La Orfandad en la Nueva Narrativa Chilena: Voces y Desafíos

La literatura chilena actual, especialmente la que emerge de las últimas décadas, se encuentra en una búsqueda constante por definir un lenguaje que le permita dialogar con una sociedad en constante cambio, marcada por profundas transformaciones sociales y políticas. Este proceso, a menudo descrito como una "orfandad literaria", refleja la ausencia de referentes claros y la necesidad de construir nuevas narrativas.

Contexto Sociopolítico y la Búsqueda de un Idioma Común

Chile ha experimentado una serie de movilizaciones sociales, desde el 2006 y 2011, que culminaron en un estallido social sin precedentes. Estos eventos han puesto de manifiesto una sociedad con "bordes y márgenes sangrando", llevando a una reflexión profunda sobre la identidad nacional y la necesidad de un "idioma común" para jóvenes y sectores populares.

La escritora Paulina Flores se preguntó en un artículo de El País si los memes, con su desenfado, irreverencia y burla, podrían "salvar a un país del fascismo", concluyendo que un Chile tan dividido demandaba una nueva forma de comunicación. La literatura actual, según este análisis, "ansía hablar ese idioma".

Representantes y sus Aportes a la Nueva Narrativa

Diversos autores han explorado esta "orfandad" y las complejidades del Chile contemporáneo, cada uno con un estilo y enfoque particular:

Alejandro Zambra: Poesía, Afectos y Pertenencia

Alejandro Zambra, con su novela Poeta chileno (Anagrama, 2020), ofrece un "cálido inventario de poetas y afectos, libros y chilenismos". Su voz "auténtica, genial", dialoga con otros grandes referentes de la literatura chilena, abordando "el ruido poético, lo literario puesto en podio (y en duda) y el sentido de pertenencia (literaria, nacional, paternofilial, generacional)". Zambra escribe sobre su país y, en una crónica para Ciper Chile, reflexionó sobre las relaciones intergeneracionales en el clima político chileno, percibiendo una "derrota ahí, pero no exenta de belleza" al votar por un candidato menor que él.

Retrato de Alejandro Zambra, quizás con sus libros de fondo

Paulina Flores: La Crudeza del Margen

Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988), en su novela Isla decepción (Seix Barral), también en clave de comedia, presenta un "relato crudo y urgente sobre los marginados del fin del mundo". La obra aborda "casos reales de orientales que navegan el estrecho de Magallanes en condiciones míseras". Su tono es informal y humorístico, pero "cuidadosa y perspicaz al bromear con el horror". Flores construye diferentes voces, incluyendo "capitalinas, regionales, incluso la de un coreano perdido en la traducción", que dialogan con una "agudeza insólita", y su estilo es "absolutamente descarado".

Benjamín Labatut: Cordura, Desenfreno y el Estallido Social

Benjamín Labatut es considerado "quizá el más explícito en contextos políticos". Su ensayo La piedra de la locura (Anagrama) es una continuación de su célebre libro Un verdor terrible, recomendado por Obama y finalista del Booker 2021. Labatut profundiza en "los límites de la cordura y el desenfreno", tejiendo "hilos temáticos en una infinita red de asociaciones". El autor funciona como un "conector" que explora sus "hemisferios y obsesiones científicas", y en medio de este entramado, plantea el "pos" del estallido social: "El país se quedó dormido", escribe, sugiriendo un "despertar desesperado".

Benjamín Labatut: Irrupción 1 en Puerto Varas

Bruno Lloret: Historias Silenciadas y la Desolación del Norte

El "despertar desesperado" también se manifiesta en la novela de Bruno Lloret, Nancy (Candaya), una "joyita escondida de la literatura chilena". Ambientada en un "norte chileno desolado y explotado", la voz de Nancy es la de una mujer que, consciente de su muerte, necesita "contar una historia silenciada". Su relato abarca "toda una vida de abandonos y violencias, pero lo cuenta casi resumidamente, en la línea de Bonsái de Zambra". La novela juega con contrastes: "la comunidad desobrada y la soledad, la ternura -de un humor suave, conciso, que recuerda a Vonnegut- y la crudeza; las radiografías de Nancy y espacios en blanco que, de pronto, se llenan de cruces".

