El envejecimiento, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un "proceso fisiológico gradual e irreversible que implica cambios en los tejidos y funciones corporales a lo largo del tiempo", es una realidad demográfica global. Este proceso, que acompaña toda la vida de un ser vivo, desde la célula hasta el organismo total, conlleva limitaciones en la adaptabilidad del ser humano a su entorno. La población mundial está experimentando un envejecimiento acelerado, con un aumento significativo de personas mayores de 60 años. Se proyecta que para el año 2050, este grupo represente entre el 25% y el 30% de la población mundial. Chile no es ajeno a esta tendencia, esperando que los mayores de 60 años alcancen el 33% de la población para 2050, con un 10% de ellos mayores de 80 años.
Si bien la prolongación de la vida es un logro positivo, el desafío reside en mantener la vitalidad y una buena calidad de vida, minimizando la morbilidad y los años de incapacidad. Ante este panorama, el impulso de políticas públicas dedicadas a abordar las problemáticas del envejecimiento se convierte en una prioridad internacional. El envejecimiento poblacional tiene repercusiones económicas, ya que las personas mayores suelen presentar mayores necesidades de salud y atención a largo plazo, incrementando el gasto estatal. Por ello, es responsabilidad de diversas instituciones, incluyendo ministerios, congresos, municipalidades y universidades, promover el envejecimiento saludable.
Los desafíos que plantea el envejecimiento poblacional para los países y sus sistemas de salud son considerables. Una respuesta ha sido la implementación de programas y políticas dirigidas a las personas mayores, reconociendo la necesidad de soluciones personalizadas. El consumo de alimentos y los patrones dietéticos, en conjunto con la actividad física, son mundialmente reconocidos como pilares fundamentales para promover un envejecimiento activo y saludable. La nutrición, en particular, juega un rol crucial en la modulación de los cambios fisiológicos y enfermedades asociadas a la edad.

El Papel de la Nutrición en la Tercera Edad
Mantener una buena alimentación es esencial en todas las etapas de la vida, pero en la tercera edad, una dieta equilibrada se vuelve clave para prolongar la salud. Las personas mayores requieren los mismos tipos de alimentos que las personas jóvenes, aunque en cantidades distintas, ya que las necesidades nutricionales cambian con la edad. Conocer los requerimientos calóricos, que varían según la edad y el nivel de actividad física, es fundamental para una alimentación equilibrada. La European Nutrition Health Alliance (ENHA) señala que en Europa, 20 millones de personas sufren desnutrición, lo que subraya la importancia de prestar atención a la ingesta nutricional en la vejez.
Las necesidades energéticas disminuyen con la edad debido a la reducción del metabolismo basal y la actividad física. Esto dificulta el aporte adecuado de nutrientes con una ingesta calórica baja, haciendo necesario incluir alimentos de alta densidad nutricional. La deficiencia de proteínas puede llevar a la pérdida de masa muscular, alteraciones inmunológicas y mala cicatrización. La calidad de la proteína, además de la cantidad, es importante, fomentándose el consumo de proteínas de alto valor biológico, especialmente en casos de falta de apetito o pérdida de peso.
Los hidratos de carbono deben cubrir entre el 55% y 60% de las calorías totales de la dieta. Un adecuado aporte de fibra (entre 20 y 30 g/día) es esencial para la función gastrointestinal, previniendo el estreñimiento al favorecer la motilidad intestinal. En general, no se recomienda reducir totalmente el aporte de grasa en la dieta del adulto, a menos que exista una patología específica.
Vitaminas y Minerales Esenciales para Personas Mayores
Existen vitaminas y minerales específicos que cobran especial relevancia en la dieta de las personas mayores:
- Vitamina C: Esencial para el desarrollo y mantenimiento del organismo, colabora en el funcionamiento del sistema inmune, el aparato circulatorio y el sistema nervioso.
- Vitamina D: Su aporte debe ser importante, ya que con la edad disminuye la síntesis cutánea por baja exposición solar y por alteraciones en hígado y riñón, además de la ingesta oral.
- Calcio: Nutriente esencial para la formación del esqueleto óseo y los dientes, desempeñando un papel crucial en su mineralización.
- Magnesio: Contribuye a la relajación muscular; su carencia puede generar una sensación constante de fatiga.
- Hierro: Esencial para la prevención de la anemia ferropénica.
- Zinc: Segundo oligoelemento más importante después del hierro, forma parte de numerosas enzimas involucradas en vías metabólicas clave, como la obtención de energía y la síntesis de proteínas.
Una dieta equilibrada, variada y completa es la base para el bienestar. Se recomienda que las personas mayores realicen todas las comidas, prestando especial atención al desayuno. Comer cinco veces al día garantiza un aporte energético suficiente para mantenerse activo. Es importante consumir todos los alimentos de la pirámide nutricional en las porciones adecuadas: se sugieren seis porciones de pan y cereales, tres de vegetales, dos de frutas, y de leche y sus derivados, así como de proteína.

