La discapacidad intelectual se define como una limitación significativa del funcionamiento intelectual y una limitación de la conducta adaptativa. Esta limitación se manifiesta en diversas áreas, incluyendo aspectos conceptuales, sociales y prácticos. Es fundamental entender que la nueva definición de discapacidad intelectual se enfoca no en las dificultades inherentes a las personas, sino en la necesidad y el tipo de apoyo que requieren para desenvolverse.

Tradicionalmente, la edad en la que se establecía la aparición de la discapacidad intelectual era antes de los 18 años. Sin embargo, esta edad ha sido extendida y ahora abarca hasta los 22 años. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5®) de la Asociación Americana de Psiquiatría (A.P.A.) caracteriza la discapacidad intelectual por deficiencias del comportamiento adaptativo que impiden el cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social.
La Evolución del Concepto Social
El concepto social de la discapacidad intelectual ha experimentado una notable evolución a lo largo del tiempo. Se argumenta que esta discapacidad es un problema social complejo, interpretado de diversas maneras según el periodo sociocultural analizado. No se trata de un problema puramente médico o científico, sino, y sobre todo, de un problema social en su origen. Cada sociedad determina quiénes son considerados "subnormales" o "deficientes", por qué se les atribuye una minusvalía y cómo deben ser tratados, como han afirmado autores como Fierro y Edgerton. Por ello, el enfoque general del proceso que conlleva la deficiencia mental es relativo en cada sociedad y varía con el tiempo.
La Perspectiva de la AAIDD
El Comité de Terminología y Clasificación de la Asociación Americana sobre Discapacidad Intelectual y Discapacidades del Desarrollo (AAIDD, "American Association on Intellectual and Developmental Disabilities") ha sido clave en la discusión y redefinición del constructo de discapacidad intelectual. Sus objetivos principales incluyen compartir ideas sobre este constructo y su relación con el funcionamiento humano, así como preparar propuestas para futuros manuales de Definición, Clasificación y Sistemas de Apoyos.
En este contexto, la AAIDD distingue entre la definición operacional, que concretiza el constructo de discapacidad intelectual y sirve de base para el diagnóstico y la clasificación, y la definición constitutiva, que explica el constructo subyacente y fundamenta el desarrollo de teorías-modelos y la planificación de apoyos individualizados. También se ha proporcionado una visión histórica sobre cómo el constructo subyacente al término "retraso mental" difiere del constructo que ahora se asocia a la "discapacidad intelectual". El marco teórico del funcionamiento humano propuesto por la AAIDD refleja una comprensión actual de la multidimensionalidad del funcionamiento humano que subyace a la discapacidad intelectual y el papel significativo de los apoyos individualizados.

La Conciencia y el Carácter Socio-Histórico
El ser humano es inherentemente social, y esta naturaleza influye profundamente en su modo de pensar, sus normas y su psicología. Las facultades y propiedades psíquicas individuales se forman en el proceso de vida en sociedad, determinadas por condiciones sociales concretas. La conciencia, aunque es una función cerebral, no es un producto exclusivo de la naturaleza biológica, sino un fenómeno socio-histórico. No es el cerebro el que toma conciencia de la realidad por sí mismo, sino el hombre como sujeto de actividad transformadora y de la historia. La conciencia surge, funciona y se desarrolla únicamente en sociedad, basándose en la actividad práctica de los individuos.
Desde una posición materialista dialéctica, la conciencia es una propiedad de la materia altamente organizada vinculada a la actividad del cerebro humano. Su contenido está determinado por la realidad circundante y su portador es el cerebro, que se convierte en órgano de la conciencia cuando el hombre se integra en la vida social, actuando en condiciones que nutren su cultura y guían su funcionamiento. Este principio reflejo del marxismo-leninismo, que postula la reproducción psíquica del objeto en el cerebro humano, es crucial para entender el origen y las peculiaridades de la conciencia. Estos principios permiten adentrarse en el recorrido socio-histórico de la discapacidad intelectual, argumentando la evolución de su concepto social desde una perspectiva materialista.
Historia de su Reconocimiento y Tratamiento
El estudio de la evolución del pensamiento científico en relación con la discapacidad intelectual revela una trayectoria compleja. El retraso mental, como se denominaba anteriormente, ha sido considerado una de las mayores adversidades que impactan la inteligencia, la capacidad más definitoria del ser humano.
Antigüedad y Edad Media
El primer peldaño en el estudio de las enfermedades mentales, del cual deriva el entendimiento de la discapacidad intelectual, lo colocó el médico griego Alcmaeon de Crotón (c. 500 a.n.e.), al identificar el cerebro como el órgano de las sensaciones e ideas. Esta idea fue desarrollada por Hipócrates (460-377 a.n.e.), quien consideraba los desórdenes mentales como enfermedades cerebrales y mencionaba malformaciones craneales asociadas al retraso mental.
En la Antigua Esparta y Roma, las leyes incluían medidas de exterminio infantil para niños con retraso severo. En contraste, líderes religiosos asiáticos como Zoroastro (628-551 a.n.e.) y Confucio (551-479 a.n.e.) abogaban por un trato humano hacia estas personas. La caída del Imperio Romano y las guerras subsiguientes llevaron al estancamiento científico y al florecimiento del oscurantismo medieval, donde los enfermos mentales eran vistos como poseídos por el demonio y tratados con tortura. Sin embargo, en esta época, Avicena (980-1037), un célebre médico árabe, incluyó el término "amencia" para designar el retraso mental en su clasificación de enfermedades.

