La Incapacidad para Tomar Decisiones en la Tercera Edad

La tercera edad es una etapa de la vida que conlleva una serie de cambios, tanto físicos como psicológicos y emocionales, que pueden repercutir en el estilo de vida y la salud de las personas. El deterioro natural de las capacidades puede deberse a numerosos factores y variables, como la genética, el estilo de vida o ciertas circunstancias puntuales. Conocer en qué situaciones tienen más dificultades las personas mayores es fundamental para evitar que resulten un impedimento en su día a día.

Aunque es posible mantener un buen estado físico o conservar las capacidades mentales, el envejecimiento conlleva una reducción natural de las capacidades que, si bien no siempre es incapacitante, puede limitar ciertos aspectos de la vida, incluyendo la toma de decisiones. Las afecciones cognitivas son una de las mayores preocupaciones en esta etapa, afectando la memoria, atención, razonamiento, comunicación o conducta, y generando situaciones de dificultad. La pérdida de autonomía es otro de los cambios que algunas personas mayores deben afrontar, lo que puede desencadenar sensaciones de impotencia, frustración y, en muchos casos, depresión.

Deterioro Cognitivo y su Impacto en la Capacidad de Decisión

El deterioro cognitivo en personas mayores es una condición que afecta a un gran porcentaje de la población de edad avanzada, impactando no solo en la memoria, sino también en habilidades como el lenguaje, la atención y las funciones ejecutivas. Supone una disminución de las capacidades cognitivas, incluyendo el razonamiento, que son cruciales para la toma de decisiones.

Deterioro Cognitivo Leve (DCL)

El Deterioro Cognitivo Leve (DCL) es la etapa intermedia entre las habilidades de pensamiento normales y la demencia. Una de cada diez personas con más de 65 años puede presentarlo. En esta fase leve, la persona mayor puede realizar con total normalidad e independencia las tareas ligadas a su día a día. Sin embargo, puede ser consciente de que su memoria o capacidad mental ha cambiado, y sus familiares o amigos cercanos también podrían observar estos cambios.

El DCL repercute en el envejecimiento de las células cerebrales, impactando en funciones mentales como la actividad de la memoria inmediata, el lenguaje o el pensamiento. Atender a la aparición de los primeros síntomas es fundamental para dar una respuesta adecuada y prevenir su agravamiento. Ante cualquier duda, lo más apropiado es que un especialista valore al individuo mediante pruebas neuropsicológicas y psicomotrices para diagnosticar esta dolencia.

El DCL aumenta el riesgo de demencia por la enfermedad de Alzheimer u otras afecciones cerebrales, aunque los síntomas pueden permanecer estables por años o incluso mejorar con el tiempo. Los síntomas del DCL incluyen problemas de memoria, de habla y de juicio, siendo más graves que los olvidos esperados de la vejez. Sin embargo, los cambios cerebrales asociados al DCL suelen ser en menor grado que los de la enfermedad de Alzheimer u otros tipos de demencia.

Esquema visual que compara las funciones cognitivas normales con las afectadas por el deterioro cognitivo leve y la demencia, destacando la memoria, el lenguaje y la toma de decisiones.

Progresión a la Demencia

Cuando el deterioro cognitivo se encuentra en un estadio más avanzado, se habla de demencia. Una vez que las alteraciones neuronales empiezan a tener una repercusión directa en la actividad de la persona y su situación funcional, se clasifica en diferentes grados:

  • Demencia leve: Las personas diagnosticadas presentan dificultades frecuentes para recordar, alteraciones en la conducta y desorientación.
  • Demencia moderada: Los desequilibrios emocionales y mentales aumentan. Los síntomas cognitivos afectan de forma más acusada la vida diaria, añadiendo dificultades para el cálculo, mayor desorientación y problemas para aprender y comprender.
  • Demencia grave: La enfermedad es notable y afecta drásticamente la vida cotidiana. La capacidad para comunicarse disminuye de forma drástica, resultando muy complicada la comprensión de un discurso y la capacidad de respuesta. La pérdida de memoria es más que evidente, así como la dificultad para ser autónomo y cuidar de sí mismo.

Desafíos en la Toma de Decisiones en la Tercera Edad

Uno de los problemas frecuentes en la tercera edad es la incapacidad para tomar decisiones difíciles. A medida que se envejece, la velocidad de procesamiento del cerebro comienza a disminuir, lo que puede dificultar la toma de decisiones rápidas, como señala la Dra. Nichole Lighthall, profesora adjunta de Psicología en la Universidad de Florida Central. Estos cambios no están necesariamente relacionados con la demencia, pero sí pueden hacer que las decisiones se tomen basándose en sentimientos instintivos cuando las emociones están activadas, especialmente en situaciones de emergencia.

Los adultos mayores también pueden ser vulnerables a estafas y fraudes. La sobrecarga de información, especialmente con el acceso a internet, puede saturar la capacidad de análisis. En lugar de centrarse en muchos detalles, los adultos mayores a menudo recuerdan a las personas que les hacen sentir bien o las actividades que les gustan, lo que puede influir en sus elecciones.

Evaluación de la Capacidad para la Toma de Decisiones

La relación médico-paciente (RMP) es un proceso de comunicación con una finalidad terapéutica, donde la autonomía del paciente es fundamental. Sin embargo, para una toma de decisiones compartida, es esencial que el paciente tenga la capacidad para consentir o rechazar una intervención terapéutica tras recibir la información adecuada. Para ello, se requieren al menos tres condiciones:

  1. Actuar voluntariamente, libre de coacciones externas.
  2. Tener información suficiente sobre la decisión, sus riesgos, beneficios y alternativas.
  3. Tener capacidad: poseer aptitudes psicológicas cognitivas, volitivas y afectivas para conocer, valorar y gestionar la información, tomar una decisión y expresarla.

