Jóvenes en Situación de Vulnerabilidad: Un Análisis Integral

En nuestra sociedad actual, la juventud se enfrenta a una diversidad de desafíos y obstáculos que pueden impactar de manera significativa su bienestar y desarrollo. Desde la escasez de recursos económicos y la limitada disponibilidad de oportunidades educativas y laborales, hasta la exposición a situaciones de discriminación, violencia y abuso, un considerable número de personas jóvenes se ve afectado por múltiples factores de vulnerabilidad. Estas situaciones requieren de acciones efectivas y centradas en la persona para ser abordadas.

Las condiciones de desigualdad y discriminación profundizan la complejidad de esta problemática, planteando el desafío de ofrecer acompañamiento en la soledad, al mismo tiempo que se interviene sobre otras dimensiones vitales de su existencia. Para comprender el fenómeno de la vulnerabilidad en la juventud y los retos que presenta su intervención, es fundamental una reflexión profunda sobre los factores que la componen y las respuestas que se pueden generar.

Comprender la Vulnerabilidad: Concepto y Dinámicas

Definición y Concepto de Vulnerabilidad

El término vulnerabilidad ha ganado relevancia en el ámbito de las Ciencias Sociales, siendo un concepto recurrente en campos como la Educación, Sociología, Psicología y Desarrollo. Según Gustavo Wilches-Chaux, “Vulnerabilidad es un sinónimo de inseguridad, en el sentido más profundo del término: inseguridad para la existencia; incertidumbre frente a la historia cotidiana y frente al mundo circundante”.

Podemos entender que algo o alguien es vulnerable cuando resulta incapaz de resistir y absorber, ajustándose, los efectos de un determinado cambio en el medio ambiente. Ejemplos de esto incluyen un edificio que no soporta las inclemencias del tiempo, una población diezmada por una epidemia, o una persona con baja por estrés laboral.

La vulnerabilidad presenta dos dimensiones interconectadas: una externa, que se refiere a los riesgos, presiones y condiciones a las que un objeto o sujeto se ve sometido; y una interna, que es la falta de estructura o recursos para afrontar la situación con éxito, a menudo denominada indefensión.

Hablar de vulnerabilidad implica considerar tres tipos de riesgos principales:

  • El riesgo de verse expuesto a una situación amenazante.
  • El riesgo de no tener capacidad para afrontarla.
  • El de sufrir consecuencias graves o incluso no recuperarse de ellas.

Factores de la Vulnerabilidad: Dimensiones Internas y Externas

Para analizar la realidad de la vulnerabilidad en nuestra sociedad, es fundamental comprender su propia dinámica y la interrelación de los factores que entran en juego. Se puede observar que, cuanto mayor sea cualquiera de los dos factores -riesgo o vulnerabilidad-, peores serán las consecuencias. Si uno de los factores es cero, la situación de vulnerabilidad nunca se producirá.

Lo que en nuestro contexto quiere decir que una situación solo puede considerarse un riesgo si se produce en una persona o grupo vulnerable a ella. Si existe esa vulnerabilidad, entonces la atención debe centrarse en la probabilidad: si hay muchas posibilidades de que ocurra, deberá considerarse una amenaza real.

Esquema de factores de vulnerabilidad (internos, externos, macro, micro) y su interconexión

La Naturaleza Dinámica de la Vulnerabilidad

La vulnerabilidad de las personas y grupos humanos no es un estado estático, sino un proceso dinámico. Fluctuúa según las circunstancias, siendo consecuencia de la interacción de factores internos y externos que convergen en un lugar y momento dados. Una situación de vulnerabilidad puede ser producto de múltiples factores que suelen reforzarse mutuamente, abarcando desde lo “macro” o estructural hasta lo “micro” o personal.

Cada ser humano, por su propia realidad, puede ser más o menos vulnerable a determinadas situaciones. Las características que comúnmente influyen son: edad, género, etnia, religión, clase social, actividad laboral, lugar de residencia y estatus jurídico. Además, otro grupo de factores proviene del medio social, que en ocasiones genera situaciones de peligro y desprotección, favoreciendo la indefensión social.

La Importancia de los Perfiles de Vulnerabilidad

Para estudiar e identificar focos de vulnerabilidad, se han definido diferentes tipos, todas estrechamente interconectadas entre sí. Tras el análisis de estos factores, es evidente que no hay dos vulnerabilidades iguales. Todos somos vulnerables a algo, pero cada persona o colectivo es susceptible a situaciones específicas y con un grado propio, en función de sus circunstancias. Esto implica que rara vez dos personas o grupos en la misma situación son vulnerables de la misma forma a las mismas cosas.

