La intolerancia a la lactosa es una afección digestiva común que se caracteriza por la incapacidad del intestino delgado para digerir completamente la lactosa, un azúcar presente en la leche y sus derivados. Aunque puede manifestarse a cualquier edad, es un desafío cada vez más frecuente en la edad adulta y particularmente en los adultos mayores, donde la prevalencia es significativa. Se estima que entre el 57% y el 65% de la población mundial sufre de malabsorción de lactosa, siendo uno de los principales problemas gastrointestinales de la actualidad.
Esta afección, también conocida como absorción insuficiente de la lactosa, raramente es peligrosa, pero sus síntomas pueden ser muy molestos y condicionar la vida de quienes la padecen.
¿Qué es la lactosa y la lactasa?
La lactosa es un tipo de azúcar, un disacárido, que se encuentra naturalmente en la leche y otros productos lácteos. Para su correcta digestión, el cuerpo necesita una enzima específica llamada lactasa, que se produce en el intestino delgado. La lactasa es responsable de la hidrólisis o descomposición de la lactosa en dos azúcares más simples: glucosa y galactosa, los cuales pueden ser absorbidos a través de la mucosa intestinal y entrar al torrente sanguíneo.
La actividad de la lactasa comienza a detectarse en la superficie de la mucosa del intestino desde la octava semana de gestación, alcanzando su pico en la semana 34. Los cuerpos de los bebés producen la enzima lactasa para poder digerir la leche, incluida la leche materna.
¿Qué es la Intolerancia a la Lactosa?
La intolerancia a la lactosa se presenta cuando el intestino delgado no produce suficiente cantidad de la enzima lactasa. Si hay deficiencia de lactasa, la lactosa de los alimentos se desplaza hasta el colon sin procesarse ni absorberse. En el colon, las bacterias comunes interactúan con la lactosa no digerida, lo que provoca la aparición de los signos y síntomas característicos de la intolerancia a la lactosa.
Es importante señalar que una persona puede tener niveles bajos de lactasa y, aun así, ser capaz de digerir productos lácteos sin síntomas, ya que la presencia e intensidad de estos dependen directamente de la cantidad de lactosa ingerida.

Tipos de Intolerancia a la Lactosa
Existen tres tipos principales de intolerancia a la lactosa, diferenciados por los factores que causan la deficiencia de lactasa:
Intolerancia a la lactosa primaria
Es el tipo más común y suele desarrollarse en la edad adulta. Las personas con intolerancia a la lactosa primaria comienzan la vida produciendo suficiente lactasa. A medida que los niños reemplazan la leche por otros alimentos, la producción de lactasa normalmente disminuye. En la intolerancia a la lactosa primaria, esta producción decrece drásticamente, lo que hace que los productos lácteos sean difíciles de digerir en la edad adulta. Se estima que el 10% de la población termina presentando una deficiencia de lactosa con la edad. En las personas de raza blanca, con frecuencia se presenta en niños mayores de 5 años, mientras que en las personas afroamericanas, el problema puede presentarse ya a los 2 años.
Intolerancia a la lactosa secundaria
Esta forma se produce cuando el intestino delgado reduce la producción de lactasa como consecuencia de una enfermedad, lesión o cirugía que afecte a dicho órgano. Entre las enfermedades asociadas se incluyen infecciones intestinales, la enfermedad celíaca, la proliferación bacteriana y la enfermedad de Crohn, así como cualquier afección que cause diarrea. El tratamiento del trastorno preexistente podría restaurar los niveles de lactasa y mejorar los síntomas, aunque puede llevar tiempo.
Intolerancia a la lactosa congénita o del desarrollo
Es un trastorno poco frecuente en el que los bebés nacen con intolerancia a la lactosa debido a la ausencia total de lactasa, causada por variantes genéticas en ambas copias del gen LCT. Esta condición impide la lactancia materna y requiere el uso de fórmulas sin lactosa desde el nacimiento. Los bebés nacidos prematuramente también pueden tener niveles reducidos de lactasa de forma temporal, ya que el intestino delgado no genera células productoras de lactasa hasta fines del tercer trimestre.
