Trágica Muerte y Aislamiento: El Caso de Alejandro y Francisco Ortega en Chiguayante

La comunidad de Chiguayante se vio conmocionada por el trágico hallazgo de Alejandro Ortega y su hijo Francisco, encontrados sin vida en su hogar. Sus cuerpos permanecieron en la vivienda durante semanas, un hecho que puso de manifiesto el aislamiento social, la ausencia de redes de apoyo y la inmensa presión emocional que experimentan muchas personas cuidadoras en Chile.

El Doloroso Hallazgo en Chiguayante

La alarma se encendió cuando, por tercera semana consecutiva, el personal del consultorio municipal de Chiguayante no obtuvo respuesta durante su visita habitual al domicilio de los Ortega. Si bien la casa parecía vacía, desde una ventana entreabierta, los funcionarios notaron una extraña acumulación de moscas, lo que generó preocupación.

Poco después, Carabineros llegó al lugar. Sus funcionarios saltaron la reja y descubrieron que, aunque había varias chapas de seguridad en la entrada principal, estas no estaban activadas. Al ingresar a la vivienda, no se encontraron signos de robo ni rastros de ocupantes, solo un inquietante silencio.

A las 12:38 de ese mismo día, 22 de febrero, Bomberos de Chiguayante recibió el llamado de los uniformados por una “urgencia no clasificada” y se movilizaron rápidamente al sector de Manantiales, en la misma comuna, en la Región del Biobío. Carabineros y el equipo de voluntarios lograron remover la puerta del baño, donde finalmente descubrieron los cuerpos de Alejandro y Francisco Ortega. La noticia dejó perplejos a los vecinos y se difundió con rapidez.

Foto de fachada de casa en barrio residencial de Chiguayante

Las Primeras Hipótesis y la Realidad de una Familia

Las primeras hipótesis, basadas en el historial médico de ambos, indican que Alejandro, un viudo de 58 años, habría fallecido a causa de un ataque al corazón. Su hijo Francisco, un joven de 26 años, totalmente dependiente, ciego y con un retraso cognitivo severo desde su nacimiento, habría muerto posteriormente por inanición, aunque la información concluyente aún está pendiente. El alcalde de Chiguayante, Antonio Rivas, lamentó profundamente la situación, destacando que el municipio asiste permanentemente a 250 personas postradas en la comuna y cuenta con un equipo multidisciplinario para su cuidado.

Lo que se sabe es que ambos vivían en una especie de burbuja, donde uno era el centro del mundo del otro. Alejandro había asegurado a un juez, cerca de ocho años antes, en medio del trámite para convertirse en representante legal de su hijo al cumplir los 18: “Desde hace 15 años he sido yo quien siempre ha cuidado y velado por el bienestar de Francisco Ortega Tapia, puesto que yo soy el padre, quien puede y quiere asumir dicha función y hacerme responsable de los cuidados que él necesita”.

Una Vida de Dedicación y Sacrificios

La Corporación de Ayuda al Limitado Visual (Coalivi), en el centro de Concepción, fue uno de los lugares donde mejor los conocieron. Irene Medina, quien tuvo una de las relaciones más cercanas con los Ortega, describe a Francisco: “Era un niño con muchas necesidades: ciego, con parálisis, se manejaba solo en silla de ruedas, tenía movimiento en las manos, pero muy limitado. Decía pocas palabras, y era muy lento en su tiempo de respuesta. Conectaba sí, cosas básicas, como el saludo. Era dependiente cien por ciento. Si don Alejandro no lo movía, Francisco no se movía, si no le daba comida, él no comía”.

La vida de Alejandro Ortega estuvo marcada por las pérdidas. En 1993 se casó con Marta Tapia, y dos años después nació Francisco, diagnosticado con Amaurosis (ceguera congénita), asociada a un retraso psicomotor y microcefalia. Marta le confió a una asistente social que estaba tranquila porque sabía que su hijo estaría bien cuidado.

Irene Medina relata el nivel de entrega de Alejandro: “En un momento don Alejandro dejó de trabajar para cuidar a su hijo. Después nunca más lo hizo y se dedicó cien por ciento a él. Esa fue su vida por más de 20 años. Renunció a su vida como hombre, como trabajador, porque era un profesional. Dejó todo para estar con su hijo, porque nadie lo iba a cuidar mejor”.

Así, con un estipendio municipal por ser cuidador de un paciente postrado, la ayuda económica mensual de un tío materno, el apoyo de su madre y diversos programas estatales, Alejandro abandonó su profesión de contador auditor para convertirse en cuidador a tiempo completo. Su dedicación era tal que, a pesar de la condición de su hijo, “era un niño postrado, en silla de ruedas, pero nunca tuvo una llaga. En la pandemia, recién le salió una escara y Alejandro se sintió tan culpable”.

Esta entrega se vio reflejada en la descripción del Segundo Juzgado Civil de Concepción al evaluar la tuición de Francisco en 2014, juicio que se realizó para que Alejandro fuera el representante legal de su hijo conforme a la ley 19.954.

Ilustración de un cuidador dedicando su vida al cuidado de una persona dependiente

El Aislamiento y la Personalidad Reservada

El relato de quienes compartieron con Alejandro enfatiza que su aprehensión por proteger a su hijo casi no dejaba espacio para recibir ayuda. “No nos dejaba entrar a su casa. Si teníamos que hacer una visita domiciliaria no lo permitía. Con él se pudo hacer muy poquito”, señalan. Cuando Francisco era más pequeño, Coalivi le ofreció integrarlo a colegios cercanos y también le sugirió al padre participar en un programa de redes comunitarias para evitar la soledad y tener a quién recurrir en emergencias.

