La protección social y la atención a grupos específicos son pilares fundamentales para el desarrollo de sociedades equitativas y justas. La identificación y el análisis de estos grupos permiten diseñar e implementar políticas públicas efectivas que aborden las necesidades específicas de quienes enfrentan mayores riesgos y desventajas. Sin embargo, el concepto de "vulnerabilidad" requiere una comprensión profunda y contextualizada para evitar simplificaciones y estigmatización.
La Población Mayor: Un Grupo en Crecimiento y con Necesidades Específicas
América Latina y el Caribe, con alrededor de 654 millones de habitantes, experimenta un notable envejecimiento poblacional. Actualmente, las personas mayores (60 años y más) representan el 13% de la población, y se proyecta que para 2050 este grupo constituirá casi el 25%.

Esta tendencia es significativa, ya que el grupo de personas muy mayores (80 años y más), que hoy representa el 1,9% (unos 12,4 millones de personas), se incrementará a más de 41 millones en los próximos 30 años. Este grupo tiene necesidades y capacidades muy diferentes respecto de los demás grupos de edades.
Heterogeneidad del Envejecimiento en la Región
La heterogeneidad de los procesos demográficos se manifiesta en el porcentaje de personas mayores en la población y los diferenciales por sexo. Países como Cuba, Uruguay, Chile y Argentina ya presentan una fase avanzada de envejecimiento, con una quinta parte de su población de 60 años y más y con diferencias significativas por sexo. En el otro extremo, países centroamericanos y caribeños como Guatemala, Honduras, Haití y Nicaragua se encuentran en una fase inicial de envejecimiento, aunque también registran grandes diferenciales por sexo, con más mujeres entre las personas de edad avanzada.

Impacto de la COVID-19 en la Población Mayor
La pandemia de COVID-19, definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su rapidez, escala de expansión, gravedad de la enfermedad y poder de disrupción social y económica, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad específica de las personas mayores. La OMS propuso que los países deben detectar los casos, someterlos a pruebas, aislarlos, atenderlos y poner en cuarentena a los contactos para controlar la transmisión.
En América Latina y el Caribe, la crisis sanitaria y económica ha exacerbado las desigualdades socioeconómicas y el acceso a los servicios de salud y protección social, especialmente entre las personas mayores. La información sistematizada y desglosada por edad y sexo sobre casos confirmados y fallecidos por COVID-19 en la región es aún insuficiente para confirmar si los hallazgos de otras regiones se aplican de manera uniforme.
Efectos del Covid en adultos mayores y su prevención.
Factores de Riesgo para Personas Mayores ante la COVID-19
Además de la edad, la existencia previa de enfermedades crónicas y múltiples morbilidades es un factor de riesgo conocido. Los sistemas de salud de muchos países de la región, a menudo subfinanciados, segmentados y fragmentados, presentaron grandes debilidades al inicio de la pandemia, lo que dificultó el acceso a la atención. Las personas mayores y muy mayores son las más afectadas por accidentes cerebrovasculares (ACV) y cardiopatías isquémicas.
De un cuarto a un tercio de las personas de 60 años y más han sido diagnosticadas con un ACV o una cardiopatía isquémica, siendo los hombres quienes presentan porcentajes más altos. La diabetes muestra una gran variación entre países (del 11% al 45% en personas mayores), y en algunos son las mujeres mayores las más afectadas. Otros factores de riesgo incluyen la obesidad y el tabaquismo, así como afecciones que aumentan la necesidad de oxígeno o reducen la capacidad del cuerpo para usarlo adecuadamente.
Discapacidad y Vulnerabilidad Agravada en la Vejez
Los diferentes tipos de discapacidad pueden incidir en una mayor probabilidad de contagio y gravedad de los síntomas de COVID-19 en personas mayores. La OMS indica que los obstáculos para la higiene básica, como el lavado de manos, o las dificultades físicas para acceder a lavamanos pueden aumentar el riesgo. Las comorbilidades en personas mayores con discapacidad también exacerban problemas de salud existentes, especialmente los relacionados con la función respiratoria, el sistema inmunitario, cardiopatías o diabetes, y pueden enfrentar barreras para el acceso a la atención de salud.
