A medida que las personas envejecen, es común observar una disminución progresiva en su movilidad, agilidad y fuerza. Actividades cotidianas como levantarse de una silla, subir escaleras o caminar pueden volverse desafiantes. En muchos casos, estos cambios están vinculados a la sarcopenia, una afección caracterizada por la pérdida de masa, calidad y fuerza muscular. Esta condición, aunque más evidente en personas mayores, puede comenzar alrededor de los 30 años y acelerarse después de los 60.
La sarcopenia no es solo una cuestión de pérdida de fuerza; implica riesgos significativos para la calidad y la esperanza de vida. Quienes la padecen tienen un mayor riesgo de sufrir caídas, fracturas, una calidad de vida reducida y, en última instancia, una esperanza de vida más corta. La Dra. Kristina Balangue, especialista en medicina geriátrica de Banner - University Medicine, subraya que, aunque es un proceso natural del envejecimiento, se pueden tomar medidas para frenar sus efectos perjudiciales.
¿Por qué se Pierde Masa Muscular con la Edad?
La pérdida de masa muscular con el envejecimiento es un fenómeno multifactorial. Como explica el Dr. Balangue, es un "caldero de sopa, con todo lo que contribuye". Los factores que pueden combinarse para reducir la masa muscular incluyen:
- Alteraciones en el proceso natural de cómo las células mueren y se regeneran.
- Aumento de la inflamación, que contribuye a la pérdida muscular.
- Mayor ganancia de tejido graso en comparación con la masa muscular.
- Deficiencias en la ingesta de proteínas, vitamina D o antioxidantes.
- Presencia de enfermedades crónicas que afectan la salud y la fortaleza muscular.
- Disminución del nivel de actividad física, lo que lleva a que los músculos pierdan fuerza y masa por desuso.
Desde una perspectiva más detallada, el envejecimiento se asocia con la reducción de hormonas anabólicas como andrógenos (testosterona), estrógenos y hormonas del crecimiento (IGF-1), así como con un aumento de citoquinas antiinflamatorias y proinflamatorias (IL-1, IL-6, TNF-α, IL-15 y CNTF) que influyen en el equilibrio entre la síntesis proteica y la degradación muscular, llevando al deterioro de la fibra muscular.
¿Qué es la sarcopenia?
Mecanismos y Etiología de la Sarcopenia
La sarcopenia es un síndrome complejo con una etiología multifactorial. Su progresión se atribuye a cambios relacionados con la edad en el músculo esquelético, como un aumento de la pérdida o la resistencia a los factores anabólicos. Entre los mecanismos coadyuvantes se encuentran:
- Causa neurológica: Pérdida del tono neurotrófico, de unidades motoras alfa y de fibras nerviosas de conducción rápida de la médula espinal.
- Causa muscular: Disminución del número de proteínas de contracción, adelgazamiento de las fibras musculares y su reemplazo por tejido conjuntivo y colágeno, lo que lleva a la atrofia.
- Causa hormonal: Reducción de hormonas anabólicas y aumento de citoquinas proinflamatorias.
- Causa nutricional: Disminución de la ingesta de alimentos en personas mayores, lo que dificulta satisfacer las necesidades de nutrientes, especialmente micronutrientes como vitamina D, proteínas, carotenoides, selenio y vitaminas E y C.
- Estilo de vida sedentario: El desuso y la inactividad física aceleran la pérdida de masa muscular y exacerban las alteraciones de la marcha y el equilibrio.
- Caquexia: Síndrome metabólico complejo asociado con enfermedades subyacentes, caracterizado por una pérdida exagerada de músculo.
- Estrés oxidativo: Desequilibrio en la producción de oxidantes y la capacidad antioxidante, que causa daño al ADNmt y afecta la tasa metabólica, síntesis de proteínas y producción de ATP, llevando a la muerte de las fibras musculares.
