La vulnerabilidad y la desigualdad social son temas de alta relevancia para la investigación social, debido a su intensidad y persistencia, así como a la ineficacia de las acciones para su reducción o superación. Los fenómenos asociados con las desventajas que ciertos grupos viven se constituyen en un punto nodal para comprender los mecanismos de reproducción social. Aunque existen herramientas complejas para medir estas condiciones bajo conceptos como pobreza, exclusión social, marginalidad y vulnerabilidad, se hace necesario analizar las experiencias situadas espacial y temporalmente de los individuos para comprender cómo se expresan y se vivencian.

La Vulnerabilidad Social y sus Implicaciones Económicas
El concepto central es la vulnerabilidad social, el cual mantiene estrechos vínculos con otros ampliamente difundidos como la pobreza y la exclusión social. Los análisis de vulnerabilidad surgieron a partir de las transformaciones socioeconómicas de las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX, que trajeron consigo, a principios del siglo XXI, una percepción de incertidumbre, indefensión e inseguridad en un gran porcentaje de la población latinoamericana. En el contexto global, se evidencian impactos internos como resultado de la coyuntura económica internacional, la volatilidad de los mercados, el aumento de la informalidad y la precariedad laboral, las variaciones en los salarios reales, el retiro del Estado de la provisión de servicios básicos y los cambios en las formas de organización familiar.
Definición y Distinción de Conceptos Clave
En términos conceptuales, la pobreza principalmente se refiere a la carencia de ciertos bienes y recursos, y la exclusión social a la ruptura de los vínculos que posibilitan la integración de los individuos a la sociedad. Por su parte, la vulnerabilidad tiene relación con la fragilidad, las limitaciones de personas, grupos y regiones para enfrentar situaciones adversas o cotidianas, y superar situaciones calamitosas o de sufrimiento social. Se trata de condiciones dinámicas que afectan las posibilidades de integración, movilidad social ascendente o desarrollo.
La vulnerabilidad social, entonces, no es una condición o atributo de los individuos, poblaciones o regiones, dada por cuestiones étnico-raciales, edad, origen, género o clase. Es una cualidad del sistema y, por tanto, una cuestión social, enraizada en la estructura y dinámica social general. La condición de vulnerabilidad se relaciona con:
- La probabilidad de producirse un evento potencialmente adverso (exógeno o endógeno).
- La incapacidad de respuesta frente a tal contingencia (por carencias internas o de fuentes de apoyo externas).
- La inhabilidad para adaptarse al nuevo escenario.
Una persona o familia se considera vulnerable cuando se encuentra en un ambiente personal o familiar debilitado y con alto riesgo de perder sus bienes, sustento o el de su familia. Colectivos como niños, mujeres, ancianos y migrantes son considerados especialmente vulnerables debido a su situación de desventaja estructural, económica o social.
Activos y Pasivos en Hogares Vulnerables: El Caso de Cali
Un estudio en Cali, Colombia, en 2015, utilizando el modelo AVEO (activos-vulnerabilidad y estructura de oportunidades), analizó las experiencias de familias pobres. Este estudio identificó los principales activos y pasivos que inciden en su bienestar y, por ende, en su capacidad de consumo:
Principales Activos Identificados:
- La vivienda: Corresponde a un bien con implicaciones económicas y simbólicas, ofreciendo una sensación de seguridad y protección, siendo una necesidad básica apremiante. La vivienda, ya sea en alquiler o propia, se constituye como un recurso de alta significación para las familias.
- La formación educativa formal y el "saber hacer": Estos son atributos individuales que facilitan el acceso a oportunidades, principalmente laborales. El acceso a niveles de educación superior técnica o profesional permite obtener trabajos y genera cierto grado de libertad al facilitar mayores competencias. El "saber hacer" no formalizado es un activo que facilita el acceso a oportunidades laborales o la generación de emprendimientos propios.
- El cuidado de personas: Es un activo familiar y comunitario que activa redes sociales y ofrece oportunidades de protección. Al mismo tiempo, estas actividades de cuidado son una fuente de ingresos para algunas mujeres, ya sea de manera informal o vinculadas con instituciones estatales.
