Desde los primeros instantes de vida, las manos de un bebé se convierten en herramientas fundamentales para explorar y comprender el mundo que les rodea. Es bien sabido que los bebés, al comenzar a descubrir su entorno, se llevan todo a la boca para experimentarlo, siendo esta su forma de conocer texturas, formas y objetos. Este instinto se manifiesta incluso antes de nacer y, al nacer, llevarse una manita a la boca es un signo claro de hambre.
Sin embargo, existe otro momento muy habitual y significativo en el que muchos bebés buscan introducir su pequeña mano en la boca de la madre, especialmente durante la lactancia. Aunque podría parecer una simple manía, este gesto tiene una profunda razón y un nombre propio.
La "Mutualidad" de Winnicott: La Primera Interacción Social
El reconocido pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott, tras sus estudios, explicó que el hecho de que un bebé introduzca su mano de forma instintiva en la boca de la madre mientras es amamantado, tiene una explicación clara y la denominó mutualidad. En sus resultados, Winnicott detalla que, cuando la interacción es positiva, existe acogida e intercambio de miradas entre la madre y su bebé. En este contexto, el niño, apoyado en el regazo, comienza a aprender el significado de este concepto.
Para Claudia Aller, guía Montessori para bebés de 0 a 3 años, este acto es el "inicio de una vida social saludable". Según Aller, las primeras semanas de vida del bebé son cruciales, porque madre y bebé son todavía uno y es vital seguir alimentando ese momento de conexión. Para el bebé, la madre es un punto de referencia esencial, ya que le proporciona cariño y amor, le aporta tranquilidad y seguridad (habiendo estado nueve meses en su interior), además de alimentarlo. Por tanto, podemos afirmar que esta es la primera experiencia del bebé interactuando con otra persona en el mundo, sus primeros contactos en los que recibe mucha información, por ejemplo, cómo debe ser tratado y cómo se le habla.
De este modo, el bebé se da cuenta de que su madre le proporciona afecto y alimento y, con el tiempo, comienza a sentir el deseo de devolverle ese trato. Esta es la primera señal de la mutualidad y aparece, según Winnicott, de manera espontánea.

Identificación Cruzada y los Pilares de la Interacción
Winnicott, en sus estudios, se refirió a este fenómeno como identificación cruzada, donde el bebé "se identifica con su madre en ese dar y recibir que está sintiendo". Desde que nace, un bebé se encuentra en una relación de dependencia total y absoluta de su madre o cuidador principal, "requiriendo de esta figura estabilidad y continuidad ambiental". Así, el bebé percibe que esta figura le está dando algo y él desea devolverle ese algo. ¿Su forma de hacerlo?
Según la teoría, este proceso de mutualidad se asienta sobre tres funciones clave:
- Dependencia y reciprocidad: El bebé, al recibir cuidado y afecto, desarrolla un deseo intrínseco de reciprocar este trato hacia su madre o cuidador principal.
- El Handling o Sostén: Se define como todos los soportes y cuidados reales que el niño necesita y para los que requiere atención, incluyendo que le miren, le toquen, le acaricien o le hablen. Es la forma en que las manos del cuidador transmiten seguridad y amor.
- La "Presentación del Objeto": Hace alusión a la cualidad especial que todas las madres y cuidadores deberían desarrollar, relacionada con la capacidad de crear una ilusión en el bebé. Esto se ejemplifica con el conocido rol del espejo, donde la mirada de la madre devuelve al bebé su propia imagen (un objeto), a través del enamoramiento con el que lo mira, y el bebé se identifica con ella.
Si se consiguen estas tres funciones, se produce un intercambio que busca ser recíproco y que conocemos como mutualidad. Aunque se habla principalmente de la madre, es importante destacar que no es un fenómeno exclusivo de la lactancia materna ni de la figura materna. Muchos padres y cuidadores principales han experimentado esta interacción al dar el biberón a sus recién nacidos.
Las Manos del Cuidador: Un Canal de Amor y Seguridad
Las manos del cuidador son una expresión fundamental de sensibilidad amorosa y, a veces, pueden indicar una falta de cuidado. El bebé muy vulnerable y dependiente, desde el nacimiento hasta el año de edad, registra ser amado y sintonizado, en parte, a través de cómo las manos del cuidador tocan su cuerpo. No hay impulso, ninguna acción que no se experimente como fantasía inconsciente. Amor reflexivo y agresión desinteresada pueden estar presentes en el momento del toque del cuidador.

