Introducción: La Transformación de la Estructura Familiar y la Vulnerabilidad
En las últimas décadas, se han producido grandes cambios en la manera en que se componen las familias, permeando en su estructura. Un ejemplo notable es la monoparentalidad, definida formalmente como una composición familiar donde uno o más hijos solo viven con la presencia de la madre o el padre. Desde 1990, la monoparentalidad ha experimentado un aumento sostenido, pasando del 15,6% al 26,3% de las familias, mientras que la proporción de hogares biparentales se redujo del 71,4% al 54,1%, alcanzando su mínimo histórico.
Estos cambios en la composición familiar tienen implicaciones significativas en el bienestar económico y psicosocial de sus integrantes. La monoparentalidad, en particular, suele estar fuertemente ligada a escenarios de mayor carga para las mujeres. Desde 1990, las mujeres han representado más del 80% de las jefaturas en familias monoparentales, y a nivel nacional, el 96% de los cuidadores principales son mujeres. Aunque las diferencias de género en el tiempo dedicado a la crianza se reproducen en ambos tipos de familias, las monoparentales suelen carecer con mayor frecuencia de un cuidador secundario que asista a la madre.
Conceptos Clave: Vulnerabilidad, Riesgo y Resiliencia
La categoría de vulnerabilidad ha cobrado amplia difusión en las últimas décadas. Según la Real Academia Española (RAE, 2014), se refiere a la "cualidad de vulnerable", es decir, "que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente". La vulnerabilidad permite abordar el fenómeno de las desigualdades en su dinamismo y heterogeneidad, buscando comprender los factores que afectan a los grupos pobres y sus oportunidades para alcanzar el bienestar social, así como identificar los recursos que pueden movilizarse para salir de su situación de riesgo. Para Spicker et al. (2009), la vulnerabilidad surge "cuando la población expuesta al riesgo no puede evitar ser afectada". Se asocia a condiciones de riesgo o dificultad que inhabilitan, de manera inmediata o futura, a los grupos afectados en la satisfacción de su bienestar y calidad de vida en contextos sociohistóricos y culturalmente determinados.
La vulnerabilidad social se asocia con una condición de riesgo, entendiéndose como la probabilidad de experimentar afectaciones por determinadas situaciones provocadas por cambios en el contexto o en los capitales humanos, sociales y/o culturales, y en las capacidades de las personas. Por otro lado, la vulnerabilidad educativa hace referencia a aquellos individuos que experimentan dificultades marcadas a lo largo de su trayectoria escolar, impidiéndoles aprovechar el currículo y las enseñanzas dentro del aula. Estas condiciones suelen venir acompañadas de factores más complejos y desembocan, en la mayoría de los casos, en fracaso escolar (Díaz López & Pinto Loría, 2017).

Un menor se considera en situación de vulnerabilidad educativa y social cuando presenta una debilidad en su entorno respecto al resto del alumnado, que se ve reflejada en su educación por diversos motivos, en comparación con sus pares en el mismo contexto social que carecen de esta limitación. Esta vulnerabilidad está ligada a la procedencia del alumnado, el nivel socioeconómico y cultural de la familia o a las condiciones de su escolarización.
Frente a la vulnerabilidad, la resiliencia aparece como un concepto clave. Ha sido entendida de diferentes maneras, pero generalmente se refiere a la capacidad de las personas para superar eventos traumáticos inesperados que hayan causado dolor o padecimiento (Kotliarenco y col. 1996), posibilitando tener una vida "sana" viviendo en un medio "insano". La resiliencia implica la presencia de factores protectores, que son fortalezas tanto intrínsecas a las personas como presentes en el ambiente en que se desarrollan.
