Las personas mayores tienden a experimentar cambios en sus patrones de sueño durante la vejez, y no es extraño que presenten periodos de somnolencia prolongada o incluso se queden dormidas con facilidad durante el día. Aunque dormir es fundamental para reponer energías, un sueño excesivo, especialmente durante las horas diurnas, puede ser indicativo de un trastorno subyacente. Los problemas del sueño son frecuentes en la tercera edad. En general, la cantidad necesaria de sueño permanece constante a lo largo de la vida adulta, recomendándose de 7 a 8 horas todas las noches. Sin embargo, a medida que envejecemos, a menudo experimentamos menos sueño profundo y más despertares nocturnos, lo que puede llevar a una sensación de no haber descansado adecuadamente.

¿Qué es la Hipersomnia en personas mayores?
La Hipersomnia es un trastorno del ciclo del sueño que se caracteriza por una necesidad excesiva de dormir a todas horas, durante todo el día, sin una causa aparente que lo justifique. Es la alteración del sueño contraria al insomnio, y se manifiesta con periodos extendidos de sueño nocturno o por somnolencia diurna persistente, incluso después de haber dormido adecuadamente durante la noche. Cuando las personas mayores se quedan frecuentemente dormidas y con extrema facilidad, sin que exista una causa evidente, lo más probable es que sufran de hipersomnia.
Este trastorno afecta la calidad de vida de quienes la padecen, dificultando actividades cotidianas como trabajar, estudiar o conducir. La hipersomnia, tanto en ancianos como a todas las edades, provoca limitaciones funcionales en el individuo y reduce su rendimiento intelectual. A menudo, las personas con hipersomnia no se sienten descansadas, por muchas horas que hayan dormido, y pueden despertarse desorientadas.
Síntomas principales de la somnolencia diurna excesiva
Para considerar que un paciente padece Hipersomnia, los síntomas y las alteraciones del sueño deben permanecer, por lo mínimo, más de un mes. Algunos de los síntomas frecuentes son:
- Somnolencia diurna excesiva o somnolencia prolongada.
- Desorientación, especialmente al despertar.
- Fatiga constante, aun sin realizar esfuerzo físico.
- Ansiedad.
- Pérdida de apetito y, en algunos casos, hiporexia.
- Reducción en las interacciones y relaciones sociales.
- Falta de coordinación para realizar actividades básicas.
- Pérdida de concentración al hablar.
- Irritabilidad, mal humor y cambios bruscos del estado de ánimo.
- Pérdida de memoria y deterioro cognitivo.
- Depresión.
La somnolencia diurna en exceso en los adultos mayores puede producir alteraciones en su estado de ánimo, cambios de humor o ansiedad. Incluso, la hipersomnia se ha relacionado como una posible causa de depresión en personas mayores.
Tipos de Hipersomnia en adultos mayores
Se identifican tres tipos principales de hipersomnia en adultos mayores, cada uno con características particulares:
- Hipersomnia idiopática con sueño reducido: Es la forma más suave de somnolencia, ya que no afecta en exceso el tiempo de vigilia del paciente. Se presenta cuando la persona duerme entre 6 y 10 horas por la noche, necesita una o dos siestas durante el día y, además, resulta complicado despertarla.
- Hipersomnia idiopática con sueño prolongado: En este caso, la somnolencia se presenta durante el sueño nocturno, al dormir alrededor de doce horas. Coincide que, a pesar de descansar todas esas horas, familiares o cuidadores tienen dificultades para despertarles por la mañana. Las personas afectadas duermen durante el día prolongadas siestas de varias horas si no se les despierta.
- Hipersomnia recurrente: Se diferencia de los otros dos tipos porque es una somnolencia diurna puntual y no continua. Aparece entre una y diez veces en un año y es el tipo menos frecuente en ancianos, afectando principalmente a hombres adultos.

Causas de la Somnolencia Diurna Excesiva en ancianos
Para abordar la somnolencia en ancianos, es crucial identificar sus causas, que pueden ser diversas y a menudo interactúan entre sí.
Factores relacionados con el descanso nocturno
- Falta de reposo en el sueño nocturno: Es una de las principales causas de somnolencia diurna. Patologías como las apneas (pausas frecuentes en la respiración), el síndrome de piernas inquietas o el insomnio nocturno, propios de edades avanzadas, interfieren en el descanso. Las apneas, en particular, son un síntoma habitual en personas que sufren hipersomnia.
- Trastorno de movimiento periódico de las extremidades: Interrumpe el sueño debido a contracciones repetidas de las piernas o patadas durante el sueño, lo que resulta en somnolencia diurna.
