Lesiones Musculoesqueléticas en Cuidadores de Pacientes con Dependencia

El envejecimiento progresivo de la población y el aumento de las enfermedades crónicas han llevado a un incremento significativo en el número de personas que requieren apoyo para satisfacer sus necesidades vitales diarias. Esta necesidad de ayuda genera que el paciente dependiente requiera de apoyo para realizar actividades básicas de la vida diaria.

Este apoyo, a menudo, proviene del entorno familiar o de amistades, siendo la familia, y en particular la mujer, quien tradicionalmente asume la responsabilidad del cuidado. La cantidad de ayuda requerida por el paciente dependerá directamente del grado de su limitación o dependencia.

El Impacto del Cuidado Informal en la Salud del Cuidador

La Realidad del Cuidador Informal

La edad junto con la enfermedad crónica fomentan la dependencia o incapacidad del paciente para la autosatisfacción de necesidades vitales. La labor de cuidar se convierte más que en una rutina, ya que la persona encargada tiene la responsabilidad de acompañar, alimentar y proporcionar adecuadamente medicamentos, requiriendo en muchos casos más de 12 horas diarias de cuidados.

Estudios han mostrado que el perfil del cuidador primario suele ser una mujer, a menudo soltera, familiar de primer grado (hija o cónyuge), que convive con el paciente, se dedica a las actividades del hogar y con frecuencia tiene estudios a nivel primario o secundario. Los cuidadores, en muchos casos, ocultan el daño que les hace el cuidado de un familiar.

Perfil demográfico de un cuidador informal

La Sobrecarga y sus Consecuencias

La sobrecarga que experimenta el cuidador aumenta la comorbilidad y desencadena comportamientos peligrosos para la salud, como mala alimentación, sedentarismo y abuso de sustancias. Esto contribuye al aumento de enfermedades cardiovasculares, metabólicas o inmunológicas, y depresión. Todo esto en conjunto genera una mayor predisposición para desarrollar lesiones musculoesqueléticas (LME).

La sobrecarga subjetiva en cuidadores de ancianos dependientes ha sido evaluada como elevada, con un porcentaje significativo de cuidadores que presentan un nivel de esfuerzo elevado. Existe una relación directa entre la intensidad del dolor percibido y el grado de sobrecarga de los cuidadores.

Lesiones Musculoesqueléticas (LME) en Cuidadores

Los cuidadores informales se exponen a desarrollar LME en diferentes partes de su cuerpo, a menudo debido a la falta de conocimiento y práctica de técnicas adecuadas de movilización y cuidado del enfermo. Recientemente se ha corroborado que los cuidadores que se encargan de pacientes con deterioro físico son más propensos a Trastornos Musculoesqueléticos (TME) debido a cargas y posturas inadecuadas.

Prevalencia y Ubicación de las Lesiones

En estudios realizados, se encontró que un 34.6% de los cuidadores presentaban LME, con un 87% de ellos reportando una lesión al momento de la entrevista. El principal sitio anatómico lesionado identificado es la región lumbar de la columna vertebral, afectando a casi la mitad (45%) de los cuidadores participantes con dolor. Le siguen el hombro y el cuello (ambas con 21%). También se reporta dolor en codo/antebrazo y muñeca/mano (ambas con 7%).

En cuanto a las secuelas, el 36.7% de los cuidadores con LME percibió tener una secuela de su lesión, refiriendo dolor persistente, desgaste articular y fracturas.

Mapa corporal con las principales zonas de lesiones musculoesqueléticas en cuidadores

Actividades que Provocan LME

Las LME se producen durante diversas tareas relacionadas con el cuidado. Algunas de las actividades más comunes que generan estas lesiones incluyen:

  • Tareas indirectas como el aseo de la recámara o el cambio de ropa de cama (20.4%).
  • Cargar al dependiente sin ayuda (19.3%).
  • Movilizar al dependiente en la cama (13.2%).
  • Cambiar el pañal del paciente (12.4%).
  • Fungir como apoyo para la deambulación del dependiente (11.2%).
  • Movilizar al receptor del cuidado dentro del cuarto (5.1%).
  • Bañar al dependiente (4.08%).

El dolor en hombro y cuello, en algunos casos, fue tan intenso como para requerir un cambio en el puesto laboral del cuidador. La duración del dolor es variable, siendo de larga duración en la espalda y con predominio de duración menor a una hora en el hombro.

🙌 Técnicas de movilización de pacientes: Transferencia de la cama al sillón/silla

Factores Asociados a las Lesiones Musculoesqueléticas

Diversos factores personales, inherentes al cuidado y ambientales se asocian significativamente con la aparición de LME en los cuidadores.

Factores Personales del Cuidador

Entre los factores personales que aumentan el riesgo de LME, se encuentran:

  • Ser mujer (RM 2.17). A mayor edad, mayor es la proporción de mujeres que enferman respecto a los hombres, superando a los hombres en un 28% a los 75 años.
  • Ser cuidador primario (RM 1.93).
  • Tener sobrecarga por el cuidado (RM 4.20).
  • Percibir que sus comórbidos han avanzado o incrementado a consecuencia del cuidado (RM 4.42). La conjunción de dos o más enfermedades cuadruplica el riesgo de tener una LME.
  • La percepción de saber mover al dependiente (RM 1.82). Esta sobrevaloración en el conocimiento del manejo de un dependiente puede aumentar la posibilidad de cometer errores y con ellos de exhibir LME.