Factores Familiares de Vulnerabilidad y su Impacto
Monoparentalidad y Vulnerabilidad Económica
Existe una estrecha relación entre la monoparentalidad y la vulnerabilidad económica. Investigaciones como la de Miguel Novak (1987) y Herrera et al. (2011) para el caso chileno, demuestran que las estructuras familiares monoparentales, especialmente las encabezadas por mujeres y numerosas, exacerban los riesgos de pobreza y desorganización familiar, influyendo en las trayectorias de pobreza en nuevas generaciones. Según la encuesta CASEN (2022), las familias monoparentales suelen percibir menos ingresos y son más susceptibles a encontrarse por debajo de la línea de la pobreza, con un porcentaje 2,8 puntos porcentuales mayor en situación de pobreza por ingresos en comparación con las familias biparentales. Esta situación se agrava cuando la jefa de hogar es mujer. Un estudio de IdeaPaís (2023) concluyó que un hogar monoparental tiene 1,5 veces más posibilidades de encontrarse por debajo de la línea de la pobreza respecto a uno biparental.

Influencia en el Rendimiento Académico y la Deserción Escolar
Así como existe una relación significativa entre monoparentalidad y vulnerabilidad económica, también la hay para dimensiones que inciden directamente en los niños, niñas y adolescentes. Los menores que crecen solamente con uno de sus padres suelen encontrarse en situaciones de desventaja respecto a quienes cuentan con la presencia estable de ambos. El análisis de IdeaPaís (2023) encontró una correlación estadísticamente significativa entre la ausencia del padre o madre y una mayor propensión de los menores hacia conductas de riesgo.
El involucramiento parental en la educación y formación de los menores guarda una estrecha relación con una menor probabilidad de incidir en conductas riesgosas. Aquellos menores que pertenecen a una familia en la que los padres se muestran desinteresados en saber qué es lo que hace su hijo dentro y fuera del colegio, presentan una probabilidad 4,5 veces mayor de incidir en conductas riesgosas. Las familias monoparentales muestran una mayor proporción de padres con bajos niveles de involucramiento.
Además, la composición familiar es un factor clave en la deserción escolar. Estudios indican que la presencia (o ausencia) de uno de los padres eleva las probabilidades de que un menor presente un alto riesgo de abandono de sus estudios, un riesgo mayor en menores pertenecientes a hogares que no cuentan con la presencia del padre o la madre.
Nivel Socioeconómico y Cultural
El nivel socioeconómico (NSE) y cultural influye en la vulnerabilidad de las personas y tiene un impacto decisivo en el futuro personal, académico y social de los estudiantes (Caldas y Bankston, 1997; Gustafsson et al., 2018; Whipple et al., 2010). Las diferencias de rendimiento escolar están estrechamente ligadas a las condiciones de hacinamiento e insuficiente acceso a servicios básicos, llevando a resultados inferiores (Gómez et al., 2014; Yoshikawa et al., 2012). De hecho, la brecha en el rendimiento en matemáticas entre estudiantes de alto y bajo nivel socioeconómico en los países de la OCDE es de aproximadamente 0.7 a 0.8 desviaciones estándar (Dietrichson et al., 2017).
NIVEL SOCIOECONÓMICO Y EL LOGRO DE APRENDIZAJE EN LOS ESTUDIANTES
La posesión y control de activos, tanto tangibles (fuerza de trabajo, capital humano, vivienda, infraestructura social y económica) como intangibles (relaciones en el hogar, capital social), son cruciales. Los factores materiales, formativos y culturales de las familias con bajos ingresos limitan las oportunidades educativas y amplían las desigualdades (Revista Complutense de Educación, 2025). La presencia de múltiples factores de riesgo es mucho más probable que afecte el rendimiento que la exposición a uno solo (Roy y Raver, 2014). Por ejemplo, el desempeño deficiente de los profesores es un factor de riesgo en contextos de pobreza (Muñoz y col. 1991).
Los hijos de madres con un alto nivel educativo suelen obtener mejores resultados en las diferentes materias que cursen (Marks, 2008; Pati et al., 2017). La escolaridad parental, especialmente la de la madre, es una de las variables que más contribuye a diferenciar perfiles de éxito académico temprano (Chaparro et al., 2017).
