Características de la Población Cuidadora Informal

El cuidado es una actividad inherente al ser humano, y el cuidado informal es aquel realizado por un familiar o por personas cercanas que no reciben remuneración y, en general, no es reconocido.

Introducción al Cuidado Informal

El interés por el cuidado informal, que se define como la prestación de cuidados de salud a personas que los necesitan por parte de familiares, amigos, vecinos y, en general, miembros de la red social inmediata que no reciben retribución económica, ha aumentado en las últimas décadas.

Tres factores clave han situado el cuidado informal en el centro del debate sobre políticas de bienestar: el creciente aumento de la demanda de cuidados, el cuestionamiento sobre la futura disponibilidad de cuidadoras informales y las reformas de los sistemas sanitarios y de atención social. Con el progresivo envejecimiento de la población y la mayor supervivencia de personas con enfermedades crónicas y discapacidades, no solo aumenta el número de personas que necesitan cuidados, sino que este incremento va acompañado de una mayor exigencia en su prestación.

Entre los cambios que afectan la disponibilidad de cuidadores informales, la progresiva incorporación de las mujeres (principales cuidadoras) al mercado laboral es un factor crítico. Sin embargo, la incorporación de los hombres al trabajo reproductivo se desarrolla a un ritmo mucho más lento, lo que significa que la mayoría de las mujeres siguen asumiendo la responsabilidad del cuidado y el elevado coste para su propia calidad de vida.

Las reformas de los servicios sanitarios, por otro lado, enfatizan la atención a la salud en el propio entorno, convirtiendo el hogar en un escenario de atención sanitaria donde convergen el sistema profesional y el informal. Esto implica un desplazamiento de cuidados, a menudo más complejos, hacia el sistema informal. A pesar de esto, el sistema actual de atención a la salud en muchos países sigue centrado en la atención a la enfermedad en sus fases agudas, con escaso desarrollo de servicios de atención social y una deficiente coordinación e integración sociosanitaria.

Los servicios formales (profesionales) participan de forma minoritaria en el cuidado continuado de las personas dependientes que viven en la comunidad. De hecho, el conjunto de las familias constituye un sector de prestación de servicios de salud que supera con creces el volumen de trabajo de todas las restantes instituciones sanitarias. Este fenómeno se observa también en otros países; por ejemplo, en Canadá, se estima que entre un 85% y un 90% del total de cuidados prestados es de tipo informal, incluso incluyendo el cuidado hospitalario e institucional.

Diversas investigaciones confirman consistentemente que la familia es la principal proveedora de cuidados de salud. Del total de cuidados que reciben las personas mayores, entre el 80% y el 88% los reciben exclusivamente de la familia, mientras que los servicios formales solo proveen un 3%. En el caso de personas con otros tipos de dependencia, las cifras varían desde un 50% para deficiencias psíquicas o un 70% para discapacidad física, hasta un 83% para enfermos no graves.

En Estados Unidos, hay 52 millones de cuidadores/as informales de personas adultas enfermas o discapacitadas, y 25.8 millones prestan cuidados de asistencia personal. En Canadá, la población que "presta ayuda a personas con enfermedad crónica o discapacidad" se estima en 3 millones, y en el Reino Unido se cifra en 5.7 millones la población de cuidadores/as (un 17% de los hogares). En España, un 20.7% de los adultos presta ayuda para la realización de las actividades de la vida diaria (AVD) a una persona mayor con la que convive, y el 93.7% de ellos tiene vínculos familiares con la persona a la que cuida. Es notable que, mientras el 24.5% de las mujeres prestan cuidados, solo lo hace el 16.6% de los hombres.

Gráfico de barras comparando el porcentaje de hombres y mujeres que asumen roles de cuidado informal en diferentes países.

El Concepto y las Características del Cuidado Informal

El concepto de "cuidado informal" ha evolucionado en los últimos años, influido por la ideología feminista y diversos paradigmas. En la década de los setenta, el enfoque se centró en la reivindicación del cuidado como trabajo oprimido y la demanda de su reconocimiento político. En los años ochenta, el paradigma evolucionó hacia el significado del cuidado para las mujeres, su identidad y su visión del mundo. Finalmente, en los noventa, la conceptualización del cuidado tomó dos direcciones: el "paradigma de la diferencia", que atiende a las relaciones de poder, y el "paradigma universalista", que busca resolver las tensiones entre la ética del cuidado y la ética de la justicia, situando el cuidado como un elemento importante para la ciudadanía y la práctica democrática.

Cuidar puede entenderse como un trabajo, una actividad que consiste en la ejecución de una serie de tareas y que conlleva costes. Sin embargo, esta visión ha sido cuestionada: el cuidado es tanto físico como emocional, implica tareas, pero también relaciones y sentimientos, lo que le confiere una dimensión relacional. También posee una dimensión ética y política, ya que trasciende el contexto social y físico meramente interpersonal. La identificación del cuidado con la dependencia también ha sido criticada, ya que devalúa el cuidado si se asocia a un estado indeseable de insuficiencia y se basa en una concepción dual (cuidador-receptor), cuando el cuidado es, en realidad, una relación de interdependencia.

Determinadas características del cuidado informal afectan directamente su visibilidad y reconocimiento social. Se trata de un trabajo no remunerado, prestado en virtud de relaciones afectivas y de parentesco, y que se desarrolla en el ámbito privado de lo doméstico. Además, en nuestras sociedades, cuidar de niños, personas mayores o enfermas de la familia forma parte de una función tradicionalmente adscrita a las mujeres como parte de su rol de género. Por estas características, las personas cuidadoras han sido históricamente un grupo social "invisible" y particularmente vulnerable.