La madre, al levantar al bebé, lavar su cuerpo, ponerle el pezón, la tetina o la cuchara en la boca y sostenerlo, transmite a través de su tacto quién es ella. Experimentando el tacto de la madre, el bebé registra en su cuerpo y alma: "soy un bebé amado", "soy un bebé sin interés", "soy un bebé odiado". Estas son experiencias tanto corporales como emocionales existentes en la psique infantil pre-representada, pre-simbólica y pre-verbal del infante.
La Importancia del Sostén Emocional y Físico
En el caso de un bebé ciego, la contención emocional y física del terror se experimenta profundamente a través de las manos de la madre tocando y sosteniendo su cuerpo. La contención física suave pero firme le da al bebé ciego una sensación de "soy amado". Con la ausencia de la vista, el bebé ciego no puede usar el hecho de mirar a la madre como medio de sentirse apegado; no puede encontrar seguridad en estar adhesivamente apegado a la familiaridad de las formas y colores del entorno. Si la madre no llega lo suficientemente rápido, el bebé puede sentir el terror de caer en un espacio sin fin.
Un ejemplo de esta tierna reciprocidad se observa en la pintura de Mary Cassatt (1891), Baby’s First Steps, donde la madre acaricia el pie del bebé, y este responde a la atenta ternura de la madre sosteniendo amorosamente su barbilla. Esto refleja cómo el bebé introyecta una "madre interna" que sostiene y le permite relajar su cuerpo y explorar el mundo. Por ejemplo, al mes de edad, un bebé puede tener el brazo envuelto cerca de su pecho con los dedos cerrados. Después de unos siete minutos en el pecho, extiende su brazo y poco a poco abre sus dedos como pétalos.
Las Manos del Bebé: Un Lenguaje Interno Silencioso
Las manos del bebé son poderosas herramientas de comunicación, capaces de expresar emociones y necesidades incluso antes de que el lenguaje verbal se desarrolle. El psicoanalista infantil Esther Bick enfatizó la potencia que el bebé siente a través del uso de sus manos, otorgándole la posibilidad de asir algo para sentirse psicológicamente seguro. A medida que el infante dependiente y vulnerable se siente menos asustado, en lugar de retirarse de la madre, mueve las manos hacia la madre/padre tocando suavemente sus cuerpos. Este gesto de unirse a ellos e invitarlos sugiere el comienzo del amor dependiente y la gratitud hacia los padres.
bebés de 3 y 4 meses. La comunicación no verbal y diálogo corporal
Expresiones de Confort, Angustia y Agresión
Aproximadamente a los cuatro meses, el bebé puede comenzar a chuparse el pulgar para consolarse, con una preconcepción de encontrar y succionar el pezón de la madre para obtener su leche y mantenerse vivo. Observar con mucho cuidado los detalles en la interacción bebé-madre-padre permite al observador formarse una comprensión de la personalidad en desarrollo del bebé. Una comprensión más profunda del estado mental del bebé se crea a través de la atención a sus manos.
Sin embargo, las manos también pueden comunicar angustia o agresión. Un niño de tres años, Joseph, padecía de odio y agresión hacia sus padres, lo que manifestaba golpeando un piano con sus manos. De manera similar, Marty, a los ocho meses, sufría agonías por la separación de su madre, lo que le llevaba a patear y golpear una botella con rabia.
Manos que se Rinden y Manos Agitadas
No debemos olvidar las "manos que se rinden". Según Sue Reid, cuando la madre no satisface la necesidad primitiva del bebé dependiente de un cuidado sintonizado en el que se satisfagan las necesidades emocionales y físicas, el bebé deja de alcanzar, de asir y se retira. Este es un signo de profunda desesperanza e indefensión infantil.
