La cuestión de si la obesidad debe considerarse una discapacidad es compleja y sigue siendo objeto de debate en la actualidad. No solo es importante abordar los aspectos médicos y de salud que conlleva la obesidad, sino también la discriminación que pueden experimentar las personas en el entorno laboral y en la sociedad en general. La obesidad es un problema complejo que requiere un fuerte llamado a la acción en múltiples niveles, tanto para niños como para adultos.
Definición de Obesidad y Discapacidad
El sobrepeso y la obesidad son términos que se utilizan para hacer referencia a rangos de peso que están por encima de lo que en general se considera saludable para una determinada estatura. Estos términos también identifican rangos de peso que han demostrado aumentar la posibilidad de que una persona contraiga ciertas enfermedades y otros problemas de salud.
Índice de Masa Corporal (IMC)
Entre los adultos, los rangos de sobrepeso y obesidad se determinan usando el peso y la altura para calcular un número que se conoce como “índice de masa corporal” (IMC). Un IMC superior a 40 se considera obesidad grave. En los niños de la misma edad y sexo, el sobrepeso se determina según las tablas de crecimiento de los CDC como un IMC en el percentil 85 o por arriba de este percentil, y por debajo del percentil 95.

Discapacidad según la Ley
Para determinar si la obesidad se puede considerar una discapacidad, es importante entender primero cómo define la ley la discapacidad. En términos sencillos, tener una discapacidad implica que la condición afecta significativamente el día a día. Algunas discapacidades impiden, por ejemplo, asistir a un centro educativo o desplazarse hasta el lugar de trabajo. El origen de la discapacidad carece de pertinencia; el concepto es objetivo y no depende de si el solicitante ha contribuido causalmente a la adquisición de su discapacidad mediante una ingesta excesiva de calorías "autoinfligida".
Antecedentes Legales y Clasificación en EE. UU.
La caracterización de la obesidad cubierta ha variado desde la obesidad "mórbida" hasta la obesidad "grave". Las políticas públicas se han alejado de la postura de que solo en casos excepcionales la obesidad se considerará una discapacidad. Las personas con discapacidades pueden encontrar más dificultades para comer en forma saludable, controlar su peso y mantenerse físicamente activas. Además, la evidencia científica muestra que la actividad física regular les proporciona beneficios importantes para la salud a las personas con discapacidades.
La Asociación Médica Americana (AMA) y su Impacto
El 18 de junio de 2013, la Asociación Médica Americana (AMA) votó a favor de clasificar la obesidad como una enfermedad. La votación se llevó a cabo durante la conferencia anual de la organización, que agrupa la mayor cantidad de doctores en los Estados Unidos. La organización indicó que la obesidad, caracterizada por un exceso desproporcionado de masa corporal, debería ser tratada como una condición compleja causada por la genética o el ambiente. Según todos los informes, esta decisión no tiene, por sí misma, ningún peso legal. Sin embargo, podría influir en la forma en que se trata la obesidad a la hora de desarrollar políticas públicas sobre el tema. De hecho, las políticas públicas llevan tiempo siguiendo esta tendencia. Cabe señalar que la votación de la Cámara de Delegados de la AMA contradice las conclusiones del propio Consejo de Ciencia y Salud Pública de la AMA, al que se le había encomendado estudiar la cuestión durante el último año.

Casos Legales Clave
Cook vs. Rhode Island (1993)
Uno de los primeros casos en los que se abordó la obesidad y la discapacidad fue Cook contra el Estado de Rhode Island, Departamento de Salud Mental, Retraso Mental y Hospitales, 10 F.3d 17 (noviembre de 1993). En ese caso, el Tribunal de Apelación del Primer Circuito de los Estados Unidos dictaminó que el Departamento de Salud Mental de Rhode Island había infringido el artículo 504 de la Ley de Rehabilitación al negarse a contratar a la demandante por su discapacidad real o percibida de obesidad mórbida. El tribunal consideró que la decisión del jurado de que la demandante cumplía la definición de discapacidad podía respaldarse porque la obesidad mórbida de la demandante era en sí misma el resultado de un trastorno metabólico subyacente, tal y como testificó su experto, o porque el empleador consideraba que la demandante tenía una discapacidad debido a su obesidad. Aunque este caso se planteó en virtud del artículo 504, tuvo importantes implicaciones y aplicabilidad a esta cuestión tanto en virtud del artículo 503 como de la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA).
