La percepción y la realidad de la seguridad ciudadana son temas de creciente preocupación. Diversos estudios dan cuenta del alza de los delitos en el territorio nacional; según el Ministerio Público, entre 2022 y 2023, los delitos (medidos como los casos que ingresaron a tramitación) aumentaron en un 8%. Dicha investigación también informa que el nivel de violencia ha ido al alza de manera consistente desde septiembre de 2023, pasando de un 35% a un 46%.

Violencia en Robos y la Percepción de Inseguridad General
La violencia en los robos ha mostrado un comportamiento distinto por género. Hace un año, un 52% de los robos hacia mujeres eran con violencia, y hoy son un 40%. Si se observa a los hombres, estos han pasado de un 46% a un 52% en el mismo periodo. Lo que más llama la atención es el salto enorme en la violencia hacia los hombres si se considera la medición anterior, donde un 35% era con violencia y hoy es del 52%.
No obstante, otras estadísticas señalan que existe un aumento considerable de la violencia en los robos, donde el 50% de ellos se cometen con violencia, siendo las mujeres las más afectadas con un 54%.
El estudio también da cuenta de que los delitos aumentaron principalmente en el transporte público y en la vía pública, que sumados representan el 84% de los ilícitos. Frente a la pregunta sobre el nivel de seguridad al vivir en Santiago, la inseguridad ha vuelto a aumentar en la capital, alcanzando un nivel similar al de hace un año, a pesar de una baja observada previamente. Se registra mayor inseguridad en la clase media baja; un 26% de los encuestados señalaron que ellos o un miembro de su hogar han sido víctimas de robo o intento de robo en el último mes, afectando principalmente a los segmentos de clase media baja (C3D).
La Inseguridad en el Espacio Público y el Transporte: Una Brecha de Género
Que las mujeres se sientan más inseguras cuando se desplazan, especialmente de noche y solas, es una preocupación grave, acentuada cuando tienen más miedo que los hombres al usar el metro, por ejemplo. Con la intención de romper esta brecha de género en los desplazamientos, tanto en transporte público como privado, la Fundació RACC (Reial Automòbil Club de Catalunya) y la aseguradora Zúrich han presentado un estudio que cuantifica este fenómeno.