Cuando el objetivo es la prevención, la estrategia más eficaz es elaborar perfiles de vulnerabilidad individualizados para cada caso, analizando la presencia de los diversos factores y tipos de vulnerabilidad, así como los puntos fuertes y débiles de la persona o grupo. A partir de este perfil, es posible identificar situaciones de riesgo y detectar aquellas que, por su alta probabilidad, pueden convertirse en una amenaza real.

Respuestas y Estrategias frente a la Vulnerabilidad

Niveles de Intervención: Prevención y Mitigación

La pregunta fundamental en relación con la vulnerabilidad es: ¿Se puede evitar el daño? ¿Qué acciones se pueden tomar y dónde debemos incidir? Recordemos la ecuación: si logramos que cualquiera de los dos factores (riesgo o vulnerabilidad) tienda a cero, el desastre también debería tender a cero.

Las intervenciones pueden enfocarse en varias direcciones:

  1. Eliminación o reducción de la exposición al riesgo: Se intenta evitar que se produzcan las realidades hacia las que determinadas personas o grupos son vulnerables, o que se vean expuestos a ellas. Esto incluye medidas de eliminación, control, reducción y precauciones.
  2. Fortalecimiento de la capacidad de afrontamiento: Se busca reducir la impotencia de las personas o grupos, ayudándoles a desarrollar estrategias de evitación o afrontamiento, haciéndolos más flexibles y fuertes.
  3. Preparación para la mitigación: Cuando se valora que, a pesar de las medidas de prevención y/o mitigación, un desastre puede ocurrir, o por simple prevención, se prepara a la persona o grupo para afrontarlo de la mejor manera posible. El objetivo es reducir la magnitud del sufrimiento individual o colectivo y acelerar la recuperación, lo que se relaciona con la prevención secundaria.

Lógicamente, la actuación más eficaz en general es la que articula medidas de los tres tipos, pero su implementación resulta compleja y a veces innecesaria en todos los casos. El perfil de vulnerabilidad individualizado puede orientar la intervención. En la mayoría de las ocasiones, lo conveniente es incidir de forma coordinada en el aspecto estructural (macro) y en el particular (micro), un desafío que aún hoy persiste.

Tipos de Vulnerabilidad: Social y Personal

Es importante distinguir que una persona o colectivo vulnerable vive de forma bastante normalizada, aunque con riesgo de deslizarse a una situación precaria, situándose en esa zona límite entre la estabilidad/integración y el desequilibrio/exclusión. Según los factores y tipos de vulnerabilidad que converjan, el perfil será más alarmante.

Existen dos tipos de vulnerabilidad diferentes. Hay vulnerabilidades que tienen causas claramente sociales o comunitarias, pero también hay situaciones de vulnerabilidad individual, fruto de carencias o circunstancias personales. Si bien es cierto que en ocasiones una puede llevar a la otra, muchas veces se manifiesta solo de un tipo.

Vulnerabilidad Social: Factores Estructurales

La vulnerabilidad social es una situación de fragilidad que surge de factores sociales, a menudo denominados condicionantes estructurales. Podemos pensar en personas, hogares, colectivos e incluso países que quedan expuestos a sufrir alteraciones bruscas y significativas en sus niveles de vida e integración social.

Vulnerabilidad Personal: Niveles y Dimensiones

Por el contrario, la vulnerabilidad personal es consecuencia de características individuales. Pero, además de esta vulnerabilidad intrínseca, siguiendo a Rafael Fayos (2005), podemos hablar de diferentes niveles de vulnerabilidad personal:

Niveles Externos e Ideológicos

  1. Un primer nivel, producto de no considerar a una persona como tal, sino como un objeto, lo que conlleva un serio riesgo de que se la dispense un trato infrahumano.
  2. Un segundo nivel, cuando se cuestiona la condición de persona a alguien que no es capaz de ejercer su capacidad de raciocinio y libertad (como los primeros o últimos estadios de la vida, ciertas discapacidades o enfermedades). En estos casos, el entorno decide sobre ellas, su forma de vida e incluso su vida misma, convirtiéndolos en los eslabones más vulnerables de nuestra sociedad.

En ambos niveles, para evitar consecuencias funestas, la intervención debe incidir fundamentalmente sobre el entorno, pues la situación tiene raíces ideológicas.

Vulnerabilidad Biológica y Existencial

  1. Un tercer nivel es fruto de nuestra condición biológica: el riesgo de enfermar corporal y mentalmente.
  2. Los siguientes dos niveles proceden de nuestro interior, de nuestra forma de enfrentarnos a la realidad. La vulnerabilidad existencial surge de la incertidumbre y fragilidad que experimentamos frente a nuestro proyecto vital (sufrimiento, frustración, conciencia de la muerte, entre otros).

