El contexto de envejecimiento avanzado de la población plantea importantes desafíos para las políticas de protección social y la organización social de los cuidados en los diferentes países. La mayor parte de los estudios realizados en la región sobre población mayor y provisión de cuidados se han centrado en los espacios urbanos, y no así en las especificidades y desigualdades que ello supone para los contextos de ruralidad. Actualmente, los países de la región se enfrentan a la llamada "crisis de los cuidados", un proceso signado por un aumento sostenido de las necesidades de cuidados al mismo tiempo que disminuye el número de personas disponibles y/o dispuestas para cuidar.

La Crisis de los Cuidados y sus Particularidades en el Medio Rural
En las sociedades rurales, que en general son más envejecidas y masculinizadas, esta crisis de los cuidados se ha generado por varios procesos sociales. Destacan los movimientos migratorios desde el campo hacia centros urbanos -con mayor incidencia entre las mujeres-, el acelerado envejecimiento, la progresiva incorporación de las mujeres al mercado de empleo y las transformaciones en los arreglos familiares. En un contexto de insuficientes servicios e infraestructura del cuidado, esta crisis deja en evidencia la injusta distribución social de los mismos y pone en tensión los contratos de género y generaciones en torno al cuidado.
La discusión sobre los cuidados de personas mayores en espacios rurales implica también considerar la forma en que se configuran las vejeces y el lugar social que ocupan en estos territorios. Envejecer en el campo está fuertemente marcado por la condición y posición de género, definiendo importantes diferencias en cuanto al envejecimiento activo y el cuidado. Las personas mayores transitan la vejez con una fuerte participación tanto en el trabajo -productivo en el caso de los varones y reproductivo en el caso de las mujeres-; como en organizaciones sociales -reivindicativas los varones y de sociabilidad las mujeres-; y orientadas al cuidado -del territorio en los varones y del cuerpo en las mujeres-. En definitiva, las diferentes vejeces van a determinar, entre otras, la forma en que se posicionan las personas mayores en relación con la autonomía/dependencia, las preferencias y prácticas de cuidado, y su rol como personas que requieren y/o proveen cuidados.
Organización Social de los Cuidados: Feminización y Desafíos Rurales
Los estudios sobre la organización social de los cuidados abordan las diferentes formas dinámicas en que el Estado, el mercado, las familias y la comunidad interactúan para ofrecer servicios e infraestructura de cuidados, y los modos en que las personas se benefician de ellos. Estos han mostrado que históricamente las organizaciones sociales de los cuidados presentan una desigual distribución y que las responsabilidades de cuidado recaen en las familias, particularmente en las mujeres y de forma no remunerada.
Esta situación se constata especialmente en la provisión de cuidados a personas mayores en contextos de ruralidad, donde el cuidado se desarrolla casi exclusivamente por las mujeres de la familia. Este rasgo de feminización y el modelo familiarista en la provisión del cuidado se mantiene a pesar de que en las últimas décadas se generan ciertas transformaciones en los modelos de cuidado a partir de la emergencia de masculinidades cuidadoras y la presencia de redes vecinales-comunitarias que proveen cuidados. Esto deviene de una serie de factores estructurales y simbólicos que ocurren simultáneamente.
En las zonas rurales, los servicios públicos e infraestructura del cuidado son más escasos y las barreras para acceder a ellos son mayores, ya que se encuentran más distantes y el transporte público es insuficiente. En particular para personas mayores y en situación de discapacidad, las carencias son mayores. A su vez, en la población rural hay una fuerte preferencia por el cuidado familiar. Especialmente entre las personas mayores, hay un deseo explícito de que sea la familia la que brinde los cuidados en caso de necesidad. La familia es vista como el espacio idóneo para el cuidado, donde los afectos y los vínculos de sangre son garantía del cuidado de calidad que generalmente es provisto por las hijas, hermanas, parejas y/o nueras. Ello permite, además, permanecer en el mismo hogar donde han residido toda la vida sin tener que abandonar el espacio cotidiano, lo que en el caso de las personas que viven en contextos de ruralidad, puede implicar inclusive el desarraigo del espacio rural.