Caso RHD (2012)
Según un comunicado de prensa de la EEOC con fecha del 10 de abril de 2012, la EEOC había presentado un testimonio pericial en el que se afirmaba que la obesidad era el resultado de un «trastorno físico o enfermedad» subyacente y no el resultado de una falta de carácter por parte del demandante. Este argumento era similar a los argumentos presentados en el caso Cook. Sin embargo, en el caso RHD (que opera bajo el nombre de Family House of Louisiana), el tribunal, al denegar las mociones de ambas partes para un fallo sumario, decidió que la obesidad grave constituye una discapacidad sin necesidad de demostrar ningún trastorno subyacente. La votación de la AMA que determina que la obesidad es, en sí misma, una enfermedad es coherente con esta posición.
Caso Joseph Whittaker
La demanda fue presentada en la Corte de Distrito del Este de Missouri por Joseph Whittaker, quien fuera despedido de su trabajo luego de siete años. Whittaker alegó que America’s Car Mart, Inc. violentó la Ley ADA cuando lo despidió de su empleo por su obesidad, aun cuando este podía llevar a cabo las funciones esenciales de su empleo “con o sin acomodo”. Aunque la decisión de la AMA no vincula legalmente, la influencia de la organización puede causar transformaciones en cuanto a casos como el de Whittaker.

La Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA)
El apéndice revisado del Título I de la ADA excluye de la definición de «discapacidad» «el peso o el tono muscular que se encuentran dentro del rango «normal» y no son el resultado de un trastorno fisiológico». La obesidad, por definición, no se encuentra dentro del rango «normal». En la medida en que se acepta como una enfermedad, tal y como sugiere la votación de la AMA, se convierte en un trastorno fisiológico. Si se combinan ambos conceptos, cualquier persona que cumpla la definición de obesidad podría satisfacer la definición de «discapacidad» según la ADA.
Criterios de Discapacidad bajo la ADA
Las enmiendas de 2008 a la ADA redujeron el umbral para establecer que una condición cumple con la definición de discapacidad, al facilitar la demostración de que una discapacidad limita sustancialmente una actividad vital importante. Una discapacidad es una discapacidad en el sentido de esta sección si limita sustancialmente la capacidad de una persona para realizar una actividad vital importante en comparación con la mayoría de las personas de la población general. No es necesario que una discapacidad impida o restrinja de manera significativa o grave la capacidad de la persona para realizar una actividad vital importante para que se considere una limitación sustancial. La definición de «actividades vitales importantes» incluye una lista no exhaustiva de funciones corporales que abarca los sistemas corporales que influyen en el aumento de peso o la retención de exceso de peso de una persona. Al igual que con todas las demás discapacidades, según las nuevas normas de la ADA, la determinación de si la obesidad cumple la definición de discapacidad no debería requerir un análisis exhaustivo. Aún no está claro qué nivel de gravedad será necesario para que la obesidad de una persona cumpla con la definición de discapacidad. Es posible que finalmente se determine que la obesidad no tiene por qué ser «grave» para constituir una discapacidad.
"Considerado" como Discapacitado
En virtud de las disposiciones de la ADA relativas al «historial», las personas con antecedentes de obesidad, incluso cuando esta se encuentre ahora controlada, es decir, cuando se haya logrado una pérdida de peso sostenida por debajo del nivel de obesidad, también estarían cubiertas. Establecer un umbral de gravedad no es importante para determinar que una persona ha sido «considerada» discapacitada por ser obesa. Salvo lo dispuesto en el artículo 1630.15(f), se considera que una persona «tiene una discapacidad» si es objeto de una acción prohibida debido a una discapacidad física o mental real o percibida, independientemente de que dicha discapacidad limite sustancialmente, o se perciba que limita sustancialmente, una actividad vital importante. Las enmiendas a la ADA aclararon aún más que no se requieren adaptaciones razonables para condiciones que simplemente «se consideran» discapacidades.