- Síndrome de piernas inquietas: Dificulta conciliar el sueño y mantenerse dormido debido a una necesidad incontrolable de mover las piernas (y a veces los brazos) y sensaciones desagradables.
Enfermedades subyacentes
La somnolencia diurna puede producirse en personas que padecen algún tipo de enfermedad degenerativa. Estas patologías afectan directamente al ciclo del sueño, provocando la necesidad de siestas durante el día.
- Enfermedades neurológicas: Como el Alzheimer, el Parkinson o la demencia senil. En algunas fases de la demencia se pueden presentar síntomas como somnolencia diurna excesiva e insomnio nocturno.
- Enfermedades cardiovasculares: Estudios recientes han revelado que la hipersomnia puede estar vinculada con condiciones como hipertensión o insuficiencia cardíaca. Los episodios de somnolencia excesiva pueden ser un signo temprano de problemas coronarios.
- Depresión y problemas de salud mental: La depresión en adultos mayores es una causa frecuente y subyacente del decaimiento físico y emocional, a menudo acompañada de somnolencia excesiva, tristeza profunda y aislamiento social. La ansiedad y el estrés acumulados también pueden interferir con el sueño.
- Trastornos metabólicos o infecciones: Pueden desequilibrar los procesos del sueño.
Efectos secundarios de medicamentos
Muchos fármacos pueden reducir la energía del paciente y provocar hipersomnia durante el día. Los antidepresivos, anticonvulsivos, sedantes y otros fármacos similares pueden originar la hipersomnia. Es fundamental revisar la medicación que recibe el anciano, ya que muchos pueden provocar somnolencia y pérdida de apetito como efectos secundarios. Algunos medicamentos también pueden afectar el sentido del gusto o el olfato, haciendo que la comida resulte menos atractiva.
Otros factores
- Metabolismo lento: El metabolismo de un anciano que duerme mucho suele ser más lento, lo que puede llevar a una menor necesidad de ingesta calórica y, consecuentemente, a una reducción del apetito.
- Falta de actividad física: La inactividad contribuye al aumento de la somnolencia diurna y puede alterar los patrones de sueño.
- Falta de exposición a la luz solar: La luz solar brillante ayuda a regular la melatonina y los ciclos de sueño-vigilia. Una exposición insuficiente puede desregular estos ritmos.
- Estrés y aislamiento social: Los cambios importantes en la vida, como la jubilación, la muerte de un ser querido o la mudanza, pueden causar estrés. La carencia de interacción social frecuentemente desencadena depresión y ansiedad, condiciones que suelen manifestarse mediante alteraciones del sueño.
- Entorno de sueño deficiente: Un dormitorio ruidoso, demasiado caliente o frío, o con demasiada luz, puede impedir un sueño reparador.

Trastornos del sueño relacionados
Además de la hipersomnia, existen otros trastornos del sueño que pueden afectar a las personas mayores y contribuir a la somnolencia diurna excesiva.
Insomnio
El insomnio es la dificultad para conciliar el sueño o para permanecer dormido, el hecho de despertarse de madrugada o las alteraciones en la calidad del sueño que hacen que este parezca insuficiente o poco reparador. Puede ser un trastorno en sí mismo o un síntoma de otras condiciones.
- Insomnio de conciliación: Dificultad para quedarse dormido, a menudo por preocupaciones o un desajuste del reloj interno del cuerpo con el ciclo de luz y oscuridad (trastornos del ritmo circadiano).
- Insomnio de mantenimiento: La persona se duerme sin dificultad pero se despierta horas después y no vuelve a conciliar el sueño fácilmente, o tiene un sueño inquieto y poco reparador. Es más frecuente en personas mayores.
Narcolepsia
La Narcolepsia es un derivado de la hipersomnia, caracterizada por somnolencia excesiva diurna, alteraciones en el sueño nocturno y alucinaciones. Lo que también la diferencia es la parálisis momentánea del sueño (cataplexia), donde el paciente se mantiene consciente, pero su cuerpo está dormido durante unos segundos. Además, el paciente tiene la facilidad de despertarse bien, pero volver a dormirse a los pocos minutos.
Síndrome de Kleine-Levin (Síndrome de la Bella Durmiente)
Este síndrome se caracteriza por la presencia de episodios de profunda hipersomnia. Las alteraciones cognitivas y conductuales son características, afectando las capacidades de razonamiento, memoria y físicas, influyendo significativamente en la calidad de vida de la persona.
