El Valor de Sentirse Útil: Una Clave para el Bienestar en la Tercera Edad

Con el paso de los años, muchas personas mayores descubren que contar con un propósito y seguir aportando a la sociedad es clave para una vida plena. Sentirse útil no es un lujo en la vejez, sino una necesidad vital. A medida que la población mundial envejece rápidamente, con proyecciones que indican que en 2030 una de cada seis personas tendrá 60 años o más, la posibilidad de que los adultos mayores se sientan valorados y activos se convierte en un pilar fundamental para su salud mental y calidad de vida.

La Importancia de la Actividad y la Participación Social

La tercera edad no debe ser una etapa de cierre, sino de transformación. Mantener la mente estimulada, el cuerpo en movimiento y las relaciones sociales activas son las grandes claves del envejecimiento activo. Existen miles de ejemplos de personas mayores que se mantienen activas y contribuyen a la sociedad.

Un claro ejemplo es M. J. Marino Malagón, de 74 años, ex guardia civil, presidente y fundador de una asociación de jubilados y pensionistas en Castellón. Comenzó con ocho socios y hoy son casi mil, con 200 nuevas inscripciones cada año. Marino gestiona talleres de gimnasia, pintura, yoga, decoración y alfabetización, además de viajes. Él enfatiza que el mayor beneficio es sacar a las personas mayores de los bancos, de las plazas y del sofá para aportarles actividad, para que se sientan útiles y se relacionen con otras personas de su edad, considerándolo "vida".

Otro caso inspirador es el de Mercè Mas, de 80 años, trabajadora social desde los 50. Tras la independencia de sus hijos, decidió poner sus capacidades al servicio de los demás. Hoy disfruta de una ajetreada jubilación, siendo miembro del Consejo Estatal de Personas Mayores en el Imserso y del grupo de trabajo de personas mayores del Consejo Municipal de Bienestar Social de Barcelona, además de participar activamente en otras entidades. Mercè afirma que la vejez es una etapa con pérdidas, pero también con cosas buenas. La clave está en vivir, ser conscientes de que la vida cambia, pero se sigue siendo parte del mundo, y si se quiere seguir formando parte de él, hay que relacionarse y colaborar. Ella ha procurado mantener sus inquietudes de adulta, como esquiar con sus nietos, y ha adquirido nuevas, como jugar a las cartas en la plaza, un lugar de relación entre generaciones.

Estos ejemplos demuestran que las personas mayores no solo cuidan su salud, hacen deporte y llevan una dieta equilibrada, sino que participan en la sociedad, hacen oír su voz, aportan experiencia y se sienten útiles. Campañas como «Está en tu mano» de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) buscan romper mitos y reivindicar el valor de los mayores a través de veteranos que colaboran en proyectos diversos, desde comedores sociales hasta clases de pandereta o voluntariado. El libro «La experiencia de envejecer», de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (Segg), también recoge 44 testimonios que subrayan esta realidad.

Foto de personas mayores sonriendo y participando en un taller de manualidades.

El Empoderamiento en la Tercera Edad

Superando la Pérdida de Autonomía

Los mayores, con frecuencia, experimentan situaciones de pérdida de autonomía personal. Mientras que un adulto joven suele integrar una incapacidad aguda como un acontecimiento transitorio, el adulto mayor, fácilmente, puede generar pensamientos como «ya no sirvo», «me voy a convertir en una carga» o «soy inútil». De este modo, su autoconcepto y, consecuentemente, su autoestima, se ven seriamente comprometidos. El ser humano posee una idea de sí mismo en base a la cual se valora, y la conducta humana es función de las características personales, de la historia de vida y de las presiones ambientales.

Estrategias de Adaptación

Cuando se enfrentan a pérdidas, algunas personas adoptan estrategias centradas en las emociones, buscando disminuir o hacer desaparecer la intensidad de estas emociones. Por ejemplo, alguien que disfrutaba de largos paseos deja de caminar para evitar la frustración de no poder recorrer la misma distancia. Este tipo de estrategia es contraproducente, ya que no gestiona la causa del problema y contribuye a perpetuarlo.

