Incidentes Ferroviarios: Tragedias Históricas y un Intento de Suicidio Reciente

Este artículo explora dos categorías de incidentes ferroviarios: las recordadas tragedias del tren "El Luciérnaga" en Argentina y un reciente intento de suicidio en las vías del tren Roca, junto con el impacto psicológico en los maquinistas.

Las Tragedias del Tren "El Luciérnaga" en Argentina

INFOBAE rememoró las tragedias que marcaron el fin del tren conocido como "El Luciérnaga". Este servicio de ferrocarril, que conectaba la Ciudad de Buenos Aires con Mar del Plata durante la madrugada, se ganó su apodo por viajar de noche con una sola luz al frente, traqueteando a ciegas y penetrando en las sombras de la madrugada bonaerense.

El Primer Accidente: Altamirano, 1964

Esquema de un accidente ferroviario o ilustración de un tren descarrilado

El 1 de febrero de 1964, "El Luciérnaga" chocó contra un carguero estacionado en la estación de Altamirano. El impacto, que ocurrió a las 3:50 de la mañana, despertó a todo el pueblo. Viajaban 1040 pasajeros en el tren de pasajeros, que se desplazaba a más de cien kilómetros por hora y no detuvo su marcha en Altamirano. El maquinista y el fogonero del tren de carga, que circulaba por la vía dos, sabían que debían esperar al expreso de pasajeros, que tenía prioridad de paso, pero frenaron a cien metros de la estación, cerca del cambio de vías.

Detalles del Siniestro y Consecuencias

Julio Grassi, quien tenía catorce años y vivía frente a la estación Altamirano, relata el caos inicial: "Debe haber explotado el tanque de alguna máquina y estos irresponsables están a los gritos y a las puteadas". El tren de pasajeros y la máquina de carga colisionaron de frente. La lluvia tenue y persistente añadió dramatismo a la escena. Los primeros tres vagones del tren de pasajeros saltaron de la vía, pasando un alambrado y cayendo sobre una calle de tierra. El cuarto coche se dobló, trepándose a la locomotora y prendiéndose fuego.

Un testigo relató cómo una mujer rubia y desesperada arrojó a sus dos hijos desde la ventanilla de un vagón en llamas, salvándolos, pero ella misma murió atrapada por el fuego. Otro testimonio describe la escena como un "infierno de llamas y alaridos", con personas huyendo enloquecidas de terror. Marta Sánchez recordó haber escuchado chirridos alarmantes antes del desvío y la caída del tren. La tragedia cobró la vida de 34 personas, aunque inicialmente se habló de más de sesenta víctimas.

Este suceso, que ocupó la tapa del diario Clarín y la revista Así, cambió la vida del pueblo de Altamirano. Julio Grassi, años después, aún reflexiona sobre la causa: "Falló el cambio de riel. Nunca llegó a comprobarse exactamente si estuvo mal hecho o si fallaron los rieles, que no estaban en condiciones perfectas. Algunos hablan de negligencia de los trabajadores."

El Segundo Accidente: Brandsen, 1981

Revelan imprudencias de maquinistas argentinos; leen y duermen durante los trayectos

Diecisiete años después, el 8 de marzo de 1981, el mismo servicio del ferrocarril Roca chocó nuevamente, esta vez contra un carguero volcado en Brandsen, a quince kilómetros del lugar del primer desastre. El accidente ocurrió a las 4:30 de la madrugada, en un domingo posterior a los festejos de carnaval que hacían de Brandsen la capital provincial de esta celebración.

Causas y Escena de la Catástrofe

"El Luciérnaga" había partido de Mar del Plata con 803 pasajeros. Un tren carguero con destino a Tandil había descarrilado a ocho kilómetros de la estación de Brandsen debido al desprendimiento de una de sus ruedas. El maquinista del "Luciérnaga", Domingo Fernández, explicó desde el hospital que la curva no le permitió ver el descarrilamiento y que el impacto fue "muy violento". A pesar de las señales de luces que otros intentaron hacerle, el maquinista no pudo detener el tren a tiempo, ya que "para detener setecientas toneladas se necesitan mil metros de riel".

La colisión hizo que la máquina se desprendiera y los vagones se apilaran unos sobre otros. Los gritos y llantos llenaban la oscuridad, que fue descrita como "terrible". Los bomberos, que acudieron con sus dos vehículos, se encontraron con un escenario desorientador. Daniel, uno de los bomberos, relata el rescate de una niña de cuatro o cinco años que quedó atrapada, así como la dificultad de sacar a personas desmembradas bajo los rieles.

