La Educación Parvularia ha sido reconocida en Chile como el primer nivel del sistema educativo desde hace 24 años, con el objetivo de fomentar el desarrollo integral y los aprendizajes significativos en niñas y niños desde el nacimiento hasta los seis años. La relevancia de esta etapa inicial es indiscutible, y disciplinas como la neurociencia han contribuido a validar su importancia.
Cada 22 de noviembre se conmemora el Día de la Educación Parvularia, una fecha que recuerda la creación de la primera escuela de Educación Parvularia en la Universidad de Chile en 1944.
La Formación y el Rol de las Educadoras/es de Párvulos
La formación de las educadoras y educadores es crucial para abordar las necesidades de la infancia, especialmente en contextos de vulnerabilidad.
Claves en la Malla Curricular
Al respecto, la Directora de Carrera de Párvulos de la Universidad del Desarrollo, María Josefina Valdivia, indica que “en la malla curricular de la formación de educadoras/es debe estar presente el aprendizaje de las áreas del desarrollo psicológico, psicomotor y neurocientífico”. Esto garantiza que los profesionales comprendan a fondo los procesos de crecimiento y aprendizaje infantil.
Otra de las áreas importantes en la formación, según María Josefina, es el aprendizaje al aire libre, dado que el exterior favorece la indagación, la observación y el descubrimiento. “El cerebro logra aprender a través de los sentidos, del pensamiento, y del hacer, creando aprendizajes más profundos. Esto se acompaña de un contexto relajado, bientratante, dulce y entretenido. Niñas y niños necesitan indagar, descubrir y sorprenderse en un entorno natural, tocar los colores, el verde en los árboles, el gris en el cemento, que sus aprendizajes sean vivenciales”.

Por su parte, Carmen Gloria Negrotti, directora del Departamento de Educación Parvularia de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), destaca los cambios en la formación de la carrera para adaptarse a las nuevas necesidades del entorno y las características de las infancias. El enfoque de derechos en la formación inicial también es un aspecto relevante.
Impacto y Compromiso con la Infancia Vulnerable
La educación en la primera infancia (0 a 6 años) es vital en la formación de los niños, ya que impacta directamente en el desarrollo cognitivo y socioemocional de su proceso de aprendizaje. “Está comprobado desde la investigación científica que lo que ocurre en los primeros seis años de vida es fundamental. En esta etapa se adquieren las herramientas para enfrentar la vida escolar y el desempeño futuro, por lo que la formación de los estudiantes de Educación Parvularia es esencial”, explica María Francisca Valenzuela, directora de la Escuela de Educación de Párvulos.
Contribuir a la educación de los niños más vulnerables es un eje central en la Escuela de Educación de Párvulos. Esta escuela, la primera de una universidad privada acreditada por siete años, materializa su compromiso a través de diversas iniciativas. Por ejemplo, las prácticas se realizan en establecimientos educacionales de la Red de Centros de Prácticas de la Facultad de Educación que, entre otros requisitos, deben contar con estudiantes con condiciones de vulnerabilidad.
Los educadores también se han vinculado a organizaciones, sociedades científicas y asociaciones que les permiten estar al día en temas de primera infancia. María Francisca Valenzuela y la investigadora Pelusa Orellana han participado en diversas iniciativas relacionadas con políticas públicas, como la preparación de material de capacitación para educadoras de todo Chile, por encargo de la Subsecretaría de Educación Parvularia.
Además, los investigadores trabajan en temas como la medición y mejora de las interacciones entre educadora y niño/a; las dinámicas educadora-niño/a y el desarrollo socioemocional; la evaluación de habilidades de autorregulación en niños de 3 y 4 años en contexto de pandemia, y la promoción de la autorregulación y su impacto en el rendimiento y desarrollo matemático en niños de 4 a 5 años, entre otros.
La Vulnerabilidad en la Infancia Latinoamericana y Chilena
La infancia en Latinoamérica aún padece enormes brechas sociales, amplificadas por los regímenes político-sociales actuales, a pesar de que muchos países muestran ostensibles indicadores económicos y discursos llenos de eslóganes que hacen pensar lo contrario.
Políticas y Caracterización de la Vulnerabilidad en Chile
En Chile, la discusión (aunque a veces limitada) ha logrado sensibilizar a distintos actores, lo que ha permitido implementar programas como Chile Crece Contigo (CHCC). Este programa busca proteger y fomentar el desarrollo integral de los niños, principalmente en los sectores más vulnerables, asegurando el cumplimiento de sus derechos.
