Impacto Socioeconómico de la Vulnerabilidad Infantil

La Infancia como Pilar del Desarrollo Humano y Fuente de Desigualdades

Los primeros años de vida de una persona determinan en gran medida su posterior desarrollo como ser humano a lo largo del ciclo vital. Gran parte de las desigualdades en salud y estatus socioeconómico que se observan en edades adultas y avanzadas tienen su origen en la infancia, e incluso en la etapa prenatal. El hecho de nacer en un hogar pobre resulta ser la principal fuente de desigualdades a lo largo de la vida de una persona.

En España, la tasa de riesgo de pobreza ha aumentado desde el inicio de la crisis, en especial entre la población infantil. El porcentaje de menores de 16 años en riesgo de pobreza aumentó de modo que casi un 27% de estos se encontraban en riesgo de pobreza en 2011. La pobreza infantil es una de las mayores amenazas a los derechos de la infancia y un determinante crítico de salud, con efectos duraderos debido a la vulnerabilidad de los menores de edad, quienes dependen del cuidado adulto.

Infografía sobre la evolución de la pobreza infantil en España

La literatura sobre el desarrollo humano identifica la infancia (sobre todo la etapa de 0 a 5 años) y la etapa prenatal como los periodos más críticos del ciclo vital. Durante estos periodos, determinadas capacidades (físicas, cognitivas y socioemocionales) solo pueden adquirirse, o es más fácil y eficiente desarrollarlas. Por ejemplo, es durante la etapa embrionaria cuando se forman los sistemas orgánicos, y en la etapa fetal cuando el ritmo de crecimiento del cerebro es mayor. Asimismo, en la infancia se adquieren habilidades cruciales como establecer relaciones de apego seguras, explorar, comunicar y autorregular pensamientos, conductas y emociones. El éxito en el desarrollo de estas capacidades influye en la probabilidad de éxito en otras, mientras que el fracaso o la interrupción pueden tener efectos a largo plazo, incluso irreversibles, si no se corrigen con inversiones posteriores.

Efectos a Largo Plazo de las Condiciones en la Infancia

La evolución reciente de la pobreza infantil es especialmente preocupante, ya que las niñas y los niños de hogares con pocos recursos socioeconómicos no solo tienen menos ingresos y oportunidades laborales a lo largo de su vida, sino que presentan un peor estado de salud tanto en la infancia como en edades adultas. Estudios epidemiológicos con perspectiva de trayectoria vital demuestran que las experiencias de pobreza en la infancia tienen efectos negativos sobre la salud a lo largo de la vida, aumentando el riesgo de retardo de crecimiento, asma y mala salud general en la infancia. El riesgo de estos problemas en la niñez se incrementa cuando la pobreza es crónica y profunda, y sus efectos se manifiestan también en la edad adulta como un mayor riesgo de trastornos crónicos, deterioro cognitivo, depresión, limitaciones funcionales, discapacidades, bajo desempeño físico y fragilidad en las personas mayores.

Investigaciones recientes encuentran que las condiciones en la infancia se asocian con el estado de salud autopercibido y el nivel socioeconómico en la edad adulta. Por ejemplo, crecer en un ambiente favorable y tener buena salud en la infancia resulta en un nivel educativo más alto, mejor salud y mayor estatus socioeconómico en edades adultas. Además, estudios encuentran efectos causales de acontecimientos muy específicos en la infancia sobre resultados posteriores, como un peor nivel educativo y salud relacionados con haber nacido durante la pandemia de gripe de 1918, o los impactos negativos en estatura, ingresos y oferta de trabajo por la hambruna china de 1959-1961. Las personas que sufrieron desnutrición prenatal durante la hambruna holandesa de 1944-1945 mostraron una mayor probabilidad de padecer glucemia basal alterada, alteraciones en la coagulación, perfiles de lípidos aterogénicos, hipercolesterolemia, hipertensión, enfermedad pulmonar obstructiva crónica u obesidad. La supervivencia adulta de aquellos nacidos en periodos de recesión económica también es menor que la de quienes nacieron en periodos de auge.

