La Infantilización del Adulto Mayor: Un Análisis Profundo

Hoy en día se ha extendido y, en cierto modo, normalizado el trato infantil hacia las personas mayores, especialmente aquellas con demencia. Esta práctica, a menudo inadvertida, conlleva una deshumanización y menoscabo de la dignidad del individuo.

¿Qué es la Infantilización del Adulto Mayor?

La infantilización es un fenómeno social que implica tratar a las personas mayores como si fueran niños, negándoles su autonomía, capacidades y dignidad. Es una expresión concreta y palpable del edadismo, que consiste en adoptar una actitud condescendiente, similar a la que se tendría con un niño pequeño, privándoles del respeto que merecen. Este comportamiento refleja actitudes profundamente arraigadas en la discriminación por edad y afecta, sobre todo, a las personas mayores.

Uno de los síntomas más visibles de esta discriminación es tratar a los mayores como si fueran niños. Esto incluye hablarles con diminutivos, asumir que no comprenden o que necesitan que se les decida todo, limitar su autonomía o hacerlos invisibles en conversaciones y decisiones que les afectan.

Esquema sobre la definición de infantilización y edadismo en adultos mayores

El Edadismo: La Raíz del Problema

El edadismo es una forma de discriminación basada en la edad, que puede afectar tanto a personas jóvenes como mayores, aunque en el caso de las personas de más edad, los efectos son especialmente perjudiciales. Se trata de una manera de tratar al otro de modo diferente solo por la edad que tiene. Y al igual que existen micromachismos, también convivimos con microedadismos o prejuicios latentes.

La vejez suele verse como una etapa de pérdida progresiva de capacidad, de autonomía y de relevancia social, asumiéndose con mucha frescura que, al llegar a cierta edad (especialmente al superar los 70 u 80 años), la persona deja de ser valiosa, útil o digna de respeto pleno. Este paradigma contrasta con épocas anteriores, donde las personas mayores eran los jefes del clan, tomaban las grandes decisiones y velaban por los demás, siendo escuchados con admiración por su amplia experiencia en la vida.

Existe una representación social de la vejez donde esta se equipara a decadencia o declive, enseñándonos a sentirnos mal sobre el envejecimiento y a ocultar sus signos. Este ocultamiento de la edad refuerza el edadismo, al confirmar que envejecer es algo avergonzante.

Manifestaciones y Consecuencias de la Infantilización

La infantilización tiene diversas manifestaciones y consecuencias perjudiciales para la salud mental y emocional de los adultos mayores.

El Lenguaje Infantilizado (Elderspeak)

El habla infantilizada, o Elderspeak, es una de las formas recurrentes en que el edadismo se manifiesta al hablar con personas mayores. Este concepto se refiere a un tipo de discurso que se utiliza de forma inapropiada con adultos mayores, surgiendo de estereotipos de edad implícitos y buscando expresar cuidado, ejercer control o facilitar la comprensión.

Los atributos clave del Elderspeak incluyen:

  • Lenguaje infantilizado: Uso de un lenguaje simplificado, que incluye diminutivos, apodos y frases cortas y simples. Es percibido como una forma de comunicación sobre-acomodada que suele ser perjudicial para la autoestima y la percepción de sí mismos de los adultos mayores.
  • Entonación exagerada de la voz: Hablar con un tono más alto de lo normal, velocidad más lenta y pronunciación exagerada de las palabras. Estudios experimentales han encontrado que la entonación exagerada tiene un impacto negativo en la comprensión del lenguaje y, en consecuencia, aumenta los niveles de estrés en los adultos mayores.

Ejemplos de esta tendencia sobreprotectora incluyen la utilización de términos de cariño inapropiados como "abuelito" o la sustitución de pronombres como "nosotros" en lugar de "usted".

Impacto en la Comunicación y Autonomía

Una consecuencia negativa de tratar a las personas con demencia como niños es la ausencia de una comunicación significativa. Hablándoles de manera infantil o con un lenguaje abreviado se les priva de la oportunidad de tener conversaciones atractivas e interesantes. Del mismo modo, el trato infantil puede causar exclusión social y segregación.

