La reflexión filosófica en torno a la discapacidad abarca tanto acercamientos implícitos como explícitos. Los primeros se encuentran en propuestas sobre el ser humano, la justicia u otras temáticas que, aunque no aborden directamente la cuestión de la discapacidad, la implican por sus pretensiones de universalidad. Los segundos, por su parte, la trabajan de manera expresa.
Evolución histórica y crítica del concepto de discapacidad
Desde la década de 1970, la discapacidad comenzó a ser pensada como una construcción social, y a las personas con discapacidad como un grupo históricamente oprimido y políticamente no reconocido bajo la lógica de los derechos humanos. En esta época, se buscó expandir la comprensión medicalizada de la discapacidad, que la consideraba una forma negativa de ser que requería una solución médica, mediante la introducción de un modelo social de la discapacidad, originado en el Reino Unido.
El modelo social se basó en la teoría crítica, examinando las interrelaciones entre el sistema capitalista de producción, clase y discapacidad, y defendiendo una perspectiva emancipadora dentro de los estudios de discapacidad. Este enfoque impulsó la definición de la discapacidad no como un defecto físico inherente a los cuerpos, sino como una forma de comprender estructuras opresivas.
Este movimiento, articulado en el manifiesto de la Unión de Discapacitados Físicos, buscaba unir a las personas con discapacidad como un grupo común y trasladar la causa de la desventaja a la sociedad en general y a las estructuras físicas y sociales construidas que incapacitan a las personas con discapacidad. Esta epistemología liberadora separó el deterioro físico, que puede ser invariable, de la discapacidad como una restricción impuesta socialmente, introduciendo el término de opresión.
Referirse a la discapacidad como opresión significó reconocer y visibilizar la posición de inferioridad de las personas con discapacidad respecto de otros en la sociedad, y también dar cuenta de que esa posición estaba relacionada con ideologías que la justificaban y perpetuaban. Este enfoque para explicar la causa fundamental de las exclusiones sociales continúa siendo la base fundamental de los estudios sociales sobre discapacidad que se desarrollan en la actualidad.

Críticas al modelo social y surgimiento de los Estudios Críticos en Discapacidad
Sin embargo, a pesar del reconocimiento de los aportes del modelo social para posicionar la discapacidad como un asunto social y no meramente médico, surgieron varias críticas a fines de la década de 1990. Si bien la dicotomía entre discapacidad y deficiencia fue políticamente potente como reconocimiento del carácter social de la discapacidad, por otro lado, impidió una comprensión clara respecto de la realidad de personas cuya constitución como sujetos siempre se jugaba en la relación entre cierta condición corporal y un contexto específico.
Estos casos evidenciaron que hablar de discapacidad tampoco era solamente hacer referencia a una opresión externa o estructural. Derivado de estas críticas al modelo social y de una imbricación sostenida entre contribuciones teóricas interdisciplinares directamente relacionadas con movimientos emancipatorios, se ha abierto paso en las últimas tres décadas un conjunto de estudios que se han denominado Estudios Críticos en Discapacidad.
Este campo académico introduce un camino plural y diverso que está menos centrado en el imperativo materialista relativo a cómo las estructuras materiales restringen y oprimen ciertos cuerpos, y privilegia las comprensiones culturales, discursivas y relacionales. De este modo, se han caracterizado por conectar las aspiraciones de las personas con discapacidad con las agendas transformadoras de los estudios feministas, queer, postestructuralistas, poscoloniales y posthumanos.
Aportes epistemológicos de los Estudios Críticos en Discapacidad
El presente trabajo tiene como objetivo esbozar los aportes epistemológicos de estos estudios críticos a través de la identificación de ejes teóricos de comprensión que se han ido consolidando: poder, producción de los cuerpos y opresión internalizada; interseccionalidad e identidades múltiples; y ensamblajes posthumanos.
La diferencia de los estudios críticos en discapacidad radica en la incorporación de una amplia gama de enfoques epistemológicos divergentes. El pensamiento binario promovido por los estudios sociales sobre discapacidad en sus inicios no podía capturar la rica combinación de estados corporales que constituyen un enfoque más matizado a la cuestión de la deficiencia. Esta [la deficiencia] es un factor general que abarca diferencias físicas congénitas y adquiridas, enfermedades mentales y retraso, enfermedades crónicas y agudas, enfermedades mortales y progresivas, lesiones temporales y permanentes y una amplia gama de características corporales consideradas desfigurantes, como cicatrices, marcas de nacimiento, proporciones inusuales, u obesidad.