La estrategia más positiva para un buen ajuste a la situación de dependencia debe ir centrada en el problema. Aquí entra en juego el valioso recurso del empoderamiento en la tercera edad, especialmente en centros de atención a mayores. Teniendo en cuenta lo que ha sido significativo para la persona a lo largo de su vida (limpiar, colaborar en mantenimiento, trabajos intelectuales), el centro debe implicarlas en los procesos diarios, como la gestión y preparación de actividades lúdicas o de la vida diaria. Así, las personas vuelven a la acción en tareas con las que se sentían realizadas, viéndole un sentido claro y directo.

Las estrategias centradas en el problema se clasifican en dos grandes grupos:

  • Procesos de asimilación: La persona se esfuerza en conseguir recursos (sociales, tecnológicos, materiales) que le ayuden a lograr sus objetivos. Cuando un equipo de atención "prepara el entorno" para que una persona realice una tarea, fomenta estos procesos.
  • Procesos de acomodación: Implican la modificación de los objetivos para convertirlos en metas más realistas. Por ejemplo, una persona que antes preparaba una comida familiar completa y ahora se pierde en la secuencia, puede dar soporte en un "micro-proceso" específico de la preparación.
Infografía:

Panorama Global del Envejecimiento y la Salud Mental

Datos y Cifras Clave

La población mundial envejece rápidamente. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más. Según las previsiones, esa cifra casi se duplicará a 2100 millones en 2050, lo que representará en torno a una quinta parte de la población mundial. A finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más alcanzará los 2500 millones y superará al de menores de 18 años a escala mundial. Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique con creces entre 2023 y 2060, hasta llegar a los 545 millones (1).

Los adultos mayores contribuyen a la sociedad como miembros de la familia y la comunidad; muchos son voluntarios o trabajan. Aunque la mayoría goza de buena salud, muchos corren el riesgo de presentar afecciones de salud mental como depresión y trastornos de ansiedad. Muchos también pueden tener movilidad reducida, dolor crónico, fragilidad, demencia u otros problemas de salud que requieren cuidados a largo plazo. A medida que se envejece, aumenta la probabilidad de padecer varias afecciones al mismo tiempo.

Prevalencia de Trastornos Mentales

En torno al 14,1 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental (2). Según las estimaciones mundiales de salud 2021, estas afecciones representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad entre los adultos mayores de 70 años o más. Las afecciones de salud mental más frecuentes en los adultos mayores son la depresión y la ansiedad. Las estimaciones mundiales de salud 2021 muestran que, a escala mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más. Las afecciones de salud mental en las personas mayores suelen infravalorarse y tratarse insuficientemente, y la estigmatización que las rodea puede hacer que las personas sean reacias a buscar ayuda.

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La Soledad en la Vejez: Un Profundo Desafío

Definición y Tipos de Soledad

Durante el envejecimiento, es frecuente experimentar una serie de vivencias y cambios que pueden propiciar la aparición del sentimiento de soledad. V. Madoz (1) describe la soledad como el "convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso a ese mundo de interacciones, siendo una condición de malestar emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr intimidad emocional".

La soledad no siempre es un sentimiento negativo, por lo que podemos hablar de soledad objetiva y soledad subjetiva (2). La primera se refiere a la falta de compañía, que, según un estudio del CIS-IMSERSO (3), el 14% de las personas mayores que residen en sus domicilios manifiesta. Esta no siempre implica una vivencia desagradable, ya que puede ser una experiencia buscada y enriquecedora, aunque la mayoría de estas personas se ha visto obligada a ello. La soledad subjetiva, por otro lado, la padecen las personas que se sienten solas. Es un sentimiento doloroso y temido, y nunca es una situación buscada.