Según los hallazgos, los hombres, con base en su "saber hacer", acceden a empleos con mayores niveles de formalidad (aunque predomina la informalidad) y alcanzan salarios dentro de los patrones formales y oportunidades de trabajo extra. En contraste, las mujeres acceden a un tipo de trabajo de mayor informalidad, inestable, de menores ingresos, generalmente circunscrito a ámbitos domésticos y comunitarios.
Principales Pasivos Identificados:
- Manejo de conflictos o deterioro de las relaciones familiares.
- Relación problemática entre capital humano (salud-educación) y trabajo/empleo.
- Relación de desventaja entre ingresos, necesidades, dinámicas familiares y gastos.
- Escasas posibilidades para acceder a vivienda propia.
Patrones de Consumo de las Clases Vulnerables en Chile
En Chile, la clasificación de los hogares según su calidad de vida se realiza a través de los Grupos Socioeconómicos (GSE), evaluados en términos de ingresos, educación y ocupación. Esta segmentación, que considera factores culturales, tecnológicos y emocionales, no solo identifica el poder adquisitivo, sino también cómo piensan, compran y consumen los diferentes sectores sociales. La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen), realizada regularmente por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, es la fuente oficial para la medición de la pobreza y proporciona información relevante para esta segmentación.
Perfil y Consumo de los Grupos Vulnerables (D1, D2, E)
Los segmentos más vulnerables de la población chilena muestran patrones de consumo característicos, fuertemente influenciados por sus limitados recursos y la necesidad de priorizar lo esencial:
- D1 (Clase Media Baja): Con un gasto promedio mensual de $631.000 CLP y un ticket promedio de $21.000, este segmento vive en condiciones más inestables y su capacidad de ahorro es baja (33%). Son compradores que se enfocan en lo básico, buscan formatos económicos y priorizan el ahorro inmediato. Compran mayoritariamente en ferias y almacenes. Tienden a sentir escasa representación en los medios y dudan del valor de las marcas.
- D2 (Vulnerables): Su gasto mensual es de $489.000 CLP, con un ticket promedio de $18.000. Solo el 24% puede ahorrar, y presentan un alto endeudamiento (60%). Dependen de productos de subsistencia. Tienen escaso acceso a internet o medios digitales, y sus decisiones de compra se basan principalmente en el precio.
- E (Grupo más Vulnerable y Excluido): Este segmento gasta aproximadamente $299.000 CLP al mes, con un ticket promedio de $14.000. Representa el grupo más vulnerable y excluido, sin acceso regular a internet ni a canales modernos de venta. Compran solo lo esencial, con productos como pan, arroz o legumbres, y dependen en gran medida de ayuda social o préstamos informales.
Contraste con Grupos de Mayores Ingresos (ABC1)
Para contextualizar los patrones de consumo de las clases vulnerables, es útil compararlos con los segmentos de mayores ingresos:
- ABC1 (Mayores Ingresos): Con un gasto mensual promedio de $2.344.000 CLP y un ticket promedio de $37.000, este segmento tiene la mayor capacidad de ahorro (78%) y bajo endeudamiento. Se concentran en canales modernos como supermercados, e-commerce y tiendas de especialidad, con un 53% habiendo comprado en e-commerce. Sin embargo, el 34% aún compra en ferias, aunque muy por debajo del 60% observado en los segmentos C3 y D. Han incrementado su penetración en canales value-for-money como discounters (+7 puntos) y mayoristas (+10 puntos).
- Distribución del Gasto (ABC1): Del total de su gasto en consumo masivo, el 44% se destina a alimentos, 17% a bebestibles, 14% a lácteos, 13% a cuidado del hogar, 9% a cuidado personal y 3% a otras categorías. A diferencia del resto de los GSE, su segunda categoría con más gasto es cecinados (6%), mientras que en los segmentos vulnerables predomina el pan. En categorías no alimentarias, el 14% del gasto va a vestuario femenino, 12% a electrodomésticos/línea blanca y 9% a vestuario masculino.
Las marcas propias y económicas han ganado participación entre los ABC1, pese a su poder adquisitivo. Además, tienen la predisposición más negativa hacia la publicidad, sobre todo entre los baby boomers. En contraste, el grupo C1B, aunque similar en consumo al ABC1a, es más racional y pragmático en su relación con la publicidad, esperando información clara y útil.