Obesidad y Beneficios por Discapacidad de la Seguridad Social (SSA)
Con tantas personas en nuestro país clasificadas como obesas o con sobrepeso, no es raro que surjan preguntas sobre cómo la obesidad puede afectar una reclamación de beneficios por discapacidad. Dado que la obesidad es una condición médica reconocida por Seguridad Social, ¿puede argumentarse que está discapacitado si es obeso? Aunque la SSA (Administración del Seguro Social) todavía reconoce la obesidad e incluye una definición de la enfermedad, fue eliminada como una discapacidad real en 1999. Esto significa que, aunque no es imposible que alguien obtenga beneficios únicamente debido a su obesidad, es increíblemente raro.
Para calificar para beneficios, una persona obesa debe demostrar que su peso le afecta tan negativamente como una de las discapacidades actualmente listadas. Los problemas musculoesqueléticos tienen que ver con cómo nuestras articulaciones, huesos y músculos resisten el estrés y la presión. Los adjudicadores están obligados a considerar cualquier problema acumulativo o adicional que pueda estar presente como resultado de la obesidad de una persona, pero esto no siempre sucede cuando la única discapacidad listada es un solo trastorno musculoesquelético. Los abogados de discapacidad de Seguridad Social entienden que a menudo pueden ayudar a los casos de sus clientes listando una combinación de discapacidades en lugar de simplemente intentar obtener beneficios basados en un solo problema. En un estudio de adultos con artritis reumatoide, aquellos que eran severamente obesos experimentaron una discapacidad que progresaba más rápidamente que los pacientes con sobrepeso, lo cual no halló explicación en las características de su artritis, incluida la cantidad de inflamación en sus articulaciones.

Pensión de incapacidad por obesidad
Impacto en el Ámbito Laboral y Adaptaciones
En el ámbito laboral, los trabajadores con obesidad pueden enfrentar discriminación de diversas formas. Incluso antes de acceder al mercado laboral, la búsqueda de empleo puede resultar más complicada para las personas obesas.
Discriminación y Desafíos en el Empleo
La discusión sobre si la obesidad debe o no clasificarse como discapacidad sigue abierta entre profesionales sanitarios, expertos legales y trabajadores sociales. Este complejo asunto aborda derechos laborales, el acceso a la sanidad y las protecciones frente a la discriminación. Algunas personas sostienen que reconocer la obesidad como una discapacidad podría facilitar el acceso a adaptaciones necesarias y reducir la discriminación en el entorno laboral. A nivel social, las personas obesas pueden sufrir prejuicios en espacios públicos, en el trabajo o en centros educativos. Mientras que los pacientes y los reumatólogos pueden centrarse principalmente en la actividad de la enfermedad, también debemos considerar esta patología común, que puede contribuir a los problemas que generalmente se atribuyen a la artritis en sí.

Adaptaciones Razonables y Programas de Bienestar
Ampliar el concepto de obesidad como discapacidad también podría afectar al número y tipo de adaptaciones solicitadas. Actualmente, cuando surge la cuestión de las adaptaciones en casos de obesidad, se trata de cosas como extensiones para cinturones de seguridad que quedan demasiado ajustados, sillas de escritorio más grandes o plazas de aparcamiento más cercanas al edificio, ya que la obesidad afecta a la capacidad de caminar largas distancias y similares. Sin embargo, esto puede cambiar. Si una persona cumple con la definición de tener una discapacidad real por obesidad, es posible que se solicite como adaptación un escritorio que le permita trabajar de pie, o que un empleado solicite que su puesto de trabajo no esté cerca de máquinas expendedoras que ofrezcan alimentos poco saludables. Las personas que necesitan ajustes en sus horarios de trabajo para adaptarse a los efectos de los medicamentos o para acudir a las citas médicas necesarias también se benefician de adaptaciones para tratar y mitigar los síntomas de sus discapacidades. Contar con mobiliario y áreas de trabajo que se ajusten a diferentes tallas es fundamental para que todos se sientan bienvenidos. Las adaptaciones que se ocupan de gestionar los síntomas de una discapacidad son comunes. Por ejemplo, una persona que tiene una discapacidad que requiere la administración de medicamentos durante las horas de trabajo está utilizando la adaptación para gestionar la afección, en lugar de simplemente para ayudar a realizar el trabajo.