El Rol de la Escuela y los Docentes
El Profesor como Factor Clave
En el ámbito educativo, el profesor aparece como una figura clave para el éxito de los alumnos, especialmente en entornos vulnerables. Un profesor bien formado, con altas expectativas y que fomenta la participación sin temor a equivocarse, es un requisito previo y esencial para lograr una educación de calidad. Por el contrario, la negativa y las bajas expectativas de los docentes, sumadas a prácticas coercitivas (Doll y Lyon 1998) o clases aburridas, pueden exacerbar el comportamiento disruptivo y la desmotivación de los alumnos, inhibiendo otras posibles intervenciones.
Muchos docentes en escuelas que atienden a sectores pobres no fueron formados como profesionales con las habilidades sociales y destrezas para afrontar los avatares de la vida, lo que se refleja en su quehacer profesional. La falta de un prolongado período de enseñanza superior y de un código ético público, sumado a un bajo prestigio social y remuneración inapropiada, contribuye a que la función docente sea a menudo un proceso casuístico y no atendido sistemáticamente, afectando la calidad de los aprendizajes de los estudiantes.
La Resiliencia en el Ámbito Escolar
La escuela procura generar mecanismos protectores que, junto con el apoyo familiar, la resiliencia y la autoestima de los alumnos, contrarresten los factores de riesgo. La resiliencia escolar es crucial, y el desarrollo de conductas adaptativas y creativas es fundamental (Bravo 1990). Programas de apoyo escolar, actividades recreativas y deportivas fomentan destrezas y habilidades que contribuyen a una autoestima aceptable, convirtiéndose en un factor protector. Los alumnos resilientes enfrentan adecuadamente las dificultades y son exitosos a pesar de haber sufrido fracasos en su hogar (Jackson y Frick 1998).

Para los estudiantes de bajo nivel socioeconómico y cultural, el apoyo y la comprensión de sus familias son cruciales. Las fortalezas para superar eventos traumáticos se desarrollan tanto a nivel personal como en el ambiente. La escuela debe promover un buen rendimiento académico, el sentido de pertenencia y la búsqueda de materiales, aunque la falta de estos en los hogares sea una dificultad.
Hallazgos de Investigaciones Empíricas
Estudio en Valdivia: Vulnerabilidad y Rendimiento Escolar
Una investigación realizada en una escuela del Plan 900 en Valdivia, con 192 participantes (profesores, padres y alumnos), utilizó encuestas descriptivas y entrevistas individuales en profundidad. Los resultados revelaron varios puntos críticos:
- Rendimiento académico: El 43,2% de los alumnos tenía un promedio entre 5,5 y 5,9, mientras que el 5,8% entre 4,5 y 4,9, y un porcentaje significativo inferior a 4,4. Muchos alumnos presentaban bajas calificaciones, especialmente en matemáticas.
- Composición familiar y cesantía: El 5,7% vivía en hogares sociales y el 7,1% con los abuelos, y un porcentaje considerable vivía solo con la madre. La tasa de cesantía entre los padres variaba, con cifras como el 2,9%, 3,6% y 7,1%. La monoparentalidad y la cesantía son factores de riesgo en muchos estudiantes.
- Apoyo familiar: Muchos padres expresaron preocupación por el futuro de sus hijos, aunque solo el 2,9% de las madres pensaba enviarlos a la universidad, y muchos a liceos técnicos. La mayoría de los hijos contaban con poco material de estudio en sus casas, y pocos manifestaron poder pagar acceso a internet. El apoyo y la comprensión familiar, así como la revisión periódica de los cuadernos, son clave.
- Clima del aula y docentes: Se observó que los alumnos perturbaban la concentración del curso, lo que llevaba a los docentes a ocupar mucho tiempo en controlarlos. Los profesores manifestaron desmotivación debido a la falta de material complementario y elementos perturbadores. Las clases a menudo aburrían a los alumnos.
- Autoestima: Los alumnos con baja autoestima manifestaron sentirse infelices por la falta del padre en casa, mientras que otros expresaron felicidad por vivir con ambos padres y recibir apoyo. El apoyo familiar emerge como un factor protector.
Resiliencia en Contextos Rurales (UCSC)
Una investigación de la UCSC en la Región del Biobío, Chile, explica cómo niños en situación de extrema pobreza logran vencer la adversidad. En la Escuela Juan Aguilera Jerez, con un Índice de Vulnerabilidad del 96%, donde la mayoría de los niños son criados por abuelas "analfabetas" mientras sus madres trabajan fuera de la región, se observan casos de éxito.