Causas y factores de riesgo en adultos mayores
La intolerancia a la lactosa puede aparecer a cualquier edad, pero los problemas digestivos son frecuentes en las edades adultas. A medida que envejecemos, el intestino delgado reduce gradualmente la producción de la enzima lactasa. La intolerancia a la lactosa suele aparecer en la edad adulta y es muy prevalente en adultos y adultos mayores.
Los factores de riesgo incluyen:
- Edad avanzada: La producción de lactasa disminuye naturalmente con la edad, lo que puede llevar a una intolerancia en personas que antes eran tolerantes.
- Origen étnico: La afección es más común en adultos de origen africano, asiático, hispano o nativo americano. Es menos frecuente en personas de origen europeo del norte u occidente, pero aun así puede ocurrir.
- Enfermedades que afectan el intestino delgado: Una enfermedad que comprometa o lesione el intestino delgado puede provocar una menor producción de lactasa. Esto incluye la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, infecciones intestinales o el crecimiento bacteriano excesivo.
- Ciertos tratamientos oncológicos: Algunos tratamientos contra el cáncer pueden dañar el intestino delgado y afectar la función de la lactasa.

Síntomas de la Intolerancia a la Lactosa
Los signos y síntomas de la intolerancia a la lactosa suelen comenzar entre 30 minutos y 2 horas después de consumir productos lácteos u otros alimentos que contienen lactosa. La presencia e intensidad de los síntomas dependerán de la cantidad de lactosa ingerida, siendo peores con grandes cantidades.
Los síntomas más comunes incluyen:
- Distensión abdominal: Sensación de hinchazón o plenitud en el abdomen.
- Cólicos abdominales: Dolor o calambres en el abdomen.
- Diarrea o deposiciones pastosas: La diarrea es el síntoma más común en adultos mayores.
- Gases (flatulencia): Exceso de gases.
- Náuseas: Malestar estomacal.
Es importante destacar que otros problemas intestinales, como el síndrome del intestino irritable, pueden causar síntomas similares a los de la intolerancia a la lactosa, lo que dificulta el diagnóstico basándose únicamente en la sintomatología.
Digestión de la lactosa en bebés | Video HHMI BioInteractive
Diagnóstico de la Intolerancia a la Lactosa
Debido a la similitud de los síntomas con otras afecciones intestinales, un diagnóstico preciso es esencial. Los exámenes para ayudar a diagnosticar la intolerancia a la lactosa incluyen:
- Prueba de aliento para lactosa-hidrógeno: Consiste en hacer ingerir lactosa al paciente y posteriormente medir la cantidad de hidrógeno en el aire exhalado. Un aumento anormal de hidrógeno indica que la lactosa no fue digerida y fue fermentada por bacterias en el colon. Es el método de elección para evaluar la malabsorción de lactosa e intolerancia.
- Prueba de tolerancia a la lactosa: Se administra lactosa y se toman varias muestras de sangre para medir los niveles de glucosa. Una curva de glucosa plana puede indicar malabsorción de lactosa.
- pH de las heces: Puede ser útil, especialmente en niños, ya que las heces pueden volverse más ácidas si la lactosa no se digiere.
- Biopsias del intestino delgado: Se puede tomar una biopsia intestinal a través de una endoscopia digestiva alta para estudiar la presencia de la enzima lactasa en la mucosa. Por ser un examen invasivo y con mayores riesgos, no se realiza de rutina.
- Prueba de Gaxilosa: Implica la administración de gaxilosa y la evaluación de D-xilosa en la orina o sangre.
- Test Genético: Evalúa la presencia de variantes en genes asociados con la intolerancia a la lactosa, como el gen LCT.
La principal limitación de algunas de estas pruebas es que la malabsorción de lactosa es común en individuos sanos, y un resultado positivo no siempre confirma que los síntomas sean causados por esta condición. A veces se recurre a una dieta libre de lactosa en un ensayo de 1 a 2 semanas para evaluar la mejora de los síntomas.
