La imagen de una anciana ayudada por su hija evoca profundas conexiones que trascienden lo meramente físico. Esta silueta representa no solo un acto de cuidado y apoyo, sino también un entramado de lazos biológicos, emocionales y culturales que se transmiten a través de generaciones. A continuación, exploramos las múltiples capas de significado que subyacen en esta relación.
La Conexión Biológica y Genética: Un Legado Materno
Desde una perspectiva biológica, la conexión entre madres, hijas y abuelas es sorprendentemente íntima. Una afirmación que a menudo parece inverosímil, pero que tiene un fundamento, es que todas las mujeres estuvimos, en cierta medida, en el útero de nuestra abuela. Esto se debe a que, desde el nacimiento, las mujeres poseen todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida, aunque en un estado inmaduro. Así, cuando nuestra abuela estaba esperando a nuestra madre, ella ya tenía en sus ovarios los óvulos que más tarde se convertirían en nosotros. Es como si lleváramos, de alguna manera, la herencia genética de nuestras antepasadas.

Aunque la información genética completa proviene de la combinación del material genético de ambos padres, el óvulo contribuye significativamente a la formación del citoplasma del nuevo embrión. El médico cirujano y especialista en genética de la Red de Salud Uc Christus, Guillermo Lay-Son, explica que "uno recibe la información genética de las mitocondrias -encargadas de entregar energía a las células-, principalmente desde origen materno: se hereda estrictamente de madre a hijo o hija".
Esta conexión genética es un argumento que, según Alejandro Jodorowsky, nos une a nuestra abuela materna. Jodorowsky sugiere que la carga genética que se transmite de madres a hijos está estrechamente relacionada también con la abuela materna, aportando más carga genética a sus nietos que los otros abuelos. La ciencia, en ciertos aspectos, confirma que la genética puede pasar de abuelos a nietos, incluso más directamente de la abuela materna.
El Vínculo Emocional y Sociocultural: De la Crianza a los Patrones Repetidos
Más allá de la genética, esta conexión materna tiene un profundo impacto emocional y social. El apego durante el período de lactancia es un momento fundamental en el desarrollo emocional de las personas, moldeando nuestra manera de acercarnos y comprender los vínculos afectivos. La biología deja una huella imborrable y, a menudo, un legado que se transmite de generación en generación.

Sin embargo, la psicóloga clínica y especialista en temas de género, Claudia Muñoz, indica que la construcción de las relaciones con nuestro linaje femenino no solo está determinada por aspectos biológicos, sino también por factores sociales y culturales que pueden tensar dichos vínculos. "Son las historias y el lugar que nos ha dado la sociedad lo que va determinando nuestras posibilidades en la vida. No nuestro cuerpo como tal", afirma Muñoz. Las relaciones madre-hija suelen ser intensas, pero la sociedad a menudo impone "techos invisibles" y una maternidad "condicionada a vivirse sola y con culpa".
La Importancia de las Primeras Relaciones Femeninas
Estas relaciones son sumamente importantes porque son las primeras a las cuales tenemos acceso. En ellas, "quizás podemos ver modelos a seguir o personas para identificarnos", explica Muñoz, añadiendo que "la familia es el primer sistema social al que pertenecemos, entonces todas las personas van a querer tratar de encajar para no perder este espacio, que es nuestro primer espacio. Es un tema de sobrevivencia también. Entonces, muchas veces sostenemos ciertas pautas de conducta porque nos aseguran la pertenencia, impactando en nuestro desarrollo como mujeres".
En la clínica, se observa a menudo la situación de mujeres adultas con "padres idealizados y madres devaluadas, culpabilizadas de forma exclusiva por los problemas que hoy se tienen". Puede existir "dolor por sentir que la madre no cuidó lo suficiente, o al revés: por uno no haber sido suficiente para la madre", dice Muñoz.
Rompiendo Patrones Generacionales
La violencia es uno de los puntos más conflictivos donde las personas repiten patrones por generaciones. "Cuando han existido estas vivencias en otras mujeres que anteceden, es importante ir a revisar qué se ha hecho con esas historias en la familia. Uno puede observar que transgeneracionalmente no se cuestionan esas dinámicas o, derechamente, se aceptan", señala Pía Urrutia. "Es doloroso porque ahí aparece la idea de exclusión familiar cuando logran denunciar y salir de la cultura del silencio".
Para quebrar estos patrones, es crucial revisar las historias de las mujeres de la familia, analizando desde sus procesos de maternidad hasta sus relaciones interpersonales. Otra manera terapéutica, según Urrutia, es "poder rescatar relatos de otras mujeres, que quizás no son de mi familia, pero sí de mi comunidad o ciudad. Eso también puede ser profundamente sanador y puede acolchar estas vivencias cuando se rompe con algún patrón que incluye la exclusión".