Impacto del cuidado en la vida de la cuidadora principal

El trabajo de cuidar y las condiciones en que se desarrolla afectan la vida de la cuidadora principal por diversas razones. El tipo de tareas realizadas está determinado por las necesidades del beneficiario, y en ocasiones la demanda es tal que puede superar las posibilidades de la cuidadora, una situación más problemática cuando hay varios beneficiarios. Cuidar implica el desarrollo de actividades diversas y, con frecuencia, la asunción de múltiples roles, siendo la cuidadora "enfermera", "psicóloga", "consejera", "abogada" y "empleada de hogar".

Las cuidadoras adoptan a menudo otros roles de manera simultánea: son cuidadoras a la vez que madres, esposas, hijas, amas de casa y/o trabajadoras. La dificultad para compatibilizar estas responsabilidades repercute negativamente en sus vidas. La "jornada laboral" de una cuidadora no tiene principio ni fin, característica compartida con otras actividades del trabajo reproductivo, donde el tiempo tiene un desarrollo circular, no lineal como en el trabajo productivo.

Además, muchas cuidadoras cuentan con escasa ayuda de otras personas para realizar estas tareas, algunas de ellas difíciles de asumir por una sola persona. Finalmente, las cuidadoras deben afrontar situaciones especialmente difíciles, sobre todo en circunstancias de agravamiento o crisis en el estado del beneficiario.

Infografía que ilustra los múltiples roles y la carga de tareas de un cuidador informal.

Desigualdades de Género en el Cuidado Informal

Las cifras que ilustran el predominio de las mujeres como cuidadoras son abrumadoras: el 60% de los cuidadores principales de personas mayores, el 75% en el caso de personas con discapacidad y el 92% de los cuidadores de personas que necesitan atención por cualquier motivo son mujeres. Un estudio también evidenció que la población cuidadora es de predominio femenino, con baja escolaridad, y en edad adulta tanto en cuidadores como en receptores de cuidado, con vínculo familiar.

Las mujeres asumen con frecuencia el papel de cuidadoras secundarias, de tal manera que, cuando una cuidadora principal necesita ayuda, suele recurrir a otra mujer de la familia: madre, hermana o hija. Según datos de una encuesta sobre demandas sociales de cuidado de la salud infantil, las madres asumían mayoritariamente la demanda generada por la enfermedad infantil (83%), seguidas por las abuelas (7%). La implicación de estas últimas aumentaba al doble (14%) si la madre tenía un empleo, a diferencia de la participación de los padres, que fue del 2%, independientemente de si las madres trabajaban fuera de casa o no.

Actualmente, se puede asumir que el cuidado informal se resuelve fundamentalmente a costa del trabajo y el tiempo de las mujeres; en otras palabras, el cuidado informal "se escribe en femenino singular". Sin embargo, no todas las mujeres participan por igual en el cuidado: son las mujeres de menor nivel educativo, sin empleo y de niveles inferiores de clase social quienes configuran el gran colectivo de cuidadoras informales. Este hecho agrava la desigualdad de la carga, ya que aquellas con empleo y buenas condiciones laborales, o mayores ingresos que les permiten contratar ayuda, tienen un mejor acceso a los recursos de apoyo que quienes no están en esta situación.

Contemos los cuidados. Una experiencia social para visibilizar los cuidados

Diferencias en el tipo de actividades y tiempo dedicado

Las diferencias de género no solo son evidentes en la proporción de mujeres y hombres que asumen el papel de cuidadores, sino también en las características del cuidado que prestan, tanto en el tipo de actividades como en el tiempo dedicado. El "trabajo" de cuidar implica una variedad de tareas, desde atención personal e instrumental, hasta vigilancia, acompañamiento, cuidados sanitarios complejos y gestión con servicios de salud. Cuidar también significa dar apoyo emocional y social.

Las mujeres cuidadoras asumen con mayor frecuencia los cuidados de atención personal e instrumentales y están más implicadas en las tareas de acompañamiento y vigilancia, es decir, asumen los cuidados más pesados, cotidianos y que exigen una mayor dedicación.

Las investigaciones sobre cuidado informal y reparto del tiempo indican que las mujeres dedican más tiempo a cuidar que los hombres. Según datos del Panel de Hogares de la Unión Europea para 1999, el 67% de las mujeres dedicaban más de 40 horas semanales al cuidado diario de niños en España, frente a un 18% de los hombres; en el caso del cuidado de adultos, las proporciones eran del 47% frente al 12%, respectivamente. Esta tendencia se repite en los países de la UE, donde las mujeres de 20 a 49 años invierten 45 horas semanales o más en el cuidado de niños, mientras los hombres no llegan a dedicar más de 30 horas.

En definitiva, las mujeres cuidadoras experimentan diferentes contextos socioeconómicos y expectativas respecto a su rol de género en comparación con los hombres que cuidan. Esto provoca una mayor dedicación de tiempo al cuidado y que ellas asuman con más frecuencia la responsabilidad de cuidar a más de una persona. Igualmente, las mujeres cuidadoras ofrecen formas más intensivas y complejas de cuidado, enfrentan más dificultades en la prestación de cuidados y tienen que equilibrar el cuidado con otras responsabilidades familiares y laborales con mayor frecuencia que los hombres. El cuidado, en suma, interfiere en la vida cotidiana de las mujeres mucho más que en la de los hombres, y las sitúa en un mayor riesgo de padecer consecuencias negativas por ello.

Impacto General del Cuidado Informal

La responsabilidad de cuidar supone una elevada dedicación en tiempo para las cuidadoras, pero el "coste" de cuidar es mucho más amplio que el resultado de sumar las horas dedicadas a determinadas tareas: la vida de la cuidadora principal se ve condicionada por su papel.

tags: #poblacion #cuidadora #informal #carcteristicas