La literatura ofrece varias teorías para explicar esta relación:

  • La hipótesis de los orígenes fetales propone que la exposición a estrés o malnutrición durante los periodos críticos de la etapa prenatal está ligada a un mayor riesgo de enfermedades crónicas en la edad adulta.
  • Los modelos de ciclo vital indican que la enfermedad y las privaciones en la infancia pueden tener consecuencias a largo plazo para la salud, sea directamente o al restringir logros educativos y oportunidades.
  • Los modelos de senda sostienen que el gradiente social en salud en la edad adulta no es directamente atribuible a las condiciones en la infancia, y que los vínculos se debilitan cuando se considera el efecto indirecto a través del estatus socioeconómico alcanzado y los hábitos de salud.

Esquema de las teorías sobre el impacto de la infancia en la salud adulta

Mecanismos de Transmisión de la Pobreza en la Infancia

Los efectos de la pobreza en la infancia son múltiples y dependen de factores como su persistencia, temporalidad y el momento del desarrollo del niño. Un mecanismo de transmisión se entiende como cualquier exposición que pueda afectar el desarrollo normal de una persona a lo largo de su vida, interrumpiendo la adquisición de determinadas capacidades durante un periodo crítico.

La literatura sugiere diversos mecanismos por los cuales las situaciones de desventaja en la infancia pueden afectar negativamente distintas dimensiones en edades posteriores de la vida:

  • Nutrición inadecuada: Durante la etapa prenatal o la infancia temprana, se asocia con disminución de capacidades cognitivas a corto plazo y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. La pobreza también se asocia positivamente con una inadecuada atención prenatal y perinatal.
  • Falta de estimulación cognitiva: Un peor acceso a recursos de aprendizaje durante la infancia entraña riesgos para el desarrollo cognitivo.
  • Experiencias de estrés: Los modelos de estrés familiar sostienen que el empeoramiento de las relaciones intrafamiliares, agravado por dificultades económicas, puede desencadenar depresión de los padres, drogadicciones y divorcios, con efectos negativos en el desarrollo del menor. El estrés durante la etapa prenatal también puede tener consecuencias similares a la desnutrición para la salud a largo plazo.
  • Salud mental de los padres: El mal estado de salud mental de los padres y el uso de drogas y alcohol, que aumentan en situaciones de pobreza, se asocian con negligencia y abandono en el cuidado de los hijos, dificultando el establecimiento de relaciones de apego.
  • Educación: Un peor estado de salud en la infancia conlleva peores resultados educativos, y la pobreza en la infancia se asocia a absentismo escolar y baja escolaridad, factores de riesgo para la demencia y el déficit cognitivo.
  • Entorno: La pobreza se asocia con características del entorno que tienen efectos negativos, como una mayor exposición a agentes infecciosos por las condiciones de la vivienda, el riesgo de accidentes en barrios con alta densidad de tráfico y la menor actividad física por falta de parques públicos.

Actuar de forma separada sobre cada uno de estos mecanismos es complicado, no solo por la dificultad de observar y cuantificar algunos de ellos, sino también por la interrelación existente. Por tanto, actuar sobre la principal causa de desventaja en la infancia, la pobreza, resulta fundamental.

El Fenómeno de la Pobreza Infantil a Nivel Global y Nacional

La pobreza infantil, definida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como la privación extrema de necesidades básicas como alimentación, agua, salud y educación, representa una de las mayores amenazas a los derechos humanos y un determinante crítico de salud con efectos muy negativos en los niños, niñas y adolescentes (NNA). Más allá de la falta de recursos básicos, impacta negativamente en el desarrollo físico, emocional y educativo, perpetuando la desigualdad social. La ONU promueve una medición multidimensional que integra salud, educación, vivienda y participación social.

Según el informe "Estado Mundial de la Infancia 2025, Poner fin a la pobreza infantil: Un imperativo universal", 412 millones de niños viven en condiciones de pobreza extrema, y muchos más carecen de las necesidades básicas. Millones de niños mueren cada año por desnutrición y enfermedades. Muchos otros se convierten en víctimas de la guerra, desastres naturales, el VIH/SIDA y formas extremas de violencia, explotación y abuso.