Manejo y Tratamiento
No existe un tratamiento que cure la intolerancia a la lactosa, pero los síntomas pueden aliviarse eficazmente mediante el manejo de la dieta y el uso de suplementos.
Dieta y Evitación de Alimentos con Lactosa
Lo primero es reducir o evitar el consumo de alimentos que contengan lactosa. Los síntomas suelen desaparecer cuando se eliminan la leche, otros productos lácteos y fuentes de lactosa de la dieta. Es crucial leer el etiquetado de los productos para buscar fuentes ocultas de lactosa en alimentos no lácteos (incluidas algunas cervezas y medicamentos).
La mayoría de las personas con un nivel bajo de lactasa pueden tolerar hasta media taza (aproximadamente 60 a 120 mililitros) de leche una vez sin presentar síntomas. Porciones más grandes pueden causar problemas. Es importante destacar que no todos los lácteos afectan por igual.
Los productos lácteos que pueden ser más fáciles de digerir incluyen:
- La mantequilla y los quesos (especialmente los quesos duros añejados, que contienen menos lactosa que la leche).
- Los productos lácteos fermentados, como el yogur, ya que los fermentos lácticos consumen la lactosa de la leche, reduciendo su contenido.
- La leche de cabra.
- Leche y productos lácteos deslactosados, a los que se les ha añadido artificialmente la enzima lactasa.
- Leche de vaca tratada con lactasa.
- Fórmulas de soya (soja) para bebés, y leche de soya o de arroz para niños pequeños y adultos. La leche de soja ofrece el perfil proteico más similar a la leche tradicional.
Suplementos de lactasa
Otra opción es el uso de enzimas de lactasa en tabletas o cápsulas, las cuales se pueden ingerir antes de consumir alimentos lácteos. También se pueden agregar enzimas de lactasa a la leche normal.
Consideraciones Nutricionales y el Rol de los Lácteos en Adultos Mayores
Eliminar la leche y otros productos lácteos de la dieta puede llevar a una carencia de nutrientes esenciales como calcio, vitamina D, riboflavina y proteína. Los adultos mayores, en particular, necesitan de 1,000 a 1,500 mg de calcio cada día, dependiendo de su edad y sexo, para prevenir problemas como la osteoporosis.
El consumo de lácteos en la edad adulta es importante para la salud cardiovascular, la formación y conservación de la masa muscular (por su proteína de alta calidad) y la prevención de osteoporosis (por su calcio de alta biodisponibilidad). Además, el consumo de proteína láctea puede contribuir a aumentar la respuesta de la insulina en personas con diabetes tipo 2, y los lácteos bajos en grasa se han asociado inversamente con la glicemia y la presión arterial. La matriz láctea también contribuye a fortalecer el sistema inmune.

Cómo obtener calcio y vitamina D
Para asegurar una ingesta adecuada de estos nutrientes, se pueden tomar las siguientes medidas:
- Tomar suplementos de calcio con vitamina D, previa consulta con un profesional de la salud.
- Consumir alimentos que tengan más calcio, como verduras de hoja (brócoli), ostras, sardinas, salmón en conserva, camarones y legumbres.
- Beber jugo de naranja fortificado con calcio.
- Reemplazar la leche convencional por leche sin lactosa o yogur, que es mejor tolerado al contener la lactasa producida por los cultivos de bacterias utilizados en su preparación.
Cuándo consultar a un médico
Es importante programar una cita con el médico si se experimentan síntomas de intolerancia a la lactosa después de consumir productos lácteos, especialmente si hay preocupación por la ingesta suficiente de calcio. Consulte a su proveedor de atención médica si:
- Los síntomas empeoran o no mejoran con los cambios en el tratamiento o la dieta.
- Desarrolla nuevos síntomas.
- Tiene un bebé menor de 2 o 3 años que presenta síntomas de intolerancia a la lactosa.
- Su hijo está creciendo lentamente o no está aumentando de peso.
- Necesita información sobre alimentos sustitutos adecuados para asegurar una nutrición completa.
No se conoce una manera de prevenir la intolerancia a la lactosa, pero un manejo adecuado puede aliviar las dolencias y permitir una vida plena.