El Síndrome de la Soledad

Álvarez (4) define el síndrome de la soledad como un "estado psicológico que sucede a consecuencia de pérdidas en el sistema de soporte individual, disminución de la participación de las actividades dentro de la sociedad a la que pertenece y sensación de fracaso en su vida". En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término envejecimiento activo, el cual es el proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez. Se trata de promover el máximo de autonomía posible, potenciando la propia capacidad para controlar, afrontar y tomar decisiones sobre la vida diaria.

Consecuencias de la Soledad en la Salud

El empobrecimiento progresivo de los refuerzos sociales, familiares y culturales, junto con la vulnerabilidad frente a enfermedades y el deterioro de funciones, pueden desencadenar inestabilidad y sentimientos de indefensión en el anciano. La soledad puede tener graves consecuencias negativas sobre la salud en el plano físico, psicológico y social (6).

  • Físico: Debilidad del sistema inmunológico, dolores de cabeza, problemas cardíacos y digestivos, dificultades para dormir.
  • Psicológico: Baja autoestima, depresión, alcoholismo, ideas suicidas. Según JL Sánchez (7), la pérdida de la pareja es la causa que más aumenta la posibilidad de desencadenar trastornos psicopatológicos como la depresión o la neurosis.
  • Social: Puede llevar a conductas como el uso de "party-line phones" y a la perpetuación de prejuicios sociales.

La salud deteriorada a menudo requiere un mayor apoyo familiar. Bazo (9) señala que las personas sanas conviven en proporciones similares con compañía que las que viven solas, pero las personas enfermas viven en compañía en mayor proporción. Esto puede llevar a la creencia de que enfermar es una solución para la soledad, con molestias que se convierten en el centro de atención para atraer a seres queridos o cuidadores. La soledad y la salud son, por tanto, itinerarios bidireccionales: la soledad aumenta la vulnerabilidad frente a la enfermedad, y la enfermedad puede ser una solución para romper la soledad o la causa de que la situación de quien vive solo empeore por falta de apoyos (2).

Esquema conceptual:

Factores Causales de la Soledad en los Adultos Mayores

La soledad en los mayores es una realidad favorecida por diversos factores y causas. Laforest (10) define tres crisis asociadas al envejecimiento:

  • La crisis de identidad, donde se viven un conjunto de pérdidas que pueden deteriorar la propia autoestima.
  • La crisis de autonomía, causada por el deterioro del organismo y de las posibilidades de desenvolverse en las actividades de la vida diaria (AVD).
  • La crisis de pertenencia, experimentada por la pérdida de roles y de grupos a los que la vida profesional y las capacidades físicas y de otra índole afectan la vida social.

Vivencias que Conducen a la Soledad

En la vejez, se viven algunas experiencias especialmente duras que suponen una ruptura con la vida anterior y pueden tener graves consecuencias emocionales:

  • El Síndrome del Nido Vacío: El abandono del hogar por parte de los hijos para iniciar una vida independiente es un acontecimiento importante. Si los padres esperan ayuda en momentos de dependencia o enfermedad y esta no se cumple, puede deteriorar las relaciones paterno-filiales y originar sentimientos de indefensión y soledad.
  • Relaciones Familiares Pobres: La escasez de relación con los hijos percibida por los ancianos, tanto en cantidad como en intensidad y calidad de afecto, representa un importante motivo de frustración.
  • La Muerte del Cónyuge: La viudedad suele ser el principal desencadenante del sentimiento de soledad en las edades avanzadas. El anciano se encuentra sin la compañía y afectividad de su pareja, lo que genera problemas de adaptación no solo emocionales, sino también materiales y relativos a la gestión del tiempo y las tareas domésticas y sociales. Ussel (11) señala que cuanto más unida esté la pareja, mayor será el impacto emocional de la muerte de uno de ellos, sin que la presencia de otras personas alivie la soledad y la tristeza.
  • La Salida del Mercado Laboral: Tras la jubilación, las personas disponen de tiempo libre que, muchas veces, no saben en qué ocupar. La pérdida de poder adquisitivo también restringe las posibilidades de disfrutar de estos momentos de ocio, y puede llevar al deterioro de las relaciones sociales y al aislamiento.
  • La Falta de Actividades Placeras: La realización de actividades lúdicas puede ser la respuesta al vacío dejado por el aumento de tiempo libre. Un estudio del CIS-IMSERSO (3) afirma que las actividades más realizadas son pasear, leer, ir a bares y cafeterías o acudir a clubes de jubilados, lo que puede facilitar la interacción y participación social.
  • Los Prejuicios: La sociedad actual mantiene prejuicios sobre la vejez, como la creencia de falta de vida productiva, de necesidades sexuales, de inutilidad o de dependencia. Sin embargo, la experiencia, la capacidad de relativizar, la sabiduría, etc., podrían permitir a las personas mayores mantener un rol social importante.
Fotografía de un grupo de personas mayores riendo mientras comparten una charla en un parque.