Desafíos y Rol de las Políticas Públicas frente a la Vulnerabilidad
La Clase Media y la Vulnerabilidad en América Latina
En América Latina, uno de cada tres habitantes forma parte de la clase media, pero paralelamente ha aumentado la población en situación de vulnerabilidad. El PNUD llama la atención sobre la proporción "demasiado alta" de latinoamericanos en riesgo de ver severamente afectado su bienestar en caso de enfrentar algún tipo de crisis -la población vulnerable-, que actualmente es el grupo de mayor tamaño en la región (38%), más de un tercio de la población regional. Estos individuos no se encuentran en pobreza (25%) ni han logrado aún ingresar a la clase media (34%).
El desarrollo de la clase media es un fenómeno relativamente reciente en países en desarrollo, ligado a la erradicación de la pobreza. Sin embargo, este proceso presenta un reto para el diseño de políticas, ya que las bajas capacidades institucionales dificultan la combinación de estrategias para mitigar la pobreza persistente y apoyar a aquellos que han salido de ella pero siguen siendo vulnerables. El auge de la clase media en la región ha sido el segundo más relevante a nivel mundial, tras Europa del Este. Esto plantea dos desafíos principales: fortalecer las redes de seguridad y apoyo social para prevenir la caída en la pobreza, y desarrollar políticas centradas en los casi 200 millones de latinoamericanos que componen la clase media, considerados la base para impulsar el crecimiento regional.
El Caso de Chile: Vulnerabilidad Social y Políticas Públicas
Chile, históricamente un país profundamente desigual, ha experimentado un crecimiento económico impulsado por la oferta de bienes de mercado, lo que ha disimulado el subdesarrollo social y ha generado un alto grado de vulnerabilidad en gran parte de la población. Las políticas públicas han favorecido excesivamente la producción de bienes de mercado en detrimento de bienes públicos como la seguridad social, la salud, la educación pública, la protección a la vejez, el apoyo estatal a los ahorros, la vivienda social y la protección ambiental. La falta de protección social ha dejado a una gran parte de la población en condiciones precarias, especialmente evidenciado con el envejecimiento de la población y el aumento de las necesidades de salud. La resiliencia de una nación se construye a través de bienes públicos que protegen a los más débiles y fortalecen a la comunidad a largo plazo.
El estallido social de octubre y la crisis sanitaria derivada de la pandemia han expuesto las desigualdades y la falta de políticas de protección social, mostrando una realidad más pobre de lo que se ha querido proyectar. La clase media en Chile es muy vulnerable y, ante cualquier shock, puede retroceder en su situación socioeconómica.
Radiografía de la pobreza en América Latina
Consideraciones sobre la Medición de la Vulnerabilidad
La medición de la vulnerabilidad social se realiza a través de indicadores que evalúan aspectos como la situación laboral (paro), el nivel educativo (estudios), el tipo de hogar (vivienda), los ingresos per cápita (pobreza), el acceso a servicios de salud y rasgos personales como edad, género y nacionalidad. La ley española, por ejemplo, ofrece ayudas para personas vulnerables a través de certificados de vulnerabilidad y medidas específicas en materia de vivienda, pobreza y salud, como el bono social y la garantización de suministros básicos.
Factores como el desempleo, la desigualdad de oportunidades, desastres naturales, enfermedades, cambio climático o accidentes graves pueden ser causas de vulnerabilidad social, conduciendo a la pobreza o exclusión social. La exclusión social es una consecuencia del agravamiento de la vulnerabilidad, cuando una persona o grupo es impedido de acceder a una calidad de vida decente y participar plenamente en la sociedad.
Es crucial notar que las metodologías de recolección de datos y encuestas se actualizan a medida que los países se desarrollan. El concepto de vulnerabilidad ha ganado terreno, a menudo sustituyendo términos como "extrema pobreza" o "grupos marginalizados". Sin embargo, este uso generalizado puede simplificar y banalizar realidades complejas, obviando la construcción social, histórica y las relaciones de poder que subyacen a estas condiciones. Referirse a colectivos solo como "vulnerables" puede atentar contra su dignidad, estigmatizarlos y limitar el ejercicio de sus derechos. La vulnerabilidad tiene múltiples facetas y no debe ser el único descriptor de un grupo o individuo; las capacidades de las personas y grupos también deben ser fomentadas.