Al infantilizar a las personas mayores, se les priva de su derecho a tomar decisiones propias, a expresar sus opiniones y a ser tratadas con el respeto que merecen como individuos adultos. Se les hace sentir incapaces o ineptos, incluso cuando, en muchos casos, siguen siendo plenamente competentes y con gran experiencia de vida. Este tipo de trato no solo es condescendiente, sino que también puede resultar perjudicial para su salud mental y emocional, ya que puede generarles una sensación de inutilidad y desesperanza.

Refuerzo de Estereotipos Negativos

La infantilización refuerza estereotipos negativos y limitantes sobre la vejez. La sociedad a menudo glorifica la juventud y la vitalidad, mientras que, al mismo tiempo, disminuye el valor de las personas mayores, considerándolas menos valiosas o productivas. Esto contribuye a la invisibilización de este grupo, que no solo es vital en términos de su contribución social, sino también en lo que respecta a su capacidad de enseñarnos sobre la vida, la sabiduría y las experiencias.

El edadismo no solo afecta a las personas mayores, sino que nos empobrece como sociedad porque nos estamos perdiendo la riqueza de su experiencia, su memoria y su mirada crítica. Como señala Lourdes Charles, presidenta de SomSeniors, “Excluir la voz de quienes han construido este mundo nos hace más inconsistentes como colectivo”.

Ámbitos de Manifestación de la Infantilización

En el Ámbito Sanitario y Residencial

La infantilización es especialmente alarmante en el ámbito sanitario. En las residencias de ancianos, por ejemplo, está demasiado presente con patrones habituales de trato paternalista, decisiones tomadas sin consultar a los residentes y comunicaciones simplificadas en exceso, lo que resulta en pérdida de autonomía y daño emocional para las personas.

En el Entorno Familiar

En el entorno familiar, la infantilización se manifiesta sigilosamente en forma de la desautorización de opiniones, la exclusión en las decisiones importantes y el uso de un lenguaje con diminutivos o frases simplificadas, como si la persona mayor no comprendiera o no tuviera criterio.

Ejemplos en la Vida Cotidiana

Algunos ejemplos comunes de infantilización incluyen:

  • Uso de un tono excesivamente suave o condescendiente: Hablarles como si no pudieran entender, usando frases como «¿Cómo estás, mi amor?» o «Ay, pobrecito, te ayudo?». Este tipo de lenguaje puede hacer que la persona se sienta menos capaz.
  • Tomar decisiones por ellos sin consultarlos: Asumir lo que una persona mayor necesita sin preguntar su opinión, como elegir por ellos la comida, las actividades o decisiones importantes de su vida.
  • Exceso de discapacidad: Impedir que una persona mayor haga algo porque se supone que no puede hacerlo, diciendo «No, tú no puedes salir solo» o «Deja que lo haga yo, es peligroso para ti».
  • Llamarlos «niños» o «abuelitos» de manera constante: Aunque no está mal referirse a los mayores con cariño, hacerlo de manera excesiva o en contextos donde se les quiere mostrar como menores puede ser una forma de infantilización.

Combatir la Infantilización: Hacia una Sociedad Inclusiva

La idea de que las personas mayores son «como niños» es errónea y reduccionista. Aunque es cierto que algunas personas pueden necesitar ayuda o cuidados en determinadas circunstancias, esto no les resta valor ni autonomía. Es fundamental reconocer y respetar la diversidad de capacidades y deseos dentro del grupo de personas mayores, evitando caer en la generalización y el paternalismo.

Combatir la infantilización y el edadismo pasa necesariamente por devolver a las personas mayores su lugar en la conversación pública. Como explica Lourdes Charles, “nos estamos perdiendo mucho más que su voz: nos estamos perdiendo su memoria, su mirada crítica, su capacidad de reflexión a largo plazo y su experiencia vital”.