Estrategias y Recursos para Combatir la Soledad y Fomentar la Utilidad

Un Compromiso Social

Afrontar la soledad no es solo responsabilidad de la persona mayor o su familia, sino de la sociedad en su conjunto. Esta debe sensibilizarse, generando programas terapéuticos de prevención y control de la soledad y la depresión. Según el estudio del Dr. De Ussel (11), la soledad se previene o supera al realizar actividades incompatibles con los pensamientos que la generan, especialmente si estas favorecen relaciones sociales y familiares satisfactorias. Es crucial proponer soluciones que consideren tanto al individuo como al colectivo.

Recursos Personales e Individuales

El estudio del CIS-IMSERSO (3) muestra que, ante la soledad, las personas mayores suelen ver la televisión (28%) o salir a pasear (23%). Sin embargo, las actividades que implican relacionarse con los demás son menos frecuentes: solo un 5% habla con vecinos, un 3% visita o acude a bares/cafeterías, y un 2% va al hogar del jubilado. Las personas que sufren soledad tienden a ser más pasivas, resignándose (13%) y viendo televisión (31%) con mayor frecuencia que las que se sienten acompañadas.

Las estrategias para afrontar la soledad son variadas y dependen de los recursos, sensibilidad e intereses de cada persona. No obstante, el desarrollo de actividades domésticas, el uso de la televisión y la radio, el retorno o aumento de prácticas religiosas, las comunicaciones telefónicas, la asistencia a centros destinados a mayores (clubes o centros de día), la participación en actividades culturales, turísticas o de ocio y, más raramente, las segundas parejas, constituyen recursos que satisfacen la necesidad de vivir estimulado y de no sucumbir a la soledad.

Recursos Familiares

La familia juega un papel fundamental, considerándose el principal soporte social del anciano, donde las relaciones y el amparo en los seres queridos son un recurso clave en la lucha contra la soledad. El rol de abuelo o abuela puede ser una excelente solución para fortalecer las relaciones familiares. Otra opción es el apadrinamiento de mayores, que busca complementar las carencias afectivas de personas mayores en residencias mediante familias voluntarias que los visitan o llaman. Programas como "En Familia" de la Asociación Edad Dorada Mensajeros de la Paz (12) facilitan este contacto, ofreciendo apoyo emocional a quienes carecen de red familiar.

Recursos Sociales y Comunitarios

Contar con un núcleo de amistades para intercambiar información y realizar actividades de ocio es crucial para combatir la soledad. Las actividades de voluntariado son especialmente importantes, ya que la solidaridad y el deseo de ayudar a otros se revierte en uno mismo, satisfaciendo la necesidad de sentirse útil en relación con otras personas y significativo para quienes están en una situación de mayor vulnerabilidad. El voluntariado ha sido propiciado y recomendado por el Plan Gerontológico (13) de 1993 y el actual Plan de Acción para las Personas Mayores (14) 2003-2007, que promueven la autonomía y participación plena.

