Históricamente, el rol de cuidador en la familia ha estado predominantemente asociado a las mujeres. Sin embargo, la sociedad está experimentando una transformación en la que los hombres están asumiendo cada vez más responsabilidades en el cuidado de sus hijos y familiares. Este cambio, impulsado por el envejecimiento poblacional y una mayor conciencia sobre la equidad de género, presenta tanto oportunidades como desafíos significativos para los hombres cuidadores.
Ángelo Iturrieta: Un testimonio de dedicación y falta de apoyo
El caso de Ángelo Iturrieta, un santiaguino de 57 años, ilustra la realidad de muchos hombres que se han convertido en cuidadores principales. Durante varios años, Ángelo dedicó doce horas diarias al cuidado de su padre, quien quedó postrado tras un accidente cerebrovascular. Sus responsabilidades incluían el cambio de pañales, la alimentación y la higiene personal de su padre, mientras su madre trabajaba. A pesar de la intensidad de su labor, Ángelo relata la ausencia de apoyo estatal o municipal en su experiencia.

El panorama de los cuidadores en Chile: Una realidad feminizada con cambios emergentes
Desde la creación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados en junio de 2024, se han identificado 216.036 personas cuidadoras en Chile. Los datos de agosto de 2025 revelan que el 85% de este registro corresponde a mujeres, mientras que los hombres representan un 14%. Históricamente, los hombres han tendido a asumir tareas logísticas, como trámites y gestiones, en lugar del cuidado íntimo, lo cual se atribuye a mandatos culturales de masculinidad.
Camila Maturana, experta en envejecimiento y académica de la Universidad Bernardo O’Higgins, explica que los hombres suelen asumir tareas desde la acción y la resolución, pero menos desde el vínculo emocional. "Hacen, resuelven, cuidan. Pero no hablan. Y eso les pasa la cuenta", señala.
No obstante, este escenario está comenzando a cambiar, en parte debido al envejecimiento acelerado de la sociedad. Comas d’Argemir, en un informe de la OECD, destaca la importancia de abordar la implicación de los hombres en los trabajos de cuidados, no solo por justicia de género, sino como un imperativo social ante las crecientes necesidades.
Superando los mandatos de la masculinidad tradicional
Ángelo Iturrieta recuerda con emotividad episodios de cuidado íntimo, como la vergüenza y el perdón silencioso de su padre al perder el control de esfínteres. Estas imágenes, confiesa, "se quedan para siempre".
Adicionalmente, Camila Maturana señala que muchas mujeres mayores sienten pudor o temor al ser asistidas en su higiene corporal por un hijo. "En los cuidados íntimos hay elementos culturales muy fuertes. Nunca se mostraron los cuerpos, no existió esa familiaridad. Entonces para algunas mujeres mayores es un choque muy grande", indica.
Maturana también observa que los cuidadores hombres a menudo enfrentan un alto estrés psicológico y tienden a verbalizar menos sus emociones, lo que aumenta el riesgo de desgaste. La terapia ocupacional y la académica identifican el mandato de la masculinidad como una barrera significativa, impidiendo que muchos hombres busquen apoyo emocional o asistan a talleres de manejo del estrés, ya que no se les enseñó a expresar su vulnerabilidad.
El mandato de la masculinidad tradicional, que promueve la fortaleza y la autosuficiencia, dificulta que los hombres pidan ayuda. Maturana enfatiza la necesidad de campañas que legitimen el rol masculino en los cuidados, permitiendo que se sientan capaces y no estigmatizados.

