Hidratación en Personas Mayores: Una Guía Completa para el Bienestar

La hidratación es un aspecto fundamental de la salud en cualquier etapa de la vida, pero cobra una importancia aún más crítica a medida que envejecemos. Sabemos que, por un proceso biológico normal, las personas mayores van perdiendo grandes cantidades de agua. Una hidratación correcta contribuye a varios procesos y funciones esenciales en nuestro organismo. Sin embargo, en este grupo etario, la hidratación no siempre está bien regulada, lo cual no se reconoce y se aborda de manera muchas veces inadecuada.

La protección de la población anciana, con el fin de alcanzar mayores cotas de calidad de vida, pasa indefectiblemente por promocionar de forma proactiva estilos de vida saludables. La correcta hidratación del organismo es con frecuencia un área poco "visible", pero especialmente sensible para los adultos mayores, debido a su mayor vulnerabilidad a sufrir de forma rápida las deletéreas consecuencias de un mal estado de hidratación. La prevención alcanza aquí un papel primordial, debiéndose hacer énfasis en la educación de los propios interesados, así como de los familiares, cuidadores y agentes sanitarios que puedan intervenir en el cuidado.

El Agua en el Organismo: Composición y Regulación

El agua es el componente mayoritario del cuerpo humano, a la vez que un nutriente esencial para la vida. Constituye en niños entre el 75-80% del peso corporal total, y en adultos el 60% en los varones y el 50% en las mujeres. En condiciones normales, el agua corporal total se mantiene en un equilibrio dinámico, que se regula dentro del 0,2% del peso corporal durante un período de 24 horas.

Cambios con la Edad

Con el paso de los años, el contenido de agua en nuestro cuerpo disminuye, y el organismo experimenta cambios que aumentan el riesgo de deshidratación. En los adultos mayores, el agua constituye entre el 45 y el 65% del peso corporal, llegando al 50% en las mujeres conforme avanza la edad. Dos tercios del agua corporal total (ACT) son intracelulares, predominantemente en el tejido magro; del tercio restante, extracelular, el 25% es intravascular y representa solo el 8% del ACT, mientras que el resto se encuentra en el espacio intersticial.

Además, a medida que envejecemos, nuestra sensación de sed se debilita, lo que significa que, aunque el cuerpo necesite líquidos, no siempre lo percibe. Esta combinación aumenta significativamente el riesgo de deshidratación.

Fuentes de Agua

Los aportes totales de agua consideran tres ingresos principales: agua potable, aguas preparadas (como infusiones, caldos, zumos) y alimentos ricos en agua (frutas, verduras). Además, el agua también puede generarse de forma endógena mediante la oxidación de macronutrientes, es decir, de manera interna en nuestro organismo por procesos biológicos. Una pequeña cantidad se absorbe por vía transcutánea y respiratoria.

Esquema de las fuentes de hidratación: agua, alimentos (frutas y verduras), y bebidas (infusiones, zumos)

Comprendiendo la Deshidratación en la Tercera Edad

¿Qué es la Deshidratación?

La deshidratación ocurre cuando el cuerpo expulsa más líquidos de los que absorbe, resultando en un nivel inadecuado de agua para las operaciones normales del cuerpo. El término se refiere al déficit de agua intracelular como consecuencia de un trastorno del metabolismo del agua y de un estado de hipertonicidad. Es el trastorno hidroelectrolítico más frecuente en el adulto mayor y se asocia a alta mortalidad.

Tipos de Deshidratación

Existen diferentes tipos de deshidratación, clasificados según el balance de agua y electrolitos:

  • Deshidratación Isotónica: Es la forma más común, donde hay una pérdida equitativa de agua y electrolitos (pérdida de sales minerales y de agua por igual).
  • Deshidratación Hipertónica: En este tipo, el cuerpo pierde más agua que electrolitos. Los adultos mayores suelen experimentar deshidratación hipertónica, lo que debería ser motivo de preocupación.
  • Deshidratación Hipotónica: Aquí, el cuerpo pierde más electrolitos que agua (Sodio inferior a 135 mmol/l).

