La historia de los setenta ancianos de Israel, quienes acompañaron a Moisés en el monte Sinaí y participaron en momentos cruciales de la formación del pueblo, es un relato fundamental en el Antiguo Testamento. Este episodio, narrado principalmente en los libros de Éxodo y Números, destaca la importancia del liderazgo compartido, la manifestación divina y la institución de una estructura de gobierno para el pueblo de Israel.
La Convocatoria de los Setenta Ancianos
El Liderazgo Compartido ante la Carga del Pueblo
Moisés, enfrentado a la inmensa responsabilidad de guiar a un pueblo numeroso y a menudo quejumbroso en el desierto, experimentó una carga abrumadora. En el capítulo 11 de Números, el Señor le dijo a Moisés: «Reúneme a 70 ancianos de Israel, pero asegúrate que sean jefes del pueblo. Llévalos a la carpa del encuentro y que esperen allí contigo.» Dios prometió: «Yo bajaré a hablar contigo y tomaré parte del Espíritu que está en ti y lo pondré en ellos. Así ellos compartirán contigo la carga que este pueblo representa para ti, de tal forma que no tengas que hacerte cargo de ellos tú solo.»
Esta decisión divina de delegar responsabilidades surgió de la necesidad de apoyar a Moisés, quien ya contaba con Aarón como auxiliar para "servirle en lugar de boca" (Éxodo 4). La institución de los setenta ancianos estaba directamente relacionada con la tradición sobre Moisés, posicionándolos como verdaderos herederos y sucesores de su espíritu.

El Pacto y la Preparación en el Sinaí
Antes de la impartición del Espíritu, en Éxodo 24, el Señor ya había instruido a Moisés: «Sube y preséntate ante mí, junto con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel. Deberán inclinarse a cierta distancia, pero sólo tú te acercarás a mí. Que no se acerquen ellos, y que tampoco suba el pueblo con ustedes.»
Moisés comunicó al pueblo todas las palabras y decisiones del Señor, a lo que respondieron unánimemente: «Acataremos todas las palabras que el Señor ha pronunciado.» Posteriormente, Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor, construyó un altar al pie del monte y erigió doce columnas, una por cada tribu de Israel. Ofreció holocaustos y sacrificios de paz, y roció la sangre del pacto sobre el pueblo, sellando así la alianza entre Dios e Israel.
El Encuentro de los Ancianos con Dios en el Monte Sinaí
La Visión Divina
Después de firmar el pacto, Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta de los ancianos de Israel subieron al monte. Allí, el Éxodo 24:9-10 nos relata que «vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había algo como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.» El texto añade que «vieron a Dios, y comieron y bebieron, porque Dios no levantó la mano contra los príncipes de los hijos de Israel.»
Interpretación de la Visión
La Escritura debe interpretarse a la luz de todo el canon bíblico. Pasajes como el de Juan, que declara que «ningún hombre ha visto a Dios en ningún momento», o la propia declaración de Dios a Moisés de que «Moisés no puede ver el rostro de Dios y vivir», sugieren que la visión de Éxodo 24 no fue una contemplación directa de la esencia divina en su plenitud. Si Moisés no pudo ver el rostro de Dios y vivir, entonces tampoco lo hicieron los ancianos.
Una pista sobre lo que realmente vieron se encuentra en el versículo 10, que menciona una referencia a Sus pies. Se puede suponer que, al encontrarse en la presencia del Señor, incluso desde la distancia permitida, estos hombres tuvieron una reacción similar a otros relatos bíblicos: se postraron en el suelo temiendo por sus vidas. Desde ese punto de vista, lo que pudieron percibir fueron aspectos de la manifestación divina, como los "pies" de Dios y el resplandor semejante a un pavimento de zafiro bajo ellos, simbolizando su gloria y majestad sin ser una visión directa de su rostro.
La Impartición del Espíritu y el Profetismo
El Espíritu se Posa sobre los Ancianos
Posteriormente, en la narrativa de Números, Moisés salió y le comunicó a la gente lo que el Señor había dicho. Reunió a los 70 hombres de los ancianos de Israel y los hizo colocarse alrededor de la carpa. Luego, el Señor descendió en la nube, habló con Moisés, «tomó una parte del Espíritu que estaba en Moisés y lo puso en los 70 ancianos. Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo.»

Eldad y Medad: Profecía fuera del Campamento
Un detalle notable de este acontecimiento es que dos de los ancianos, Eldad y Medad, se quedaron en el campamento. Aunque figuraban entre los escogidos, no habían ido a la Carpa del Encuentro con los demás. Sin embargo, el Espíritu también se posó sobre ellos, y comenzaron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés, diciendo: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento.»
Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés desde joven, intervino, diciendo: «Moisés, señor mío, no se lo permitas.» Pero la respuesta de Moisés fue contundente y reveladora: «¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!» (Números 11:25-29). Esta actitud de Moisés es digna de encomio, al comprender que el poder de otros no es una disminución del suyo, sino una participación común en la misma misión.
El Rol Institucional y el Simbolismo de los Ancianos
La Función Jurídica y de Gobierno
El grupo de los setenta ancianos no solo tuvo una participación efímera, sino que se convirtió en una institución con gran influencia en el pueblo de Israel, perdurando y acentuándose con el paso de los siglos. Su función era netamente jurídica: así como Moisés fue el legislador, los ancianos eran los encargados de velar por la legítima interpretación de la ley, poseyendo el mismo espíritu que el legislador.
Su rol era ayudar a Moisés a llevar el peso del pueblo, guiándolo, administrando justicia y gobernando. Su autoridad podía ser considerada, incluso, más antigua que la de los sacerdotes, ya que en los orígenes de la historia de la salvación, los ancianos estuvieron presentes y fueron los primeros en conocer el plan de Dios (Éxodo 3:16-22). Eran una especie de regidores o munícipes, representando a los habitantes de la ciudad y dedicados a tareas de justicia.
El Simbolismo del Número 70
El número 70 posee un profundo significado simbólico. Es el producto de 7 y 10, dos números que representan la totalidad y el poder legal, respectivamente. Cuando se combinan, se obtiene un número que a menudo representa el mundo entero y sus juicios.
- En el pensamiento judío tradicional, se hablaba de 70 naciones en el mundo, con un total de 70 idiomas y 70 ángeles que las custodiaban.
- La tradición relata que la primera traducción de la Biblia hebrea al griego, la Septuaginta, fue realizada simultáneamente por 70 (o 72) rabinos que produjeron traducciones idénticas.
- Además de los 70 ancianos jueces nombrados por Moisés, la Biblia menciona otros casos, como los 70 años de cautiverio de Israel en Babilonia, o los 70 veces 7 (490) años de Daniel para las transgresiones de Jerusalén.
El Legado del Liderazgo Compartido
La experiencia de los setenta ancianos y la respuesta de Moisés a Josué, "¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!", encierran una profunda lección sobre el liderazgo. Moisés comprendió el "verbo compartir", y su alegría ante la manifestación del Espíritu en otros, incluso fuera de su círculo, es un testimonio de una visión de un profetismo universal.
Esta espera de un profetismo más amplio encuentra su realización con la venida de Jesús de Nazaret, donde el Espíritu se derrama sobre muchos. Hoy en día, esta historia resuena con la idea de la "sinodalidad" -caminar juntos-, donde la tarea puede ser llevada a cabo por todos, simbolizando la colaboración mancomunada y armoniosa.