Las variables que condicionan la superación de estos niños incluyen el afecto y el establecimiento de normas y límites claros dentro de los hogares, aportando una estructura de referencia que los protege de situaciones riesgosas. Además, el factor educacional es determinante; a pesar de la vulnerabilidad, la escuela obtuvo 291 puntos en el SIMCE de cuarto básico, superando el promedio nacional. Los niños con comportamiento resiliente han contado al menos con alguna persona con quien lograron establecer un vínculo positivo.
Identificación de Indicadores de Vulnerabilidad Socioeducativa (Universidad de Oriente)
La Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, en respuesta a las demandas del Proyecto Comunitario “Atención a los niños en situaciones de vulnerabilidad socioeducativa”, analizó indicadores para detectar estas situaciones en niños entre cero y doce años. La Agenda 2030 de la ONU valora la educación como un proceso que potencia el bienestar y desarrollo humano, base para mejorar la vida de las personas. La investigación buscó tipificar estas situaciones a partir de indicadores observables, causas, efectos y consecuencias para el normal desarrollo. Morresi et al. (2008) definen los indicadores como "una manifestación observable de un rasgo o característica de una o más variables de interés, susceptibles de evaluación". La determinación de estos indicadores posibilita identificar situaciones que pueden traer consigo consecuencias sociales y/o educativas en el niño, permitiendo ejecutar acciones para atenuar, eliminar y transformar la situación.
Factores de Apoyo Familiar para el Éxito Escolar (Revista Complutense)
Un estudio cualitativo con 15 familias en situación de pobreza y/o vulnerabilidad social (Revista Complutense de Educación, 2025) analizó factores familiares que promueven el éxito escolar. Los hallazgos revelaron la importancia que las familias conceden a la educación, sus expectativas respecto a la formación de sus hijos, el acompañamiento educativo que realizan y su participación en el contexto escolar. No obstante, advierten que estos factores se ven limitados por condiciones de pobreza (materiales, formativas) que reducen las oportunidades educativas y amplían las desigualdades.
Implicaciones y Recomendaciones
La familia es sumamente compleja, y su comprensión requiere de una aproximación tanto cuantitativa como cualitativa. Existe una estrecha relación entre la composición familiar y diversas dimensiones de bienestar inherentes a lo cotidiano. Por tanto, es imperante atribuirle al tipo de composición familiar la relevancia que merece en el debate público, independientemente del disentimiento en torno a su comprensión. El fortalecimiento de la familia parte por reconocer esta relación entre la composición familiar y el bienestar de sus integrantes, y por traducir ese reconocimiento en políticas públicas que atiendan esta realidad.
Además de generar las condiciones e incentivos que apunten al fortalecimiento de la familia y reconocer la importancia de su composición en la reproducción de mejores condiciones de bienestar, es necesario tomar acciones para apoyar a aquellas familias que hoy se encuentran desfavorecidas. Padres (principalmente madres) que ejercen su parentalidad en circunstancias adversas y sin redes de apoyo deben ser considerados como sujetos de política pública, y su asistencia debe ser prioridad entre los tomadores de decisiones. La inversión en los estudiantes y sus familias es crucial para su trayectoria futura de vida, ya que el adecuado funcionamiento en uno de ellos repercutirá en el otro. Las intervenciones deben tener en cuenta ambos aspectos, asumiendo una responsabilidad compartida.
Es fundamental desarrollar políticas que aborden los factores de vulnerabilidad familiar y educativa, como la pobreza de ingresos, criminalidad y aumento de conductas de riesgo (Robison et al., 2017). Se debe procurar mejorar la calidad de la educación a través de una sólida formación docente, que incluya el desarrollo de habilidades sociales y competencias para atender las necesidades específicas de los estudiantes en contextos vulnerables. La comprensión de la naturaleza de los procesos formativos escolares y la capacidad de los docentes para influir positivamente en las experiencias escolares de los alumnos son esenciales para contrarrestar los efectos de una educación de baja calidad.