Etapas de la Deshidratación

La deshidratación puede manifestarse en diferentes etapas con síntomas progresivos:

  • Etapa 1: Se manifiesta con una pérdida del 2-4% del peso corporal total. Los adultos mayores experimentan sed intensa, boca seca, debilidad, somnolencia y náuseas. Los síntomas y signos de sistema nervioso central ya están presentes con una pérdida del 1% del peso corporal total.
  • Etapa 3: Esta etapa es particularmente peligrosa para la salud. La deficiencia de líquidos en el cuerpo ocurre con mucha más frecuencia de lo que se reconoce. Los signos más precoces son somnolencia, debilidad, irritabilidad, cefalea y mareo, siendo muy evidentes cuando la pérdida es del 5% del peso corporal.

Factores de Riesgo de Deshidratación en Adultos Mayores

Las personas mayores tienen un mayor riesgo de deshidratación por diversos motivos. El contenido de agua varía entre los individuos con numerosos factores que incluyen la edad, el sexo, la composición corporal y diversas afecciones médicas. La deficiencia de líquidos en el cuerpo ocurre con mucha más frecuencia de lo que se reconoce.

Los principales factores de riesgo son:

  • Edad: Especialmente en personas mayores de 85 años, existe un mayor riesgo de deshidratación. La cantidad de agua corporal disminuye respecto a edades menores, al igual que la sensación de sed y la demanda de líquidos. Presentan saciedad precoz, lo que, unido a la atrofia de las papilas gustativas y alteraciones olfatorias, reduce la apetencia y la ingesta de líquidos. La función renal suele tener algún grado de deterioro y disminuye la capacidad de concentración, así como la capacidad de retener agua y sodio, causada por una menor tasa de filtración glomerular.
  • Dificultad de movilidad y limitación de la capacidad funcional: Esto complica el acceso fácil y el desplazamiento para ingerir líquidos cuando se precisa o acceder fácilmente al agua o los envases.
  • Deterioro visual y dificultad en el habla: Limitan la capacidad de encontrar fácilmente un vaso o de comunicar a otra persona que se necesita beber. Junto con otras limitaciones generalmente asociadas, esto hace que otra persona suela ser la que debe estar pendiente de que se consume la cantidad suficiente de líquidos.
  • Sexo: El sexo femenino se asocia con un menor porcentaje de agua corporal.
  • Estado mental: Situaciones de depresión, determinadas fases de enfermedades degenerativas y demencias limitan la conciencia, las necesidades básicas y el autocuidado, haciendo a estas personas especialmente sensibles a una potencial deshidratación.
  • Incontinencia: Las personas con incontinencia urinaria a menudo limitan la ingesta de líquidos para evitar la incomodidad de perder orina involuntariamente.
  • Temperatura ambiental o corporal: La fiebre, ambientes cálidos, calefacciones o el verano aumentan la pérdida de líquidos. Por cada grado de elevación de la temperatura corporal, la pérdida de agua aumenta 150 ml/día, y por cada grado de aumento de la temperatura ambiental por encima de 37ºC, se requieren 300 ml/día de agua extra.
  • Ejercicio físico: Expone a un aumento de la pérdida de líquidos por transpiración/sudoración y por la respiración, debiendo compensarse adecuadamente para evitar problemas.
  • Hábitos alimenticios inadecuados: La monotonía en la alimentación, el desequilibrio nutricional, las dificultades para la masticación, la disminución de la salivación o los problemas para la elaboración de la comida afectan de forma sustancial a la ingesta de líquidos.
  • Diabetes mellitus: La hiperglucemia ocasiona una situación de mayor concentración de solutos (hiperosmolaridad) en la sangre. Para equilibrar las concentraciones en el organismo, debe diluirse este exceso de glucosa en agua que pasa de los tejidos y espacios extravasculares hacia el torrente sanguíneo. Al filtrarse por los riñones, provoca la necesidad de orinar con más frecuencia y en mayor cantidad para eliminar este exceso de glucosa, lo que deshidrata los tejidos.
  • Otros factores de riesgo: Incluyen la alteración de la función renal o digestiva, enfermedades como vómitos o diarrea, infecciones, quemaduras, soledad o institucionalización, patologías concomitantes, polimedicación (ingesta de diuréticos, laxantes o sedantes) y el deterioro en el autocuidado.

(2019) Hidratación en el adulto mayor [] ¿cuánto deben tomar? [] Tips para tomar más agua...