Síndrome del ocaso (Sundowning)
Es una de las causas de agitación nocturna en ancianos más comunes, afectando sobre todo a mayores con demencia. Se relaciona con los ritmos circadianos, el ciclo biológico que se ve afectado principalmente por la luz y la oscuridad, alterando el aviso natural del cuerpo sobre cuándo dormir y cuándo despertar. Las personas con enfermedades neurodegenerativas suelen tener niveles reducidos de melatonina, lo que agrava este síndrome.
Diagnóstico de la Hipersomnia
Si un anciano presenta somnolencia diurna excesiva de forma continua, se queda dormido sin motivo o duerme más de lo habitual sin sentirse descansado, es importante acudir al médico. El diagnóstico preciso es fundamental para determinar la causa y el tratamiento adecuado.
- Test de Latencias Múltiples (TLM): Se emplea para evaluar el grado de somnolencia excesiva. Consiste en controlar el tiempo que tarda el paciente en dormirse en cinco siestas (con una separación de dos horas) durante un mismo día. Si la latencia de entrada en sueño es menor de 5 minutos, se diagnostica hipersomnia.
- Polisomnografía: Generalmente se realiza durante la noche en una unidad del sueño. Registra la actividad eléctrica del cerebro (EEG), movimientos oculares, frecuencia cardíaca (ECG), actividad muscular y respiración. Permite detectar trastornos respiratorios como la apnea del sueño, trastornos convulsivos, narcolepsia, y movimientos inusuales durante el sueño.
- Prueba de mantenimiento de la vigilia: Determina si la persona puede mantenerse despierta mientras permanece sentada en una habitación silenciosa, ayudando a evaluar la gravedad de la somnolencia diurna y la seguridad en actividades cotidianas.
- Diario del sueño: El médico puede pedir a la persona afectada que lleve un registro detallado de sus hábitos de sueño, uso de sustancias, medicamentos y niveles de estrés.

Estrategias de Prevención y Tratamiento
El tratamiento de la hipersomnia se centra en corregir la causa subyacente y adoptar hábitos que promuevan un sueño reparador y una vida activa. No existe una cura como tal para la hipersomnia, pero se obtiene muy buena respuesta pautando hábitos enfocados a rutinas que garanticen una vida activa y saludable.
Higiene del sueño y hábitos saludables
La calidad del sueño puede mejorar significativamente con pequeños ajustes en el entorno y en las rutinas diarias.
- Establecer una rutina de sueño regular: Adquirir rutinas de descanso basadas en dormir alrededor de 7 u 8 horas diarias, estableciendo esquemas de sueño estables. Esto contribuye a regular los ciclos circadianos y evita la tendencia al retraso de fase sueño. Acuéstese más temprano y mantenga un horario de dormir constante.
- Crear un entorno óptimo para el sueño: Mantener una temperatura fresca y confortable en la habitación, minimizar el ruido ambiental (con aislantes acústicos o máquinas de ruido blanco) y utilizar cortinas opacas para evitar la entrada de luz. Asegurarse de que el dormitorio esté tranquilo, oscuro y fresco, y que la cama sea cómoda.
- Siestas preventivas de corta duración: Si son cortas (15-45 minutos) y tempranas (en las primeras horas de la tarde), pueden mejorar el estado de alerta sin interferir con el sueño nocturno.
- Evitar estimulantes antes de dormir: Limitar el consumo de cafeína al final del día y evitar beber alcohol antes de acostarse.
- Cenas sanas y ligeras: Consumir purés, sopas o ensaladas, y evitar comidas abundantes o picantes justo antes de acostarse.
- Actividad física adecuada: Realizar ejercicio físico regular (natación, baile, caminatas) que libera sustancias químicas que favorecen un sueño más reparador. Evitar el ejercicio vigoroso justo antes de dormir.
- Técnicas de relajación: Practicar la respiración profunda o meditación antes de acostarse puede ayudar a conciliar el sueño más fácilmente. Evitar ver la televisión o usar dispositivos electrónicos con luz en los momentos previos a ir a la cama.
- Aumentar la exposición a la luz diurna: Intentar exponerse al menos dos horas al día a la luz solar para regular los niveles de melatonina y los ciclos de sueño-vigilia.
Intervenciones no farmacológicas
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): Esta forma de psicoterapia aborda los pensamientos, preocupaciones y conductas negativas que impiden un buen sueño. Se ha demostrado más eficaz para el insomnio crónico que los medicamentos recetados, sin sus riesgos ni efectos secundarios.
- Terapia corporal: Consiste en enseñar ejercicios que mantengan despierto al paciente cuando detecte síntomas de somnolencia.
- Psicoeducación: Profesionales de la psicología pueden emplear la psicoeducación con el paciente y su entorno, enseñándoles a controlar su nivel afectivo, conductual y social.
