Legislación y Realidades de la Tercera Edad en Japón

Japón se enfrenta a un desafío demográfico significativo: una población cada vez más envejecida. Este fenómeno, conocido como kōreika shakai (高齢化社会), plantea diversas cuestiones sociales, económicas y legislativas que el país aborda de múltiples maneras. La longevidad de los japoneses, una de las más altas del mundo, con una esperanza de vida media de 87,3 años en 2015, y un número récord de centenarios, es un testimonio de factores como una dieta saludable, una actitud mental positiva y un fuerte sentido de pertenencia a la comunidad. Sin embargo, esta longevidad también pone a prueba el sistema de pensiones y la estructura social del país.

Infografía mostrando el aumento de la esperanza de vida en Japón y el número de centenarios.

El Trabajo y la Jubilación en la Tercera Edad

La edad de jubilación en Japón está fijada en 65 años, pero muchos ciudadanos optan por seguir trabajando incluso después de alcanzar esta edad. En 2015, había 7,3 millones de trabajadores mayores de 65 años. Esta tendencia se ve impulsada por una combinación de factores, incluyendo una fuerte ética del trabajo, el deseo de sentirse útiles y necesarios, y la necesidad económica ante una pensión que a menudo resulta insuficiente para cubrir los gastos básicos, especialmente en el contexto de una inflación creciente. Michie Hino, una mujer de 77 años, es un ejemplo de ello, trabajando en un asilo de ancianos para complementar su pensión mensual de 40.000 yenes (aproximadamente US$272).

Históricamente, la edad de jubilación era incluso menor, fijada en 55 años durante gran parte del período de posguerra. Sin embargo, ya en la década de 1980, las personas de 65 años o más en Japón tenían una mayor probabilidad de trabajar en comparación con otros países desarrollados. A pesar de una disminución en la participación laboral de las personas mayores desde 1960, debido a mejores prestaciones de jubilación y menores oportunidades en trabajos agrícolas o por cuenta propia, la necesidad económica y el deseo de mantenerse activos han revertido parcialmente esta tendencia.

La tasa de participación laboral de los hombres de entre 65 y 74 años ha aumentado significativamente. Para el grupo de 70-74 años, esta tasa se elevó al 43,3% en 2023, en comparación con el 29,8% de dos décadas antes, superando con creces las cifras de Estados Unidos y el promedio de la OCDE. Incluso en trabajos que no requieren alta cualificación, como la limpieza o el cuidado, muchos ancianos encuentran propósito y comunidad.

Gráfico comparativo de la tasa de participación laboral de personas mayores en Japón, EE.UU. y el promedio de la OCDE.

La Evolución de la Estructura Familiar y el Cuidado de Ancianos

Desde finales del siglo XX, se ha observado un cambio de la familia tradicional de tres generaciones a la familia nuclear, lo que ha llevado a una menor convivencia de las personas mayores con sus hijos. El porcentaje de ancianos que vivían con sus hijos disminuyó del 77% en 1970 al 65% en 1985, aunque esta cifra seguía siendo alta en comparación con otros países industrializados. Paralelamente, el número de ancianos que viven solos o con su cónyuge aumentó, representando el 32% de los mayores de 65 años.

Aunque la asistencia moral y material a los padres ancianos sigue considerándose un deber familiar, especialmente para las nueras, la responsabilidad de la salud de los ancianos recae cada vez más en la sociedad en su conjunto. En 2015, 177.600 personas de entre 15 y 29 años se encargaban del cuidado de un familiar mayor. Sin embargo, en 2013, casi dos millones de sexagenarios vivían solos y apartados de la sociedad, y el fenómeno del kodokushi (孤独死), muertes que pasan desapercibidas durante días o semanas, pone de manifiesto la soledad y el aislamiento que enfrentan algunos ancianos.

🔴 KODOKUSHI: El lado más oscuro de Japón del que nadie habla

Políticas y Legislación para la Tercera Edad

El gobierno japonés ha implementado diversas medidas para abordar los desafíos del envejecimiento de la población. En 1986, se aprobó la Ley de Estabilización del Empleo para las Personas Mayores con el fin de incentivar a las empresas a elevar la edad de jubilación a los 60 años. Posteriormente, se han buscado incentivos para que las empresas mantengan a los mayores empleados, incluyendo subsidios y financiación para iniciativas de inserción laboral y provisión de equipos de asistencia.

Con el objetivo de garantizar la calidad de vida y la atención a las personas de la tercera edad, Japón ha desarrollado un sistema de atención profesionalizado. Se ha fijado un promedio de 15 trabajadores de atención por cada mil personas mayores de 65 años, y estos trabajadores reciben una formación teórica y práctica de entre dos y cuatro años. Además, la Ley de Prevención del Abuso y Apoyo para Ancianos, creada en 2005, busca proteger a los adultos mayores frente a prácticas de abuso y reducir la carga de los cuidadores.

El gobierno también está explorando reformas en el sistema de pensiones, como la extensión del período de cotización hasta los 65 años. Ante la insuficiencia de las pensiones públicas, muchos ciudadanos, especialmente los jóvenes, recurren a la planificación financiera y la inversión para asegurar su futuro. La proporción de acciones y fondos de inversión en los activos de los hogares japoneses ha aumentado, y programas de inversión libre de impuestos buscan fomentar el ahorro.

Esquema del sistema de pensiones japonés y las reformas propuestas.

Una política destacada es la creación de centros para el aprovechamiento de los recursos humanos mayores, como el Centro Silver Jinzai, que conecta a personas mayores de 60 años con oportunidades de empleo a tiempo parcial o completo. Estos centros buscan combatir el estigma asociado a la edad y promover la empleabilidad, reconociendo que muchas personas mayores están saludables y motivadas para seguir contribuyendo a la sociedad.

A pesar de los avances, persisten desafíos. La pobreza entre los mayores de 65 años es una preocupación, con aproximadamente uno de cada cinco ciudadanos viviendo por debajo del umbral de pobreza según la OCDE. Las mujeres mayores, en particular, enfrentan dificultades, con un estimado del 44% de las mujeres solteras de edad avanzada viviendo por debajo del umbral de pobreza. La necesidad de asegurar la calidad de vida y la atención de los adultos mayores, especialmente aquellos con dependencia funcional, sigue siendo una prioridad, impulsando la creación de hogares de larga estancia y centros diurnos de atención.

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