No se encontraron asociaciones significativas con la edad del cuidador (aunque otros estudios citan los 65 o 70 años como un umbral de riesgo), ni con las características directas/indirectas del cuidado o el tiempo de convivencia independiente al cuidado.

Factores Inherentes al Cuidado

Los factores relacionados directamente con la actividad de cuidado que aumentan el riesgo de LME incluyen:

  • Dedicar 13 o más horas diarias al cuidado del dependiente (RM 2). La investigación ha mostrado que el tiempo de cuidado de más de 13 horas al día duplica la probabilidad de desarrollar LME.
  • Estar al cuidado por más de 13 meses (RM 2.59). Los cuidadores con más de 13 meses en la atención del dependiente experimentan cambios en su vida y un aumento en la demanda de cuidado.
  • Que el dependiente tenga 70 o más años de edad (RM 2.22).
  • Que el dependiente sea hombre (RM 1.79).
  • Cuidar a familiares con dependencia total (RM 2.68) o dependencia en general (RM 7.91).

Factores como alternar el cuidado con otras personas o el grado de dependencia leve a escasa del paciente no mostraron significación estadística en algunos análisis.

Factores Ambientales

El entorno físico inmediato ejerce un papel fundamental para provocar lesiones. Al realizar el cuidado en el hogar, no todas las áreas de la casa ofrecen el mismo riesgo. Mientras que la sala o la recámara no se asociaron a LME, el baño (RM 2.57) y la cocina (RM 5.96) sí lo hicieron, sugiriendo que el riesgo se relaciona más con la estrechez del espacio que con la función de la sección de la vivienda.

El Síndrome del Cuidador Quemado: Un Desgaste Integral

El cuidado de un familiar puede ser gratificante, pero también un importante reto físico y emocional que puede derivar en el síndrome del cuidador quemado (caregiver burnout). Este síndrome se define como un conjunto de síntomas de estrés físico, emocional y psicológico que experimentan los cuidadores no profesionales de personas enfermas o con discapacidades a largo plazo.

Cuando este agotamiento no se controla, afecta la salud, el estado de ánimo y las relaciones del cuidador, con consecuencias negativas para ambos, cuidador y receptor del cuidado. En países con población envejecida, como España, se estima que hasta el 80% de los cuidadores principales pueden experimentar síntomas de sobrecarga o agotamiento en algún momento. El perfil habitual de quien lo padece es una mujer de entre 45 y 65 años, hija o pareja del dependiente, sin remuneración y compatibilizando otras responsabilidades.

Síntomas Físicos, Emocionales y Sociales

El síndrome del cuidador quemado se manifiesta en diversas esferas:

  • Síntomas físicos: Cansancio intenso y agotamiento persistente, incluso tras el descanso; dolores musculares, cefaleas y molestias digestivas frecuentes; dificultades para dormir (insomnio); mayor susceptibilidad a infecciones.
  • Síntomas emocionales: Ansiedad, tristeza, vacío emocional; irritabilidad, cambios de humor repentinos y dificultad para gestionar la frustración; sentimientos de culpa, impotencia o inutilidad; menor interés en actividades placenteras.
  • Síntomas sociales: Tendencia al aislamiento y reducción del contacto social; dificultad para mantener relaciones personales o laborales; sensación de no ser comprendido o de percibir poco apoyo.

Estos síntomas, si no se abordan, pueden evolucionar hacia problemas de salud más complejos, como la depresión o enfermedades crónicas.

Causas y Factores de Riesgo

El síndrome de cansancio del cuidador surge de una combinación de factores estresantes:

  • Sobrecarga de responsabilidades: Especialmente si el cuidador debe equilibrar el cuidado con trabajo, estudios u otras responsabilidades familiares.
  • Falta de apoyo: El cuidado puede ser una tarea solitaria sin una red de apoyo adecuada.
  • Larga duración de las labores de cuidado: El estrés se sobrelleva peor cuando la responsabilidad es a largo plazo y sin fecha límite.
  • Falta de experiencia: La inexperiencia en el cuidado de pacientes puede abrumar al cuidador.

Además, existen factores de riesgo que aumentan la propensión a sufrir este síndrome, como convivir con la persona a la que se cuida, cuidar a enfermos crónicos, personas con discapacidad o demencia, y tener problemas de salud previos (físicos o mentales).

Consideraciones y Perspectivas Futuras

Para mitigar los riesgos asociados al cuidado, es fundamental tomar medidas preventivas. Estas incluyen pedir y aceptar ayuda, organizar el cuidado de manera más manejable y cuidar la propia salud a través de actividad física, alimentación saludable y descanso adecuado.

Sería conveniente continuar con la línea de investigación sobre las LME y la sobrecarga en cuidadores, con mayor disposición de tiempo y recursos, para establecer relaciones causales precisas y extender las conclusiones a poblaciones más amplias.

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