El Fanatismo por los Cómics en Personas Mayores: Una Pasión sin Edad

La afición por los cómics, a menudo asociada con la juventud, es en realidad una pasión que trasciende generaciones. Para muchos, leer historietas es una tradición que comienza en la infancia y se mantiene viva a lo largo de toda la vida, desafiando prejuicios y evolucionando con el tiempo.

Una Pasión que Crece y Rompe Estereotipos

Desde la niñez, para muchos, la lectura de cómics ha sido una constante. Inicialmente, eran títulos infantiles como "Don Miki" o "Zipi y Zape", que convivían con obras más "adultas" como las de Superman, un personaje que a menudo marca el inicio de un profundo amor por el género. En esa época, esta afición era considerada normal, e incluso los adultos animaban a leer tebeos para mejorar la lectura y la diversión.

Sin embargo, al llegar a la adolescencia, las miradas de reproche y los comentarios como “Ya podrías leer un libro”, “Deja eso y haz algo de provecho” o “¿Pero eso no es para niños pequeños?” se vuelven comunes. A pesar de estos comentarios, quienes mantienen esta pasión saben que leer cómics es un entretenimiento y un placer tan válido, o incluso mejor, que muchos otros. La facilidad con la que uno se sumerge en los personajes y se transporta a mundos reales o fantásticos es una de sus mayores virtudes, generando emoción y expectativa mes a mes al adquirir nuevas entregas.

A medida que la gente envejece, la percepción sobre la afición a los cómics comienza a cambiar. Aunque todavía hay quienes miran con extrañeza a los coleccionistas, creadores o guionistas, esta actitud es cada vez menos frecuente. Históricamente, se ha asumido que el interés por las viñetas se gesta en la infancia o, a lo sumo, en la adolescencia, y que es difícil que surja en la adultez, cuando los prejuicios suelen estar más atenuados.

Pese a lo anterior, la afición a los cómics goza de una aceptación creciente, impulsada en gran medida por las excelentes películas y series de televisión que han adaptado a sus personajes en los últimos años. Este fenómeno ha revalidado el género y ha demostrado su potencial narrativo y su capacidad para conectar con audiencias de todas las edades.

El Mundo de las Convenciones: Inclusión sin Límites de Edad

Las convenciones de cómics, como la Comic-Con de San Diego, son un claro ejemplo de la universalidad de este fanatismo. Estos eventos congregan a multitudes de aficionados que dedican semanas a confeccionar disfraces elaborados, transformando las convenciones en mundos de fantasía donde la imaginación no tiene límites. Durante estos encuentros, se puede observar una gran diversidad de participantes, incluyendo a personas mayores que demuestran su entusiasmo.

Fotografía de dos personas mayores disfrazadas de

Douglas y Kathy, una pareja de Filadelfia, viajan con sus disfraces para los cuatro días de "The Con". Explican que eligieron vestirse como los 'Superfans' porque era un dibujo animado que les encantaba de pequeños, y que les gusta "ponernos en la piel de personajes poco conocidos" como una forma de reivindicarlos. De manera similar, Tyna Callum y Susan Justin, junto con su hija Kate y otros parientes, se transformaron en viajeros del tiempo, inspirándose en Julio Verne. Susan, sin salirse del personaje, afirma: "Venimos de otra era a visitar Comic-Con", mientras Tyna añade que "nos gusta poder expresar nuestro fanatismo particular porque en este lugar hay espacio para todos."

La diversidad en los disfraces es asombrosa, desde princesas de Disney hasta grupos de amigos convertidos en tropas de élite, y la interacción con otros fans es parte esencial de la diversión. La afluencia a estos eventos es masiva; por ejemplo, la Feria del Cómic en Plaza Brasil llegó a reunir a cuatro mil fanáticos, y las tiendas especializadas son puntos de encuentro constantes.

En lugares como la tienda Shazam en Santiago, el dueño, Daniel Hernández, destaca que "contrario a lo que podría esperarse, los fanáticos de los cómic no son sólo adolescentes. La mayoría de los fanáticos se concentra en jóvenes profesionales, e incluso hay espacio para adultos mayores". Los que antes eran estudiantes ahora son abogados, médicos o periodistas, lo que contribuye a que el mercado crezca y se popularice, ya que los fanáticos con mayor poder adquisitivo pueden invertir en su hobby, llegando algunos a desembolsar un millón de pesos al mes para sus colecciones.

Los Cómics como Herramienta para Reflejar la Vejez

El interés por los cómics también ha crecido en el ámbito académico. La Universidad escocesa de Dundee, por ejemplo, es la única en el Reino Unido que ofrece un Máster en Cómics y Novelas Gráficas, lo que subraya la creciente legitimidad del medio como objeto de estudio y creación.