Beneficios de una Hidratación Adecuada en Personas Mayores

Mantener una hidratación adecuada es esencial para la salud y el bienestar general de las personas mayores. Una correcta ingesta de líquidos contribuye a:

  • Mantención de la función cerebral: La deshidratación puede afectar la concentración, la memoria y la cognición, por lo que mantenerse bien hidratado es esencial para preservar la salud mental.
  • Salud cardiovascular: Contribuye a mantener una presión arterial saludable, evitando mareos.
  • Regulación de la temperatura corporal: Especialmente importante porque con la edad se pierde la capacidad de adaptarse bien a los cambios de temperatura, tanto al frío como al calor.
  • Prevención de estreñimiento: Un problema común en las personas mayores, ya que con el calor, el intestino busca absorber agua, y con ello las heces se secan, aumentando las deposiciones duras y el riesgo de estreñimiento.
  • Mantención de la función renal: Beber suficiente agua ayuda a mantener los riñones en buen estado de funcionamiento y a eliminar las toxinas del cuerpo.
  • Prevención de infecciones del tracto urinario: La deshidratación aumenta el riesgo de este tipo de problemas.
  • Reducción del riesgo de caídas: La falta de líquidos puede causar mareos y debilidad, aumentando las probabilidades de caídas. Mantenerse hidratado contribuye a mantener la estabilidad y prevenir accidentes.
  • Piel saludable: La piel tiende a volverse más seca con la edad. Una hidratación adecuada ayuda a mantener una buena piel, evitando la sequedad y el agrietamiento.

Síntomas y Señales de Alerta de Deshidratación

Los signos y síntomas clínicos de la deshidratación en este grupo etario pueden ser difíciles de reconocer y, generalmente, tienen baja sensibilidad y especificidad, por lo que es difícil llegar al diagnóstico. Es importante estar atentos a estos indicadores:

  • Orina oscura: Un color amarillo claro es signo de buena hidratación, mientras que una orina oscura indica la necesidad de beber más líquidos.
  • Boca seca: También conocida como «lengua de loro».
  • Fatiga y debilidad: Sensación de cansancio y falta de energía.
  • Mareos y desmayos: Que pueden aumentar el riesgo de caídas.
  • Confusión mental o desorientación: Incluyendo somnolencia excesiva e irritabilidad.
  • Aletargamiento: Lentitud en las reacciones o movimientos.
  • Piel seca: Que puede perder elasticidad.
  • Dolor de cabeza.
  • Pulso rápido.
  • Pérdida de peso rápida: Principalmente debido a la pérdida de líquidos.
  • Disminución brusca de la presión arterial: Ante esto, se debe acudir a urgencias.

En las personas mayores, la percepción de la sed disminuye, lo que hace que sea aún más importante estar conscientes de estos síntomas. La falta de hidratación adecuada puede llevar a problemas graves de salud.

Infografía sobre los síntomas clave de deshidratación en personas mayores

Recomendaciones de Ingesta de Líquidos

Estar bien hidratado es esencial en cualquier momento de la vida y en cualquier momento del año, no solo en verano. Para el manejo de la deshidratación por ingesta baja, primero debemos evitar que esto suceda, y motivar a las personas mayores a beber más líquidos según prefieran. La regulación de la ingesta de agua viene determinada por dos sensaciones básicas: la sed y la saciedad. En este equilibrio intervienen también el volumen circulante y la osmorregulación.

Pautas Generales

Aunque las necesidades individuales de líquidos son muy variables, generalmente se recomienda una ingesta de entre 1,5 y 2,5 litros de líquidos al día. Esto incluye agua, infusiones, caldos, leche y alimentos ricos en agua como frutas y verduras.

  • Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la ingesta adecuada de agua es de 2,0 litros/día para mujeres y 2,5 litros/día para hombres.
  • La pauta general para adultos es beber aproximadamente 8 vasos (64 onzas) de agua al día.
  • La mayoría de las personas mayores deben aspirar a beber al menos 6-8 tazas (1,5-2 litros) de agua diariamente.
  • Para una mujer de 80 años, también se recomienda alrededor de 8 vasos de agua al día.
  • Para una persona de 90 años, es aconsejable aspirar a beber al menos 6-8 vasos de agua al día.

Necesidades Individuales y Situaciones Especiales

Las necesidades individuales de líquidos son muy variables y tienen en cuenta el ejercicio, el entorno y las comorbilidades. Es posible que se necesite una ingesta adicional de agua en circunstancias específicas:

  • A temperaturas más altas o en ambientes con calefacción.
  • Durante una mayor actividad física.
  • Debido a pérdidas excesivas de líquidos (fiebre, diarrea, vómitos, infecciones).
  • En casos de estrés.