Mike Wilson: Paisajes, Alegorías y el Ejercicio del No-Personaje

Mike Wilson, en su novela Némesis (Lastarria y De Mora, 2021), nos traslada a una "costa imaginaria" con una "ciudad torcida" frente a un puerto, descrita como una suerte de "Valparaíso distópico". El narrador se interesa tanto por el paisaje que los protagonistas, "marginados como lo son una mujer coja o un presidiario, parecen ser incidentales". La novela, considerada "bella", logra que el espacio sea el verdadero protagonista. El "antagonista" de la ciudad es un "gigante que desembarca y azota el habitar de los ciudadanos, una clara alegoría a la contingencia". Wilson es un "maestro en la transición narrativa", con un "ejercicio del no-personaje" brutal, que "pasa de una primera a una tercera persona con sutileza".

Arelis Uribe: Lo Popular, lo Chileno y lo Callejero

Arelis Uribe, con Quiltras (Tránsito), "se pasea por el Santiago marginal de los noventa", ofreciendo cuentos "sobre lo popular, sobre lo propiamente chileno y lo callejero". Uribe es una escritora "lacónica, cotidiana y chilensis", y en ello reside una "poesía innegable". Sus relatos abordan temas universales como "los seres humanos", pero también particularidades como "las perras, sobre el miedo de caminar sola por la noche". El término "quiltro", de origen mapudungun, designa a un "perro sin raza", una metáfora de la identidad plural y a menudo marginada que explora Uribe.

Fotografía de Arelis Uribe durante una lectura o presentación de libro

La "Nueva Narrativa Chilena" de los Noventa: Origen y Características

El término "Nueva narrativa chilena de los noventa" designa a un grupo de escritores que alcanzaron notoriedad en Chile al comienzo de esa década. Entre las figuras habitualmente asociadas se encuentran Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet, Arturo Fontaine Talavera, Carlos Franz, Ana María del Río, Carlos Cerda, Darío Oses, Marco Antonio de la Parra, José Leandro Urbina, Sergio Gómez, y Pablo Azócar, entre otros.

Este movimiento no surgió de un manifiesto común, sino que el nombre fue acuñado por el periodismo cultural para un grupo de autores "disímiles" que valoraban su diversidad y la exploración de "caminos diferentes". Algunos de ellos, incluso, "han tratado explícitamente de desmarcarse de este rótulo".

Distanciamiento del Realismo Mágico y la Novela Experimental

Desde una perspectiva generacional, este grupo es heterogéneo, con edades que fluctúan entre los veintinueve y los cuarenta años. A pesar de la diversidad de sus preocupaciones y universos narrativos, poseen características comunes. Se trata de narradores que "tomaron distancia de la tradición del realismo mágico", que en ese entonces era la forma habitual de abordar una novela, y cuyos seguidores esperaban continuaciones en ese estilo. Por otro lado, también se diferenciaron de la novela experimental cultivada en círculos intelectuales sofisticados, en la línea del nouveau roman de Alain Robbe-Grillet, donde la trama y los personajes se difuminaban para dar protagonismo a la exploración del lenguaje.

Una Literatura Chilena sin Estereotipos Internacionales

El crítico David Gallagher, en su artículo "Creating a new Chile", sostiene que estos autores "no están jugando para una galería internacional y no están obligados, por lo tanto, a desplegar estereotipos acerca de lo que Chile debería o no debería ser". Este fenómeno surgió en Chile "sin el aval del éxito en el extranjero", marcando una independencia en la construcción de su identidad literaria.

