Incapacidad de escuchar sonidos: causas, síntomas y tratamiento

La pérdida de audición, definida como un umbral auditivo superior a 20 dB, es una condición que afecta a una parte significativa de la población mundial. Se estima que, para 2050, casi 2500 millones de personas tendrán algún grado de pérdida auditiva, y más de 700 millones necesitarán rehabilitación. Esta afección no solo impacta la capacidad de percibir sonidos, sino que repercute en aspectos sociales, cognitivos y económicos de la vida.

Infografía sobre la prevalencia de la pérdida auditiva a nivel mundial y proyecciones para el año 2050.

Tipos de pérdida auditiva

La pérdida de audición puede clasificarse según el lugar donde se origina el problema y su grado de severidad:

  • Hipoacusia conductiva: Se debe a problemas mecánicos en el oído externo o medio que impiden que el sonido llegue correctamente al oído interno.
  • Hipoacusia neurosensorial: Ocurre cuando hay lesiones o daño en las células ciliadas del oído interno o en el nervio auditivo.
  • Hipoacusia mixta: Una combinación de los factores conductivos y neurosensoriales.

El grado de pérdida se categoriza en leve, moderada, moderadamente grave, grave o profunda. Cuando la pérdida es discapacitante (superior a 35 dB en el oído que oye mejor), la necesidad de intervención es prioritaria.

Causas principales de la pérdida auditiva

Los factores que afectan la audición varían según la etapa de la vida y pueden ser tanto genéticos como ambientales:

Periodos prenatal y perinatal

  • Factores genéticos (hereditarios o no).
  • Infecciones intrauterinas como la rubéola o el citomegalovirus.
  • Asfixia perinatal, ictericia grave o bajo peso al nacer.

Infancia, adolescencia y edad adulta

  • Otitis crónicas y presencia de líquido en el oído.
  • Exposición a ruidos fuertes (conciertos, maquinaria, armas de fuego).
  • Uso de medicamentos ototóxicos.
  • Envejecimiento (presbiacusia), que causa un desgaste natural de las células nerviosas.
  • Acumulación de cerumen o traumatismos en el oído o la cabeza.
Esquema anatómico mostrando las tres partes del oído y cómo las ondas sonoras se transmiten al cerebro.

Síntomas comunes

La pérdida auditiva suele desarrollarse gradualmente, lo que facilita que pase desapercibida. Algunos indicadores incluyen:

  • Dificultad para seguir conversaciones, especialmente en ambientes ruidosos.
  • Sensación de que las voces suenan "entre dientes" o mal articuladas.
  • Necesidad de subir el volumen de dispositivos como la televisión.
  • Zumbidos o ruidos en los oídos (tinnitus).
  • Sensación de presión o llenura en el oído y mareos.
  • Dificultad para diferenciar sonidos agudos, como las letras "s" o "th".

Diagnóstico y detección

El diagnóstico precoz es fundamental para evitar consecuencias negativas como el aislamiento social o el deterioro cognitivo. Los métodos incluyen:

  1. Examen físico: Inspección visual del conducto auditivo.
  2. Audiometría de tonos puros: Prueba en cabina insonorizada para medir la respuesta a diferentes frecuencias.
  3. Pruebas con diapasón: Instrumentos metálicos para detectar pérdidas mediante vibración.
  4. Estudios de imagen: Tomografía computarizada para visualizar estructuras óseas.

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Tratamiento y rehabilitación

El enfoque terapéutico depende de la causa y la gravedad de la pérdida:

Tipo de tratamiento Descripción
Médico/Quirúrgico Antibióticos para infecciones, extracción de cerumen o cirugía para reparar el tímpano o los huesecillos.
Audífonos Dispositivos que amplifican el sonido para personas con daño en el oído interno.
Implantes cocleares Dispositivos que estimulan directamente el nervio auditivo, ideales para pérdidas graves o profundas.

En casos de sordera súbita, se considera una emergencia médica que a menudo requiere el uso inmediato de corticosteroides para reducir la inflamación en el oído interno y tratar de recuperar la audición.

Prevención y apoyo

Muchas causas de pérdida auditiva son evitables. Estrategias como la vacunación, una buena atención materna, el uso de protectores auditivos en entornos ruidosos y la escucha sin riesgos en entornos de ocio son pilares fundamentales. Asimismo, es vital el apoyo familiar y el acceso a servicios de intervención temprana, especialmente en niños, para asegurar un desarrollo adecuado del habla y las destrezas sociales.

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