Claudia Muñoz concluye que "el trabajo terapéutico permite poder entender también que esa madre es una mujer y persona, quien tiene su propia historia y que crió en un momento sociohistórico determinado. Cuando esta puerta se abre, muchas veces se desidealiza al padre y podemos observar las cosas con perspectiva, entendiendo mejor la propia historia. Entendiendo ese relato, podemos tomar distancia, identificar lo que nos hizo daño, valorar lo que se nos pudo entregar, para poder así elegir caminos propios".
El Rol de la Abuela: Sabiduría, Responsabilidad y Legado
La abuela materna es, para un niño, mucho más que una abuela; es una mujer con experiencia en la vida que tiene una conexión especial. Ella será esa mujer con grandes valores que se transmiten de generación en generación. La realidad de cada familia puede ser muy diferente, y para un niño, la abuela paterna podría tener más presencia; sin embargo, es importante que los padres reconozcan la influencia de las abuelas en el desarrollo emocional de los niños, permitiendo que se nutran de todo lo que tienen para ofrecer.
Convertirse en abuela es una experiencia que colma el corazón de alegría y gratitud. Aunque a menudo se asocia a las abuelas con el "consentir", y se deja la crianza a los padres, la verdad es que ser abuela conlleva una gran responsabilidad. El mundo nos enseña a ser abuelos, y podemos caer en el adoctrinamiento de ser una "abuela alcahueta", título que define a una persona que encubre u oculta algo.
Como abuelas creyentes, la prioridad debe ser agradar al Señor por encima de los nietos. La responsabilidad no es la crianza directa, pues esa recae en los padres una vez que forman sus propios hogares. Sin embargo, la abuela tiene la misión de orar por sus hijos e instruir a sus nietos en la Palabra de Dios. Pablo, en sus cartas, nos muestra destellos de abuelas que edificaron a sus hijas, y cómo esa bendición alcanzó a sus nietos. La edad y la capacidad no deben ser subestimadas. La identidad de la abuela está en Cristo, no en el nieto, y su gozo debe encontrarse en Él, no solo en los nietos. La prioridad sigue siendo Cristo y su reino.
La "Anciana" en las Tradiciones y Relatos: Símbolo de Sabiduría y Transformación
El término "anciana" se refiere a una figura femenina de edad avanzada en diversas tradiciones y relatos, como el Jainismo, el Vaishnavismo y el Kavyashastra. En estos contextos, la anciana puede representar personajes que ofrecen consejo, cuidado o sabiduría, y a menudo desempeñan roles importantes en las narrativas.
- En el budismo, la "Anciana" (o "La anciana") es una figura multifacética. En el Mahayana, simboliza la fe y la pureza, ofreciendo alimento al Buda y obteniendo recompensa espiritual. En el Theravada, la anciana enfrenta adversidades climáticas y representa la generación mayor, a veces en conflicto con la joven. También es la abuela cuidadora del Bodhisatta ternero, la mujer que cuida a los cerdos jóvenes mostrando instinto maternal, o la madre, símbolo de deber familiar. En ocasiones, maldice al rey o es la madre manipuladora de un joven brahmín.
- En el Vaishnavismo, "anciana" se refiere a una mujer mayor, observadora de Krishna y un niño. Esta figura, con sabiduría, instruye y transmite conocimiento, instando a Krishna a abrir su boca. En los Puranas, el término designa a una mujer de edad avanzada que también ayuda a la juventud, ofreciendo direcciones. Se presenta como astuta, manipulando situaciones a su favor, o como un personaje vulnerable en un dharna desesperado. En el folclore, a menudo se la asocia con sabiduría o brujería.
- En el jainismo, la anciana fue una guardiana. Por ejemplo, hospedó al pintor Daraka en Saketa, donde entablaron amistad.
- En la historia de la India, la figura de la "anciana" se manifiesta en diversas formas y roles. Puede proveer refugio (como a Krisha Gautami), ser una víctima (que sufre quemaduras por un ladrón), o desempeñar papeles de gran importancia, desde cuidar a un joven hasta ser una figura misteriosa que ofrece guía. Son símbolos de sabiduría y tradición, parte de rituales de bienvenida o transformación. También pueden ser una fuente de problemas (intentando detener amantes con arroz envenenado), reflejar la pobreza y dureza de la vida (mendiga por pan, lucha por sobrevivir), o influir en el destino de otros (como el de su nieto). En resumen, la "anciana" en las historias indias es un personaje multifacético que encarna la sabiduría, la vulnerabilidad, la tradición y la lucha por la supervivencia. Pueden representar ayuda y consuelo (visitada por una diosa), dolor y pérdida (expresa angustia por su hijo), o incluso aprovecharse de otros.
La referencia a estas tradiciones se basa en artículos sobre budismo, hinduismo, jainismo, historia y otras tradiciones espirituales.