hijos o nietos en hogares multigeneracionales. Es importante comprender las modalidades y tendencias de sus arreglos residenciales en el marco de las iniciativas mundiales encaminadas a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el Objetivo 1 de poner fin a la pobreza y el Objetivo 3 de garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades.
Un nuevo conjunto de datos sobre los arreglos residenciales de las personas mayores de la División de Población de las Naciones Unidas, titulado United Nations Database on the Living Arrangements of Older Persons 2018, presenta una compilación de indicadores sobre la composición de los hogares y los arreglos residenciales de las personas de 60 años o más.
Variaciones en el Tamaño y Composición de los Hogares
Según las estimaciones más recientes, en los países de Europa y América del Norte, las personas mayores tienden a vivir en hogares relativamente pequeños, compuestos por menos de tres personas por unidad familiar. Por ejemplo, el tamaño medio de esos hogares era de 1,9 personas en Francia, Suiza y el Reino Unido y de 2,1 personas en los Estados Unidos. Al otro extremo, en gran parte de Asia meridional y África, los hogares con personas mayores estaban formados, como promedio, por más de seis personas.
En cuanto a la vida independiente, en Estonia, el 37% de las personas de 65 años o más vivían solas, en comparación con menos del 1% en el Afganistán. Las personas mayores también tenían grandes probabilidades de vivir solas en Finlandia (36%), los Países Bajos (35,4%), Noruega (34,7%), Suiza (35,2%) y Santo Tomé y Príncipe (34,4%), siendo este el único país africano con una proporción tan elevada de personas mayores que viven solas.

Diferencias de Género en los Arreglos Residenciales
En los 135 países sobre los que se dispone de datos desglosados por sexo, las mujeres tenían más probabilidades de vivir solas que los hombres. Las mayores brechas de género entre las personas que viven solas se encontraron en Europa. En 20 países de Europa se apreciaban diferencias de más de 20 puntos porcentuales en la proporción de personas que viven solas entre las mujeres de 65 años o más en comparación con los hombres del mismo grupo de edad.
Contrariamente a las constataciones típicas, en unos 22 países de África, el Caribe y Centroamérica, vivir solos era más común entre los hombres mayores que entre las mujeres mayores.
A nivel mundial, los hombres mayores tenían más probabilidades de vivir con hijos menores de 20 años, mientras que las mujeres mayores tenían más probabilidades de vivir con hijos mayores de esa edad. Esas diferencias por sexo pueden explicarse en gran medida por la típica diferencia de edad entre los cónyuges y por el período de vida reproductiva de las mujeres. Puesto que en casi todos los países la reproducción es poco común para las mujeres de más de 45 años, no suelen encontrarse mujeres de más de 65 años que tengan hijos menores de 20 años.
La proporción de personas mayores que viven de manera independiente (solas o con sus cónyuges) ha aumentado en países de América Latina y el Caribe. Se observaron importantes cambios en los arreglos residenciales de las personas mayores en el Uruguay, donde la proporción que vive de manera independiente aumentó del 24,3% en 1963 al 57,4% en 2011. El Perú también experimentó un cambio importante: la proporción que vive de manera independiente casi se triplicó, del 13,2% en 1991 al 37,3% en 2011. En sentido general, ha disminuido la prevalencia de personas mayores que comparten el hogar con la familia ampliada y ha aumentado la prevalencia de hogares nucleares.
El Envejecimiento en Chile: Un Fenómeno con Rostro Femenino
La vejez en Chile tiene rostro de mujer. Esa parece ser una de las principales conclusiones de un estudio lanzado por el Observatorio del Envejecimiento, de la Universidad Católica en conjunto con Confuturo, el que abordó las brechas y desafíos de género en la tercera edad, las que se agudizan después de los 80 años.
Para hacerse una idea, las mujeres representan hoy el 63,6% del grupo de adultos mayores sobre los 80 años en Chile, según datos de la última encuesta CASEN. El aumento es sostenido: en 1990 había 104 mil mujeres de 80 años o más, y para 2017 ya eran 364 mil personas. Para 2050 la cifra alcanzará las 1.139.264 mujeres según las proyecciones.
Felipe Bustamante, investigador del Observatorio del Envejecimiento, dice que “el envejecimiento en Chile -y en el mundo- tiene una cara femenina, son las mujeres las que se encuentran y encontrarán en mayor proporción entre las personas de 60 años o más y en los rangos etarios más altos, como el de 80 o más”. Asimismo, las mujeres componen principalmente al grupo de personas mayores de 100 años o más. Según los datos del informe, en Chile habitan al menos 2.278 personas de 100 años o más, de las cuales el 85% son mujeres.

Razones de la Mayor Longevidad Femenina
El reporte indica que existe al menos una diferencia de cinco años en la esperanza de vida entre mujeres y hombres. Según Bustamante, las razones de esta diferencia se explican en una diversidad de factores:
- Factores biológicos: como las enfermedades cardiovasculares y otras que afectan más a los hombres.