La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por los líderes mundiales en 1989, estipula todos los derechos del niño y las responsabilidades de los gobiernos. Esta convención ha sido el tratado internacional de derechos humanos más ampliamente y rápidamente ratificado de la historia, cambiando la forma de ver a los niños: de objetos pasivos a seres humanos con un conjunto diferenciado de derechos. Se han adoptado Protocolos facultativos que prohíben el reclutamiento de niños en fuerzas armadas y refuerzan las prohibiciones contra la venta, prostitución y pornografía infantil. El Comité de los Derechos del Niño monitorea el progreso de los Estados partes en el cumplimiento de estas obligaciones.

A pesar de que el mundo se unió hace más de veinte años para condenar y movilizarse contra el uso de niños en conflictos armados, en 2023 la violencia contra los niños en los conflictos armados alcanzó niveles extremos, con un aumento alarmante del 21% de violaciones graves. El reclutamiento y la utilización de niños por fuerzas y grupos armados sigue siendo una de las violaciones graves más frecuentes, afectando a 8.655 niños en 2023. Las niñas también corren riesgo, a menudo obligadas a casarse o sufrir explotación sexual. El derecho de los niños y niñas a la protección contra la violencia está consagrado en la Convención, pero mil millones de niños sufren cada año alguna forma de violencia emocional, física o sexual, sin límites de cultura, clase o educación. La violencia entre niños y el acoso cibernético también son preocupaciones crecientes.

Impacto del conflicto armando en los niños

La Pobreza Infantil en España

En España, el coste de la pobreza infantil representó el 4,1% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2023, por encima del promedio europeo, con estimaciones que podrían superar el 5%. La pobreza infantil es una problemática estructural que persiste con tasas superiores a las generales y una evolución que se aleja de los objetivos de la Agenda 2030. Las desigualdades económicas son particularmente marcadas en hogares monoparentales y familias numerosas, donde los riesgos de pobreza y exclusión social alcanzan niveles alarmantes.

La vivencia de la pobreza en la infancia perjudica la formación física y mental de los niños, convirtiéndolos en adultos que perpetúan el ciclo de la pobreza. Los niños son más inermes a la condición de pobreza debido a su dependencia física, emocional, económica y social. La pobreza afecta a las personas de manera distinta según el grupo de edad, género, pertenencia étnica, religiosa o ubicación. Factores comunes asociados a la pobreza infantil incluyen:

  • Falta de acceso a recursos económicos, desempleo y subempleo de los padres.
  • Baja formación educativa de los padres.
  • Enfermedades crónicas o diversidad funcional en los menores.
  • Brecha de género y pertenencia a minorías raciales o poblaciones marginales.
  • Acceso limitado a servicios de salud y educación de calidad, especialmente en zonas rurales.
  • Hogares monoparentales o familias numerosas.
  • Áreas afectadas por desastres naturales o elevada contaminación.

El impacto de la pobreza infantil es acumulativo, afectando el desarrollo neurobiológico y perpetuando la pobreza intergeneracional. Problemas como la malnutrición, discapacidades prevenibles o maltrato pueden tener consecuencias duraderas en el desarrollo físico, cognitivo y emocional, limitando sus oportunidades futuras. La pobreza incrementa el riesgo de maltrato infantil hasta cinco veces más que en hogares con mayores ingresos. Las prevalencias de obesidad y sobrepeso infantil y juvenil son más altas en entornos familiares con ingresos bajos.

Medición de la Pobreza Infantil en España

Desde 1997, la ONU ha promovido un enfoque multidimensional que trasciende el cálculo basado en ingresos, reconociendo la pobreza no solo como una cuestión económica, sino como una carencia material y social que afecta a todas las áreas del bienestar. Un avance clave ha sido la introducción del indicador AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusion), desarrollado por la Unión Europea, que mide el riesgo de pobreza y exclusión social a través de tres subindicadores:

  • Riesgo de pobreza: Mide el porcentaje de NNA que viven en hogares con ingresos inferiores al 60% de la mediana nacional.
  • Carencias materiales y sociales severas: Evalúa si los hogares carecen de al menos siete de 13 medios básicos esenciales (ej., no poder ir de vacaciones, no tener una dieta adecuada, retrasos en pagos de vivienda).
  • Baja intensidad laboral en los hogares: Mide el porcentaje de personas de 0 a 64 años que viven en hogares en los que los adultos han trabajado menos del 20% de su potencial total de trabajo durante el año anterior.