En la región, hay alrededor de 70 millones de personas con discapacidad, y la prevalencia se incrementa con la edad. En ocho países analizados, alrededor de 41 de cada 100 personas mayores tenían algún tipo de discapacidad. En los censos más recientes, la tendencia es similar: un aumento de la proporción de personas con discapacidad a mayor edad y un leve predominio femenino. Las personas de 80 años y más con discapacidad a menudo presentan una alta dependencia de cuidados y una baja autonomía, requiriendo apoyo constante.
Las personas mayores con discapacidad enfrentan barreras específicas para las actividades diarias debido a la COVID-19. Las restricciones de confinamiento a menudo no consideran sus necesidades, creando nuevos riesgos para su autonomía, salud y vida. La interrupción de apoyos formales o informales debido a las cuarentenas y el distanciamiento físico tiene consecuencias negativas, aumentando el riesgo de falta de acceso a alimentos, bienes esenciales y medicamentos. Además, el acceso a información pública sobre las medidas para combatir la COVID-19 no siempre se comunica en formatos accesibles.
Arreglos Familiares y Aislamiento Social
En América Latina y el Caribe, en materia de arreglos familiares intergeneracionales, la región se sitúa en una posición intermedia entre Asia y África (donde más del 60% de las personas mayores residen con hijos) y Europa y América del Norte (donde no superan el 20%). Aunque hay poca evidencia directa y sólida del papel de la corresidencia familiar en la epidemia, algunos demógrafos europeos vinculan altos niveles de corresidencia intergeneracional en el sur de Europa con la magnitud y gravedad del COVID-19.
Alrededor de 1 de cada 3 hogares en la región vive al menos una persona mayor, lo que los convierte en hogares de riesgo especial. Las personas mayores que viven solas constituyen un grupo de riesgo ante la pandemia, ya que pueden enfrentar barreras para obtener información precisa, alimentos, medicamentos y otros suministros esenciales durante la cuarentena. Los períodos prolongados de aislamiento también pueden tener un efecto grave en la salud mental, aumentando los sentimientos de soledad no deseada. Sin embargo, pueden estar menos expuestas al riesgo de contagio al no compartir el hogar con otras personas que tengan mayor probabilidad de contagio al salir a trabajar o realizar compras.
Efectos del Covid en adultos mayores y su prevención.
El Rol de la Kinesiología y la Universidad Santo Tomás
Frente a este escenario, la carrera de Kinesiología de la Universidad Santo Tomás en Chile está desarrollando el proyecto de investigación “Envejecimiento Activo y Telesalud”. Este proyecto ha implementado un programa piloto para adultos mayores del Programa Vínculos, buscando apoyar a este grupo etario en el contexto de la crisis actual.

El Concepto de Vulnerabilidad: Más Allá de una Definición Genérica
La protección social y la atención a grupos vulnerables son pilares fundamentales para el desarrollo de sociedades equitativas y justas. La identificación y el análisis de estos grupos permiten diseñar e implementar políticas públicas efectivas que aborden las necesidades específicas de quienes enfrentan mayores riesgos y desventajas.
El uso generalizado del término "vulnerabilidad" a menudo eclipsa conceptos como pobreza extrema, marginación o exclusión. Si bien la vulnerabilidad se refiere a condiciones que aumentan la susceptibilidad a amenazas, es crucial entenderla como una condición producida histórica y socialmente, influenciada por las relaciones de poder y el incumplimiento de obligaciones por parte de actores públicos y privados.
Referirse a colectivos como "grupos vulnerables" sin reconocer las violaciones de derechos y las responsabilidades que existen puede maquillar realidades dramáticas y generar la idea de que las situaciones adversas son inevitables. Definir a una persona o grupo únicamente por su vulnerabilidad atenta contra su dignidad y puede llevar a la estigmatización.