En este sentido, los estudios críticos abrieron una puerta importante a la comprensión de la variabilidad humana. Esta puerta incorporó, además del reconocimiento de una amplia gama de deficiencias, impedimentos o limitaciones funcionales juzgadas socialmente, preocupaciones interseccionales, como las de etnia, edad, clase, sexualidad y género, que impactan en la experiencia de la discapacidad.
Los estudios críticos introducen así un conjunto de reflexiones transversales que permiten cuestionar el modo en que se construye sociedad. Desde la discapacidad, es posible comprender la cristalización de mecanismos reguladores que permiten desechar la variabilidad que “incomoda” a la verdad que normaliza y estandariza los cuerpos. Las definiciones y verdades dominantes que circulan determinan la elección y participación en la vida cívica de ciertos grupos, determinan qué constituye el ser hombres y mujeres racionales y tener acceso a ciertos derechos y garantías, y también determinan quién debe tener derecho a ser parte de la sociedad y quién no.

Ejes teóricos consolidados
La propuesta de ejes teóricos que se presenta deriva de una sistematización de los aportes realizados por estos estudios, y tiene su base en las propuestas de otros teóricos del tema que han intentado sistematizar en los últimos años los alcances del campo. Como es un campo en movimiento, resulta fundamental el reconocimiento de ciertos anclajes teóricos más globales que permitan impulsar la investigación social en discapacidad desde estos nuevos lentes.
Los ejes que se presentan no están ceñidos o no responden solamente a disciplinas o posturas teóricas específicas, sino que tributan a ellos diferentes enfoques y teorías que se filtran continuamente, dialogan y coproducen, para generar comprensiones relacionales, situadas y diversas sobre la discapacidad y las personas con discapacidad.
Poder, producción de los cuerpos y opresión internalizada
La historia de la discapacidad a lo largo de la modernidad ha sido una historia de patologización y supervisión, de control de los cuerpos y aislamiento. Si se analiza la realidad actual de las personas con discapacidad, se podría decir que continúa la exclusión discursiva y material coexistiendo con programas de cambio concertados, y a menudo efectivos, que avanzan hacia la integración formal de las personas con discapacidad en los derechos, obligaciones y expectativas estándar de la ciudadanía normativa. Sin embargo, ser percibido como encarnado de manera diferente es ocupar un lugar definido como excepcional, en lugar de simplemente ser parte de una multiplicidad de posibilidades. A pesar de las formas infinitamente diferenciales de encarnación humana, el discurso dominante continúa marcando a algunas personas, pero no a otras, como inherentemente excesivas a los límites normativos.
En este sentido, la diferencia sigue siendo devaluada por aquellos que pueden alinearse a los estándares de “normalidad” que persisten en el imaginario social. En este apartado se desarrollan los aportes de varios enfoques críticos para pensar las diversas realidades opresivas. Los aportes de Michael Foucault a la comprensión de las prácticas médicas, administrativas y legales que legitimaron los procesos de patologización de los cuerpos “diferentes” son fundamentales.
Si bien es posible encontrar algunas críticas a la teoría foucaultiana respecto a la capacidad de agencia disminuida o nula de los sujetos en la era del biopoder, sin dudas sus análisis en torno al poder, la sociedad carcelaria, la gubernamentalidad, el gobierno y los dispositivos que clasifican, normalizan, manejan y controlan sujetos corporales “anómalos”, han hecho posible entender cómo se han producido las verdades dominantes en torno a la discapacidad y finalmente cómo el “Yo” con discapacidad se ha configurado a sí mismo en este contexto. Lo que distingue el punto de vista foucaultiano sobre la deficiencia y la discapacidad de la perspectiva materialista dominante de los estudios sociales iniciales es el poderoso papel que el primero asigna al lenguaje y al simbolismo en la construcción de identidades y la relación causal que es posible encontrar entre la producción de la deficiencia (discurso médico) y la discapacidad.