Análisis de Obras Representativas de los Noventa

Alberto Fuguet: Juventud y Cultura de Masas

En la obra de Alberto Fuguet, destaca su estilo "vivaz, coloquial y agradable de leer". En Mala onda, el protagonista Matías Vicuña "no se rebela por la gruesa banalidad de la invasiva cultura de masas norteamericana sino porque la réplica no se parece suficientemente al original". Las vicisitudes de Matías, narradas en un "lenguaje absolutamente creíble y muy veloz", permiten asomarse a la "angustia del adolescente desorientado por un mundo que no entiende y no le calza", donde la búsqueda de un "encuentro real con el padre juega un papel central". La novela, además, hace "guiños a The Catcher in the Rye, de J.D. Salinger". En sus obras como Sobredosis y Mala onda, Fuguet se enfoca en recoger "el habla juvenil y su jerga propia".

Portada del libro

Gonzalo Contreras: Retrato del Chile Provinciano y la Melancolía

Gallagher subraya en La ciudad anterior de Gonzalo Contreras sus "efectos depresivos 'acumulativos' que 'permanecen en la memoria como un impactante retrato del Chile provinciano que ha sido dejado de lado, y también como una metáfora tersa de lo que es la melancolía universal'". La vida de su protagonista y narrador, Carlos Feria, se describe con una "tristeza plana, tediosa y aplastante". Un ejemplo de esta atmósfera es el "primer encuentro amoroso con Teresa que ocurre en un cementerio". Gallagher comenta que, aunque la novela es breve, "se siente larga como una obra mayor por la sugerente sordidez del mundo que crea".

Arturo Fontaine: Poder, Erotismo y la Transformación Social

Oír su voz, de Arturo Fontaine, proporciona, según Gallagher, "un soberbio retrato del Chile en rápida transformación de los años 1980", y va más allá de un "mero documento". La novela requiere un "lector alerta y no ingenuo", y su "sutil ironía implícita en el relato" le otorga un filo que la aparta de lo documental. El académico Roberto Hozven la describe como un "realismo translúcido, y no realismo social o verismo", donde "los acontecimientos son mostrados desde el ángulo de Pelayo, un observador implacable". La novela explora los "recovecos y misterios del poder político y económico así como del erotismo". Jorge Edwards, por su parte, destaca su "estilo agudo, conciso, inteligente".

La obra de Fontaine indaga en "los quiebres y conflictos y exclusiones que se producen al interior del nuevo mundo del capitalismo, sobre todo en materias de moral y religión". En Oír su voz, el erotismo "se confunde con la búsqueda de la libertad", una temática también presente en La señora K, de Ana María del Río.

Jaime Collyer: Ironía y Cosmopolitismo

Jaime Collyer, en sus relatos de Gente al acecho, cultiva un estilo "irónico, divertido, y siempre ágil", con un "narrador ameno, displicente, informado y liviano de sangre, de frases rápidas, de buena ilación, ilustradas e ingeniosas". Collyer es el miembro del grupo que "con mayor frecuencia recrea personajes y escenarios cosmopolitas".

Lecturas e Influencias Literarias

Los narradores de la Nueva Narrativa Chilena han leído extensamente literatura europea y norteamericana, especialmente anglosajona. Además de maestros latinoamericanos como Borges, Cortázar, Rulfo, Onetti, Vargas Llosa, Fuentes, Donoso y Puig, han prestado "especial cuidado" a autores como Vladimir Nabokov, Philip Roth, V.S. Naipaul, Julian Barnes, Martin Amis, Bret Easton Ellis, Ian McEwan, Raymond Carver, Hanif Kureishi y J.M. Coetzee.

Aunque el estilo varía entre autores, todos buscan una "prosa convincente, clara, directa".

Temáticas Comunes y la Crisis Existencial Posmoderna

La Nueva Narrativa Chilena generó un público para relatos realistas o neorrealistas y fantásticos, a menudo "cosmopolitas y contemporáneos", donde el mundo latinoamericano ya no se concibe desde una perspectiva "pintoresca, arcaica y rural". Muchas de estas novelas investigan "la llegada de las formas de vida de la globalización y los cambios y fracturas, ilusiones y pérdidas, que causa en una sociedad a medio camino entre el subdesarrollo tradicional y el desarrollo". Temas como "los desgarros de la modernización, las tensiones entre el centro dominante y la periferia mimética, los efectos de la glocalización" son indagados por estos autores.