La identidad masculina en el rol de cuidador
Según Imanol Ilárraz, el rol de cuidador plantea una ambigüedad para la identidad masculina, derivando en una redefinición del papel tradicional. Los hombres cuidadores mayores a menudo se identifican por su parentesco ("soy su marido") en lugar de su rol de cuidador, utilizando el parentesco como un mediador ante la naturaleza tradicionalmente femenina de esta labor.
Vania Ricciulli Orloff, jefa de gabinete de SENAMA, confirma esta tensión, señalando que los cuidados son históricamente feminizados y que hay hombres que cuidan sin reconocerse como tales. Iniciativas como el registro de cuidadores, certificaciones y programas comunitarios buscan superar esta barrera cultural, aunque aún existe dificultad para que los hombres se inscriban y acepten apoyos psicológicos o de formación.
El peso de lo económico en el rol del cuidador
Julián Jorquera, de 58 años, cuida a sus padres en Puente Alto desde hace tres años, tras separarse de su esposa. Al no tener trabajo, asume el cuidado diario, incluyendo acompañamientos médicos y gestiones domésticas. Para él, el cuidado se convirtió en un refugio emocional, pero también plantea un temor económico significativo.
El vínculo estrecho con sus padres dificulta la búsqueda de un empleo formal, ya que dejaría a sus padres, ambos de avanzada edad y con problemas de movilidad, solos. Contratar a alguien para su cuidado resultaría financieramente insostenible para la familia.
Julián está tramitando la credencial de cuidador y espera una ley que ofrezca más apoyo económico y cursos de formación. "No puedo trabajar en ninguna parte por asumir este compromiso con ellos. Compromiso que hago con todo mi cariño. Ellos son mis padres y siempre me dieron todo lo que pudieron. En resumidas cuentas, estoy devolviéndoles la mano", expresa.
La precariedad económica y el estigma social
Ángelo Iturrieta describe una visión más dura de la situación económica, sintiéndose "un hombre sin ingresos", lo que conlleva el estigma social de ser considerado "inútil" en una sociedad que valora al hombre como proveedor.
Ambos cuidadores subrayan la necesidad de campañas que legitimen el rol masculino y ofrezcan apoyo psicológico y económico. Critican la insuficiencia de los aportes estatales, como el bono mensual de $32.991 para cuidadores de personas con dependencia severa, que consideran insuficiente para cubrir los costos de un día de enfermería.
Políticas públicas y el futuro de los cuidados en Chile
En 2024 se creó el programa "Chile Cuida", parte de la Política Nacional de Apoyos y Cuidados 2025-2030, con el objetivo de crear un sistema nacional de cuidados que responda a la realidad de las personas cuidadoras y promueva la corresponsabilidad. Se busca que hombres y mujeres compartan la tarea de cuidar.
Vania Ricciulli destaca iniciativas como la certificación de cuidadores y el programa "Comunidades que Cuidan", pero reconoce que el estipendio estatal no distingue género, aunque aún cuesta que los hombres se inscriban y reconozcan en este rol. Superar estas barreras culturales requiere programas específicos y un marco institucional que promueva la corresponsabilidad.
Si bien las políticas públicas avanzan, como el registro de cuidadores, la credencial municipal y la Ley 21.380 de Atención Preferente, aún se consideran insuficientes. El desafío es cultural y estructural: legitimar a los hombres como cuidadores, ofrecerles apoyo psicológico y económico, y fomentar una corresponsabilidad real.
¿Cómo nos afectan los estereotipos de género?
Masculinidades cuidadoras: Un nuevo paradigma
Las sociedades contemporáneas están presenciando una transformación de la tradicional división sexual del trabajo. El modelo del "breadwinner", donde el hombre era el principal sustentador económico y la mujer la cuidadora principal, está siendo reemplazado por modelos de "doble ingreso". Sin embargo, esta transición no ha garantizado la igualdad plena, persistiendo la segregación de género en el mercado laboral y una mayor carga de trabajo para las mujeres, quienes a menudo enfrentan una "segunda jornada laboral" al llegar a casa.
La crisis de cuidados, exacerbada por el envejecimiento poblacional y la fragmentación de redes de apoyo, requiere la implicación de los hombres en esta labor. El concepto de "masculinidades cuidadoras" emerge como una respuesta, promoviendo valores como la atención, la interdependencia, la corresponsabilidad, el apoyo y la empatía, en contraposición a la masculinidad hegemónica tradicional.
Este nuevo paradigma de masculinidad, inspirado en el concepto de "cuidador universal" de Nancy Fraser, busca que los hombres dediquen un tiempo similar o mayor al cuidado que las mujeres, considerando el cuidado como la base de la cooperación social y económica.
Beneficios de las masculinidades cuidadoras
Las investigaciones sugieren que el fomento de las masculinidades cuidadoras beneficia a hombres, mujeres y a la sociedad en general. Entre los beneficios se incluyen la disminución de comportamientos de riesgo y violentos, la mejora del autocuidado y la salud, y el aumento de la esperanza de vida.
Este modelo emergente contribuye a la igualdad de género, pero enfrenta resistencias y discursos que reivindican el papel tradicional del hombre. El camino hacia la igualdad implica desaprender mandatos de género, cuestionar estructuras de poder, reconocer privilegios masculinos y la necesidad de políticas públicas que reduzcan la desigualdad laboral y fomenten la corresponsabilidad.