Claramente esta preferencia está condicionada por la falta de servicios públicos y es estimulada por la persistencia de la división sexual del trabajo y la naturalización de mujeres como cuidadoras. En este sentido, los estereotipos y mandatos de género colocan en las mujeres la responsabilidad de las tareas vinculadas al cuidado. Cuidar es una obligación que simultáneamente es percibida como un acto de amor que permite devolver a padres y madres lo recibido a lo largo de la vida.

Las Personas Mayores con un Doble Rol: Receptoras y Cuidadoras
Este rol de cuidadoras que les es asignado tempranamente a las mujeres se extiende a lo largo de toda su vida. Diversas investigaciones muestran que las personas mayores, particularmente las mujeres, no son únicamente receptoras de cuidados, sino que también, en muchos casos, son proveedoras de cuidados. Es así como las personas mayores cuidan de sus nietos/as mientras sus padres trabajan o emigran hacia otras zonas en búsqueda de oportunidades laborales y educativas; de sus parejas; de sus hermanos/as; de sus padres/madres; de sus suegros/as. Por tanto, en las zonas rurales las personas mayores juegan un papel sustantivo en el entramado de cuidados, ya que, como se ha dicho, "en el campo se envejece cuidando".
El Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC) en Uruguay
En Uruguay, la provisión de cuidados a personas mayores, al igual que ocurre con el resto de las personas en situación de dependencia, ha descansado tradicionalmente sobre la familia, y particularmente en las mujeres a partir de su trabajo no remunerado. La oferta de servicios de cuidado para personas mayores es muy insuficiente y está estratificada: las alternativas que ofrece el Estado son limitadas y dispersas, mientras que las opciones del mercado sólo son accesibles para quienes tienen ingresos más altos. Concomitantemente, la amplia mayoría de la población considera que la situación más deseable para el cuidado de las personas mayores son los cuidados familiares y especialmente a través de los miembros de las familias.
Uruguay es un país pionero en la creación de un sistema nacional de cuidados en el marco del cual se propone garantizar el derecho al cuidado de la población, desde una perspectiva que promueve la corresponsabilidad social y de género. A partir del año 2015, con la aprobación de la Ley 19.353 que crea el Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC), dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, el cuidado se establece como un derecho de la población. El SNIC se concibe como un conjunto de políticas integrales que incluye prestaciones totalmente nuevas, así como la coordinación, consolidación y expansión de algunos servicios ya existentes. El cuidado se encuentra reconocido como un derecho humano fundamental por la CIPDHPM.
Contar con una atención en cuidados de calidad para personas mayores en situación de dependencia resulta muy importante para preservar su autonomía, entendida por el SNIC como “el derecho y la capacidad de la persona de decidir y ejercer el control de su propia vida”. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2021), la población total de Uruguay es de 3.541.859 personas, el 14.8% de las cuales tiene 65 años o más. Uruguay se encuentra dentro de los países de transición demográfica avanzada, con baja natalidad y baja mortalidad. Asimismo, la esperanza de vida de las mujeres es mayor que la de los varones. Es posible que las personas mayores en situación de dependencia estén expuestas a otros factores de riesgo, destacándose la probabilidad de sufrir abuso y/o maltrato. De acuerdo con cifras de 2022, el 80% de los casos aceptados para intervención corresponden a mujeres.
Sistema Nacional Integrado de Cuidados
Servicios del SNIC para Personas Mayores en Contextos Rurales
En lo que refiere al cuidado de personas mayores que habitan en espacios rurales, el SNIC ofrece servicios de alcance nacional y otros específicos para contextos de ruralidad:
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Programa de Asistentes Personales
Este programa, establecido en 2016, está orientado a brindar cuidado y asistencia personal para las actividades de la vida cotidiana a personas en situación de dependencia severa, especialmente mayores de 80 años. El programa subsidia hasta el cien por ciento de los honorarios de un/a asistente personal, con una carga máxima de ochenta horas mensuales. La contratación la realiza directamente la persona que recibe la prestación (o su familia), quien define el tipo, la forma y la duración de las tareas, así como el lugar en el cual se desarrollan. En 2020, había 786 personas con el servicio activo en el medio rural, la mitad de las cuales eran de 80 años o más. Las personas que cuidan son mayoritariamente mujeres (97%), concentrándose en el tramo etario de 30 a 59 años (80%), y solo un tercio ha realizado el curso de capacitación obligatorio.