Patricia Poblete, al analizar las obras de Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Carlos Franz y Roberto Bolaño, señala que estos escritores "se hacen cargo en sus obras de la crisis existencial propia de un sujeto que hemos llamado posmoderno". Esta crisis se manifiesta en fenómenos como "el individualismo y el desapego emocional, la orfandad dilatada, el consumismo, el narcisismo", enmarcado en una época que "señala el fin de los relatos omnicomprensivos y la caída de las utopías colectivas".

Es importante notar que, aunque Roberto Bolaño nació en Chile, emigró a México en su adolescencia y luego se radicó en España, por lo que "en general, no se lo considera como integrante de este grupo", ya que su fama se expandió desde Europa a fines de los 90, algo después de la irrupción de la nueva narrativa en Chile.

Luis E. Cárcamo, al analizar la obra de Fuguet, destaca la "velocidad con que se superponen los ambientes y la presencia frecuente de diálogos rápidos, en frases breves y/o ligeras", lo que permite "desterritorializar, descontextualizar y diluir las referencias de sus escenarios narrativos". Esto se alinea con una "temporalidad de la circulación intensiva" y un "tramado de los espacios" que obedece al "flujo paroxístico de los signos en la urbe del libre mercado".

La Relación con el Pasado y la Dictadura

La popularidad de estos autores coincidió con el advenimiento de la democracia después de diecisiete años de dictadura. Para muchos lectores chilenos, estos libros ofrecían un "sentido a los sufrimientos y a las transformaciones socioeconómicas y políticas" experimentadas bajo la dictadura de Pinochet (1973-1990). El crítico Julio Ortega sostiene que, "irónicamente, hoy como ayer, la novela que delata esa fractura de la fábrica social y de la racionalidad política, es al mismo tiempo el discurso que busca sostener la dispersión del sentido".

Morir en Berlín, de Carlos Cerda, por ejemplo, recrea "la vida del exilio chileno en Berlín Oriental durante los años de la República Democrática Alemana", buscando una "patria que no es otra que la patria del lenguaje".

Sin embargo, una crítica profunda a esta generación apunta a una posible "orfandad" en su forma de abordar los implícitos de la transición post-dictadura. Algunos consideran que tendieron a "ocultar" en vez de mostrar el mundo, haciendo una "estética con las miradas esquivas y los eufemismos", lo que los llevó a ser percibidos como una generación "conformista y proclive al poder". Se les reprocha el uso de "personajes estereotipados, casi siempre hombres y mujeres con un buen pasar económico y sumidos en dificultades demasiado abstractas para tener eco", convirtiendo a los lectores en "psicoanalistas de una clase social inexistente", ignorando las realidades de la mayoría de los chilenos.

Benjamín Labatut: Irrupción 1 en Puerto Varas

Espacios de Encuentro y Debate

Muchos de estos escritores participaron en un taller literario dirigido por José Donoso, que se convirtió en un "semillero de buena literatura y en un espacio de formación cultural libre en medio de la dictadura". La tertulia en el Café de la Pérgola, en la Plaza Mulato Gil de Castro, fue por años un importante lugar de encuentro. Allí se reunían figuras como Diego Maquieira, Fontaine, Franz, Contreras, Martín Hopenhayn, Antonio Cussen, Jorge Edwards y Erik Pohlhamer, junto a pintores y artistas visuales.

Arturo Fontaine Talavera recuerda un coloquio en noviembre de 1988 en la Feria del Libro de Santiago, donde, junto a Marco Antonio de La Parra y Gonzalo Contreras, se debatió "contra qué se habla". Se criticó que el posboom se caracterizaba por una "literatura de ghetto académico", con "ejercicios de experimentación lingüística, desprecio por la trama, desconfianza hacia la creación de personajes" y una "actitud punitiva respecto de la literatura como entretención", lo que había "conseguido ahuyentar a los lectores".