Vulnerabilidad Psicológica y el Papel de las Creencias

  1. Por último, una vulnerabilidad psicológica o incompetencia para afrontar las dificultades y estresores de la vida. Hay personas a las que todo les afecta de forma especial, aún lo más insignificante. Cambios habituales en la vida activan en ellas sentimientos perturbadores y son vividos como un trauma. Se caracterizan por un estilo de pensamiento negativo y sentimientos de indefensión y desesperanza; en resumen, una pérdida de la confianza básica en sí mismas y la vida.

Tampoco podemos dejar de mencionar a determinadas personas o grupos que generan su propia vulnerabilidad por victimización. Todos mantenemos respecto a lo que nos sucede ciertos pensamientos -la mayoría “automáticos”- que hemos elaborado o absorbido del entorno. Estas ideas, cuando están distorsionadas o no responden a una filosofía de vida sana, favorecen la vulnerabilidad psicológica. Entre ellas están las llamadas por la Psicoterapia cognitiva creencias irracionales.

Diagrama de la interconexión entre pensamientos, creencias y vulnerabilidad psicológica

La Sociedad del Bienestar y sus Paradojas

Es conveniente reflexionar si hay sociedades que en su conjunto son más susceptibles de tener problemas, y si la cultura, ideología o estilo de vida imperante puede hacer que los miembros de una sociedad desarrollen personalidades más vulnerables. Nuestra sociedad, llamada habitualmente sociedad del bienestar, nos invita a cuestionar si este bienestar nos hace más fuertes y resistentes.

A pesar de vivir socioeconómicamente mucho mejor que en épocas pasadas, se observa un aumento progresivo de desestructuraciones personales (depresiones, suicidios, adicciones, rupturas familiares…). Datos como un suicidio cada nueve minutos en la UE y que un 11% de sus ciudadanos sufre alguna forma de enfermedad psíquica, ponen de manifiesto esta paradoja.

Vulnerabilidad en el Estado Postsocial

Si volvemos a la ecuación de la vulnerabilidad, y teniendo en cuenta que los riesgos en nuestra sociedad tienden bastante a cero, podemos concluir que es el otro factor, es decir, la vulnerabilidad, el que provoca los desajustes. Vivimos en lo que se ha dado en llamar el Estado Postsocial, caracterizado por:

  • Individualismo y búsqueda de la riqueza.
  • Minusvaloración de la autoridad.
  • Escasa vida familiar.
  • Relativismo y falta de valores.
  • Incertidumbre con respecto al futuro.
  • Debilitamiento de las relaciones sociales.
  • Gran influencia de los medios de comunicación masiva.

La Resiliencia como Factor Protector

Ante estas características del Estado Postsocial, es crucial desarrollar personalidades resistentes al estrés. En esta línea, se ha escrito mucho últimamente sobre la resiliencia. Este concepto, proveniente de la Física, denomina la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones.

“Lo que no te mata te hace más fuerte” se suele decir. Y es que muchas veces el sentirse vulnerable es un acicate para la superación personal. Otras, comprender el significado del peligro puede reducir su impacto. Pasar por una situación puede promover recursos o convertirse en una especie de antídoto. Superarlo es fuente de autoafirmación. Vivirlo acompañado de adultos puede dar pautas de afrontamiento. Así pues, vivir una situación de riesgo puede convertirse en factor de protección.

¿Qué es la resiliencia?

Vulnerabilidad Específica en la Infancia y Juventud

Todo niño, adolescente o joven es vulnerable por el solo hecho de serlo. La infancia es un período de dependencia total del entorno y las personas adultas. Los más jóvenes son el eslabón más débil porque precisan del resto de la comunidad para subsistir; pero también porque tienen toda una existencia aún por construir y todo lo que vivan ahora influirá en su futuro. Por ello, el quid de la vulnerabilidad infantil y juvenil está en el ambiente. Son los factores estructurales los que modelan a niños y adolescentes, ayudándoles a configurar sus capacidades personales y sus sistemas de vida.

Según Dellutri (2008), “el ser humano tiene un período de gestación intrauterina que dura nueve meses, pero un período mucho más amplio de gestación extrauterina donde se forma la personalidad, y es la familia quien tiene que actuar como útero de contención”.

Factores Protectores Clave: Familia, Educación y Comunidad

No hay estudio que no destaque la importancia trascendental de una familia estable, afectuosa y con criterios educativos y éticos claros para la correcta estructuración de la persona. Sin embargo, según Elzo (2008), el modelo mayoritario (50%) es la familia nominal, donde padres e hijos “coexisten pacíficamente”, aunque con poca comunicación, sobre todo por falta de implicación parental.

El siguiente factor protector por su importancia es la cultura y el éxito académico. Los conocimientos nos hacen competentes, unas calificaciones adecuadas son factor clave de autoestima y la cualificación profesional, un pasaporte a la integración social. Además, en la escuela se desarrollan habilidades sociales y personales fundamentales para la vida.