La tendencia actual de ofrecer incentivos o sanciones en función del grado de participación de las personas en los programas de bienestar puede plantear problemas de posible estigmatización o acoso a las personas por su obesidad real o percibida. Los programas que hacen hincapié en los costes sanitarios adicionales asociados a la obesidad pueden percibirse como acoso o trato discriminatorio hacia las personas con la discapacidad de la obesidad. Los programas que presentan a personas delgadas y atléticas como el ideal pueden considerarse potencialmente como una insinuación de un estereotipo negativo de las personas con la discapacidad de la obesidad.

Confidencialidad de la Información Médica
Los programas que exigen a los empleados proporcionar al empleador estadísticas como el índice de masa corporal pueden ser problemáticos, ya que se trata de una información que probablemente revele una discapacidad. Según la ADA, la información médica debe mantenerse confidencial y almacenarse en archivos separados de los registros personales. Los registros que contienen información sobre la altura y el peso de un empleado pueden considerarse incluidos en esta categoría, ya que la altura y el peso de una persona son los factores que se suelen utilizar para determinar si la persona es obesa. El IMC se calcula utilizando estos datos. Por lo tanto, las copias de los permisos de conducir y otros documentos que revelan la altura y el peso pueden considerarse, en última instancia, registros que contienen información médica y que deben tratarse de la misma manera que el resto de la información médica.
Hacia una Mayor Claridad en las Políticas Federales
Teniendo en cuenta las estadísticas sobre el número de estadounidenses que cumplen la definición médica de obesidad (el 35,9% de los estadounidenses mayores de 20 años son obesos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), un gran número de estadounidenses podrían acabar cumpliendo la definición de obesidad como discapacidad. Esto tendría un impacto en todo, desde el número de personas con discapacidad que hay en su plantilla, hasta el número de personas con discapacidad que hay entre sus candidatos, pasando por el número de personas con discapacidad que hay en el área de reclutamiento razonable. Dado que una decisión de la AMA no afecta a la interpretación de la Sección 503 ni de la ADA, en su versión modificada, a menos que los responsables políticos permitan que influya en la política futura, no tiene ningún efecto legal. Sin embargo, la AMA es una organización extremadamente influyente y sus opiniones podrían afectar a la forma en que la EEOC y, a su vez, la OFCCP definan la obesidad como una discapacidad en el futuro.
Preguntas Clave para las Agencias Federales
La decisión de la AMA de clasificar toda la obesidad como una enfermedad plantea una serie de preguntas sobre cómo debe tratarse la cobertura de la obesidad en virtud del artículo 503 y la ADA. Una de las mayores frustraciones para los contratistas es no saber qué piensan las agencias sobre cuestiones como esta. Ni la EEOC (Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo) ni la OFCCP (Oficina de Programas de Cumplimiento de Contratos Federales) han publicado ninguna orientación clara sobre este tema y los cambios introducidos por las enmiendas a la ADA, junto con esta nueva declaración de la AMA, hacen que este sea un momento adecuado para que las agencias expongan sus opiniones al respecto. Un contratista federal solo puede cumplir con la normativa si conoce las reglas del juego. Se insta a la EEOC y a la OFCCP a que aborden algunas de estas cuestiones fundamentales:
- ¿Qué hay que demostrar para que una persona con obesidad sea considerada una persona con una discapacidad real?
- ¿Qué tipo de adaptaciones son adecuadas?
- ¿Cómo deben conciliarse las exigencias de los programas de bienestar con el requisito de no acosar ni estigmatizar a las personas obesas por motivos de discapacidad?
- ¿Se considera la información sobre la altura y el peso como información médica?
- Si se adoptan objetivos, ¿se tendrá en cuenta a las personas con obesidad para el cumplimiento de dichos objetivos?
- ¿Se esperará que los contratistas hagan esfuerzos de buena fe para contratar a personas obesas?
La claridad en estas cuestiones contribuirá en gran medida a garantizar que se comprenda adecuadamente la discapacidad de la obesidad y que los contratistas federales que intentan no infringir las leyes sobre discapacidad sepan cómo evitar el incumplimiento.