Vulnerabilidad: Una Condición Contextual y Dinámica
Es fundamental considerar la multidimensionalidad de la vulnerabilidad, incluyendo aspectos sociales, psicológicos y organizativos, junto con las dimensiones económicas, de edad, género y ambientales. Además, es crucial no olvidar la otra cara de la moneda: las capacidades. La vulnerabilidad hace referencia a la condición de desventaja en que se encuentra un sujeto, comunidad o sistema ante una amenaza y a la falta de recursos necesarios para superar el daño causado por una contingencia. Las personas o grupos son vulnerables al enfrentar experiencias que los colocan en situaciones de riesgo a ser afectados en su bienestar personal, moral, psíquico o material, y donde los recursos para enfrentar la amenaza son limitados, escasos o inexistentes.
El concepto de vulnerabilidad no debe usarse para catalogar como vulnerables a sectores poblacionales o grupos sociales en su totalidad. Esto se debe a tres razones principales:
- Es imposible demostrar que las personas que pertenecen a ciertos sectores o grupos sociales mantengan las mismas condiciones de vida como realidad sustancial, puesto que al interior de los grupos prevalece una multiplicidad de contrastes, diferencias y ambigüedades.
- Ninguna situación de vulnerabilidad es permanente, puesto que vulnerabilidad no refiere a un estado, sino a una situación en proceso. Las personas o poblaciones pueden estar en situación vulnerable, pero no en un estado fijo de vulnerabilidad.
- La vulnerabilidad como proceso refiere a una situación inestable y harto paradójica donde el riesgo se enfrenta con estrategias que implican un entramado de negociaciones del yo y su relación con otras personas, sectores e instituciones.
Situar en el catálogo de vulnerables a determinadas poblaciones, como los adultos mayores, no puede hacerse sin correr el riesgo de construir sistemas de representaciones forzadas a partir de referentes puristas e inocentes, imprimiendo al mismo tiempo el estigma de la diferencia. Implica también el ocultamiento de la heterogeneidad, de la fragmentación continua de las poblaciones ancladas en relaciones de tensión y redefinición continua, en un contexto de vida inconsistente e inestable.

Vulnerabilidad y Riesgo: Distinciones Clave
La vulnerabilidad implica necesariamente el enfrentamiento a una situación de riesgo. Las situaciones de riesgo son esencialmente una posibilidad negativa, es decir, una eventualidad con posibilidad de generar daño. Sin embargo, una situación de riesgo no es sinónimo de vulnerabilidad y no siempre termina por causar daño. Distinguir entre riesgo y vulnerabilidad es importante porque, aunque sin riesgo no hay vulnerabilidad, refieren a dos categorías de análisis distintas.
El riesgo es la posibilidad de que una contingencia entrañe efectos adversos y pueda causar daño, en tanto que la vulnerabilidad es la causa residual que le sucede a la experiencia de enfrentar situaciones de riesgo. Las situaciones de riesgo pueden ser reconocidas ante la eventualidad de ser lastimados por una entidad amenazante.
Factores que Refuerzan la Vulnerabilidad
Los factores que refuerzan la vulnerabilidad de las personas pueden ser personales, ambientales o socioculturales:
- Factores personales: edad, género, nivel de educación, nacionalidad, etnia, salud mental y física, situación legal, situación económica, falta de información, baja autoestima, traumas del pasado o del presente (incluyendo tortura y violencia doméstica y sexual), experiencias vitales, etc.
- Factores ambientales: la actitud del personal, la proporción entre personal y personas, la actitud de otras personas, el acceso y la competencia de la asistencia sanitaria, los servicios sociales y legales, sistemas informales de privilegios, la disposición del espacio, la posibilidad de rediseñar/adaptar el espacio, la ausencia de lazos familiares, el hacinamiento, etc.
- Factores socioculturales: la actitud de la sociedad y los medios de comunicación hacia las personas privadas de libertad, la estigmatización y la exclusión social, la invisibilidad social, la actitud hacia las minorías, la corrupción, etc.
Estos factores, en combinación, dan lugar al concepto de vulnerabilidades múltiples, que ilustra cómo la confluencia de diversos elementos puede aumentar significativamente el riesgo. Estas situaciones requieren que las autoridades protejan y presten una atención especial a las personas afectadas, teniendo en cuenta los múltiples riesgos a los que se encuentran expuestas.
