El hemograma completo es uno de los exámenes de laboratorio más frecuentemente solicitados por el personal médico, siendo parte fundamental del estudio básico requerido para la orientación diagnóstica y evaluación de los pacientes. Este examen es apto para todas las edades, desde los recién nacidos hasta adultos mayores, sin una edad específica a la que sea indicado. Con esta prueba de sangre es posible detectar diferentes afecciones como infecciones, anemia e incluso leucemia a través del recuento de las células.
La anemia, en particular, es la alteración analítica adquirida más frecuente en la población de edad avanzada. Es un marcador pronóstico negativo de muchas condiciones médicas, además de ser el primer signo de patologías graves como neoplasias o insuficiencia renal. Por esta razón, la prevalencia de anemia es un importante indicador sanitario, y su diagnóstico, prevención y tratamiento constituyen un objetivo mayor en salud pública.
Resulta llamativa la poca información rigurosa recopilada sobre la prevalencia de anemia en la población anciana, especialmente en mayores de 80 años, un grupo demográfico cada vez más numeroso en la sociedad. Generalmente se utilizan los mismos criterios para definir anemia en la población más envejecida que en la población general, a pesar de que los datos epidemiológicos recogidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1968, que sirven como umbral diagnóstico, no incluían a personas mayores de 65 años.

Definición y Criterios Diagnósticos de la Anemia en Adultos Mayores
Propuesta Clásica y sus Desafíos
Clásicamente, la anemia se considera como un "descenso de la masa eritrocitaria que activa los mecanismos fisiopatológicos compensatorios". Sin embargo, este criterio teórico no se puede trasladar directamente a la práctica como criterio diagnóstico. De forma habitual, se utilizan valores "exactos" de hemoglobina (Hb) diferentes según el género, por debajo de los cuales se considera anemia. El criterio propuesto para el diagnóstico de anemia por los tratados clásicos de hematología y para la población de todas las edades es la disminución de la Hb (medida en g/dL) de al menos 2 desviaciones estándar (DE) por debajo de la cifra de referencia. Este criterio, aplicado al documento de la OMS de 1968, estableció el umbral diagnóstico en Hb < 12 g/dL para mujeres adultas no embarazadas y Hb < 13 g/dL para hombres.
No obstante, otros textos establecen el límite de Hb en 14 g/dL para hombres, y para mujeres distinguen entre aquellas en edad menstrual (Hb de 11 g/dL), embarazadas (Hb de 10 g/dL) y posmenopáusicas (Hb de 12 g/dL). Estas propuestas de los diferentes autores se basan en el criterio de la Hb media ± 2 DE.
El umbral utilizado para definir una entidad como la anemia es determinante en su diagnóstico y análisis de prevalencia. Los criterios de la OMS de 1968 se basaron en pocos datos (4 estudios publicados y varios no publicados) y fueron descritos para ser usados en el contexto de estudios nutricionales a nivel mundial, con el objetivo de detectar poblaciones de mayor riesgo, especialmente en países en vías de desarrollo. Los mayores de 65 años no estaban incluidos en estas muestras.
Propuestas Alternativas y Consideraciones en el Anciano
Una propuesta diferente es la de Beutler y Waalen, quienes sugieren aplicar al valor medio de Hb −1,6 DE. Aplicando este criterio a las medias obtenidas de amplias bases de datos, proponen como límites inferiores de normalidad para raza caucásica: Hb de 13,7 g/dL para hombres de 20 a 59 años y Hb de 13,2 g/dL para hombres mayores de 60 años. Para mujeres de raza caucásica de todas las edades proponen un límite inferior de 12,2 g/dL. Consideran, por tanto, el subgrupo de varones mayores de 60 años susceptible de evaluar con un límite de Hb más bajo que los varones más jóvenes, aunque este umbral continúa siendo más alto que el de la OMS. Mantienen el mismo límite para las mujeres.
No existe un umbral diferente para la definición de anemia en el "anciano" de forma generalizada, y se asume el mismo que para el resto de la población adulta, salvo excepciones como la comentada de Beutler y Waalen. Algunos autores han cuestionado que se siga aplicando un límite de Hb más bajo para diagnosticar anemia en mujeres que en hombres después de la menopausia. Aunque la distribución de Hb varía con el sexo incluso a esas edades, las diferencias por sexo disminuyen de forma significativa con la edad, llegando incluso a desaparecer en los más ancianos.