Desde el año 2005, se realiza una caracterización en los niveles básico y medio que permite clasificar individualmente a los estudiantes en cuatro grupos o niveles de vulnerabilidad escolar, en función de variables sociales, económicas, de salud y académicas. Para el caso de los estudiantes parvularios, desde el año 2007, en el marco de un convenio de trabajo conjunto entre el Ministerio de Desarrollo Social (MDS) y la Junaeb, se cuenta en Chile con la aplicación de un censo en la población de este nivel.
Este instrumento tiene como propósito recoger información de tipo biomédico, cultural, educacional y conductual de niños y niñas de entre 4 y 5 años 11 meses de edad, que asisten a establecimientos subvencionados por el Estado y cursan los niveles más altos del sistema parvulario. Dada la importancia para las políticas públicas, la identificación de perfiles en niñas y niños del nivel parvulario, así como el contexto donde se desarrollan, es fundamental.
Conceptualización de la Vulnerabilidad
La vulnerabilidad es un concepto abordado desde diferentes enfoques y en variadas disciplinas, desde la economía hasta el cambio climático. En todos ellos presenta algunas características transversales, como su sentido anticipatorio, la multidimensionalidad y el carácter latente. En la mayoría de las conceptualizaciones, intenta describir un estado próximo o anterior a la manifestación de algún tipo de daño o deterioro de las condiciones de vida general o en algún plano específico.
En América Latina, la vulnerabilidad ha sido utilizada como una medida complementaria de la pobreza mediante el enfoque de activos, vulnerabilidad y estructura de oportunidades (AVEO), introducido a finales de la década de los noventa por autores como Filgueira y Katzman (2001). Su orientación teórica y metodológica está dirigida a describir los aspectos dinámicos de la pobreza, la búsqueda de una cuantificación de los riesgos sociales y la capacidad potencial de movilización de activos con que cuentan las personas u hogares para poder hacerles frente, en un contexto social dominado por la incertidumbre (Pizarro, 2001; Katzman, 2000).
A partir de dicho enfoque, la vulnerabilidad social puede ser estructurada en tres componentes:
- Los activos
- La estructura de oportunidades
- Las instituciones y las relaciones sociales
Conceptualmente, la vulnerabilidad implica la noción de riesgo frente a la posibilidad de empobrecerse más allá de cierto nivel (línea de pobreza), por lo tanto, tiene una connotación socioeconómica, añadiendo un aspecto dinámico y más amplio que la sola existencia de carencias asociadas a la pobreza. En este sentido, incluye a las personas u hogares declarados pobres, pero también a los que tienen alta probabilidad de empobrecerse en el futuro.
Este enfoque distingue tres tipos de factores que inciden en la condición de vulnerabilidad social que experimentan los hogares:
- Un bajo nivel de activos económicos en relación con las necesidades del hogar.
- Un nivel de exposición a riesgos económicos que es elevado en relación con los activos del hogar.
- Una ausencia relativa de mecanismos de defensa frente a riesgos.
En esta misma línea, Silva y Barriga (2009) entienden la vulnerabilidad social como una situación en que se ponen en riesgo los instrumentos productores de certezas, dentro de los cuales se encuentran el acceso a la educación y al empleo, la integración social, la calidad de vida del individuo y de su entorno, así como los derechos básicos a nivel del individuo y de la familia.
Vulnerabilidad Educativa y el Rol de la Escuela
La vulnerabilidad en el contexto educativo, particularmente en Chile, se introdujo para explicar el fracaso escolar en términos de proceso, asumiéndola como un concepto que otorga una perspectiva más amplia e integral para entender la relación dinámica que desarrollan los factores de riesgos y protectores de la trayectoria escolar entre sujetos, familias y/o comunidades (Junaeb, 2005).
A pesar de que dicha concepción reconoce la existencia de factores múltiples asociados a la vulnerabilidad escolar, en lo operativo se reduce a una medida socioeconómica donde no se capturan los riesgos implícitos en, por ejemplo, el establecimiento y sus dinámicas educativas, la estructura de la familia o el contexto barrial. Esto desatiende a autores como Meinardi (2009), quien señala que en la vulnerabilidad escolar no solo impactan factores de origen socio-familiar, sino que la escuela en sí misma puede jugar un rol mediador de la vulnerabilidad, en la medida que la comunidad escolar y los docentes puedan atender y educar en contextos de alta vulnerabilidad.