La fuerza muscular disminuye gradualmente desde los 30 hasta cerca de los 50 años, con una acelerada disminución, no lineal, después de los 60, que puede alcanzar hasta un 30% en la octava década. Esto resulta en pérdidas funcionales, incertidumbre en la capacidad de equilibrio y un mayor riesgo de caídas y lesiones crónicas.
Signos y Peligros de la Sarcopenia
La pérdida de masa muscular es un proceso gradual, lo que dificulta su detección temprana. Es crucial prestar atención a los siguientes signos:
- Debilidad: Dificultad para levantar objetos, levantarse de una silla, subir escaleras o caminar sobre superficies irregulares.
- Pérdida visible de masa muscular: Cambios en la apariencia de los músculos.
- Resistencia reducida: Dificultad para mantener la actividad física durante períodos prolongados debido a la fatiga muscular.
Los peligros de la sarcopenia son considerables. Al perder masa muscular, también se pierde fuerza, equilibrio y coordinación, lo que aumenta el riesgo de caídas y fracturas. El Dr. Balangue enfatiza que "las caídas y fracturas graves pueden afectar la función, la independencia y la perspectiva a largo plazo en los próximos años", e incluso pueden ser mortales. La sarcopenia dificulta la realización de actividades cotidianas esenciales para la independencia, como vestirse, bañarse y cargar la compra. Además, los músculos son importantes para el metabolismo, y su pérdida puede dificultar la regulación de los niveles de azúcar en sangre y el mantenimiento de un peso corporal saludable.

Cómo Mantener y Mejorar la Masa Muscular en Personas Mayores
Contrariamente a la creencia popular de que la pérdida de masa muscular es una parte inevitable del envejecimiento, existen estrategias efectivas para contrarrestar sus efectos. El mejor consejo para mantenerse fuerte, según el Dr. Balangue, es "mantenerse saludable".
1. Realizar Ejercicio Físico Regular
El ejercicio es uno de los métodos más eficaces para combatir la sarcopenia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una media de tres horas semanales de ejercicio físico para personas mayores de 65 años. Es fundamental incluir:
- Ejercicio aeróbico: De 30 a 45 minutos diarios, cinco días a la semana. Actividades como caminar, nadar o andar en bicicleta son excelentes opciones. Cualquier nivel de actividad, por pequeño que sea, es beneficioso.
- Entrenamiento de fuerza: Dos veces por semana, utilizando peso corporal, bandas de resistencia o levantamiento de pesas para desarrollar y mantener la masa muscular. El trabajo de fuerza genera tensión y carga sobre los osteocitos, mejorando la densidad ósea o retrasando su pérdida.
- Flexibilidad: Mantener la flexibilidad con estiramientos, yoga o pilates es igualmente importante.
Es crucial consultar con un profesional de la salud antes de comenzar una nueva rutina de ejercicios, especialmente si existen afecciones o preocupaciones de salud. El entrenamiento de fuerza debe estar supervisado por médicos, fisioterapeutas o entrenadores físicos profesionales. Los ejercicios con pesas o gomas elásticas son muy comunes en un entrenamiento de fuerza. Actividades que impliquen dobles tareas, ya sean motrices o combinando motriz con cognitiva, como realizar pasos en una dirección al tiempo que se abduce un brazo, también potencian la fuerza y la coordinación. Es importante adaptar los ejercicios a la capacidad individual, comenzando lentamente y aumentando gradualmente la intensidad.

2. Evaluar y Optimizar la Dieta
La nutrición desempeña un papel fundamental en el mantenimiento y la recuperación de la masa muscular. Se recomienda consultar con un médico o nutricionista sobre la alimentación, ya que la pérdida del sentido del gusto, la disminución de la sed o la dificultad para tragar pueden afectar la ingesta de nutrientes en la vejez.
- Proteínas: Son esenciales para el desarrollo y la reparación muscular. Se recomienda incluir fuentes de proteína magra como aves, pescado, carnes magras, huevos, lácteos, legumbres, tofu y frijoles, en un ratio de 1,8 g-2 g por kilo de peso corporal.