Es conocido que los valores de Hb y hematocrito en adultos sanos del subgrupo de más edad son, generalmente, más bajos que en los adultos más jóvenes. Esto podría deberse a un descenso de las necesidades de oxígeno con la edad, plausible si se considera el descenso de masa corporal y de actividad física de esta población.
Además de la propuesta de Beutler y Waalen, se ha encontrado algún trabajo que considera un límite de Hb de 12 g/dL (igual para ambos sexos) en pacientes ancianos. Un estudio prospectivo realizado en Suecia durante 18 años con ancianos de 70 a 88 años propone la cifra umbral de Hb de 11,5 g/dL a partir de los 80 años para ambos sexos, basándose en un descenso anual detectado de Hb.
Un estudio realizado en Cuba con 36 hombres y 94 mujeres de 60 a 85 años, sin deficiencias nutricionales ni enfermedades que pudieran interferir con la hematopoyesis, caracterizó los límites normales de glóbulos rojos y blancos. Los valores normales de hemoglobina en el límite inferior fueron de 132 g/l para hombres y 125 g/l para mujeres. Las cifras correspondientes para VCM fueron de 85 fl y 83 fl para hombres y mujeres respectivamente. Los límites normales inferior y superior para el recuento de leucocitos en ambos sexos fueron de 3.66 y 9.36 x 109/l.
La mayoría de los autores revisados no recomiendan disminuir el umbral de Hb para el diagnóstico de anemia en el paciente anciano, a pesar de que un criterio meramente estadístico podría avalarlo. Y sustentan esta recomendación porque la anemia no es parte normal del envejecimiento; cuando aparece, siempre hay una causa médica detrás que necesita tratamiento.
Prevalencia de la Anemia en la Población Anciana
La prevalencia de la anemia en ancianos afecta al 12-15% de los mayores de 60 años y supera el 20% en quienes tienen 85 años o más. Los estudios sobre la prevalencia de anemia en ancianos y especialmente en mayores de 80 años, realizados principalmente en Norteamérica y Europa, abarcan en torno a 70.000 pacientes. Sin embargo, los criterios utilizados son dispares. La prevalencia oscila entre el 3 y el 63%, dependiendo del criterio diagnóstico, de la edad, del sexo y de si eran institucionalizados o no.
En el contexto de sociedades desarrolladas, nada tiene que ver una persona de 65 años con una de 80, y es precisamente este sector más envejecido de la población uno de los principales subsidiarios de atención.

Causas Comunes de Anemia en Ancianos
Las posibles causas de la anemia en personas mayores abarcan múltiples factores que frecuentemente coexisten. En personas mayores, la anemia es más frecuente en aquellos que tienen varias enfermedades a la vez.
Déficit de Hierro, Vitamina B12 o Ácido Fólico
Las deficiencias nutricionales encabezan las causas reversibles de anemia geriátrica. El déficit de hierro surge por ingesta inadecuada, malabsorción intestinal o pérdidas sanguíneas ocultas. Los adultos mayores enfrentan un riesgo mayor debido a la disminución de la acidez gástrica, factor que compromete la absorción del hierro alimentario.
La deficiencia de vitamina B12 adquiere especial importancia en ellos, pues los síntomas neurológicos aparecen antes que los hematológicos, dificultando el diagnóstico precoz. La carencia de folato, aunque menos frecuente, persiste en adultos mayores con dietas restrictivas o consumo excesivo de alcohol.
Enfermedades Crónicas o Inflamatorias
La anemia causada por enfermedades crónicas es una de las más frecuentes en personas de la tercera edad. Cuando la persona tiene una afección crónica, su cuerpo produce sustancias inflamatorias que dificultan la absorción del hierro, aunque este mineral esté disponible en el organismo. Las condiciones que más la provocan incluyen artritis reumatoide, problemas del corazón, diabetes e infecciones que no se curan completamente.
Pérdidas de Sangre
Las hemorragias, tanto manifiestas como ocultas, son unos de los principales desencadenantes de la anemia en la tercera edad. El sangrado gastrointestinal crónico, vinculado frecuentemente al uso de antiinflamatorios no esteroideos o aspirina, encabeza las fuentes de pérdida sanguínea.
Trastornos en la Médula Ósea o Renales
Cuando los riñones no funcionan bien, dejan de producir eritropoyetina, una hormona que ayuda a formar glóbulos rojos. Por esta razón, la insuficiencia renal en ancianos es una de las principales causas de anemia. A su vez, existen trastornos de la médula ósea (donde se fabrican los glóbulos rojos) que son más comunes en adultos mayores.