Recomendaciones Dietéticas y Hábitos Alimentarios
Para mantener los huesos fortalecidos y prevenir la osteoporosis, los adultos mayores deben aumentar su consumo de calcio, incorporando cuatro o cinco porciones de lácteos bajos en grasa (leche, yogur o queso) diariamente. Asimismo, es necesario incrementar el consumo de grasas vegetales, utilizando aceite de oliva, de soja o de maíz.
El consumo de fibra es fundamental para mejorar la digestión, prevenir el estreñimiento, reducir el colesterol y disminuir los niveles de azúcar en sangre. Si la persona mayor cocina o compra sus alimentos, o si esta tarea la realiza un cuidador, se debe evitar la compra de alimentos precocinados o envasados. Al preparar las comidas, es importante evitar el uso de grasas excesivas y no cocinar las verduras en exceso para preservar sus nutrientes. Estos consejos son cruciales para quienes cuidan de personas mayores, asegurando una alimentación balanceada que promueva una buena salud a largo plazo.
Los suplementos nutricionales, preparados con alta concentración de nutrientes, pueden ser de ayuda para evitar deficiencias nutricionales y reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad. Han demostrado mejorar la calidad de vida, disminuir complicaciones y ayudar a mantener una vida activa e independiente en edades avanzadas.
Estudio sobre la Ingesta de Alimentos y Nutrientes en Adultos Mayores Chilenos
Un estudio realizado en Chile con 514 adultos mayores autónomos de Santiago, de entre 60 y 100 años, buscó describir la cantidad y calidad de nutrientes, y los principales alimentos consumidos. La ingesta de alimentos fue evaluada mediante un cuestionario de frecuencia de consumo. Se recolectaron datos sobre 338 alimentos y se calculó el aporte de macro y micronutrientes por grupo de alimentos. Se compararon los promedios de ingesta entre personas mayores y menores de 80 años.
Los resultados indicaron que no hubo diferencias significativas en la ingesta de macro y micronutrientes entre las mujeres mayores y menores de 80 años. Sin embargo, en el grupo de hombres, se observaron diferencias significativas en el consumo de calorías, carbohidratos, fibra, hierro, tiamina, niacina, folatos, ácido pantoténico, cobre, magnesio y selenio entre los grupos de edad.

Fuentes de Nutrientes en la Dieta Chilena de Adultos Mayores
El estudio detalló el aporte de cada grupo de alimentos a la ingesta de micronutrientes. En hombres, el pan y los cereales fueron importantes aportadores de vitaminas del complejo B (tiamina, riboflavina, niacina, ácido pantoténico) y folatos. La vitamina B12 provino exclusivamente de alimentos de origen animal, principalmente lácteos. Las frutas y verduras aportaron más del 50% de la vitamina C, mientras que cereales y verduras contribuyeron a la vitamina A, y grasas y aceites a la vitamina E.
En cuanto a los minerales, el pan y los cereales fueron las principales fuentes de hierro. La carne y los cereales aportaron zinc. Los lácteos fueron la fuente principal de calcio (más del 50%), seguidos por el pan. El pan también destacó como el principal aportador de cobre, magnesio y selenio, seguido por los cereales.
En las mujeres, los patrones de aporte de nutrientes fueron similares. El pan y los cereales fueron fuentes significativas de vitaminas B1, B2, B3 y ácido pantoténico. Los lácteos fueron importantes proveedores de B2 y B12. Las frutas y verduras aportaron la mayor cantidad de vitamina C, mientras que cereales y verduras contribuyeron a la vitamina A, y grasas y aceites a la vitamina E. Los minerales como hierro, zinc, calcio, cobre, magnesio y selenio tuvieron sus principales fuentes en pan, cereales, lácteos y carnes, de manera similar a los hombres.

Conclusiones del Estudio
Las conclusiones del estudio resaltan que los alimentos tradicionales en la dieta chilena, como el pan, contribuyen significativamente a la ingesta de nutrientes esenciales. Se señaló la importancia de analizar en profundidad las razones detrás de las diferencias encontradas en el consumo entre hombres de distintas edades (mayores y menores de 80 años) para poder mejorar la ingesta de nutrientes en esta población en riesgo.