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Teleasistencia en Casa
Este servicio, dirigido a personas mayores de 70 años en situación de dependencia leve o moderada, permite avisar a la familia, persona de referencia y/o centros médicos ante cualquier incidente mediante una tecnología de pronta respuesta. Funciona a través de una pulsera o collar que activa una conexión por teléfono las 24 horas, todo el año. Es un servicio con subsidio, parcial o total, en función de los ingresos del hogar. En 2021, 126 personas mayores en el medio rural contaban con cobertura de Teleasistencia en casa.
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Centros de Larga Estadía para Personas Mayores (ELEPEM)
Estos centros son de dos tipos: con fines de lucro (residenciales) y sin fines de lucro (hogares), estos últimos pertenecientes a diferentes asociaciones civiles, fundaciones e instituciones religiosas. El Ministerio de Salud y el Ministerio de Desarrollo Social, en el marco del SNIC, definen las condiciones de funcionamiento, regulación y fiscalización. Estos centros pueden recibir un aporte económico a través del Programa Cupo Cama, gestionado por el Banco de Previsión Social, que es un subsidio para personas mayores de 65 años de bajos ingresos para financiar su cuidado de larga estadía. En contextos de ruralidad, los centros de larga estadía son muy pocos -actualmente hay tres hogares sin fines de lucro habilitados por el MSP-MIDES-, y en ellos trabajan casi exclusivamente mujeres, en general con bajo nivel educativo y escasa formación en cuidados. El Instituto Nacional de las Personas Mayores (INMAYORES) es el organismo rector que promueve y garantiza la protección de derechos hacia las personas mayores que residen en los ELEPEM.
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Asistentes Personales Comunitarias
Este servicio se crea desde y para los territorios rurales. Estas iniciativas surgen a partir de la identificación por parte del gobierno local (Municipio o Intendencia) de un grupo de personas mayores con necesidades de apoyo para la realización de tareas de la vida cotidiana. Se plantea el servicio de asistencia a domicilio, de carácter colectivo, con el objetivo de que las personas mayores puedan mantenerse en su entorno de vida y fomentar su autonomía. Para ello se contrata un grupo de cuidadoras que desarrollan una multiplicidad de tareas (alimentación, higiene, limpieza del hogar, administración de medicamentos, pago de cuentas, mandados, lectura, acompañamiento, entre otras). Hasta el momento se han desarrollado dos iniciativas en los pueblos de Vergara (2019-2020, finalizada por falta de recursos financieros) y La Charqueada (desde 2018), que contaron con apoyos puntuales del SNIC.
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Espacios Multimodales de Cuidados
Mencionado como un servicio específico para contextos de ruralidad.
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Programa Centro de Día (CD)
Este dispositivo representa una posición intermedia en la cadena de cuidados, entre el domicilio y la institucionalización. Brinda apoyos integrales a personas de 65 años o más, en situación de dependencia leve o moderada que residen en sus hogares, ofreciendo un espacio socioterapéutico polivalente mediante un régimen ambulatorio.
Formación y Profesionalización de Cuidadores
El Curso en Atención a la Dependencia es una instancia formativa destinada a las personas que trabajan en cuidados remunerados. Su objetivo es garantizar la calidad de los cuidados de las personas mayores en situación de dependencia, así como promover su profesionalización, valorización y regulación de su tarea. Esta formación es fundamental para el desarrollo de un sistema de cuidados de calidad.

Impacto de los Servicios Públicos en la Organización Social de los Cuidados
El desarrollo de servicios públicos e infraestructura del cuidado en el medio rural es fundamental para generar transformaciones en la actual injusta organización social de los cuidados. Cuando se instalan los servicios, además de promover el acceso por parte de la población mayor, el cuidado familiar y el cuidado informal entre los vecinos se transforma y disminuye, generando modificaciones en las relaciones sociales de la comunidad y en los valores tradicionales del cuidado. Se produce una redefinición del "deber filial" y sentido de obligación en la medida en que se garantiza el cuidado de las personas mayores a la vez que se brinda un respaldo y justificación para no cuidar -a quienes no pueden o no quieren cuidar- sin que ello suponga una penalización social.