Inclusión Social Cap 8-1 Tercera Edad: una forma de vida

Cuando se investiga sobre la vejez en el universo del cómic, inicialmente, puede haber cierta decepción. Una búsqueda rápida en internet con términos como "vejez" y "cómics" a menudo revela bromas que ridiculizan a las personas mayores, utilizándolas como motivo de risa. Sin embargo, con el tiempo y una búsqueda más profunda, es posible encontrar dibujantes que abordan este tema con mayor profundidad y una mirada crítica. No es casualidad que muchos de estos artistas encuentren inspiración en sus propios padres, y en la experiencia de verlos envejecer, a veces incluso convirtiéndolos en personajes principales de sus obras.

Algunas obras destacadas en este ámbito incluyen:

  • "Arrugas": Esta historia, escrita por Paco Roca, retrata la vida de Emilio, un hombre de setenta años que sufre de Alzheimer. Su familia decide ingresarlo en una residencia para ancianos, donde Emilio se siente abandonado. El cómic explora la vida cotidiana de los enfermeros y residentes en una institución en España, abordando temas como la vejez, la enfermedad y la amistad con un tono a veces divertido, pero también increíblemente duro y sincero.
  • Joice Farmer y sus padres: Joice Farmer utiliza el cómic para narrar los últimos cuatro años de la vida de sus padres, Lars y Rachel, una pareja que vivió todo su matrimonio en una pequeña casa en el sur de Los Ángeles. La obra se centra en el repentino deterioro físico y mental de sus padres, las dificultades que enfrentaban al vivir solos, y los accidentes cotidianos que marcan el punto de quiebre de una vejez autónoma hacia una etapa que implica un mayor apoyo familiar y cuidados especializados.
  • "¿No podemos hablar de algo más agradable?" (Can’t We Talk About Something More Pleasant?): Roz Chast, dibujante estadounidense para el New York Times y autora de esta obra, relata los últimos años de vida de sus padres, George y Elizabeth. Chast aborda con humor negro la dificultad que sus padres tenían para tratar temas "incómodos" como la muerte o la vejez. A pesar de sus intentos de iniciar estas conversaciones, siempre recibía la misma pregunta: "¿no podemos hablar de algo más agradable?". El libro, su primera novela gráfica, incorpora la historia familiar con caricaturas, poemas, objetos y fotografías antiguas de sus padres, ofreciendo una visión íntima y humorística de la vida con ellos.
  • Lucy Knisley y sus abuelos: Lucy Knisley, una dibujante de 27 años, narra un viaje en crucero con sus abuelos nonagenarios. La historia entrelaza los momentos del viaje con las memorias de guerra (Segunda Guerra Mundial) que su abuelo había escrito años atrás, creando un relato intergeneracional que resuena con la experiencia de muchos.

Cómics y la Defensa de los Derechos de las Personas Mayores

Más allá del entretenimiento, los cómics se han convertido en una poderosa herramienta para la difusión y sensibilización sobre los derechos de las personas mayores. Una notable iniciativa es la colaboración entre la Universidad de Dundee (Escocia) y la Udelar (Uruguay) para crear un cómic que aborda los problemas que han enfrentado las personas mayores, especialmente durante la pandemia, y la importancia de las redes de apoyo y el diálogo.

Infografía sobre los derechos de las personas mayores, posiblemente con ilustraciones al estilo cómic.

Este proyecto, que busca tender puentes entre dos regiones con diferencias pero también aspectos en común en cuanto al lugar social de las personas mayores, cuenta con la participación de figuras como Águeda Restaíno de la Redam. Águeda lideró una campaña crucial para eliminar tres artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) que proponían transformar el Instituto Nacional de las Personas Mayores (Inmayores) en una comisión, una medida que habría tenido un impacto negativo en los derechos de las personas mayores.

El Dr. Fernando Berriel, profesor de la Universidad de la República e integrante del Centro Interdisciplinario de Envejecimiento y del Instituto de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la UDELAR, explica que la elección de este tema se basa en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Esta convención fue aprobada por la Asamblea de la OEA en 2015, pero aún no ha sido ratificada por el número de países necesario para establecer una comisión de control que asegure su cumplimiento. La Mag. Rovira, experta en derechos humanos y políticas públicas en el campo del envejecimiento y la vejez, y también integrante de los mismos centros de la UDELAR, participó en la comisión de expertos ante la OEA que redactó la Convención, destacando que "se trata del primer instrumento de estas características que hay en el mundo".

Rovira subraya tres aspectos clave de este trabajo: sensibilizar sobre la Convención, trasladar un ámbito complejo a un material de fácil acceso y destacar la importancia del aporte cotidiano de las personas mayores a la sociedad, ya que "sería incomprensible la vida en nuestros países sin su aporte". El Dr. Berriel resalta que la pandemia puso en cuestión el derecho a la libertad y a la salud de las personas mayores, radicalizando su aislamiento. Es fundamental que la sociedad comparta los riesgos de la vida y apoye a sus miembros más vulnerables.

Estos esfuerzos se alinean con la designación del 1 de octubre como Día Internacional de las Personas de Edad por Naciones Unidas en 1990. Se estima que la población mayor se duplicará, alcanzando más de mil quinientos millones de personas para 2050, lo que hace aún más relevante la protección y defensa de sus derechos.

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