Tratamientos farmacológicos
- Estimulantes: Pueden favorecer la actividad diaria del paciente y reducir los episodios de somnolencia e hipersomnia en ancianos. Sin embargo, pueden empeorar las actuaciones impulsivas y aumentar las alucinaciones, por lo que su uso debe ser bajo estricta supervisión médica.
- Revisión de medicación: Hablar con el médico sobre ajustes de dosis o alternativas menos sedantes puede ser clave para reducir la somnolencia inducida por fármacos.
- Pastillas para dormir: Su uso debe ser limitado y bajo prescripción médica, ya que muchas tienen efectos secundarios y no están destinadas a uso a largo plazo, pudiendo incluso empeorar el insomnio a largo plazo si no se usan correctamente. No deben combinarse con alcohol.
Apoyo psicológico y social
La inactividad contribuye al aumento de la somnolencia diurna. Participar en actividades que fomenten la concentración y la interacción social es beneficioso.
- Compañía y conversación: La compañía de familiares, amigos o de otros residentes en centros de día o residencias ayuda a permanecer activos a nuestros mayores y evitar las siestas recurrentes.
- Actividades estimulantes: Talleres de memoria, juegos de mesa, caminatas al aire libre o cualquier ejercicio de bajo esfuerzo pueden mejorar el estado de ánimo y la motivación. Los centros de día son espacios ideales para mantenerse activos y socializar.
- Apoyo emocional: Brindar apoyo emocional, escuchar y compartir tiempo con el anciano es fundamental para su bienestar, especialmente si la somnolencia se relaciona con la depresión o el aislamiento.
Higiene del sueño. Adara Navalón
Cuándo acudir al médico y señales de alarma
Si detectamos alguno o varios de los síntomas descritos de forma continua, lo más recomendable es consultar con un especialista del sueño o geriatra. Así, podrá determinar las causas y asesorar sobre cómo ayudar al familiar. Debe acudirse al médico con prontitud si se tienen signos de alarma, tales como:
- Quedarse dormido mientras se conduce o durante otras situaciones potencialmente peligrosas.
- Quedarse dormido de forma repentina y frecuente.
- Dejar de respirar durante el sueño o despertarse con respiración boqueante o con sensación de asfixia (referido por un compañero de cama).
- Moverse con violencia o herirse a uno mismo o a otros durante el sueño (sonambulismo o parasomnias).
- Un trastorno cardíaco o pulmonar no estabilizado.
- Crisis de debilidad muscular (crisis catapléxicas).
- Un accidente cerebrovascular reciente.
- Si los síntomas relacionados con el sueño afectan a las actividades cotidianas o persisten más de una semana a pesar de cambios en los hábitos.
- Pérdida de interés, desorientación, caídas, ronquidos con pausas o pérdida de peso significativa.
- Cambios repentinos en el comportamiento, como irritabilidad, confusión o desorientación.
- Negarse a comer o beber durante más de 24-48 horas.
Si un anciano presenta somnolencia diurna excesiva de forma continua, se queda dormido sin motivo o duerme más de lo habitual sin sentirse descansado, es importante acudir al médico. También si deja de realizar actividades, pierde apetito o muestra cambios de ánimo.

Recomendaciones para cuidadores
Cuando cuidamos a una persona mayor, es frecuente notar cambios en sus rutinas diarias, especialmente en el tiempo que dedican a dormir. Si el sueño excesivo se acompaña de deterioro cognitivo, caídas o aislamiento, se recomienda reforzar el cuidado de la persona mayor.
- Acompañar y animar a una vida más activa: Además de proporcionar compañía y conversación, se pueden dar paseos, realizar algún tipo de ejercicio de bajo esfuerzo o jugar a juegos de concentración.
- Monitorear cambios: Monitorear regularmente la alimentación, el sueño, el peso y el comportamiento del anciano permite detectar a tiempo cualquier cambio significativo.
- Brindar apoyo emocional: La compañía y el afecto son fundamentales para su bienestar. Escuchar y compartir tiempo con el anciano puede mejorar su estado de ánimo y motivación.
- Considerar ayuda profesional: Si los síntomas persisten o generan preocupación, contar con el apoyo de profesionales especializados puede marcar la diferencia. Pueden existir diversas causas por las que un anciano no quiere comer y tenga alteraciones del sueño, lo que se traduce en una disminución de la energía y pérdida de peso.
Dormir mucho en mayores puede ser normal si hay siestas y noches fragmentadas, pero un cambio brusco o somnolencia diurna excesiva sugieren revisar fármacos y salud. Una somnolencia llamativa o dormir muchas horas de forma repentina merece una revisión integral que incluya salud, fármacos y hábitos.