Por qué la ANEMIA es más IMPORTANTE de lo que CREES
Tipos de Anemia en la Tercera Edad
Conocer los diferentes tipos de anemia en personas mayores de 80 años ayuda a los médicos a elegir el mejor tratamiento para cada caso.
- Anemia asociada a enfermedades crónicas: Es la anemia más frecuente en adultos mayores. En estos casos, el hierro está presente en el organismo, pero no se aprovecha correctamente. Aparece cuando hay enfermedades que causan inflamación continua, impidiendo que el hierro llegue donde se necesita para formar glóbulos rojos.
- Anemia ferropénica: La anemia por falta de hierro en ancianos casi siempre se debe a pérdidas de sangre más que a no ingerir suficiente hierro. Se reconoce cuando los análisis muestran poco hierro almacenado en el cuerpo y los glóbulos rojos son más pequeños de lo normal. Al detectarse, los médicos deben buscar el origen del sangrado.
- Anemia megaloblástica: La falta de vitamina B12 o ácido fólico causa este tipo de anemia, donde los glóbulos rojos son más grandes de lo normal. A veces se manifiesta con síntomas neurológicos, como hormigueos, confusión o pérdida de equilibrio.
- Anemia drepanocítica: Esta anemia hereditaria altera la forma de los glóbulos rojos. En personas mayores de nuestro entorno es poco habitual, pero puede aparecer si la persona ya convive con esta enfermedad desde su juventud.
- Anemia aplásica idiopática: Es poco frecuente y ocurre cuando la médula ósea no produce suficientes glóbulos rojos. En personas de edad avanzada, puede originarse por ciertos medicamentos, sustancias tóxicas o problemas del sistema inmunológico.
- Anemia hemolítica: Se produce cuando los glóbulos rojos se destruyen antes de tiempo. Las personas mayores la desarrollan principalmente por problemas del sistema inmunológico, infecciones o reacciones a medicamentos.
Síntomas de Anemia en Ancianos: ¿Cómo Reconocerla?
Muchas veces, los síntomas de anemia severa en ancianos se confunden con algunos cambios normales del envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico. La anemia hace que el oxígeno no llegue bien a todos los órganos del cuerpo, por eso aparecen los siguientes síntomas:
- Fatiga constante: El agotamiento es el síntoma más frecuente y se diferencia del cansancio normal, pues no mejora aunque la persona descanse.
- Debilidad: La debilidad muscular aparece porque los músculos no reciben suficiente oxígeno, dificultando actividades diarias.
- Somnolencia: La falta de oxígeno hace que la persona tenga mucho sueño durante el día y cambie sus patrones de descanso.
- Mareos: Son una de las consecuencias de la falta de oxígeno suficiente en el cerebro, especialmente frecuentes al levantarse o hacer actividad física mínima, aumentando el riesgo de caídas.
- Palidez: La piel y mucosas se ven más pálidas, siendo más fácil de detectar en los ojos, uñas y boca.
- Dificultad para concentrarse: Aparecen problemas de concentración, memoria a corto plazo y dificultad para procesar información, que a menudo se confunden con deterioro cognitivo.
- Riesgo de caídas: La anemia aumenta mucho el riesgo de caídas por debilidad muscular, mareos, problemas de equilibrio y reacciones más lentas.
- Deterioro funcional: Se manifiesta como necesidad de ayuda para tareas que antes se hacían solas, menos movilidad y dificultades para autocuidarse.
Cuando se detecta alguno de estos síntomas, se recomienda consultar con un médico para confirmar o descartar el diagnóstico. El riesgo de fragilidad en personas mayores aumenta cuando la anemia no se trata.

Prevención de la Anemia en Personas Mayores
Prevenir la anemia en ancianos requiere cuidar varios aspectos a la vez: la alimentación, la salud general y los medicamentos. Con las estrategias adecuadas, se puede reducir el riesgo de que el adulto mayor la desarrolle.
Dieta Equilibrada Rica en Hierro y Vitaminas
Los alimentos con más hierro que mejor se absorben son las carnes magras, pollo y pescado. Los alimentos vegetales con hierro incluyen vegetales de hoja verde oscura (espinacas, acelgas), legumbres (lentejas, garbanzos, judías), frutos secos y cereales enriquecidos. Para una mejor absorción del hierro vegetal, combínelos con alimentos ricos en vitamina C como naranjas, kiwis, pimientos rojos o fresas.