La evaluación de esta capacidad es especialmente importante en las personas mayores y está influida por diversos factores como las comorbilidades (déficits cognitivos, demencias, ictus, alteraciones neurológicas, psicosis, depresión) que afectan la habilidad para comprender, contextualizar y razonar. En la literatura especializada, existen instrumentos para la evaluación de la capacidad para la toma de decisiones, como el Aid to Capacity Evaluation (ACE) y el cuestionario de Mac Arthur, que evalúan dimensiones básicas como la comprensión, la apreciación, el razonamiento y la elección final.

Estudio sobre la Prevalencia de la Incapacidad de Decisión

Un estudio descriptivo transversal en 130 pacientes ancianos de un programa de atención domiciliaria o residentes en instituciones sociosanitarias analizó la prevalencia de la capacidad para la toma de decisiones sobre su salud, utilizando el instrumento ACE. Las variables estudiadas incluyeron datos demográficos, comorbilidades, apoyo social, institucionalización, número de fármacos, grado de dependencia (índice de Barthel) y función cognitiva (test de Pfeiffer).

Los resultados revelaron una prevalencia de capacidad del 58,5%. Se encontró una asociación significativa entre la capacidad y la independencia para las actividades de la vida diaria (OR: 12,214; IC 95%: 3,90-32,29; p < 0,0001) y la función intelectual intacta (OR: 282,750; IC 95%: 34,0-2351,2; p < 0,0001). Las variables numéricas asociadas con mayor magnitud de efecto fueron el índice de Barthel (d: -1,398) y el índice de Pfeiffer (d: 3,084).

El análisis bivariante mostró que el sexo (mujeres con mayor frecuencia de capacidad: 64,9% vs 50,0%), la institucionalización (mayor capacidad en no institucionalizados: 76,6% vs 32,1%) y el apoyo sociofamiliar (mayor capacidad con apoyo: 61,3% vs 0,0%) fueron factores relevantes. La existencia de enfermedad cerebrovascular o demencia se asoció con menor capacidad, mientras que la presencia de cáncer mostró mayor capacidad (90% vs 55,8%).

La puntuación total del cuestionario ACE obtuvo una media de 21,74 (DE: 6,94). Los ítems referidos a la comprensión del problema médico (56,2%) y la comprensión del tratamiento propuesto (54,6%) fueron los que alcanzaron un mayor porcentaje de positividad.

Especialización docente: Intervencion y Abordaje de la Discapacidad en el Ámbito Educativo

Factores de Riesgo y Estrategias para Apoyar la Toma de Decisiones

El deterioro cognitivo leve puede llevar aparejadas otras afecciones en las personas mayores, como episodios de depresión, ansiedad o apatía. El estilo de vida influye significativamente en el avance de la enfermedad. Además de las capacidades cognitivas, las habilidades motrices también se ven afectadas por el paso de los años, lo que puede generar problemas de coordinación o enfermedades articulares. Aunque estas afecciones pueden suponer dificultades, no siempre conllevan una discapacidad inevitable.

A edades más avanzadas, la salud mental viene determinada por el entorno físico y social, así como por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico. Eventos adversos como el duelo, la reducción de ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación también son factores de riesgo.

Recomendaciones para la toma de decisiones

Para aquellos que enfrentan desafíos en la toma de decisiones, se recomienda:

  • Cuando no se está seguro de algo, tomar tiempo adicional para recopilar información.
  • Consultar a personas de confianza, como amigos o familiares, en lugar de confiar ciegamente en ofertas externas.
  • En lugar de estudiar detenidamente cada aspecto de un producto o servicio, centrarse en los elementos clave y relevantes.

Promoción de la Salud Mental y Prevención del Deterioro

Las estrategias de promoción y prevención en salud mental para adultos mayores se centran en el envejecimiento saludable, promoviendo entornos que faciliten el bienestar. Entre las principales estrategias se incluyen:

  • Reducir la inseguridad financiera y la desigualdad en los ingresos.
  • Garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
  • Proporcionar apoyo social a los adultos mayores y a sus cuidadores.
  • Promover comportamientos saludables: dieta equilibrada, ejercicio físico diario, abstenerse del tabaco y disminuir el consumo de alcohol.
  • Ofrecer programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables.

La conexión social es particularmente importante para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad. Estar acompañado, ya sea por familiares o amigos, evita el aislamiento y previene la soledad no deseada, que son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental.

Tratamientos Disponibles

Además del cuidado integral de la salud cerebral y el fomento de un envejecimiento activo, existen tratamientos para el deterioro cognitivo:

  • Medicamentos: Los más comunes son los inhibidores de la colinesterasa (aumentan la acetilcolina, importante para la memoria y el aprendizaje) y la memantina (regula el glutamato, involucrado en la función cognitiva). Es importante tener en cuenta que pueden tener efectos secundarios como náuseas, vómitos, diarrea, pérdida de apetito y mareos.
  • Terapias no farmacológicas: Incluyen la terapia cognitiva, la terapia ocupacional y la modificación del estilo de vida.
  • Estimulación cognitiva en casa: Ejercicios que no requieren equipamiento especializado, ideales para fomentar la memoria, la atención y el razonamiento.
  • Técnicas de "brain training": Recordar listas de palabras, leer en voz alta o practicar ejercicios de escritura creativa, que estimulan la memoria verbal y la concentración.

Los centros de día y residencias especializadas juegan un papel crucial, comprometidas con el impulso del envejecimiento activo entre sus residentes. Integran actividades diseñadas para mantener la mente activa, fortalecer la memoria y desarrollar habilidades lingüísticas. Además, ofrecen un entorno socialmente activo, favoreciendo la conexión con el entorno, la autoestima y la percepción corporal.

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