En esta misma línea, Julio (2009) señala el error de relacionar directamente la vulnerabilidad social con la educativa, cuando esta última se entiende como “la fragilidad que pueden tener los niños y niñas, como legítimos aprendices, de fracasar en el sistema escolar para lograr las metas que este les impone, a través de formas prescritas por ley y por el currículo nacional explícito”.
vulnerabilidad en la primera infancia
El presente trabajo busca revelar los distintos elementos de riesgo presentes en los niños y niñas del nivel parvulario del sector subvencionado chileno, así como los contextos familiares y, en un sentido más amplio, el comunal, situándolos dentro de la discusión de pobreza multidimensional y vulnerabilidad. Estos dos conceptos se consideran complementarios. El segundo contribuye a explicar la dinámica de las trayectorias de vida de las familias que padecen necesidades básicas importantes, o bien, están inmersas en riesgos de padecerlas. En este sentido, tanto la condición de pobreza como la de vulnerabilidad, aunque no definen necesariamente condiciones como la deserción escolar, son el punto de partida de las desventajas sociales que el sistema escolar por sí solo no podrá subsanar y que, con posterioridad, generarán trayectorias de vidas precarias.
Factores que Inciden en el Desarrollo Infantil y la Vulnerabilidad
El desarrollo infantil se entiende como un proceso continuo donde los diversos eslabones son determinantes para los subsiguientes y puede ser afectado de forma negativa o positiva por múltiples factores biológicos, socioculturales y ambientales que actúan incluso antes del nacimiento a través de la interacción del niño o niña como organismo biológico con su medio más próximo, su sistema social y su ambiente (Bedregal, 2008; Hermida, Segretin, Lipina, Benarós & Colombo, 2010).
El desarrollo infantil óptimo tiene relación con la capacidad del niño para adquirir comportamientos y habilidades culturalmente relevantes que le permitirían responder de forma efectiva en su contexto actual, así como adaptarse con éxito cuando el contexto cambia y pueda él mismo construir el cambio (Evans, Myers & Milfeld, 2000). Esta perspectiva es coherente con la teoría ecológica propuesta por Bronfenbrenner, quien señala que el desarrollo puede ser entendido como un proceso progresivo de acomodación entre el ser humano activo y su ambiente constantemente cambiante (CHCC, 2008).
Desde una perspectiva de trayectoria vital, el desarrollo infantil podría verse afectado a largo plazo por el ambiente al cual está expuesto el niño o niña durante su primera infancia. En este sentido, la desventaja social se podría transmitir de manera intergeneracional (Rajmil, Díez & Peiró, 2010).
Se puede sostener, entonces, que existe una relación entre el desarrollo infantil y la exposición del niño a ciertos factores biológico-culturales, de acuerdo al período en que estos se presentan, su duración en el tiempo, su acumulación y la susceptibilidad de cada individuo frente a los mismos. Esto significará efectos diferentes asociados a las oportunidades de crecimiento, desarrollo mental, educación e inclusión social (Hermida et al., 2010).
Factores de Riesgo y Protección
En relación con los factores de riesgo y protectores sobre el desarrollo infantil temprano en países de ingreso medio y bajo, se ha confirmado la relevancia de:
- La inadecuada estimulación cognitiva.
- El retraso en el crecimiento.
- La deficiencia de yodo y anemia por deficiencia de hierro.
Estos son factores que impiden alcanzar un pleno desarrollo a millones de niños. Además, se ha fortalecido la evidencia de otros factores como:
- El retraso del crecimiento intrauterino.
- La exposición a tóxicos medioambientales.
- La depresión maternal.
- La mala nutrición de la madre y del niño.
- La exposición a estrés derivado de la pobreza.
- La presencia de enfermedades infecciosas.
- Discapacidad.
- Ausencia de una buena interacción con el cuidador.
- El vivir en un hogar de menores.
- Estar expuesto a contextos de violencia (Walker et al., 2011).

Respecto a los factores protectores, aunque conceptualmente distintos, muchos de ellos son los inversos de los factores de riesgo. Hay que señalar que la presencia de factores de riesgo nunca es aislada: generalmente se dan de manera combinada y compleja, se amplifican en contextos empobrecidos (no solo materialmente) y presentan efectos acumulativos a lo largo del tiempo. Por ello, se hace necesario contar con intervenciones tempranas e integrales que permitan corregir de la manera más efectiva las desigualdades presentes en los niños o niñas. Además, se deben potenciar los factores protectores de tal manera que los efectos se atenúen y se evite el deterioro de las trayectorias de vida, lo que implica pérdidas para la sociedad en su conjunto.