El rol de los hombres en la corresponsabilidad parental
La Ley de Corresponsabilidad Parental (Ley 20.680) ha revolucionado la forma en que se abordan los cuidados de los hijos tras una separación. Esta ley establece que ambos padres deben participar activa, equitativa y permanentemente en la crianza y educación de sus hijos, promoviendo la "corresponsabilidad parental".
Estudios indican que un número creciente de hombres solicitan la tuición de sus hijos, y que la percepción social ha cambiado, pasando de la extrañeza a la aceptación de esta nueva dinámica. El nivel socioeconómico del hombre también influye en su propensión a solicitar el cuidado personal de sus hijos.
Francisco Aguayo, psicólogo, señala que este fenómeno cuestiona el modelo tradicional y que muchos padres jóvenes buscan formatos más flexibles, sintiéndose tan capaces como las mujeres para cuidar. Si bien este esquema puede ser cómodo para algunos hombres, para otros representa una oportunidad para desarrollar su paternidad.
Desafíos y diferencias generacionales en el cuidado masculino
A pesar de los avances, persisten desafíos. Un estudio revela que aproximadamente el 78% de los hombres tienen poco o ningún apoyo de otros cuidadores y son menos propensos a expresar sus sentimientos negativos relacionados con la función de cuidador. Los hombres tienden a enfocar el rol de cuidador en tareas concretas y listas, a menudo sin reconocer sus acciones como contribuciones al cuidado.
Según un informe de AARP, los hombres cuidadores sienten mayor incomodidad con el cuidado personal de alto contacto, como el cambio de pañales o el baño de un adulto. En algunos casos, especialmente con hijos adultos, el cuidado sigue siendo socialmente aceptado como un trabajo heredado de la mujer.
Sin embargo, se observa una diferencia generacional: hombres boomers y millennials se sienten más cómodos mostrando su lado sensible, siendo más empáticos y compasivos en su estilo de cuidado. Las familias con solo hijos varones a menudo confían en ellos para ser cuidadores, y estos dan un paso al frente rápidamente.
Brittaney Jones-Alleyne, directora de servicios de salud, señala que los hombres pueden ser más rápidos en buscar ayuda profesional y que hay un aumento en cuidadores masculinos que se certifican como auxiliares de salud o asistentes de enfermería, brindando consuelo a los residentes con su actitud amable.
Experiencias personales de cuidadores varones
Marc Taylor, de 63 años, viajó tres horas semanales para ayudar a su padre en una residencia de ancianos. Tras el fallecimiento de su madre, Marc se convirtió en un cuidador activo, reorganizando su vida para estar presente. Sintió un abrumador sentido de deber y responsabilidad, considerando esta etapa como una forma de "retribuir" a su padre.
Mike Woodruff, de 60 años, fue un apoyo constante para su padre mientras este cuidaba de su madre, quien padecía Alzheimer. Mike admiró la fortaleza de su padre ante el desafío, sirviendo como modelo para sus hijos.

El cuidado como una cuestión política y social
La Dra. Un día antes de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, un incidente en el hemiciclo ilustró la dificultad de aceptar que las prácticas familiares de cuidado puedan proyectarse a espacios laborales o institucionales. Sin embargo, existen razones para avanzar hacia modelos de cuidado más justos y dúctiles, ya que todas las personas necesitan cuidados a lo largo de su vida.
Las necesidades de cuidado se han incrementado, mientras que la organización tradicional se ha fragilizado. La sostenibilidad del cuidado está en riesgo si no se modifica el rumbo, especialmente ante la incorporación masiva de mujeres al mundo laboral y la sobrecarga de trabajo que enfrentan.
Nancy Fraser propone universalizar los patrones de vida de las mujeres, asegurando que los hombres se impliquen equitativamente en el cuidado de hijos y personas mayores. Esto requiere estrategias culturales, jurídicas y económicas para promover las "masculinidades cuidadoras".
La sociedad debe reorganizar el aseguramiento de los cuidados, evitando obstáculos a una función que beneficia a todos. La campaña regional "Cuidar - nos hace bien" busca promover formas saludables de cuidar y convertir a los hombres en "cuidadores universales", reconociendo el cuidado como un derecho humano y un acto político que impulsa la transformación social.
Masculinidad tradicional vs. masculinidades cuidadoras: Un contraste fundamental
En algunas regiones, el cuidado puede ser una vía para ejercer poder, donde el hombre, como "jefe de familia", toma decisiones sin ayuda y justifica el uso de la violencia bajo el pretexto de "hacerlo por el bien" de la persona cuidada. Esta visión otorga dominio a los hombres, mientras que el cuidado femenino se ha visto como un acto de amor o cualidad natural que a menudo implica sacrificio, fatiga y pérdida de oportunidades.
Las "masculinidades cuidadoras" proponen una distribución equitativa de los cuidados, tanto colectivos como personales, fomentando la corresponsabilidad, el apoyo integral y la empatía. Implican desaprender lo enseñado, romper ciclos de violencia, cuestionar normas de género y asumir la propia vulnerabilidad.

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