En el plano global, el impacto del voluntariado en la calidad de vida en la vejez es tangible y medible. En España, el programa Voluntariado Sénior promueve el envejecimiento activo y el voluntariado a través de acciones enmarcadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En Chile, más de 270.000 personas participan activamente en 13.310 organizaciones de personas mayores (OPM), representando el 6% de todas las organizaciones civiles del país. Muchos adultos mayores se convierten en guías clave dentro de actividades comunitarias, especialmente cuando reciben formación en voluntariado especializado. Para los adultos mayores, la conexión social es particularmente importante para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad (3). Actividades sociales satisfactorias pueden mejorar la salud mental, la satisfacción y la calidad de vida, además de reducir síntomas depresivos. Ejemplos incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas, servicios de ocio y educación, y programas de voluntariado.

Las estrategias de promoción y prevención en materia de salud mental para un envejecimiento saludable incluyen:

  • Medidas para reducir la inseguridad financiera y la desigualdad en los ingresos.
  • Programas que garanticen viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
  • Apoyo social a los adultos mayores y a sus cuidadores.
  • Apoyo a comportamientos saludables, como una dieta equilibrada, actividad física constante, abstención del tabaco y disminución del consumo de alcohol.
  • Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables, como personas solas, en zonas remotas o con afecciones crónicas.

La protección contra el edadismo y el maltrato también es fundamental, con intervenciones como políticas y leyes contra la discriminación, educación y actividades intergeneracionales. Existen diversas intervenciones para cuidadores (cuidado de relevo, asesoramiento, educación, ayuda económica) que pueden ayudar a mantener una relación de cuidado saludable y prevenir el maltrato.

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Tratamiento y Atención Integral para la Salud Mental en la Vejez

Es esencial reconocer y tratar con prontitud las afecciones de salud mental (y las consiguientes afecciones neurológicas y por uso indebido de sustancias) en los adultos mayores. Para ello, deben seguirse las normas para la atención integrada de las personas mayores, de base comunitaria y centradas tanto en los cuidados a largo plazo de adultos mayores con afecciones de salud mental y deterioro de la capacidad intrínseca, como en la educación, la formación y el apoyo a los cuidadores. Suele recomendarse una combinación de intervenciones de salud mental, junto con otros apoyos, a fin de abordar las necesidades de salud, los cuidados personales y las necesidades sociales de las personas.

La demencia es a menudo una preocupación importante, afectando la salud mental de las personas (por ejemplo, desencadenando síntomas de psicosis y depresión) y requiriendo acceso a una atención de salud mental de calidad. También es fundamental responder al maltrato de los adultos mayores. Entre las intervenciones prometedoras figuran la notificación obligatoria de los malos tratos, los grupos de apoyo, los teléfonos de asistencia y los alojamientos de emergencia, los programas psicológicos para maltratadores, la formación de proveedores de atención de salud y otras intervenciones de apoyo a los cuidadores.

La Respuesta Global: Iniciativas de la OMS

La OMS colabora con diversos asociados en estrategias, programas y herramientas con el fin de ayudar a los gobiernos a responder a las necesidades de los adultos mayores en materia de salud mental. Entre sus iniciativas destacan:

  • La Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030): una iniciativa de colaboración mundial liderada por la OMS para mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y las comunidades.
  • El Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030: respaldado por los Estados Miembros de la OMS, promueve la mejora de la salud mental y la atención de salud mental para todos, incluidos los adultos mayores.
  • El Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP): proporciona protocolos clínicos basados en la evidencia para la evaluación, gestión y seguimiento de afecciones mentales, neurológicas y por consumo de sustancias en entornos no especializados, incluyendo la depresión y la demencia.
  • El conjunto de herramientas "Adaptarse a los tiempos": elaborado durante la pandemia de COVID-19, consiste en carteles ilustrados para ayudar a los adultos mayores a mantener buena salud mental y bienestar.

Otras actividades de la OMS buscan favorecer la salud mental de los adultos mayores a través de intervenciones psicológicas escalables para tratar la depresión y la ansiedad, investigación y orientación sobre intervenciones para reducir el aislamiento social y la soledad, y soluciones costoeficaces para prevenir el maltrato.

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