Renacimiento e Ilustración
Hacia finales del siglo XIV y principios del XV, el Renacimiento trajo un resurgimiento científico impulsado por el comercio, el humanismo, la imprenta y el descubrimiento de nuevos continentes. Félix Platter (1536-1614), profesor de anatomía y medicina de Basilea, es reconocido por aplicar observaciones precisas a los enfermos mentales y clasificar la "imbecilidad mental" en diferentes categorías. Más tarde, Thomas Willis (1621-1675) introdujo el término "morosis" en 1667 para el retraso mental.
Un hito crucial lo marcó John Locke (1632-1704) en 1689, al establecer por primera vez una clara distinción entre el retraso mental y otras formas de locura o insania, lo que profundizó el conocimiento. El siglo XVII sentó las bases de la ciencia moderna, despojando a las enfermedades mentales de la superstición. La Revolución Francesa (1789) y sus ideales de igualdad y fraternidad humanizaron el trato a los enfermos mentales. Philipe Pinel (1745-1826) es célebre por liberar a pacientes del hospital de Bicêtre en 1793, elevándolos a la categoría de enfermos. Aunque existen discrepancias históricas, con el manicomio de Valencia como un posible precursor en el siglo XV con un trato más humanitario, la represión y segregación fueron la norma en Europa hasta la época de Pinel.
Escalas de Gravedad de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual se clasifica en diferentes grados de severidad, lo que permite comprender mejor las necesidades de apoyo de cada individuo.
Discapacidad Intelectual Leve
Esta categoría representa aproximadamente el 85% de todos los casos de discapacidad intelectual. Se incluye al alumnado cuya puntuación en CI se sitúa en el intervalo entre 55-50 y 40-35. El alumnado con este tipo de discapacidad suele desarrollar habilidades comunicativas durante los primeros años de la infancia y, durante la escolarización, puede llegar a adquirir parcialmente los aprendizajes instrumentales básicos.
Discapacidad Intelectual Moderada
Supone alrededor del 10% de toda la población con discapacidad intelectual. La conducta adaptativa de este alumnado suele verse afectada en todas las áreas del desarrollo. Se incluye al alumnado cuya medida en CI se sitúa en el intervalo entre 35-40 y 20-25, y representa el 3-4% del total de la discapacidad intelectual. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas y, a lo largo de la escolarización, pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo.
Discapacidad Intelectual Grave
La medida del CI de este alumnado queda por debajo de 20-25 y supone el 1-2% del total de la discapacidad intelectual. La mayoría presenta una alteración neurológica identificada que explica esta discapacidad, con frecuencia asociada a otras (de ahí el término pluridiscapacidad). Dada la gran diversidad dentro de este grupo, la salud física es un ámbito de atención prioritaria. Suelen presentar un limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido.
Discapacidad Intelectual Profunda
Aunque no se proporcionan detalles específicos en este contexto, la discapacidad intelectual profunda representa el grado más severo, caracterizado por una necesidad de apoyo muy intensiva y continuada en todas las áreas del funcionamiento.

La Responsabilidad Social y el Rol de la Ciencia
El creciente papel de la ciencia en la vida social ha puesto en primer plano su responsabilidad. La dinámica de la interacción ciencia-sociedad ha obligado a plantear el problema de la discapacidad intelectual en otros términos, haciendo ineludible la intervención ciencia-política. Es necesario asumirla conscientemente y abogar por una ciencia con proyecciones fuertemente humanistas, que trascienda el enfoque puramente médico o científico.
Ejemplos como el de Cuba demuestran que, a pesar de las dificultades económicas, las prioridades gubernamentales y el sistema de salud pueden generar una realidad incomparable para las personas con discapacidad, ofreciendo estudios, atención y apoyos sin precedentes. Esto subraya que la discapacidad intelectual es un problema que demanda soluciones integrales desde la investigación, la política pública y el apoyo comunitario.
Educación inclusiva | Modelo social de discapacidad
tags: #el #constructo #de #discapacidad #intelectual