Se debe considerar a todas las personas mayores como en riesgo de deshidratación debido a una baja ingesta, y se les debe animar a consumir suficientes líquidos. Por lo general, las intervenciones serán individualizadas, integrales y parte de un enfoque de equipo multimodal y multidisciplinar.

Estrategias Prácticas para Prevenir la Deshidratación

Es fundamental promover hábitos saludables de forma constante y adaptada a cada persona. Los cuidadores y las personas mayores pueden trabajar juntos para promover una hidratación adecuada. Para el manejo de la deshidratación por ingesta baja, primero debemos evitar que esto suceda, y motivar a nuestras personas mayores a beber más líquidos según prefieran.

Hábitos de Consumo

  • Ingesta gradual y constante: Se recomienda una ingesta gradual de agua, incluso sin tener sed, y repartida a lo largo del día. Es preferible beber a menudo que ingerir mucha cantidad de vez.
  • Horarios específicos: Priorizar la ingesta de líquidos por las mañanas o primera hora de la tarde para evitar interrupciones del sueño nocturno. Beber 1-2 vasos de agua por la mañana en ayunas, en 10-15 minutos, favorece el movimiento intestinal y previene el estreñimiento.
  • Aprovechar las comidas: Ingerir entre un vaso y un vaso y medio de agua en cada comida, y otro vaso en el tentempié de media mañana y de cena. En cada comida debe ingerirse un vaso de agua para facilitar la ingestión de sólidos.
  • Temperatura ideal: La temperatura ideal del líquido se recomienda que sea entre 11 y 14 ºC.
  • Monitorear la orina: Si la orina presenta color amarillo claro es un signo de buena hidratación, mientras que una orina oscura indica la necesidad de beber más líquidos.

Alimentación y Bebidas

  • Variedad de líquidos: El hecho de variar los sabores favorece el mayor consumo. Además del agua, es oportuno facilitar la ingesta de otros líquidos adaptados a las apetencias individuales: leche, zumos de frutas y vegetales, infusiones, tisanas, caldos, sopas, gelatinas y refrescos (con moderación). Las bebidas alcohólicas deben evitarse, y las bebidas con cafeína deben limitarse o evitarse, ya que pueden tener un efecto deshidratante.
  • Alimentos ricos en agua: No descuidar la ingesta de verduras, frutas y hortalizas, de forma fácilmente digerible: sopas, purés ligeros, macedonias. En épocas estivales, promocionar la toma de alimentos ricos en agua: leche, yogur, verduras, sandía, melón, fresas, zumos. Preparar comidas caldosas, gazpachos, sopas, salsas jugosas.

El Rol de Cuidadores y Familiares

  • Ofrecer líquidos activamente: Ofrecer agua de manera frecuente, sin esperar a que la persona la pida, ya que la sed disminuye en personas mayores.
  • Facilitar el acceso: Facilitar el acceso a líquidos en todo momento. Utilizar vasos o recipientes adaptados si existen dificultades motoras, como vasos de doble asa o de borde recortado para situaciones de dificultad de aspirado con pajita.
  • Concienciación: Concienciar a familiares y personas allegadas, incluidos sanitarios que están en contacto con las personas mayores, para reconocer situaciones de riesgo, detectar los primeros síntomas de una posible deshidratación y poner los medios a tiempo para revertirla de forma adecuada.

Ambiente y Actividad

  • Ambiente fresco: Mantener un ambiente fresco, especialmente en climas cálidos. Asegurar que la temperatura en el hogar sea cómoda y fresca.
  • Protección solar: Proteger de la exposición al sol y al calor, evitando en lo posible la realización de actividad física en las horas de mayor impacto. Cuidado con los golpes de calor e insolación.
  • Atención a condiciones específicas:
    • En caso de vómitos y/o diarrea, aumentar la ingesta de líquidos unos 600 ml/día más.
    • En personas con diabetes, deben contabilizarse los hidratos de carbono que puedan contener determinadas bebidas líquidas o semilíquidas, debiéndose evitar los refrescos azucarados o zumos, salvo hipoglucemias o anorexia.
    • En los casos de disfagia (dificultad para tragar) es importante administrar agua fría espesada o en textura gel, utilizando vasos adaptados.
  • Vigilancia médica: Fomentar las visitas médicas regulares para un seguimiento de la salud general y vigilar la ingesta innecesaria de fármacos.