Medición de la Vulnerabilidad en Párvulos
Existe una amplia relación entre vulnerabilidad y bienestar, donde altos niveles de bienestar implican mejores condiciones para lograr un desarrollo adecuado, lo que a su vez está asociado casi siempre con menores niveles de vulnerabilidad (Junaeb, 2005).
Dimensiones y Metodología
Para la evaluación de la vulnerabilidad se eligieron dimensiones basándose en la teoría, la disponibilidad de información y los propósitos institucionales. Inicialmente, se plantea la descomposición de la vulnerabilidad en cinco dimensiones:
- Salud
- Condición socioeconómica familiar
- Estimulación y apoyo
- Familia
- Contexto socioeconómico comunal
Cada una de estas dimensiones contiene aspectos relevantes para el normal desarrollo infantil, así como también condiciones que pueden desfavorecerlo. Estas dimensiones representan tanto los intereses para la Junaeb como la posibilidad de contar con información; sin embargo, excluyen aspectos relevantes para la definición de la vulnerabilidad respecto al desarrollo infantil, como por ejemplo el desarrollo psicomotriz o la consideración del establecimiento como unidad contextual.
Trabajando por dimensión, se generaron cinco índices, cuyas ponderaciones y agregaciones se efectuaron mediante el método de componentes principales (ACP). Este procedimiento ha sido ampliamente utilizado en la construcción de indicadores, fundamentalmente socioeconómicos (Howe et al., 2008; Vyas and Kumaranayake, 2006; Grisales y Arbeláez, 2008), y para medir vulnerabilidad social asociada a desastres (Cutter et al., 2003).
Para el caso de las variables cualitativas, se llevaron a cabo valoraciones de las categorías mediante la cuantificación óptima, para obtener variables con escalas de medidas continuas. Dicho proceso se efectuó mediante el algoritmo de análisis de componentes principales para datos categóricos (Grisales y Arbeláez, 2008). Se cuidó que todas las variables presentaran un gradiente monótono positivo, con valores bajos para las condiciones más negativas en el desarrollo infantil y valores altos en aquellas que lo favorecen. Una vez cuantificadas las variables, se aplicó un ACP, obteniendo cinco índices mediante la primera componente principal. Posteriormente, se aplicó un ACP tradicional con las cinco variables, desde donde se obtuvo un índice de vulnerabilidad global para párvulos (IVP).
Para tratar multidimensionalmente la vulnerabilidad, se pueden adaptar los requerimientos exigibles a las metodologías para la medición de la pobreza multidimensional (Alkire y Foster, 2007; Coneval, 2008), las que deben resolver algunos criterios básicos previamente. Se definirá a un sujeto vulnerable multidimensional en función de una medida de vulnerabilidad global, utilizando el IVP antes mencionado y la cantidad de dimensiones, de las cinco tratadas, que presentan algunos de los factores definidos como críticos para el desarrollo infantil. Estos factores críticos son:
- El niño o niña presenta caries y no asiste a control dental.
- El niño o niña presenta obesidad u obesidad mórbida.
- El niño o niña presenta desnutrición severa.
- El niño o niña presenta retraso de crecimiento.
- El niño o niña posee una enfermedad crónica.
- El niño o niña posee alguna condición de discapacidad.
Estos factores son definidos en gran parte de la literatura como condiciones que impiden un normal desarrollo infantil, y además, se pueden medir de manera objetiva. Los resultados se clasifican en categorías de vulnerabilidad (baja, media o alta).
Las métricas utilizadas son:
- Incidencia (H): porcentaje de la población con una determinada característica, como la vulnerabilidad multidimensional.
- Profundidad (A): número promedio o proporción promedio de dimensiones con riesgos.
Análisis de Datos
Los datos analizados corresponden a la evaluación de la encuesta de párvulos de 2012, que la Junaeb, en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social, levanta año a año en la población del sistema parvulario chileno. Una vez realizadas las cuantificaciones (cuyos resultados se muestran en el anexo 1), se procedió en cada una de las dimensiones a la aplicación de un análisis de componentes principales.
Nota: El test de Bartlett permite decidir sobre la prueba de hipótesis de no correlación entre las variables. El test KMO (Kaiser-Meyer-Olkin) mide la adecuación de la muestra, y mientras más cerca de 1, la adecuación es mejor.
Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta de párvulos del año 2012.
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