Principios para una Interacción Respetuosa

Para construir una sociedad más inclusiva, es crucial:

  • Conciencia y respeto: Ser conscientes de la existencia de la infantilización de la vejez es el primer paso para adecuar nuestras formas de comunicarnos. Conciencia y respeto son claves al interactuar con adultos mayores.
  • Enfoque centrado en la persona: La atención a personas con demencia, y a los mayores en general, debe seguir un enfoque centrado en la persona, lo que implica tratarlas con respeto, adaptar las interacciones a sus necesidades y alentar su participación activa en la toma de decisiones.
  • Devolver la dignidad y participación: Necesitamos repensar el envejecimiento como una etapa de derechos, dignidad, poder ciudadano y participación. La base de todo es la empatía y el respeto por las personas.
  • Inclusión en el debate público: En cuestiones concretas como las políticas de la longevidad, la exclusión de las personas mayores del debate resulta especialmente alarmante. Es «edadismo institucional» hablar de derechos de las personas mayores sin contar con quienes están envejeciendo.

La sociedad debe apreciar el valor que tienen las personas mayores y reconocer su experiencia de vida, su biografía, sus conocimientos adquiridos y su capacidad de ayudar, para que se sientan valiosos y no apartados. La marginalización de las personas mayores se manifiesta también en el uso abusivo de la tecnología y la despersonalización de la atención al público. Aunque se les asocie con la desconexión digital, muchos seniors usan activamente herramientas digitales y tienen una perspectiva valiosa sobre los impactos sociales de la innovación. Pueden aportar una mirada más ética, intergeneracional e inclusiva, basada en la experiencia, y es una mirada que necesitamos.

La asociación SomSeniors impulsa el empoderamiento sénior a través de iniciativas como espacios de participación ciudadana, proyectos de alfabetización digital crítica, campañas de sensibilización intergeneracional y grupos de activismo sénior que inciden en políticas públicas. Todo ello bajo el principio: “No se puede decidir nada sobre personas mayores sin contar con las personas mayores”. Si aspiramos a una sociedad democrática de verdad, necesitamos asegurar que todas las voces cuenten.

Foto de personas mayores participando activamente en un debate o actividad comunitaria

El Valor de la Experiencia y la Generatividad

Erik Erikson habla de la generatividad en su teoría del desarrollo de la identidad, que es la necesidad de sentirse necesitado. Las personas sienten que su contribución es valiosa si los demás la valoran. Es complicado conseguir que alguien piense que es valioso cuando las empresas jubilan a personas en el mejor momento de su vida profesional y luego el mercado de trabajo no les incorpora de nuevo, dejando a muchas personas sin trabajo a edades tempranas.

Los medios de comunicación ensalzan continuamente la juventud como el mejor momento de la vida, y la sociedad apuesta por la innovación y lo inmediato, dejando de lado la experiencia, el saber, la reflexión, y los procesos lentos y madurados.

Edadismo y la Soledad No Deseada

La soledad, aunque a menudo vista como un fenómeno de moda, ha sido un tema oculto con profundas consecuencias. La soledad se relaciona con la mala salud percibida, lo que implica que una mayor sensación de soledad se asocia con una peor evaluación del estado de salud.

Un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en España muestra que un 68,9% de la población percibe que las personas mayores de 65 años tienen “muchos o bastantes problemas” que van desde la insuficiencia económica hasta la soledad no deseada y la falta de acceso a servicios adecuados. El edadismo contribuye a esta soledad al marginar a los mayores y asumir que son frágiles, dependientes y menos capaces, basándose únicamente en su edad, y no en sus circunstancias personales. Esto no solo es injusto, sino que oculta la realidad de que las personas mayores son seres humanos complejos con intereses, deseos y habilidades diversas.

La Importancia de la Perspectiva de Género en el Envejecimiento

La investigación sobre el envejecimiento debe tener una perspectiva de género, ya que existen diferencias significativas. Hay más mujeres mayores que viven solas que hombres en la misma situación, y también más mujeres mayores con dificultades de movilidad y en situaciones económicas precarias. Muchas de ellas han dedicado su vida al hogar, un lugar donde, históricamente, han vivido encerradas.

La identificación de diferencias de sexo/género conlleva buscar las desigualdades que las originan. Las mujeres y los hombres tienen diferentes necesidades que pueden ser rectificadas para disminuir estas brechas. Por ello, la equidad de género toma en cuenta las diferencias entre los sexos y evita que se transformen en exclusión social. Las desigualdades en el envejecimiento dependen de la acumulación de desventajas a lo largo del curso de la vida; generalmente, las mujeres encuentran más barreras en las oportunidades que han tenido, con consecuencias significativas para los años posteriores.

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