Además, las vitaminas B12 y ácido fólico también son imprescindibles y se encuentran en carnes, pescados, huevos, lácteos y verduras de hoja verde.
Controles Médicos Regulares
Las revisiones médicas periódicas permiten detectar la anemia antes de que cause síntomas graves. Se recomienda hacer análisis de sangre cada año en mayores de 65 años, o más frecuentemente si hay factores de riesgo.
Revisión de Fármacos
Muchos medicamentos interfieren en la asimilación de nutrientes. Los protectores gástricos, ciertos antidiabéticos o anticonvulsivos, reducen la absorción de B12. Es clave revisar con el médico qué fármacos está tomando el paciente.
Una buena hidratación y el ejercicio suave diario también contribuyen al bienestar general y a mantener estables los valores de hemoglobina.
Cuándo la Anemia en un Anciano es Peligrosa
La anemia puede pasar de ser un problema menor a convertirse en una emergencia médica. Es importante reconocer las situaciones de alarma para actuar rápidamente y evitar complicaciones.
Casos Graves o Persistentes
La anemia grave, cuando la hemoglobina baja de 8 g/dL, necesita atención médica inmediata y posible ingreso hospitalario. En estos niveles, el riesgo de problemas del corazón aumenta notablemente. La anemia que no mejora con el tratamiento también es preocupante, ya que puede indicar causas ocultas como sangrado continuo o trastornos complejos de la médula ósea.
Impacto en la Movilidad y Autonomía
La anemia afecta mucho la capacidad de realizar las tareas diarias, la independencia y la calidad de vida. El cansancio extremo y la reducción de la capacidad de ejercicio crean un círculo vicioso: menos actividad lleva a pérdida de músculo, peor estado físico y mayor fragilidad.
Necesidad de Hospitalización o Transfusión
Necesitan ingreso hospitalario los casos con anemia sintomática grave, sangrado activo, problemas cardiovasculares o cuando la persona no puede mantener sus funciones vitales. Las transfusiones de sangre se reservan para cuando la hemoglobina está por debajo de 7-8 g/dL o cuando hay síntomas graves, independientemente del nivel. En adultos mayores, las decisiones sobre transfusiones consideran cuidadosamente los riesgos y beneficios, incluyendo el estado del corazón, otras enfermedades y los objetivos de cuidado. Las transfusiones tienen riesgos específicos en esta edad: sobrecarga de líquidos, reacciones alérgicas e infecciones.
Por qué la ANEMIA es más IMPORTANTE de lo que CREES
Manejo Integral de la Anemia en la Tercera Edad
Detectar a tiempo la anemia en ancianos permite frenar su impacto antes de que afecte a la independencia y bienestar de quien la padece. Un enfoque integral y personalizado es crucial, reconociendo las particularidades que presenta esta condición en personas mayores.
Valoración Geriátrica Integral
El protocolo de manejo comienza con una evaluación completa que va más allá de los análisis de sangre tradicionales. Esta valoración incluye evaluar cómo funciona la persona en su día a día, su estado mental, su nutrición y su situación social. Un equipo multidisciplinario trabaja en conjunto para identificar causas tratables de anemia y poner en marcha estrategias terapéuticas adaptadas a cada residente.
Plan Nutricional Adaptado
Se desarrollan planes de alimentación individualizados que tienen en cuenta las preferencias alimentarias, restricciones dietéticas y capacidades de la persona mayor. Los menús deben incluir alimentos ricos en hierro, vitaminas B12 y ácido fólico, asegurando una ingesta adecuada de nutrientes esenciales. La educación nutricional se extiende a las familias y cuidadores, proporcionando herramientas prácticas para optimizar la absorción de nutrientes.
Seguimiento Continuo y Prevención de Recaídas
Es fundamental establecer protocolos de seguimiento regular que abarquen análisis de sangre periódicos, control de síntomas y ajustes del tratamiento según evoluciona cada caso. Esta vigilancia activa permite detectar cambios tempranamente y prevenir recaídas o complicaciones. La coordinación con especialistas externos, como hematólogos y gastroenterólogos, garantiza acceso a estudios diagnósticos avanzados y tratamientos especializados cuando son necesarios, asegurando el mejor tratamiento posible en casos complejos.