Un ejemplo conmovedor es Matthieu, un bebé prematuro separado de su madre y su hermana gemela al nacer y colocado en una incubadora. Después de meses de sentirse abandonado, Matthieu se volvió apático, ansioso, desinteresado en alimentarse y dejó de llorar. A veces, sus manos mostraban su desesperación al no poder alcanzar a otros y al no poder agarrar objetos. Sin embargo, al observar cuidadosamente sus movimientos de manos, se notó que todavía rascaba objetos, representando una sensación viva de hostilidad hacia su madre.
Un caso de lenguaje interno a través de las manos fue la bebé Andrea, cuya madre sufría de depresión. Mientras Andrea succionaba el pecho, con los ojos cerrados y el rostro pacífico, sus manos estaban cerradas en puños. Estas manos emitían una historia diferente a la de la tranquilidad, sugiriendo: "tengo que aferrarme a ese pezón con mi boca y mi mano. Mis manos tienen que estar apretadas para que yo pueda mantenerme unida". Las manos apretadas del bebé sugieren un aferramiento adhesivo a las superficies corporales en el contexto de sentirse inseguro con una madre que proyecta depresión. También indican la necesidad de tiempo para que un diminuto infante de 12 días restablezca su equilibrio corporal y estabilidad psicológica frente a la abrumadora novedad de la vida fuera del útero.
En otro momento, cuando la hermana de la madre de Andrea soltó la parte posterior del cuello del bebé mientras lo lavaba, este extendió desesperadamente sus brazos y piernas, moviéndolos rápidamente de manera agitada, con el terror primitivo de morir. Sin embargo, después de 14 días, las manos agitadas de Andrea encontraron una mejor solución, pues agarró fuertemente la blusa de su madre. Las manos le dieron al bebé una sensación de potencia, permitiéndole sentir que podía luchar por su supervivencia.
Las Manos en el Autismo
Las manos que emanan hostilidad pueden no ser tan obvias en bebés autistas más severamente afectados. Didier Houzel (1999), Geneviève Haag (1984) y Bernard Golse (Ouss et al., 2018) nos hacen conscientes de cómo podemos diferenciar las manos de un bebé autista de las de uno con desarrollo normal. Se pueden observar movimientos descoordinados y bruscos, danza de dedos y movimientos de manos incesantes y repetitivos. Estos movimientos repetitivos e ininterrumpidos fueron diseñados originalmente para mantener unida la personalidad fragmentada del recién nacido. En ausencia de un cuidado atento, a veces junto con cierta hipersensibilidad neurológica, el bebé emocionalmente desamparado usa movimientos repetitivos de manos como impedimentos o barricadas para su corazón sufriente y pensante.
Los movimientos de manos incesantes del bebé autista retraído también impiden las relaciones íntimas con la madre y el padre y presentan con frecuencia obstáculos para la relación de alimentación. Ahora se entiende que algunos bebés en riesgo de autismo extienden sus brazos y manos para rechazar al cuidador y a otros. Estos bebés también pueden estar sufriendo el dolor del cólico (Laznik, 2024). Sabemos por Bruce Perry (Perry et al., 1995) que los estados emocionales repetidos del bebé se desarrollan en rasgos de personalidad más permanentes.
Manos que Despiertan el Alma
Un testimonio poderoso de la capacidad de las manos para despertar la conciencia es la experiencia de Helen Keller, ciega, sorda y muda desde los 19 meses de edad. Helen relata cómo su maestra, Anne Sullivan, colocó su mano bajo el agua fresca mientras deletreaba la palabra "agua" en la otra mano. De repente, sintió "una conciencia nebulosa de algo olvidado, la emoción del pensamiento que retorna; de alguna manera, el misterio del lenguaje me fue revelado. Esa palabra viva despertó mi alma, le dio luz, esperanza, alegría, la liberó... cada objeto que tocaba parecía vibrar con vida... eso era porque veía todo con la extraña nueva visión que había llegado a mí". Este relato subraya el potencial transformador del tacto y la comunicación manual.
Las manos, en su compleja danza de movimientos y sensaciones, son verdaderas narradoras del mundo interno del bebé, un lenguaje pre-simbólico que precede a las palabras y revela las profundas necesidades, miedos y deseos del alma infantil. Si el puño cerrado de un bebé comienza a ir a su boca con demasiada frecuencia, debemos preocuparnos, ya que esto puede ser una señal de que el bebé está asustado y enojado por la ausencia de una presencia emocional y física sintonizada.