Análisis de la Vulnerabilidad: Niveles y Perspectivas
Una perspectiva de vulnerabilidad se propone analizar en un primer nivel las experiencias de la vida cotidiana en relación con el riesgo o los riesgos que colocan a las personas en situaciones de vulnerabilidad. Un segundo nivel de análisis debe poner especial atención en los impactos de los patrones de desarrollo en el plano social, y al uso de recursos para enfrentar los riesgos implícitos del desarrollo. En este nivel, la perspectiva de vulnerabilidad permite observar la relación entre estrategias y recursos que las personas emplean para enfrentar la situación de riesgo.
Un tercer nivel de análisis permite ponderar el impacto que tiene la estructura de oportunidades, que comprende la movilización del conjunto de recursos con los que cuentan las personas (activos) en su relación con los recursos del marco sociocultural a los que se pudiera o no tener acceso, que hacen plausible evitar, reducir o en todo caso superar el daño causado por la amenaza. Esto hace evidente que, cuando las personas se enfrentan a situaciones de riesgo, no son por ese solo hecho vulnerables, puesto que a pesar del peligro latente que supone la amenaza, las situaciones de riesgo son también situaciones de ajuste situacional, donde las personas evalúan, negocian y deciden; compiten por recursos con intereses anticipados, construyen alianzas, generan antagonismos, impugnan y resuelven metas, deseos y destinos.
En el plano académico, no hay una postura unívoca que defina con precisión el concepto de vulnerabilidad, aunque como perspectiva de análisis previene de reducirlo a un estado o condición fija. Las personas son vulnerables cuando se presenta un desajuste e indeterminación relacional entre los recursos que se disponen y el aprovechamiento de la estructura de oportunidades.
Vulnerabilidad Personal y Colectiva
El interés por estudiar la vulnerabilidad se ha dirigido a dos grandes unidades de análisis: la vulnerabilidad personal y la vulnerabilidad colectiva. La vulnerabilidad personal hace referencia a nuestra condición como organismo; la vulnerabilidad colectiva, al carácter estructural y circunstancias que potencian el deterioro de las condiciones de vida de las comunidades. La perspectiva de vulnerabilidad social articula las dos unidades de análisis, considerando que “la vulnerabilidad es el resultado de los impactos provocados por ciertos patrones de desarrollo, y expresa la incapacidad de los grupos más débiles de la sociedad para enfrentarlos, neutralizarlos u obtener beneficios de ellos”.
Entre las personas y comunidades hay una propensión a ser vulnerado, no porque tentativamente todo sistema es vulnerable, sino porque no siempre se cuentan con los recursos suficientes para enfrentar situaciones de riesgo. Los recursos para enfrentar el riesgo no son sólo recursos económicos y materiales, en tanto que la vulnerabilidad no se reduce a situaciones de pobreza en su acepción economicista. Al encarar situaciones de riesgo, las estrategias para enfrentarlas giran en torno al uso de recursos de orden material (dinero, bienes, patrimonio); social (redes de apoyo solidario); y simbólico (conocimiento, creencias, deseos, valores) a partir de los cuales pueden develarse los niveles de exposición al riesgo, la inseguridad y la indefensión.
Cuando las personas se enfrentan de manera continua a situaciones adversas y en desventaja permanente, sin contar con los recursos mínimos para enfrentar el riesgo, no deben ser consideradas como vulnerables, sino como vulneradas, puesto que la condición de vulnerado refleja el hecho de haber sido dañado. La diferencia entre vulnerable y vulnerado reside en que "vulnerable se relaciona con la exposición al riesgo que proviene de la relación entre lo interno y entorno, que define las condiciones de vulnerabilidad", mientras que "se es vulnerable ante la posibilidad de ser afectado por una acción que vulnera, una vez producida la vulneración, el afectado deja de ser vulnerable y se convierte en vulnerado o dañado".
Grupos Específicos en Situación de Vulnerabilidad
Basándose en los factores de riesgo mencionados, las personas en situación de vulnerabilidad pueden agruparse en distintas categorías según el contexto, aunque ciertos grupos, como los niños, niñas y adolescentes, siempre deben ser considerados personas en situación de vulnerabilidad independientemente del contexto. La base de datos Detention Focus, por ejemplo, incluye un número limitado de grupos en situación de vulnerabilidad, basándose en la existencia de normas internacionales o regionales para su protección y la prevalencia universal del riesgo de abusos y violencia hacia ellos.