Según los datos más recientes del INE, actualizados en febrero de 2025, la pobreza infantil en España ha aumentado y se sitúa en el 29,2% -más de 2,3 millones de niñas, niños y adolescentes-, mientras que a nivel general desciende. La brecha entre la población general e infantil se ha ampliado, pasando en los últimos 5 años de 6 puntos porcentuales a casi 10. La pobreza infantil severa se incrementa y pasa del 13,7% al 14,1%, lo que supone que más de un millón de niñas y niños sufren esta situación.

El Informe AROPE 2024 revela que el 34,7% de los menores de 16 años está en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que equivale a casi tres millones de niños y niñas. Además, el 50,9% de los hogares con menores tiene dificultades económicas, el 23,6% no puede mantener la vivienda a una temperatura adecuada y el 20,6% presenta retrasos en el pago de alquiler o hipoteca. Entre los menores de edad, el 12,3% no puede consumir carne regularmente, el 22,8% no tiene ordenador y el 5,3% carece de acceso a Internet.

Impacto de las Crisis Económicas en la Infancia

La población infantil constituye uno de los grupos más vulnerables en las crisis económicas, a pesar de no haber tenido participación en las causas que las generan. Los niños carecen de voz propia para opinar sobre las medidas que les afectan directamente y únicamente sufren las consecuencias del impacto de la recesión y de las medidas tomadas para contrarrestarla.

El impacto de las crisis económicas en las poblaciones depende de la situación social y económica de partida, las desigualdades sociales, los mecanismos de protección individuales, familiares y colectivos, y las políticas públicas implementadas. La interrelación de estos factores condiciona la repercusión a nivel individual y comunitario ante el estrés generado por la crisis.

Numerosos estudios de cohortes del siglo pasado han puesto de manifiesto la importancia de los determinantes sociales de la salud en los resultados de salud, rendimiento académico e integración social del futuro adulto. Las desigualdades sociales que se producen durante el crecimiento y el desarrollo precoz son uno de los principales factores que contribuyen a crear desigualdades en la salud en la edad adulta.

En periodos de crisis, las desigualdades sociales se acentúan y afectan más directamente a la población más vulnerable. España es el país de Europa donde más han aumentado las desigualdades sociales con la crisis. La población infantil que vive en hogares con todos sus miembros desempleados pasó del 3% en 2003 al 16,6% en 2012. Uno de cada 4 niños vive en hogares por debajo del umbral de la pobreza, y las desigualdades entre las familias más y menos bienestantes han aumentado más del 20% desde el inicio de la crisis. La infancia es el grupo poblacional en mayor riesgo de exclusión social.

Gráfico comparativo de la pobreza infantil en países europeos durante crisis

Aunque cada crisis tiene un impacto diferente, la evidencia de situaciones previas indica que a menor edad y mayor intensidad en la exposición a la crisis, los efectos son más duraderos e irreversibles. Por ejemplo, la privación nutricional durante los 3 primeros años de vida tiene un efecto negativo sobre la talla y el desarrollo cognitivo. La exposición intraútero y en las primeras etapas posnatales se asocia a efectos más irreversibles en aspectos físicos y biológicos. En la etapa preescolar y escolar se han descrito efectos sobre el desarrollo cognitivo y el rendimiento académico, y en la adolescencia, trastornos del comportamiento y del rendimiento escolar, así como un aumento de enfermedades infecciosas y de transmisión sexual.

En la crisis actual, los primeros resultados ya muestran el alcance del desastre. La mortalidad infantil ha aumentado en Grecia, y en Reino Unido, las encuestas de nutrición han mostrado un aumento del riesgo de obesidad infantil en hogares con mayores dificultades por falta de recursos económicos. El impacto de las crisis en la salud mental del adulto, con más suicidios, morbilidad mental, abuso de alcohol y otras sustancias, tiene a su vez un efecto sobre la salud infantil, ya que la mayoría de los adultos jóvenes afectados conviven en hogares con niños. También se ha descrito un aumento de la violencia, como los ingresos por traumatismo craneoencefálico por violencia infantil en el periodo inicial de la crisis en Estados Unidos.