En un coloquio de 2008, Gonzalo Contreras afirmó que a principios de los 90, los chilenos "dejaron de centrarse en los escritores extranjeros [...] y se reconciliaron con sus propios autores, generando un pequeño boom de ventas", lo que se denominó "la nueva narrativa chilena".

La "Orfandad" como Matriz Generacional

En 1997, Rodrigo Cánovas, junto a Carolina Pizarro, Danilo Santos y Magda Sepúlveda, publicó Novela chilena, nuevas generaciones: el abordaje de los huérfanos. Este libro revisa la novela chilena aplicando la matriz generacional de Cedomil Goic a escritores nacidos entre 1950 y 1964, con obras publicadas entre los ochenta y mediados de los noventa. Uno de los temas centrales del estudio es la orfandad: "¿Quién nos habla en la nueva novela chilena? De modo inconfundible, un huérfano. Es como si el sujeto se hubiera vaciado de contenido para exhibir una carencia primigenia, activada por un acontecimiento histórico, el de 1973".

Cánovas describe la aparición de "una legión de niños abandonados, iluminada en su centro por la figura del expósito, ser sin protección, guía, ni contento. Niños envejecidos tempranamente, jóvenes sin ilusiones, chivos expiatorios de otras gentes, de otros sueños". Esta matriz se aplica a obras como Santiago Cero de Carlos Franz, donde surge el resentimiento contra el padre; Los recodos del silencio de Antonio Ostornol, donde colegiales reivindican valores libertarios; Tiempo que ladra de Ana María del Río, con una hija que recupera la memoria paterna; y Mala onda de Alberto Fuguet, donde el malestar de Matías Vicuña "proviene de vivir inserto en un país y en un cuadro familiar sin valores".

Desafíos y Perspectivas Futuras

La "realidad ha sido la gran pesadilla de los chilenos". Existe la percepción de que la sociedad se ve a sí misma en "un lapsus indeseable entre dos momentos propicios: uno envuelto en la memoria y el otro en el deseo". A fines de los 80, la "diversidad" se convirtió en una fórmula fácil para evitar el debate, llevando a un desprecio por los lectores por parte de algunos escritores que priorizaban la experimentación sobre la conexión con el público.

Se critica la tendencia de algunos escritores de la Nueva Narrativa Chilena a "ocultar" el mundo en lugar de mostrarlo, guardando "silencio sobre los implícitos de la transición". Esto ha llevado a una "orfandad" en el sentido de que "nadie me escuchaba" o la impresión de escribir "en el vacío".

Frente a esta situación, se propone que el camino difícil es "vencer el miedo diseccionándolo simbólicamente". Las "armas más poderosas" para lograrlo son "el humor, la precisión en las palabras, los argumentos creíbles, la vida cotidiana de las calles, la singular psicología de sus moradores, y la renuncia al pintoresquismo". El "realismo 'sucio' de los norteamericanos" aporta positivamente a la búsqueda de veracidad, especialmente al "separar la lírica de la narrativa", priorizando la acción.

Arturo Fontaine Talavera recuerda una frase de Claudio Giaconi, figura de la Generación del '50, quien decretó la "superación definitiva del costumbrismo" como la única manera de ser universal desde "la provincia más lejana de Occidente". Aunque el sueño de Giaconi de una literatura "esencialmente despolitizada" quedó postergado, las historias "continúan sucediendo ante nuestros ojos y es preciso capturarlas de algún modo". Esto requiere un "rigor distinto y a la vez arriesgado", sin caer en los viejos parámetros del criollismo o la autocensura.

La palabra "nuevo" en literatura, a pesar de su uso publicitario, implica un "redescubrimiento de la realidad" en el contexto del "Nuevo Realismo Chileno". Surge de una "necesidad colectiva por volver a compartir valores como la historia, la intuición, la conciencia omnisciente del escritor y el arte con sentido". Los escritores chilenos tienen la oportunidad de "esclarecer la realidad en que viven y los caminos de su imaginación".

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