Efectos del Covid en adultos mayores y su prevención.
Niños, Niñas y Adolescentes
El derecho a la salud de los niños es una prioridad. La prevención de la mortalidad infantil y el desarrollo integral son cruciales. La primera infancia representa un momento clave para invertir en salud individual y social, garantizando el derecho a un desarrollo saludable y sostenible. Prácticas como el embarazo y parto seguros, la vacunación y la protección contra la violencia, negligencia y abuso son fundamentales.
Durante la adolescencia, las desigualdades en el acceso a servicios, la toma de decisiones y las trayectorias futuras se acentúan. Las bases sentadas en esta etapa tienen profundas implicaciones para el desarrollo social y económico. Los Estados tienen la responsabilidad de respetar y proteger los derechos de los adolescentes para que puedan contribuir a su propia salud y bienestar.
Mujeres y Niñas
Las mujeres y niñas enfrentan obstáculos significativos para el pleno disfrute de su derecho a la salud, especialmente en lo referente a la salud sexual y reproductiva. Las restricciones legales y las barreras en la toma de decisiones individuales sobre salud, el acceso a servicios, educación e información son problemáticas. La violencia de género es un grave problema de salud pública con consecuencias adversas para la salud física y mental. El matrimonio precoz y los embarazos frecuentes asociados a él aumentan las tasas de mortalidad y morbilidad infantil y materna. Abordar prácticas tradicionales nocivas es una obligación estatal fundamental.
Personas con Discapacidad
Todas las personas con discapacidad tienen derecho a la salud y a servicios sanitarios de calidad. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) impulsa un replanteamiento de los modelos de atención y un alejamiento de prácticas que contravienen los derechos humanos. La CDPD desafía las prácticas tradicionales de la psiquiatría y la atención en salud mental.
Trabajadores Migrantes
Los trabajadores migrantes, independientemente de su estatus migratorio, tienen derecho a la salud. Las políticas migratorias a menudo resultan en la detención de inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo, generando preocupaciones sobre sus necesidades de salud mental y física. Las condiciones de detención y los largos periodos pueden facilitar la transmisión de enfermedades y afectar negativamente la salud mental.
Personas LGBTQ+
Las leyes penales relacionadas con conductas sexuales consentidas entre personas del mismo sexo, orientación sexual e identidad de género pueden infringir derechos humanos, incluido el derecho a la salud. La discriminación basada en la orientación sexual tiene repercusiones de gran alcance en la salud y el acceso a otros derechos. La penalización de ciertas conductas socava la dignidad y dificulta la realización del derecho a la salud.
Personas de Edad Avanzada
El envejecimiento de la población mundial requiere un cambio de paradigma. El enfoque del derecho a la salud es indispensable para diseñar políticas y programas que mitiguen las consecuencias del envejecimiento y garanticen este derecho a las personas mayores. Las instalaciones y servicios de salud deben ser accesibles, asequibles y de calidad. Fomentar la actividad física, política y social de las personas mayores beneficia tanto al individuo como a la sociedad.
Las situaciones de emergencia, ya sean por conflictos o desastres naturales, agravan los problemas de derechos humanos de las personas de edad. La movilidad limitada, problemas de salud y la dependencia de otros dificultan el acceso a la ayuda humanitaria. A menudo, las personas mayores son menos visibles en los procesos de planificación humanitaria, lo que resulta en una falta de datos y efectos negativos en sus derechos y acceso a servicios.
Población Privada de Libertad
Cualquier persona detenida, sean cuales sean las razones que la llevaron a su privación de libertad, se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Esto se debe a un desequilibrio de poder, una dependencia casi absoluta de la institución, el debilitamiento de sus lazos sociales y el estigma derivado de la detención. Si bien el concepto de vulnerabilidad afecta a toda la población privada de libertad, ciertas personas o grupos son especialmente vulnerables y requieren atención y protección adicional.
tags: #grupos #etarios #vulnerables