En la ciudad actual es difícil hablar del barrio como espacio de socialización tradicional. En general, nos creamos nuestras propias comunidades, ya sean presenciales o virtuales (grupos de iguales, de intereses, etc.), que influyen poderosamente en la vida de ocio y elección de estilos de vida, configurando parte del inconsciente colectivo.

Foto de jóvenes interactuando en un entorno comunitario o escolar

Amenazas y Desafíos para la Juventud Vulnerable

En este mundo globalizado, la primera amenaza que se cierne es la no-supervivencia. Según UNICEF, alrededor de 150 millones de menores sufren desnutrición, 11 millones mueren al año por enfermedades fácilmente evitables, 300 millones están expuestos a la violencia y explotación, y el reclutamiento de niños soldados y los ataques en tiempos de guerra han empeorado.

Centrándonos en nuestra sociedad, la primera amenaza, por su especial repercusión, es la exclusión social: la imposibilidad de participar de adultos en la vida económica, social y cultural de una forma normalizada. Conductas muchas veces promovidas por ideologías e intereses adultos, pueden conllevar un detrimento de la salud, tales como adicciones y sus consecuencias fisiológicas, enfermedades de transmisión sexual, o muertes en carretera. Los jóvenes son especialmente vulnerables a la violencia: maltratos, abusos, violaciones, acosos, tanto como víctimas como, en ocasiones, como agresores.

Una de las mayores amenazas es también el no encontrar razones para vivir, lo que les impide tener proyectos ilusionantes sobre su presente y su futuro. Como el período de la juventud se ha alargado tanto en nuestra sociedad que, a diferencia de otras, no tiene ritos de paso que incorporen a los jóvenes a la adultez, muchos jóvenes buscan vivir esas sensaciones que necesitan (éxito, acompañamiento emocional, integración) en el riesgo mismo o tienden a anestesiarse para huir de la frustración.

Cuando se aplican criterios generales sobre la vulnerabilidad a los más jóvenes, no se cumplen tan linealmente por la propia etapa evolutiva.

La "Juvenilización de la Pobreza"

En estos momentos, con una crisis económica en estado incipiente, no existen datos muy concluyentes que nos iluminen; pero con anterioridad, diversas instituciones han llamado la atención sobre un llamativo fenómeno de juvenilización de la pobreza. Según Cruz Roja (2006), el 44,1% de los pobres en España son menores de 25 años (en la pobreza extrema más del 65%). Del conjunto de niños y jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad social en nuestro país, más del 84% son españoles, el 58% menores de 12 años y, a mayor edad, mayor proporción de varones respecto a mujeres.

La adolescencia es una de las etapas evolutivas más difíciles, en la que se deben afrontar cambios en todos los niveles (físicos, emocionales, morales, de relaciones y de compromisos) en una sociedad excluyente y llena de prejuicios. Los y las jóvenes en situación vulnerable se enfrentan a la adolescencia desde una perspectiva aún más complicada: a la condición de adolescentes se suman sus situaciones personales difíciles y conflictivas.

Cuando hablamos de jóvenes en situación vulnerable, esta necesidad de huida, de confrontación, pero de búsqueda constante del adulto referente se acentúa aún más debido a la carencia de tener un referente claro. Si bien los y las adolescentes se oponen a los adultos para reafirmarse, para demostrar que ya no son niños, que no dependen ni necesitan los adultos referentes, los adultos que los acompañan deben ser cercanos, deben estar disponibles, alguien a quien puedan pedir ayuda en cualquier momento, positivos con actitud abierta y accesible, convirtiéndose en un referente para ellos y ellas.

Iniciativas y Acciones de Apoyo

El Compromiso de la UNESCO en Ecuador

La inclusión de niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad es el centro de la agenda educativa de la UNESCO en Ecuador. Esta iniciativa es impulsada por un nuevo financiamiento del Fondo Global Education Cannot Wait (ECW), que ha otorgado 7.410.000 dólares para un Programa Multianual de Resiliencia.

Este Programa Multianual de Resiliencia tendrá una duración de 3 años y será implementado por la UNESCO en colaboración con las Naciones Unidas y las organizaciones de la sociedad civil, en coordinación con el Ministerio de Educación del Ecuador. Desde el año 2018, con financiamiento del mencionado Fondo Global Education Cannot Wait, la UNESCO ha implementado actividades para mejorar el acceso a la calidad de la educación para niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad.

Ya antes de la pandemia, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), aproximadamente 268.000 niñas, niños y adolescentes estaban fuera del sistema educativo. La educación es un derecho humano fundamental consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo compromiso fue renovado en 2015 por los Estados Miembros de las Naciones Unidas para alcanzar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todas las personas sin ninguna discriminación, a toda edad, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, bajo el mandato de la UNESCO. Durante el año 2020, la UNESCO ha desarrollado varias acciones en el Ecuador a favor de una educación inclusiva.

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