- Factores conductuales: las mujeres entregan mayor atención y cuidado a su salud y la de sus familiares.
- Sociabilidad: hay estudios que muestran que hacer actividades significativas e interactuar con otros influye en tener una mejor salud y calidad de vida. Las mujeres suelen ser más proclives a participar y desarrollar otras actividades, en especial después de los 60 años, participando en mayor proporción de organizaciones como clubes del adulto mayor.
Composición de los Hogares de Ancianos en Chile
En línea con estas tendencias, María José Azócar, profesional del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), indica que la composición de los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (Eleam) de Senama es particular: “Están compuestos en su mayoría por hombres, lo que se relaciona directamente con las redes que han construido o, en este caso, sería la ausencia de ellas”.
Ante esta mayoría femenina en personas mayores, el reporte plantea que se requiere un profundo cambio social con respecto al rol de estas mujeres y distintas funciones que realizan, que van desde la jefatura de hogares hasta el cuidado de los nietos o familiares enfermos. “Existe una desigualdad en quien toma este último rol, culturalmente está la idea de que es en la mujer donde debe recaer el rol y tareas relacionadas al cuidado, no significa que no existan hombres que lo hagan, pero si la balanza se inclina más hacia el género femenino en este tema”, apunta Bustamante.
La Carga de los Cuidados y la Evolución de los Roles de Género
La asimetría de género en las tareas de cuidado es un tema central. En Chile, la Subsecretaría de Servicios Sociales invitó a quienes desarrollen labores de cuidados no remuneradas a obtener la Credencial de Persona Cuidadora, la cual les permitirá acceder a beneficios y programas del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, Chile Cuida.
A 15 meses desde que el Gobierno del Presidente Gabriel Boric iniciara el proceso de identificación de personas cuidadoras, más de 160 mil personas se encuentran inscritas como tales en el Registro Social de Hogares (RSH). Desde el Ministerio de Desarrollo Social y Familia recalcaron que el desafío sigue siendo llegar a muchas más personas cuidadoras que aún no están registradas. Francisca Gallegos, subsecretaria de Servicios Sociales, señaló que “la Credencial de Persona Cuidadora es la puerta de entrada a la red de servicios de Chile Cuida. Es un reconocimiento a una labor invisible que históricamente ha estado sobre los hombros de las mujeres y que hoy buscamos hacer visible.”

Según los datos del Registro Social de Hogares, el 86% de las personas identificadas como cuidadoras son mujeres, mientras que solo el 14% son hombres. En cuanto a su edad, la mayor proporción (46%) tiene entre 40 y 59 años, seguidas por aquellas entre 60 y 79 años (29%). En Chile, 85% de quienes destinan 8 o más horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado son mujeres.
El Gobierno del Presidente Boric propuso un aumento del 37% en el Presupuesto 2025 dedicado a cuidados, con el objetivo de ampliar la presencia de la Red Local de Apoyos y Cuidados de 140 a 214 comunas y avanzar para atender a 75 mil personas con dependencia severa y a sus cuidadores y cuidadoras. Además, las personas cuidadoras pueden acceder a beneficios en instituciones públicas y privadas, recibiendo atención preferente en servicios como Banco Estado, Fonasa, Registro Civil y Chile Atiende.
Cambios en los Roles de Cuidado en la Pareja
La demografía es inexorable, y está haciendo tanto o más que las políticas de igualdad de género por la equiparación de hombres y mujeres en relación a los cuidados, al menos a edades avanzadas. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que más del 40% de las personas mayores de 65 años residen solas con su pareja, sin hijos ni otros convivientes, porcentaje que no ha dejado de crecer en la última década.
Precisa que en ese marco de convivencia de la pareja, sin los hijos, es donde se observa que los hombres cuidan igual que las mujeres y no se mantienen como cuidadores secundarios, sino que cuando la mujer tiene problemas cognitivos o de movilidad el hombre se convierte en su cuidador principal y asume la carga dura de los cuidados.
Sobre esta mayor participación masculina en las tareas de cuidado también llama la atención el Informe España 2017 de la Cátedra J.M. Martín Patino de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia de Comillas. “La gran asimetría de género en la manera de combinar trabajo doméstico y extradoméstico está desapareciendo y esto se notará mucho en las próximas décadas en las edades maduras, a medida que las alcancen las generaciones de mujeres de la integración plena e ininterrumpida -hasta la jubilación- en el mercado laboral.”
Rosa San Segundo, catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid, asegura que es cierto que, al envejecer y jubilarse, “a los varones la vida se les feminiza”, pero considera que ello no se traduce en unas relaciones de pareja más igualitarias. “Los varones, que han estado toda su vida en el espacio público, al dejar de trabajar se centran en el espacio privado e intervienen más en las cosas de la casa, pero no participan de la igualdad, al contrario, en edades avanzadas vemos que se dispara la desigualdad, que la mujer es aún más vulnerable, y que también hay mucha violencia de género”, comenta San Segundo.