En este sentido, el enfoque del poder propio del pensamiento foucaultiano difiere de la tradición marxista que dominó hasta la década de 1990 los estudios sociales de la discapacidad. Esta última promueve una visión del poder que lo interpreta como unitario, centralizado y principalmente coercitivo. Las discusiones de Foucault relativas al advenimiento de la noción de “normalidad” desde el discurso médico y las políticas de encierro y aislamiento que tal discurso generó, son claves para comprender una nueva forma de poder centrada en los cuerpos, en el disciplinamiento, corrección y manejo de las rutinas: el biopoder.
Las operaciones de esta forma de poder establecieron finalmente la idea de que la capacidad tiene su opuesto en la discapacidad, y que ambos conceptos se sustentan desde concepciones biológicas sobre el cuerpo promedio “normal” versus el que no lo es. El biopoder tuvo su expresión más clara en el aislamiento, pero también en el desarrollo de un conjunto de tecnologías que permitieran tratar al “cuerpo anómalo”. Estas “tecnologías de la normalización no fueron meras respuestas inocuas o incluso benevolentes a estas anomalías en el cuerpo social.
El concepto de gobierno como el de gubernamentalidad también aporta a la comprensión de las realidades de las personas con discapacidad. La gubernamentalidad implica una conexión entre técnicas de gobierno de los otros y las de gobierno de sí mismo dentro de un dispositivo histórico. Nos permite pensar los efectos propios de determinada tecnología de poder, no solo en relación con la “conducción de las conductas de los otros”, sino vinculando ésta con las prácticas que un individuo es llevado a realizar sobre sí. El trabajo de Foucault arroja luz además sobre el conjunto de prácticas históricamente contingentes que restringen las acciones de las personas con discapacidad. En este enfoque, “las deficiencias son fabricaciones médicas que constituyen la discapacidad como una posición de sujeto ‘natural’.
Interseccionalidad e identidades múltiples
Otra teoría que fue relevada como fundamental, incluso dentro de los primeros estudios sociales sobre discapacidad, es la iniciada por Erving Goffman, y que refiere a aquellos mecanismos de clasificación que marcan a ciertos sujetos. La teoría del estigma aportada por este autor proporciona un vocabulario y brinda un aparato teórico útil para ubicar la discapacidad en contextos sociales específicos. Los individuos son marcables debido a rasgos particulares, y los marcadores son aquellos que interpretan ciertos rasgos como desviados. La teoría del estigma, por lo tanto, proporciona un medio para rastrear con precisión la producción de minorías u ‘otros’ culturales.
El estigma constituye así un dispositivo de opresión, “un mecanismo de poder que hace posible que unos grupos estigmatizados queden desempoderados” y tributa directamente a la comprensión del “grado de reconocimiento” que tendrá un sujeto. Finalmente, la teoría del estigma recuerda que la discapacidad es una construcción social, y que los problemas que se enfrentan derivados de la discapacidad, la etnia, la raza, la clase, la homosexualidad o el género, son incongruencias, actitudes negativas, tergiversaciones y prácticas institucionales que resultan del proceso de estigmatizar, del proceso de clasificar a otros bajo ciertos atributos indeseados.
El capacismo es una epistemología que enmarca la formación de la identidad de un individuo en las actuales sociedades. Prestar atención a lo que implica esta forma de organizar el mundo para las personas con discapacidad resulta clave para comprender los procesos sistemáticos de opresión en expresiones discriminatorias. Para los regímenes de capacitismo son fundamentales dos elementos centrales, a saber, la noción de lo normativo y la aplicación de una división constitucional entre la humanidad naturalizada perfeccionada y el híbrido aberrante, impensable, cuasi-humano, y por lo tanto no humano.
El capacitismo da cuenta de las “prácticas sofocantes asociadas a una sociedad contemporánea que busca cada vez más promover la especie típica del ciudadano individual: un ciudadano que está listo y es capaz de trabajar, contribuir productivamente, un fenómeno atomista acotado y aislado de otros, capaz, maleable y dócil”. De este modo, a las personas con discapacidad se les prohíbe la ciudadanía plena porque sus cuerpos no se ajustan a “las convenciones legales […] basadas en su...