- Vitamina D y Calcio: Cruciales para la salud ósea y muscular. Se encuentran en productos lácteos, verduras de hoja verde y alimentos fortificados.
- Hidratación: Beber suficiente agua es vital, ya que la deshidratación afecta la contracción muscular y reduce la resistencia. La hidratación adecuada transporta nutrientes a los músculos y ayuda a eliminar desechos.
- Micronutrientes: Carotenoides, selenio y vitaminas E y C son importantes para la absorción de proteínas y el funcionamiento general del cuerpo.
La malnutrición, incluida la desnutrición y la pérdida involuntaria de peso, puede contribuir significativamente a la pérdida de masa muscular.
3. Gestionar Enfermedades o Condiciones de Salud Existentes
Un plan de tratamiento sólido para enfermedades crónicas como la diabetes es crucial. Además, es importante:
- Evitar fumar: Reduce el flujo de sangre y oxígeno a los músculos, impidiendo su correcto funcionamiento.
- Evitar o limitar el consumo de alcohol: Puede interferir con la reparación y el crecimiento muscular.
- Mantener un peso corporal saludable: La obesidad o un índice de masa corporal alto pueden reducir la masa muscular, y los riesgos se incrementan cuando ambas condiciones coexisten.
4. Dormir lo Suficiente y de Manera Reparadora
El cuerpo repara los músculos durante el sueño, y un descanso adecuado ayuda a regular las hormonas importantes para el crecimiento muscular. Se recomienda dormir entre siete y nueve horas cada noche, manteniendo un horario de sueño regular y creando un ambiente propicio para el descanso (fresco, oscuro y tranquilo).
5. Gestionar el Estrés
El estrés puede tensar los músculos, reducir la flexibilidad y la movilidad. Los altos niveles de cortisol (la hormona del estrés) dificultan la recuperación muscular después del ejercicio. Para gestionarlo, se puede:
- Practicar técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación o el yoga.
- Realizar actividad física con regularidad.
- Dedicar tiempo a pasatiempos y actividades placenteras.
Diagnóstico y Rol de la Fisioterapia
La pérdida de masa muscular puede ser un signo de un problema más grave. Si se experimenta una pérdida de peso involuntaria o rápida, es fundamental consultar a un médico para evaluar posibles problemas de salud subyacentes. El diagnóstico de sarcopenia puede incluir la medición de la circunferencia de la pantorrilla, la evaluación de la masa muscular mediante técnicas como DXA, BIA o RM, y la valoración de la funcionalidad física (caminar, levantarse de una silla, mantener el equilibrio).
La fisioterapia desempeña un papel crucial en el tratamiento de la sarcopenia y el desarrollo de la fuerza muscular. Los fisioterapeutas diseñan programas de rehabilitación individualizados que incluyen ejercicios terapéuticos específicos para activar diferentes tipos de fibras musculares y promover la adaptación celular, como la hipertrofia muscular. Plataformas como ReHub ofrecen una amplia variedad de ejercicios terapéuticos adaptados a los objetivos y capacidades de cada persona, utilizando inteligencia artificial para personalizar los programas.
Un estudio realizado en La Habana con adultos mayores practicantes de taichí evidenció la necesidad de mejorar la atención diferenciada a quienes padecen sarcopenia. Se observó una preparación metodológica insuficiente por parte de los profesores de actividad física comunitaria y un desconocimiento de la forma de planificar y dosificar eficazmente los ejercicios por parte de los médicos de atención primaria.
La investigación cubana aplicó una batería de ejercicios con pesas durante 12 semanas a un grupo de adultos mayores. Los ejercicios se concibieron para dos sesiones semanales de 80 minutos, con 10-15 repeticiones por ejercicio a intensidad moderada, complementadas con sesiones de taichí y bailoterapia. El objetivo fue aumentar la masa y fuerza muscular, con ejercicios aplicados con una frecuencia mínima de dos veces por semana por grupo muscular.