Sancho, por su parte, opina que “quizá caminamos hacia una mayor igualdad, pero aún no veo un cambio en profundidad en cuanto a distribución de roles”. Y apunta que todavía, en algunas parejas donde la mujer nunca se incorporó al mercado laboral, el hecho de que el hombre “feminice” sus tareas y se implique en el ámbito doméstico es fuente de conflictos. Con todo, cree que este es un problema en vías de extinción porque la mayor supervivencia de los hombres hace que, a pesar de las rupturas, cada vez se envejezca más en pareja al mismo tiempo que la sociedad empuja hacia la cooperación entre hombres y mujeres.
Desafíos, Políticas Públicas y Tendencias Demográficas
Cada vez son más las voces que insisten en que tener una larga vida y una vejez saludable depende del empeño que ponga cada persona. “El envejecimiento no es un proceso que ocurre al azar sino que cada individuo es un agente activo de su propio envejecimiento; si la genética influye en un 25%, el resto se debe a factores ambientales, así que tener una buena vejez depende en un 75% de uno mismo”, afirmó la psicóloga Rocío Fernández-Ballesteros. Y subrayó que los estilos de vida, como realizar ejercicio físico regular, mantener una dieta equilibrada, cuidar de la propia salud, no fumar o seguir las prescripciones médicas son determinantes para llegar a ser ancianos saludables. También lo son unas buenas relaciones sociales.
Impacto de la Pandemia y la Soledad
El contexto de pandemia y aislamiento de los adultos mayores ha tenido importantes consecuencias. La disminución de contactos e interacción social o la misma soledad, tiene efectos negativos en las personas mayores que pueden ser incluso peores que el fumar. Eso proyecta un período complejo en el corto plazo para este grupo. “Ya deberíamos estar emprendiendo acciones para enfrentar la depresión entre las personas mayores. El contexto actual, de disminución de relaciones sociales, de encierro y de incertidumbre en la salud y en lo económico, puede significar un empeoramiento en la calidad de vida y en la salud mental de este grupo, tanto de hombres como mujeres”, advierte Bustamante.
Necesidad de Políticas Sensibles al Género y la Heterogeneidad
Un estudio realizado en 18 países de renta alta revela sesgos sistemáticos de género en la experiencia del envejecimiento que perpetúan las desigualdades para las mujeres en la tercera edad. Las diferencias de género en el envejecimiento de la sociedad favorecen a los hombres en detrimento de las mujeres, lo que sugiere que los hombres disponen de mejores recursos para afrontar los retos del envejecimiento. La autora principal, la doctora Cynthia Chen, de la Universidad Nacional de Singapur, afirma que “las sociedades que envejecen refuerzan las normas de género imperantes, en las que los hombres siguen teniendo la mayoría de las oportunidades, los recursos y el apoyo social.”

El reporte plantea que este creciente grupo de adultos mayores representará un desafío para el país con o sin pandemia. “En los próximos años, vamos a necesitar gente, encargados de leyes, cuidadores y todo tipo de profesionales vinculadas al trabajo con personas mayores, pero deben estar formadas especialmente en esa área”, comenta Olivia Larraín, profesional UC.
Esto, plantean los investigadores, deberá ir de la mano de políticas públicas que consideren la heterogeneidad de este grupo. “No es lo mismo envejecer siendo mujer u hombre, o envejecer en comunas representativas de estratos socioeconómicos altos que en las de estratos económicos bajos, así como no es lo mismo envejecer en Santiago como en regiones”, opina Bustamante. El investigador explica que se necesita una política que logre asegurar la calidad de vida de este grupo, pero como sujetos activos de la sociedad, un desafío que la digitalización podría ayudar a enfrentar.
Censo 2024 en Chile: Ratificación del Envejecimiento Poblacional
El envejecimiento de la población mantiene su tendencia al alza, aumentando el porcentaje de personas de 65 años o más del 6,6% en 1992 a 14% en 2024. Un total de 18.480.432 personas fueron censadas en Chile durante el Censo de Población y Vivienda 2024, de las cuales 51,5% son mujeres y 48,5% son hombres.
Las cifras presentadas ratifican el avance en el envejecimiento de la población. Al comparar con censos anteriores se observa un aumento del porcentaje de personas de 65 años o más, que alcanzó el 14% en el Censo 2024, mientras que 32 años antes, en 1992, era 6,6%. Con lo anterior, el Índice de Envejecimiento en Chile en 2024 muestra que por cada 100 personas de 14 años o menos hay 79 personas de 65 años o más. Esta cifra era 22,3 en 1992.
Adicionalmente, la tendencia que se ha observado en las últimas décadas es la disminución del promedio de personas por hogar, pasando de 4 personas por hogar en 1992 a 2,8 personas por hogar en 2024. Esta disminución se acompaña del aumento en el porcentaje de hogares unipersonales, desde 8,3% en 1992 a 21,8% en 2024. Respecto a la composición de los hogares, y en línea con la tendencia de envejecimiento de la población, disminuye el porcentaje de hogares con al menos una persona de 14 años o menos de 62% en 1992 a 33,2% en 2024.