Ensamblajes posthumanos
El presente artículo pretende dar cuenta de cómo el concepto de discapacidad, desde una mirada antropológica y cultural de la historia, ha ido modificando y condicionando la vida de los sujetos portadores de dicha condición. Retomando diversos autores se realizará un recorrido y análisis de las ideas que ellos plantean, buscando poner en relevancia la manera en la que ciertos conceptos o categorías, van estableciendo pautas, prácticas y, en definitiva, formas de habitar el mundo.
Educación inclusiva | Modelo social de discapacidad
El modelo social de la discapacidad como paradigma de los derechos humanos
El avance en la comprensión de la discapacidad y su teorización no es un proceso aislado de la realidad que se sitúa solo en el plano de las ideas. Resulta evidente que está interrelacionado e impulsado por los acontecimientos sociopolíticos, culturales y económicos que suceden en cada época histórica. Así, desde las décadas de los años sesenta y setenta del siglo XX, especialmente en el contexto de Estados Unidos, Gran Bretaña, países escandinavos, y más recientemente España, aparecen diversos movimientos sociales por parte de colectivos "desfavorecidos", como personas de raza negra y otras minorías étnicas, mujeres y personas con discapacidad, que denuncian su situación de marginación y piden el reconocimiento de sus derechos civiles como ciudadanos y ciudadanas en situación de igualdad social.
En el caso de las personas con discapacidad surge en Estados Unidos el denominado Independent Living Movement (Movimiento de Vida Independiente), y otros grupos de similares características en otros países. Estos movimientos nacen y son promovidos por los propios discapacitados, discapacitadas y sus familias, que rechazan la vida en instituciones apartadas y ser sometidas a programas de rehabilitación, sin tener control sobre sus vidas. Estas personas manifiestan que se sienten "oprimidas" y reclaman sus derechos pidiendo tomar por sí mismas las riendas de sus vidas.
Es así que desde esta perspectiva de las políticas emancipadoras, cobran importancia las concepciones sobre persona y sujeto, y los derechos humanos se ubican como los argumentos necesarios y oportunos para sacar de los límites al discapacitado y ubicarlo dentro de la sociedad como un actor social. De este modo el problema de la discapacidad no está en el individuo sino en la sociedad que lo rodea, en el contexto que lo acoge o lo rechaza.
Una de las tentativas iniciales de aproximar la discapacidad a la cultura de los derechos humanos fue hecha en Inglaterra en la década de 1970, a raíz de que un grupo de activistas con discapacidad que denuncian su situación de marginación y pedían el reconocimiento de sus derechos civiles como ciudadanos y ciudadanas en situación de igualdad social. Con ello se propusieron los Principios Fundamentales de la Discapacidad. Posteriormente, Mike Oliver presentó este conjunto de líneas bajo la denominación de modelo social de la discapacidad.
En el mismo, se establecía, por primera vez, una diferenciación entre la deficiencia y la discapacidad, al tiempo que se explicaba que la discapacidad tenía que ser abordada holísticamente, es decir, como un todo, ya que en ella confluían una serie de dimensiones. Así, el modelo social ha enfatizado las barreras económicas, medioambientales y culturales en el contexto. Entre las barreras mencionadas, se anota de forma pormenorizada la inaccesibilidad a la educación, a los sistemas de comunicación e información, a los entornos laborales, al transporte, a las viviendas y los edificios públicos, o a los de servicio de apoyo social y sanitario no discriminatorio. Se refiere a la devaluación de las personas etiquetadas por la imagen y su representación negativa en los medios de comunicación. Se señala que las personas con deficiencias son discapacitadas debido al rechazo de la sociedad a acomodar las necesidades individuales y colectivas dentro de la actividad general de la vida, económica y cultural.
Este modelo social de la discapacidad considera que las causas que originan la discapacidad no son religiosas ni científicas, sino que son, en gran medida, sociales. En efecto este nuevo paradigma social sobre la discapacidad, que se enmarca en los principios generales declarados por los derechos humanos, se origina en la segunda mitad del siglo pasado. Este movimiento multidimensional nace dentro de la disciplina de las ciencias sociales, el análisis de las políticas sociales y la lucha por los derechos civiles.