Percepción y Comportamiento en los Desplazamientos
El principal hallazgo de esta investigación es que el 68% de las mujeres ha tenido que cambiar de medio de transporte para garantizar su seguridad, en contraste con solo el 37% de los hombres. Alba Rey, responsable de la investigación y de Estudios de Movilidad de la Fundació RACC, explicó que "el estudio muestra que hay mucha gente que sufre inseguridad cuando se desplaza y la mujer la sufre más que el hombre". Esta investigación se realizó a través de 1.500 encuestas y 17.000 observaciones de personas en diferentes medios de transporte de Barcelona.
Acoso y Robos en Desplazamientos: Datos Específicos
Los resultados del estudio de RACC y Zúrich remarcan la brecha de género en la movilidad urbana:
- El 40% de las mujeres manifestó haber sufrido algún tipo de acoso físico o verbal mientras se desplazaban de día por Barcelona, frente al 24% de los hombres.
- Casi la mitad de las mujeres (46%) y el 31% de los hombres se sienten inseguros en el metro por las noches.
- Las mujeres toman medidas complementarias de seguridad personal al desplazarse de noche: el 89% procura ir acompañada (frente al 55% de los hombres) y casi la mitad (47%) habla por teléfono para sentirse segura, algo que solo hace uno de cada diez hombres.
- El género determina cómo se desplazan: de día, el 62% de las mujeres se mueve a pie, pero de noche este porcentaje baja al 35%. En cambio, el uso del coche o la moto por parte de ellas es del 28% de día y se eleva hasta el 40% por las noches.
- Más de la mitad de las mujeres (52%) manifestó haber sufrido algún robo o hurto (robo al descuido sin violencia) mientras se movían de día, porcentaje que baja al 40% en el caso de los varones.
- El 46% de las mujeres y el 33% de los hombres consideran que el metro es el transporte más inseguro de noche. Un 36% de las mujeres ha sufrido algún acoso o agresión en este transporte subterráneo. Por ello, la investigación destaca que consideran fundamental que haya más personal de seguridad en las estaciones.
Acoso en el transporte público: un peligro cotidiano con el que viven las mujeres
Soluciones Propuestas para la Seguridad Urbana
Para mejorar la seguridad, el RACC y Zúrich reclaman a las administraciones un inventario de calles y plazas para optimizar la seguridad de los desplazamientos a pie, mejorando la iluminación y colocando pulsadores en los semáforos para agilizar los cruces de peatones.
Impacto del Miedo y Otras Formas de Violencia
Frases como “Llama cuando llegues”, “Trata de no salir de noche”, “No camines por lugares solos”, “¿Llegaste bien a tu casa?” o “Anota la patente del taxi antes de subir” son comunes entre mujeres, evidenciando una forma de cuidado y protección frente a un peligro constante. Ese miedo en los espacios públicos tiene un impacto considerable en la vida cotidiana. Diversos estudios muestran que, como consecuencia, las mujeres deben preferir permanecer en lugares cerrados y resguardados, y evitar calles, parques, plazas, vehículos y áreas de transporte público, especialmente por las noches. Para un hombre, en cambio, es más fácil moverse solo por la ciudad o caminar de madrugada.
Si bien la cifra de victimización por delitos como robo con violencia e intimidación, robo por sorpresa, hurto y lesiones es mayor en mujeres, al considerar la violencia sexual en el espacio público, la abogada Jiménez indica que sería "mucho mayor". Lamentablemente, la violencia de género, y en particular la violencia sexual, está muy enraizada en la cultura patriarcal y por mucho tiempo ha permanecido invisible incluso para las propias víctimas. No se ha avanzado en medidas concretas o políticas públicas en este ámbito.
La percepción de riesgo en determinados espacios públicos es altísima. "Todas las mujeres sabemos por experiencia propia o por la de otras mujeres que la calle es un espacio de violencia, en especial violencia sexual. Pero las casas, la familia, los lugares de trabajo, la pareja, los establecimientos educacionales, también", añade Maturana. Además de estas formas tradicionales, el siglo XXI ha introducido nuevas variantes de violencia de género, como la digital. Las mujeres hoy se enfrentan a violencia a través de ciberacoso, pornografía, y la explotación de sus datos e imágenes personales sin consentimiento.

Asimismo, es crucial mirar la visión de inseguridad desde el ámbito rural, ya que las políticas implementadas desde lo urbano a lo rural no siempre sirven, y es necesario considerar las distintas violencias que viven las mujeres en estos entornos. Estas cifras solo representan a quienes realizan la denuncia y se acogen a las alternativas de protección del sistema, pero hay un importante porcentaje de mujeres que no denuncian debido al miedo, la vergüenza, el estigma social y la dependencia económica.
El Discurso de Seguridad y la Protección de las Mujeres
Nos enfrentamos a la paradoja de tener a mujeres que viven bajo una fuerte vulnerabilidad al interior de un país en el que medios y discursos políticos hoy posicionan la idea de seguridad como una prioridad. El discurso de ciertas élites se enfoca en una narrativa que, si bien busca resonar con las preocupaciones de la población, a menudo pasa por alto las complejidades y las específicas necesidades de protección que demandan las mujeres. Este enfoque ultraconservador, en ocasiones, incide en políticas xenófobas o discriminatorias, sin analizar la violencia y la inseguridad como fenómenos complejos, multicausales y transversales al comportamiento de la sociedad.
Esta paradoja se intensifica cuando consideramos cómo estos discursos pueden instrumentalizar la vulnerabilidad y el miedo real para promover agendas políticas que, en última instancia, no solo no solucionan las preocupaciones sobre seguridad, sino que también pueden perpetuar o intensificar otros tipos de violencia y discriminación. Históricamente, en las mujeres se ha depositado la responsabilidad por la seguridad, ya sea en la economía familiar, el sostén emocional o la seguridad comunitaria, a menudo sin reconocimiento o protección adecuada frente al peligro. Junto a todo ese orden social tácito, se mantienen, paradójicamente, altos niveles de violencia en contra de las mujeres, incluyendo las cifras de violencia femicida y violencia intrafamiliar, que se concentra claramente contra mujeres, niñas y niños, con ocho de cada diez victimarios siendo hombres.