Una característica de Alejandro era su personalidad reservada, a veces al extremo, un rasgo que, según expertos como el psicólogo social Patricio Saavedra, se observa en otros cuidadores. Saavedra argumenta que “los cuidadores se vuelven figuras invisibles”. El sector de Los Manantiales en Chiguayante, donde residían, es un área residencial con casas grandes y terrenos amplios. Los vecinos los veían poco, y muchos ni siquiera sabían que Alejandro tenía un hijo. “Nunca supe que tenía un hijo”, confesó un residente.

El carácter reservado de Alejandro se acentuó con el tiempo. Además de Francisco, también cuidó a su madre, con quien vivieron juntos varios años hasta su fallecimiento en 2019 a los 79 años. Tras esto, no le quedó nadie más en la región, y al parecer, incluso a la familia de su esposa, les pedía que le avisaran con mucha antelación si querían visitarlos, teniendo casi nula relación con otros familiares, más allá del apoyo económico de un tío materno.

Con la llegada de la pandemia y el egreso de Francisco del programa de Coalivi al cumplir la edad máxima (25 años), su aislamiento se agudizó. Aunque los vecinos intentaron integrarlo e incluso realizaron una campaña para llevarle pañales, Alejandro no los recibió.

Infografía sobre la invisibilidad de los cuidadores en la sociedad

El Desafío del Cuidado en Chile: Estadísticas y Apoyos

Este caso tristemente ilustra una problemática más amplia en Chile. Según el Segundo Estudio Nacional de la Discapacidad de 2015, realizado por Senadis, poco más de 1 millón de personas tienen dependencia funcional, y el 41.2% de ellas cuentan con asistencia para sus actividades cotidianas. Rodrigo Larraín, sociólogo y académico de la U. Central, subraya la falta de comunicación en estos casos: “no es que las personas sean malas, es que no estaban conscientes de lo que ocurría”.

Apoyos Existentes y sus Limitaciones

La principal herramienta de apoyo en el país es el Subsistema Nacional de Apoyos y Cuidados, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Esta iniciativa trabaja localmente con los municipios y se enfoca en atender al 60% más vulnerable, según el Registro Social de Hogares. Su objetivo es prevenir la progresión de la dependencia, promover la autonomía y ayudar a los tutores, ofreciendo servicios de atención en el hogar, apoyo a la adaptación de la vivienda y alivio al cuidador, entre otros.

Según el Senadis, esta política llega actualmente a 3.766 personas y 3.276 cuidadores, con una proyección de aumento para este año a 5.360 y 4.663 beneficiarios, respectivamente. Además, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia entrega un aporte monetario máximo mensual de $29.682 a los cuidadores de personas con dependencia severa.

Cecilia Goldzweig, directora nacional (s) del Senadis, añade que el servicio cuenta con el “Programa Tránsito a la Vida Independiente”, que favorece la inclusión social de personas con discapacidad y dependencia entre 18 y 59 años, habiendo beneficiado a 1.169 personas en 2021 a través de modalidades individuales y colectivas.

No obstante, los municipios enfrentan desafíos significativos. El edil de Chiguayante señaló: “Estamos preocupados porque nos toca hacer mucho con pocos recursos. Tenemos en Chiguayante $156 mil per cápita”, en referencia a los ingresos comunales divididos por el número de habitantes. La soledad y la abrumadora carga de trabajo que enfrentan los cuidadores son otros de los principales problemas a resolver. Mariela Serey, profesora y madre de una niña con parálisis cerebral, destaca que al “transformarnos en cuidadoras dejamos de pertenecer a todo; de ser mujeres; esposas; parte activa de la sociedad”.

Temática Alzheimer: "Cuidadores", un documental de Oskar Tejedor

Hacia un Sistema Nacional de Cuidado

Patricio Espinola, presidente de la Fundación Encuentros Alzheimer, afirma que la figura del cuidador “muchas veces se adopta por una necesidad familiar, por una necesidad moral”. La desconexión con el entorno y la dificultad para disfrutar de sus propias vidas se vuelve una realidad para muchos. Mariela Serey, quien formó parte del organismo que redactaría la futura Constitución, apunta a que “el actual sistema tiene una mirada de asistencialismo y no una perspectiva de cambio social”, y enfatiza: “Llegamos específicamente para dejar consagrado el derecho al cuidado”. El presidente Gabriel Boric ha establecido como prioridad que Chile cuente con un Sistema Nacional de Cuidado, con un foco especial en la corresponsabilidad.

La Investigación y el Futuro Descanso

La última visita en la que el equipo del Centro de Salud Familiar Chiguay pudo conversar con Alejandro y atender a Francisco fue el 25 de enero de 2022. El personal los visitaba una vez por semana como parte del programa de asistencia a personas postradas, pero durante todo febrero nadie respondió. Los funcionarios supusieron que la ausencia se debía al período estival, pero las señales de insectos alrededor de la casa generaron preocupación, lo que llevó a llamar a Carabineros ante la imposibilidad de ingresar.

La investigación se ha dilatado debido a las pesquisas. Según fuentes cercanas al caso, al inicio fue complejo identificar a Francisco porque no se detectaban sus huellas dactilares. Lo más probable es que los Ortega terminen enterrados uno junto al otro en el cementerio de Concepción, aunque aún no hay fecha clara para su sepultura.

Un allegado, conmovido por la situación, reflexionó: “Fue muy dramático, pero ¿sabes? si uno conoce sus vidas, ninguno hubiera sobrevivido sin el otro. Tenían una simbiosis tan, pero tan grande. Si el papá se atrasaba un poco, Francisco estaba todo el rato: papá, papá, nervioso”.

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