En Cataluña, un estudio comparando los resultados de encuestas de salud antes y durante la crisis (2006 vs. 2010-2012) observó un aumento de las desigualdades en conductas relacionadas con la salud (ej., tiempo delante de pantallas, consumo de comida rápida) y en la calidad de vida relacionada con la salud en los grupos más vulnerables. Aunque la obesidad podría ser una tendencia temporal, los recortes en becas de comedor escolar pueden tener un impacto negativo muy importante, acentuando las desigualdades en obesidad según el nivel de educación.

No todos los efectos de las crisis son negativos. Algunos autores proponen que las crisis son oportunidades. Durante la crisis, puede haber menos contaminación ambiental industrial y menos accidentes de tráfico, lo que podría disminuir algunas enfermedades. La oportunidad de las personas desempleadas de dedicar más tiempo libre a los menores podría asociarse con efectos positivos, aunque esta hipótesis podría ser contraria si el desempleo genera más estrés y la calidad del tiempo dedicado es peor. También se ha descrito una disminución del abandono escolar en los jóvenes debido a la falta de oferta de empleo al terminar la escolarización obligatoria, si bien el desempleo juvenil ha aumentado significativamente.

Políticas y Estrategias para Combatir la Pobreza y Vulnerabilidad Infantil

La escasa evidencia disponible muestra que las intervenciones destinadas a menores en situación de pobreza y a sus familias son efectivas a la hora de reducir las desigualdades. En Suecia, las intervenciones políticas para reducir las diferencias socioeconómicas en mortalidad infantil durante la década de 1930 resultaron en una considerable reducción, gracias a mejoras en la atención sanitaria materna, mayor equidad en la redistribución de la renta y políticas sociales de carácter universal.

Es fundamental recordar que los estados tienen la obligación, según el artículo 18 de la Convención sobre los Derechos del Niño, de apoyar a las familias en la crianza de sus hijos, proporcionando recursos a las familias en riesgo. La primera infancia es el momento más oportuno para romper con el ciclo de la pobreza. Para que sea reducida efectivamente, es necesario ampliar las capacidades de los niños, a través de la ampliación del acceso a servicios sociales básicos y de buena calidad. En casos donde los servicios sociales ya están consolidados, la política recomendada es la de transferencia universal a hogares con niños, donde al menos se desarrollen sus capacidades básicas y les garanticen condiciones para una vida digna.

Los servicios sanitarios en España teóricamente tienen un papel amortiguador de los efectos negativos de las desigualdades sociales, dada su condición de universalidad y accesibilidad. Sin embargo, desde la aprobación del decreto gubernamental 16/2012, el sistema ha vuelto a un modelo de asegurados y beneficiarios. Aunque por ley no debería afectar a la población infantil, en la práctica se han constatado dificultades en la asistencia a menores en determinados territorios del Estado español, creando confusión y más desigualdades. Además, las medidas de austeridad que recortan linealmente los recursos sanitarios favorecen el deterioro de la oferta de servicios públicos, sin tener en cuenta la efectividad ni las evidencias científicas, impactando negativamente en la atención a los menores con mayor necesidad, acentuando la llamada ley de cuidados inversos.

Impacto del conflicto armando en los niños

Es esencial que los profesionales responsables de la atención a los menores, como pediatras, educadores y familias, adquieran protagonismo y conciencia en la disminución de las desigualdades sociales en salud y educación. Deben incorporar la evaluación psicosocial en su práctica diaria y fomentar la colaboración multidisciplinar, lo que debe reflejarse en los programas de especialistas en formación. La evaluación psicosocial del menor debe abarcar el hogar, el trabajo de los padres, la escuela y el entorno social, evitando culpar a la víctima. Es prioritario invertir en acciones preventivas enfocadas en los entornos de socialización y en la construcción de planes de ayuda individualizados basados en factores de riesgo y protección.

El diagnóstico de las necesidades de la infancia y la adolescencia debe realizarse en un contexto territorial específico, con un enfoque de corresponsabilidad entre todos los actores involucrados. Este modelo de trabajo en red no solo coordina servicios esenciales como salud, educación y trabajo social, sino que también integra entidades y activos comunitarios como fundaciones y asociaciones. Tal como propone Michael Marmot: «Si los determinantes de la salud más importantes son sociales, también han de ser la solución». Es un deber garantizar los derechos a los NNA, y para ello se requiere la urgencia de una ley de protección integral, inversión en recursos económicos y humanos, y un trabajo intersectorial.

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