Para organizar el rescate, se improvisó un sistema de identificación con cintas de colores: rojas para quienes estaban al borde de la muerte y naranjas para los que presentaban complicaciones. Un total de 74 heridos fueron trasladados a hospitales en diversas ciudades. Después de este segundo siniestro, y un descarrilamiento un año después cerca de Chascomús, "El Luciérnaga" dejó de operar, validando su reputación de "tren maldito".

Intento de Suicidio en las Vías del Tren Roca: Un Incidente Reciente

Recientemente, una mujer de 61 años se arrojó debajo de una formación del tren Roca en movimiento en La Plata, con la intención de quitarse la vida. El incidente ocurrió a las 10:08 del lunes, a la altura de 1 y 35, y fue detectado por las cámaras del Centro de Monitoreo.

Detalles del Suceso y Consecuencias

Agentes de la Policía acudieron al lugar y encontraron a la víctima tendida entre ambos rieles. La mujer fue rescatada con vida y consciente, aunque con un traumatismo encefalocraneano (TEC) y múltiples contusiones. Fue trasladada al Hospital Rossi, donde su pronóstico es reservado debido a la gravedad de las lesiones. La declaración del maquinista y las imágenes de seguridad fueron cruciales para descartar una caída accidental. La comisaría Segunda de La Plata intervino en el caso, y como consecuencia del hecho, el tránsito ferroviario fue paralizado y limitado por varias horas.

El Impacto Psicológico en los Maquinistas

Los arrollamientos de personas en las vías del tren son una parte dolorosa y tabú de la vida ferroviaria, uniendo involuntariamente a víctimas y conductores. España, según el Sindicato de Maquinistas Ferroviarios (Semaf), ha registrado 103 arrollamientos de trenes a personas este año, con 53 solo en Cataluña. Entre el 80% y el 85% de estos incidentes no son accidentales, según Renfe.

El Testimonio de los Maquinistas

Francisco M. Arrebola, futuro maquinista, recuerda el consejo de un compañero experimentado: "Si algún día sufres un arrollamiento, cierra los ojos. No cargarás con esa imagen el resto de tu vida". Raúl H., un maquinista madrileño con 15 años de experiencia, ha sufrido tres arrollamientos, el último en 2022. "Era una señora que estaba en medio de la vía", recuerda. Javier Gérica, maquinista jubilado, enfatiza que "el tren es muy pesado y requiere al menos 500 metros para frenar. En las vías convencionales... aparecen de sopetón y no puedes hacer nada".

El impacto emocional es duradero: "Es un golpe, un sonido que la mayoría recordará siempre, aunque todo ocurre muy rápido", coinciden los maquinistas. Raúl H. compartió su experiencia con un camión que no respetó la señalización, resultando en la muerte del conductor y una baja médica para él. En contraste, también vivió un momento gratificante cuando un coche atrapado en la vía logró retroceder a tiempo, evitando un impacto directo. La gestión emocional es diferente para cada persona; algunos encuentran alivio en mantener la actividad, mientras que otros, incluso veteranos, sufren pesadillas, especialmente si la víctima es joven.

Apoyo Psicológico y Protocolos

Sebastià Sánchez, presidente de la sección de psicología de la movilidad y la seguridad del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, subraya la importancia de buscar ayuda. Los maquinistas, al igual que las víctimas, pueden sufrir "episodios de miedo, pesadillas, opresión en el pecho o tensión muscular". Aunque el 85% de los afectados responden bien a los tratamientos, un porcentaje menor puede tener dificultades duraderas. "Pasar por una situación traumática sin ayuda es como sufrir una herida muy fea y esperar a que se cure sola", compara Sánchez.

Los protocolos de las compañías ferroviarias buscan proteger a víctimas, maquinistas y usuarios. El maquinista debe informar su ubicación, reconocer el estado de la víctima para activar primeros auxilios y notificar a los usuarios. Sin embargo, la escena puede ser "realmente angustiosa", y no todos se atreven a bajar del tren. Gérica recuerda que en su época "no existían los gabinetes psicológicos como ahora".

A pesar de la relevancia, los temarios académicos para futuros maquinistas no incluyen contenidos dedicados a la salud mental ni a la gestión emocional. Arrebola admite que estos temas se plantean más en las prácticas y simuladores. La "alerta absoluta" es crucial en la profesión, manteniendo el "pedal del hombre muerto", un dispositivo de seguridad que asegura que el maquinista esté consciente y al mando.

La complejidad de la vida sobre el raíl se evidenció cuando un maquinista de Rodalies en Montcada i Reixach expresó por megafonía su frustración ante personas que cruzaban las vías: "Me parece una falta de educación y de respeto... No podemos tener un infarto cada día. Un poco de respeto a las muertes".

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