Hidratación a lo Largo del Año: Consejos por Estación

La hidratación en personas mayores no debe depender únicamente de la sensación de sed, sino de hábitos conscientes y adaptados al entorno y las estaciones.

Primavera: Adaptación y Prevención

Durante la primavera, las temperaturas comienzan a subir y el cuerpo necesita adaptarse progresivamente al calor. En esta etapa es importante fomentar hábitos regulares de hidratación, incluso sin sensación de sed. Introducir alimentos ricos en agua, como frutas (fresas, naranjas) y verduras (lechuga, pepino), puede ser una estrategia efectiva y agradable.

Verano: Máxima Vigilancia

El verano es la estación de mayor riesgo. Las altas temperaturas aumentan la pérdida de líquidos a través del sudor, lo que puede provocar deshidratación rápida. En las personas mayores, esto puede derivar en mareos, caídas o problemas más graves como golpes de calor. Se recomienda beber agua frecuentemente, evitar la exposición prolongada al sol y consumir bebidas frescas (sin exceso de azúcar). También es útil establecer recordatorios o rutinas para asegurar una ingesta adecuada.

Otoño: Mantener el Hábito

Con la llegada del otoño, las temperaturas bajan, pero eso no significa que deba disminuir la hidratación. Es común que las personas mayores reduzcan el consumo de líquidos al no sentir tanto calor. Sin embargo, el cuerpo sigue necesitando una hidratación constante. Las infusiones y caldos pueden ser aliados ideales en esta época, aportando líquidos y confort.

Invierno: Hidratación “Invisible”

En invierno, el riesgo de deshidratación puede pasar desapercibido. El frío reduce la sensación de sed, pero el cuerpo sigue perdiendo agua, especialmente en ambientes con calefacción. Además, el aire seco puede favorecer la deshidratación de la piel y las vías respiratorias. Es recomendable mantener una rutina de ingesta de líquidos, incluyendo bebidas calientes como sopas, caldos o infusiones.

Preguntas Frecuentes sobre Hidratación en la Tercera Edad

¿Cuántos vasos de agua debe beber un anciano al día?

Aunque las necesidades varían según el peso corporal y la actividad, la recomendación general es de 6 a 8 vasos de líquidos diarios. Es fundamental distribuir la ingesta a lo largo del día para mantener una volemia constante sin sobrecargar el sistema renal en momentos puntuales.

¿Es perjudicial beber agua antes de dormir en la tercera edad?

No es perjudicial para la salud sistémica, pero puede provocar nicturia (necesidad de orinar frecuentemente durante la noche). Esto interrumpe los ciclos de sueño reparador y aumenta significativamente el riesgo de caídas nocturnas. Lo ideal es priorizar la hidratación durante la mañana y la tarde.

¿El café y el té computan en el balance hídrico total?

Sí, todas las infusiones contribuyen a la hidratación. Sin embargo, debido a su efecto diurético y estimulante, el café y el té no deben sustituir al agua mineral. Se recomienda alternarlos y controlar el consumo de cafeína para no alterar el ritmo cardíaco o la presión arterial.

¿Cómo identificar una deshidratación rápida si la piel no es fiable?

Debe prestar atención a indicadores neurológicos y fisiológicos: confusión mental repentina, somnolencia excesiva, mucosas bucales secas («lengua de loro») y orina de color ámbar oscuro. Ante una disminución brusca de la presión arterial, se debe acudir a urgencias.

¿Son aconsejables las bebidas isotónicas para deportistas?

Solo en casos específicos de pérdida severa de electrolitos (como episodios de diarrea o calor extremo) y bajo supervisión médica. Muchas de estas bebidas contienen altas concentraciones de sodio y glucosa, lo cual es contraproducente para pacientes con hipertensión arterial o diabetes.

Los cambios físicos en la persona mayor pueden provocar una disminución del agua corporal total y de la función renal, un deterioro cognitivo, una incapacidad funcional, así como una reducción del apetito y de la sed. Este cuadro puede conducir a la deshidratación, de la que se sabe que afecta la salud de las personas mayores (por ejemplo, aumenta el riesgo de caídas y provoca dificultad para tragar).

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